Alarme, n.º 9, julio-agosto-septiembre de 1980 (págs. 5-6). PDF del número completo · Texto original en francés
En nuestro último número habíamos señalado la aparición de un comité denominado Comité de Temporales1. Publicamos en el presente número la totalidad de su texto de base, que consideramos situado en un terreno clasista y, por tanto, anticapitalista. No nos hacemos ninguna ilusión triunfalista respecto de este comité, pero consideramos que es una aportación más de la lucha de clases y que muchas de sus propuestas se salen con creces del corsé rutinario de lo que demasiado a menudo se nos hace pasar por expresión de la consciencia de clase por la presencia de obreros.
No insistiremos, por temor a repetirnos de manera aburrida, en algunas conclusiones prácticas de este texto, conclusiones que compartimos por entero y que debe defender todo individuo que quiera abatir el sistema mundial de explotación del hombre por el hombre: a saber, el rechazo de las diferenciaciones por categorías impuestas por el capital, el rechazo del sindicalismo, el rechazo del legalismo capitalista, que castra la lucha de clases con las eternas negociaciones, las cuales impiden que la expresión de la lucha de clases siga adelante y, a fin de cuentas, reducen la unidad a una suma de individuos que aceptan las reglas del juego de su enemigo. A este respecto quisiéramos citar una frase de la III Internacional que dice mucho sobre el asunto: «Exigir al proletariado que, en la lucha final contra el capitalismo, en la que se juega la vida o la muerte, siga mansamente como un cordero las exigencias de la democracia burguesa sería como exigir a un hombre que defiende su vida y su existencia contra unos bandidos que observe las reglas artificiales y convencionales de la lucha francesa, fijadas por su enemigo pero que este no respeta»2. Por otra parte, quisiéramos destacar en esta introducción una frase que expresa claramente la actitud que en la práctica deben tener los revolucionarios ante la fuerza contrarrevolucionaria que es el sindicalismo: «una primera condición para la lucha es que los sindicatos dejen de tener el monopolio de la intervención entre los obreros, que los sindicatos ya no puedan organizar la acción de pega y el sabotaje puro y simple de la lucha. Los obreros combativos deben organizarse para romper el aislamiento, para denunciar y sabotear los paros de los sindicatos, las manifestaciones de pega del tipo Bastilla-República3, que solo sirven para ahogar la combatividad obrera, y para oponerles la lucha de clases con métodos de clase». En eso es en lo que deben insistir los revolucionarios ante cualquier situación y allí donde se encuentren. La lucha contra el capitalismo pasa por la acción independiente de clase; este comité, así como otras fuerzas organizadas, es una expresión de ella, y por eso lo apoyamos, pues se inscribe en el combate que deberá librar el proletariado mundial para emanciparse.
Aparte de la orientación general de este texto, así como de las muy buenas cosas que demasiado pocas veces expresan quienes se proclaman revolucionarios, hay algunos detalles que quisiéramos criticar.
Está, aunque es lo menos importante tal como está expresado, el problema de la crisis. Precisemos que no es primordial tal como se plantea, puesto que al parecer este comité no hace depender su acción de una crisis económica, ábrete sésamo del porvenir humano. Sin embargo, los camaradas que han publicado este texto se suman al crescendo general sobre la crisis económica mundial e insisten menos en la cuestión, a nuestro juicio mucho más importante, de la crisis social de todo el sistema de civilización capitalista, hoy independiente de la buena o mala marcha de la economía. Por lo demás, ¿no se contradicen, y no tienen mucha más razón, cuando escriben: «los salarios que disminuyen, el paro que aumenta, el trabajo temporal que se extiende, el aumento de los ritmos de trabajo, permiten a la burguesía aumentar sus beneficios y hacer frente mejor a sus competidores en el mercado»? Es absolutamente necesario que los revolucionarios insistan en el aspecto social nefasto del capital, mostrando bien que es independiente de la buena o mala marcha de la economía. Por otra parte, si el capital tuviera realmente graves problemas de ese orden, sería cosa suya preocuparse por ellos; nuestro único objetivo, metidos como estamos ya hasta el cuello en la mierda, es destruirlo como sistema social, barriendo para siempre su sistema económico basado en el trabajo asalariado.
Por otro lado, el ejemplo de reivindicación elegido por el comité para mostrar el camino de la unidad de clase no nos parece adecuado. En efecto, la reivindicación de aumento general de los salarios para todos los obreros, pese al añadido en apariencia antijerárquico de un aumento mayor para las categorías más desfavorecidas, no ataca en absoluto la acumulación capitalista y, por tanto, la explotación del hombre por el hombre, única vía en la que puede forjarse la unidad de clase. Esa reivindicación solo conduce, a corto y a largo plazo, a una distribución «más justa» del trabajo pagado, sin atacar en absoluto el trabajo no pagado o plusvalía, base de la explotación, y es precisamente de eso de lo que se trata. Solo en su lucha abierta contra el capital se constituirá el proletariado en clase, apropiándose en la práctica del producto social que crea y del que está privado; si no, se quiera o no, será mucho más mistificable por todas las fuerzas que defienden el reino de la compra y venta de la fuerza de trabajo. Criticar el legalismo capitalista solo es válido si se lo ataca también en el terreno económico con reivindicaciones que derriben las bases sobre las que descansa; si no, se reconoce como legítimo que el capital dependa de una clase social explotada legalmente por él. En cambio, sí se inscriben en esa vía las reivindicaciones que el mismo texto cita unas líneas más adelante. En suma, lo que debe quedar claro es que nunca tendremos más por un simple aumento de salario; en ese terreno siempre nos tomarán el pelo, y el proletariado solo podrá avanzar con mayor dificultad en su constitución en clase revolucionaria.
Pese a estas pocas críticas, reiteramos nuestro saludo de clase al comité.
¡Luchemos desde hoy para abatir el capital!
En francés, Comité d'intérim: comité de trabajadores contratados por agencias de trabajo temporal (intérim); lo llamamos «Comité de Temporales». Su texto está en este mismo número. ↩
Del «Manifiesto de la Internacional Comunista a los proletarios de todo el mundo», aprobado en su I Congreso (1919), según la traducción del archivo de la Escuela. La versión francesa que cita Alarme habla de observar «piadosamente los principios de la democracia política» y de las reglas de la «boxe française». ↩
Recorrido clásico de las manifestaciones sindicales en París, de la plaza de la Bastilla a la de la República. ↩