Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 18 de febrero de 1865. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 903, pp. 239-241) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
18 de febrero de 1865.
Dear Fred:1
Te adjunto 2 cartas de Liebknecht, 1 para ti y 1 para mí. Ditto2 una anterior de Schweitzer.3
Mi opinión es esta:
Ya que Liebknecht se ha despedido, il faut en finir.4 Si él hubiera aplazado el asunto, también podríamos haberlo aplazado nosotros, ya que tu folleto5 está en marcha.
A Schweitzer lo tengo por incorregible (probablemente en connivencia secreta con Bismarck).
Lo que me confirma en ello es:
el pasaje (subrayado por mí) de su carta adjunta del 15;
el momento en que apareció su Bismarck III.6
Para que puedas juzgar ambas cosas, te comunico aquí, copiado al pie de la letra, un pasaje de mi carta a él del 13 de febrero:7
«... como con la crónica de M. Hess8 del n.º 21, que llega hoy, nuestra declaración ha quedado en parte anticuada, el asunto puede quedarse ahí. Es cierto que nuestra declaración contenía además otro punto: el elogio de la actitud antibonapartista del proletariado de París y la indicación a los obreros alemanes de que siguieran ese ejemplo. Eso nos importaba más que la arremetida contra Hess. Pero ya expondremos en otra parte con detalle nuestra opinión sobre la relación de los obreros con el Gobierno prusiano.
»En su carta del 4 de febrero dice usted que yo mismo advertí a Liebknecht que no se pasara de la raya, para que no lo mandaran al diablo. Muy cierto. Pero al mismo tiempo le escribí que se puede decir todo si se da con la forma adecuada. ¡Una forma de polémica contra el Gobierno ‘posible’ incluso para el meridiano de Berlín es sin duda muy distinta de la coquetería o incluso del compromiso aparente con el Gobierno! Yo mismo le escribí a usted que el Social-Demokrat tenía que evitar hasta esa apariencia.
»Veo por su periódico que el ministerio se pronuncia de forma ambigua y buscando ganar tiempo sobre la abolición de las leyes de coalición.9 En cambio, un telegrama del Times informa de que ha dejado caer algo protector sobre una ayuda que se promete a las sociedades cooperativas por parte del Estado. ¡No me extrañaría nada que el Times, por una vez, hubiera telegrafiado correctamente!
»Las coaliciones, con las trades unions que nacen de ellas, no solo son de la mayor importancia como medio de organización de la clase obrera para la lucha con la burguesía —y esa importancia se ve, entre otras cosas, en que ni siquiera los obreros de los United States, a pesar del sufragio y de la república, pueden prescindir de ellas—, sino que en Prusia y en Alemania en general el derecho de coalición es además una brecha en el dominio de la policía y del burocratismo, hace pedazos el reglamento de criados10 y el régimen de la nobleza en el campo; en una palabra, es una medida para hacer mayores de edad a los ‘súbditos’, que el Partido Progresista, es decir, cualquier partido burgués de oposición en Prusia, si no está loco, podría conceder cien veces antes que el Gobierno prusiano, ¡y no digamos el Gobierno de un Bismarck! En cambio, por otro lado, la ayuda del Gobierno real prusiano a las sociedades cooperativas —y todo el que conoce las condiciones prusianas conoce también de antemano sus inevitables dimensiones de enano— es nula como medida económica, mientras que al mismo tiempo extiende el sistema de tutela, soborna a una parte de la clase obrera y castra el movimiento. Así como el partido burgués de Prusia se puso en ridículo y se buscó su miseria actual sobre todo por haber creído en serio que con la «Nueva Era»11 el Gobierno le había caído en el regazo por la gracia del príncipe regente, así se pondrá en ridículo mucho más todavía el partido obrero si se imagina que con la era de Bismarck o con cualquier otra era prusiana le van a caer en la boca, por la gracia del rey, las manzanas de oro. Que llegará el desengaño de la funesta ilusión de Lassalle de una intervención socialista de un Gobierno prusiano está fuera de toda duda. La lógica de las cosas hablará. Pero el honor del partido obrero exige que rechace tales espejismos aun antes de que su vaciedad haya reventado contra la experiencia. La clase obrera es revolucionaria o no es nada».
Well!12 ¡A esta carta mía del 13 contesta con su carta del 15, en la que exige que me subordine a su táctica en todas las cuestiones «prácticas», y contesta con el Bismarck III como nueva muestra de esa táctica! Y la verdad es que ahora me parece que el tono insolente con que planteó la cuestión de confianza13 a propósito de la declaración contra Hess no se debía a ninguna ternura por Moses, sino a la firme resolución de no dar cabida en el Social-Demokrat, en ningún caso, a nuestra indicación a los obreros alemanes.
Así que, como de todos modos hay que romper con el tipo, mejor ahora mismo. En cuanto a los Knoten14 alemanes, que griten todo lo que quieran. La parte aprovechable de ellos tendrá que agruparse tarde o temprano en torno a nosotros. Si te parece bien la declaración de abajo, cópiala, fírmala y mándamela. Cambia, porque está garabateada deprisa, lo que te parezca poco adecuado, o hazla de nuevo entera, como quieras. Tu K. M.
Declaración.
A la redacción del Social-Demokrat.
«Los abajo firmantes prometieron su colaboración en el Social-Demokrat y permitieron que se publicaran sus nombres como colaboradores con la reserva expresa de que el periódico se redactara en el espíritu del breve programa que se les había comunicado. No desconocieron ni un momento la difícil posición del Social-Demokrat y por eso no plantearon exigencias inadecuadas para el meridiano de Berlín. Pero pidieron repetidas veces que frente al ministerio y al partido feudal-absolutista se empleara un lenguaje al menos tan audaz como frente a los progresistas. La táctica seguida por el Social-Demokrat excluye que sigan participando en él. La opinión de los abajo firmantes sobre el socialismo gubernamental real prusiano y sobre la posición correcta del partido obrero ante semejante espejismo se encuentra ya expuesta con detalle en el n.º 73 de la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, del 12 de septiembre de 1847, en respuesta al n.º 206 del Rheinischer Beobachter, que se publicaba entonces en Colonia, en el que se proponía la alianza del «proletariado» con el «Gobierno» contra la «burguesía liberal».15 Cada palabra de nuestra declaración de entonces la suscribimos todavía hoy».
El Weydemeyer16 te lo devuelvo mañana. ¿Qué dices de la confederación «Freiligrath-Blind»?17
Desde hace un par de días tengo un carbunco debajo del trasero y un forúnculo en la cadera izquierda. También es agradable.
«Querido Fred». ↩
«Asimismo». ↩
Johann Baptist von Schweitzer (1833-1875), director del Social-Demokrat, el periódico de la Asociación General de Obreros Alemanes (fundada por Lassalle en 1863) que se publicaba en Berlín. ↩
«Hay que acabar». ↩
La cuestión militar prusiana y el partido obrero alemán, que Engels había mandado a Otto Meissner, a Hamburgo. ↩
La tercera entrega de la serie de artículos de Schweitzer «Das Ministerium Bismarck» («El ministerio Bismarck») en el Social-Demokrat. ↩
La carta de la que Marx habla en la del 13 de febrero. ↩
Moses Hess (1812-1875), corresponsal del Social-Demokrat en París. ↩
Las disposiciones de la ordenanza industrial prusiana de 1845 que prohibían a los obreros coaligarse y hacer huelga. ↩
La Gesindeordnung prusiana de 1810, que sometía a los criados y a los mozos de labranza a la autoridad casi ilimitada de sus amos. ↩
El nombre que se dio al periodo abierto en 1858, cuando el príncipe Guillermo de Prusia asumió la regencia y nombró un ministerio liberal moderado. ↩
«¡Bien!». ↩
Kabinettsfrage: Schweitzer había puesto a Marx ante la disyuntiva de aceptar sus condiciones o romper con el periódico (véase la nota 1 de la carta del 13 de febrero). ↩
Los oficiales artesanos de horizonte gremial, término despectivo de Marx y Engels. ↩
El artículo de Marx El comunismo del Rheinischer Beobachter. La declaración, con algunos cambios, apareció con la firma de Marx y Engels, fechada el 23 de febrero de 1865, en varios periódicos alemanes y en el propio Social-Demokrat. ↩
La carta de Joseph Weydemeyer (1818-1866), antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en los Estados Unidos. ↩
Ferdinand Freiligrath (1810-1876), el poeta, antiguo compañero de Marx en la Neue Rheinische Zeitung, y Karl Blind (1826-1907), demócrata alemán emigrado en Londres, ambos alejados de Marx desde el asunto Vogt. ↩