Cuadernos V a VII de los manuscritos económicos de Karl Marx, escritos en Londres entre enero y febrero de 1858. Los Grundrisse (Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie, «Elementos fundamentales para la crítica de la economía política») son el primer borrador de conjunto de la obra económica de Marx; se publicaron por primera vez en Moscú en 1939-1941. Traducido del texto de la MEGA² II/1.1-1.2 (Berlín, 1976-1981) en su versión digital (MEGAdigital, Academia de las Ciencias de Berlín-Brandeburgo), sin el aparato de los editores, por la Escuela de marxismo, 2026. Entre barras, la paginación del manuscrito (|I-1|, ||20|); ❲ ❳, corchetes del propio Marx; [ ], complementos y títulos de los editores. Las notas son nuestras, salvo las marcadas como de Marx. Los Grundrisse en este archivo: I. El capítulo del dinero; II. El capítulo del capital. El proceso de producción; III. El proceso de circulación. Formas que preceden a la producción capitalista; IV. Capital fijo y circulante. El fragmento sobre las máquinas; V. El capital como fructífero. Complementos. Texto original en alemán.
[Teorías sobre la plusvalía y la ganancia]
❲La confusión absoluta de los economistas respecto a la determinación ricardiana del valor por el tiempo de trabajo ‒fundada en un defecto básico de su propio desarrollo‒ aparece con toda claridad en el señor Ramsay. Después de haber sacado de la influencia que el tiempo de circulación de los capitales ejerce sobre su valorización relativa, es decir, sobre su participación relativa en la plusvalía general, la conclusión disparatada de que «esto muestra cómo el capital puede regular el valor independientemente del trabajo» (IX, 84. R, 43), o de que «el capital [es] una fuente de valor independiente del trabajo» (55 l. c.), dice literalmente: «Un capital circulante (aprovisionamiento [approvisionnement]) mantendrá siempre más trabajo que el que antes se empleó en él mismo. Porque, si no pudiera emplear más del que se había empleado previamente en él, ¿qué ventaja podría obtener su dueño de usarlo como tal?» (l. c. 49.) «Supongamos 2 capitales de igual valor, producido cada uno por el trabajo de 100 hombres que operan durante un tiempo dado, de los cuales uno es enteramente circulante y el otro enteramente fijo, y que tal vez consiste en vino guardado para que mejore. Pues bien, este capital circulante, producido por el trabajo de 100 hombres, pondrá en movimiento a 150 hombres. Por consiguiente, el producto al final del año siguiente será en este caso el resultado del trabajo de 150 hombres. Pero aun así no tendrá más valor que el vino al término del mismo periodo, aunque en este solo se hayan empleado 100 hombres.» (50.) «¿O se quiere asegurar que la cantidad de trabajo que empleará todo capital circulante no es más que igual a la empleada previamente en él? Eso significaría que el valor del capital gastado es = al del producto.» (52.) Gran confusión entre el trabajo empleado en el capital y el que este empleará. El capital que se cambia por la capacidad de trabajo, el aprovisionamiento ‒y esto es lo que aquí llama capital circulante‒, nunca puede emplear más trabajo que el que se ha empleado en él. (La repercusión del desarrollo de las fuerzas productivas sobre el capital existente no nos interesa aquí.) Pero en él se ha empleado más trabajo del que ha pagado: plustrabajo, que se convierte en plusvalía y plusproducto y permite al capital renovar a escala ampliada este provechoso negocio, en el que la reciprocidad está toda de un lado. Puede emplear más trabajo vivo nuevo porque durante el proceso de producción se ha empleado en él una porción de trabajo fresco, por encima del trabajo acumulado del que constaba antes de entrar en ese proceso. El señor Ramsay parece imaginarse que, si el capital es el producto de 20 jornadas de trabajo (tiempo necesario y tiempo excedente juntos), este producto de 20 jornadas puede emplear 30 jornadas de trabajo. Pero no es así en absoluto. Supongamos que en el producto se han empleado, digamos, 10 jornadas de trabajo necesarias y 10 jornadas excedentes. La plusvalía es entonces = 10 jornadas excedentes. Al cambiarlas de nuevo el capitalista por materia prima, instrumento y trabajo, puede poner otra vez en movimiento, con el plusproducto, nuevo trabajo necesario. La gracia no está en que emplee más tiempo de trabajo del que hay en el producto, sino en que cambia de nuevo por trabajo necesario el tiempo de plustrabajo, que no le cuesta nada; o sea, precisamente en que emplea todo el tiempo de trabajo empleado en el producto, mientras que solo ha pagado una parte de ese trabajo. La conclusión del señor Ramsay, de que si la cantidad de trabajo que empleará todo capital circulante no fuera más que igual a la empleada previamente en él, el valor del capital gastado sería igual al del producto, es decir, no quedaría plusvalía alguna, solo sería correcta si la cantidad de trabajo empleada en el capital se hubiera pagado entera, es decir, si el capital no se apropiara una parte del trabajo sin equivalente. Estos malentendidos de Ricardo proceden evidentemente de que él mismo no tenía claro el proceso, ni podía tenerlo como burgués. Comprender este proceso es = a afirmar que el capital no es solo, como cree A. Smith, mando sobre trabajo ajeno, en el sentido en que lo es todo valor de cambio porque da a su poseedor poder de compra, sino que es el poder de apropiarse trabajo ajeno sin cambio, sin equivalente, pero con la apariencia del cambio. Frente a A. Smith y a otros que caen en el mismo error sobre el valor determinado por el trabajo y el valor determinado por el precio del trabajo (salario), Ricardo no sabe refutarlos sino diciendo que con el producto de la misma cantidad de trabajo se puede poner en movimiento unas veces más y otras menos trabajo vivo; es decir, considera el producto del trabajo, respecto al obrero, solo como valor de uso: la parte del producto que necesita para poder vivir como obrero. Pero de dónde viene que de pronto el obrero en el cambio solo represente valor de uso o solo saque valor de uso del cambio, eso no lo tiene claro en absoluto, como ya prueba su argumentación contra A. Smith, ||33| que nunca demuestra en general, sino siempre con ejemplos sueltos. ¿De dónde viene, pues, que la parte del obrero en el valor del producto no esté determinada por el valor, sino por el valor de uso del producto, o sea, no por el tiempo de trabajo empleado en él, sino por su cualidad de conservar la capacidad viva de trabajo? Si lo explicara, por ejemplo, por la competencia de los obreros entre sí, habría que contestarle lo mismo que él contesta a A. Smith sobre la competencia de los capitalistas: que esa competencia puede nivelar, igualar el nivel de la ganancia, pero de ningún modo crea la medida de ese nivel. Así, la competencia de los obreros podría hacer bajar el salario más alto, etc., pero el patrón general del salario o, como dice Ricardo, el precio natural del salario, no podría explicarse por la competencia entre obrero y obrero, sino solo por la relación originaria entre capital y trabajo. La competencia en general, ese locomotor esencial de la economía burguesa, no establece sus leyes, sino que es su ejecutor. La competencia ilimitada no es por eso el presupuesto de la verdad de las leyes económicas, sino su consecuencia: la forma de manifestación en la que se realiza su necesidad. Para los economistas, presuponer, como hace Ricardo, que existe la competencia ilimitada es presuponer la plena realidad y realización de las relaciones de producción burguesas en su differentia specifica1. La competencia, por tanto, no explica estas leyes, sino que las deja ver; pero no las produce. O bien Ricardo dice también: los costes de producción del trabajo vivo dependen de los costes de producción necesarios para producir los valores que hacen falta para reproducirlo. Si antes consideraba el producto, respecto al obrero, solo como valor de uso, aquí considera al obrero, respecto al producto, solo como valor de cambio. El proceso histórico por el que producto y trabajo vivo llegan a esta relación mutua no le interesa. Pero tampoco tiene del todo claro el modo en que esta relación se perpetúa. Para él el capital es resultado del ahorro; esto ya muestra que entiende mal su proceso de génesis y de reproducción. Por eso considera imposible la producción sin capital, mientras que considera perfectamente posible el capital sin renta del suelo. La diferencia entre la ganancia y la plusvalía no existe para él. Prueba de que no tiene clara la naturaleza ni de la una ni de la otra. Ya su procedimiento, desde el principio mismo, lo muestra. Al principio hace cambiar a obrero con obrero, y su cambio está entonces determinado por el equivalente, por el tiempo de trabajo gastado recíprocamente en la producción. Luego viene el problema propiamente dicho de su economía: demostrar que esta determinación del valor no se altera por la acumulación de los capitales, es decir, por la existencia del capital. En primer lugar, no se le ocurre que su primera relación natural2 es ella misma solo una relación abstraída de la producción basada en el capital. En segundo lugar, para él está dada una cantidad determinada de tiempo de trabajo objetivo, que puede ciertamente crecer, y se pregunta cómo se reparte. La cuestión es más bien cómo se crea, y lo que explica esto es justamente la naturaleza específica de la relación entre capital y trabajo, o la differentia specifica del capital. En la economía moderna (ricardiana) se trata en realidad, como lo expresa Quincey3 (X, 5), solo de los dividendos, mientras que el producto total se considera fijo, determinado por la cantidad de trabajo empleada en él, y su valor se calcula en consecuencia. Por eso se ha reprochado con razón a Ricardo que no entiende la plusvalía [surplus value], aunque sus adversarios la entienden todavía menos. El capital se presenta como algo que se apropia una parte determinada del valor existente del trabajo (del producto); la creación de este valor que se apropia por encima del capital reproducido no se presenta como la fuente de la plusvalía. Esta creación coincide con la apropiación de trabajo ajeno sin cambio y por eso los economistas burgueses nunca pueden entenderla con claridad. Ramsay reprocha a Ricardo que olvida que el capital fijo (del que consta el capital además del aprovisionamiento; en Ramsay, la materia prima junto con el instrumento) se deduce de la suma que capitalista y obrero tienen que repartirse. «Ricardo olvida que el producto entero no solo se reparte entre salarios y ganancias, sino que una parte de él es necesaria para reponer el capital fijo.» (IX, p. 88. R. 174 Note.) En efecto, como Ricardo no capta en su movimiento vivo la relación del trabajo objetivado con el vivo ‒que no se ha de deducir de los dividendos de una cantidad dada de trabajo, sino de la posición de plustrabajo‒, ni por tanto la relación de las distintas partes integrantes del capital entre sí, en él se produce la apariencia de que el producto entero se reparte en salarios y ganancias, de modo que la reproducción del propio capital se cuenta como ganancia. Quincey (1.c. cuaderno X, 5) expone así la teoría ricardiana: «Si el precio es de 10 chelines, entonces salarios y ganancia en conjunto no pueden pasar de 10 chelines. Pero ¿no son, al contrario, los salarios y las ganancias en conjunto los que predeterminan el precio? No, esa es la doctrina vieja y caduca. (p. 204.) La nueva economía ha mostrado que todo precio se rige por la cantidad proporcional del trabajo que produce, y solo por ella. Una vez fijado este, entonces, ipso facto, el precio fija el fondo del que tanto los salarios como las ganancias tienen que sacar sus dividendos separados» (1.c.204). El capital no aparece aquí como posición de plusvalía, es decir, de plustrabajo, sino solo como algo que hace deducciones de una cantidad dada de trabajo. Que el instrumento y la materia prima se apropien este dividendo tiene entonces que explicarse por su valor de uso en la producción, con lo que se presupone el disparate de que la materia prima y el instrumento crean valor de uso por su separación del trabajo. Porque es la separación la que los convierte en capital. Considerados en sí mismos, son ellos mismos trabajo, trabajo pasado. Además, esto choca entonces con razón con el sentido común, pues el capitalista sabe muy bien que cuenta el salario y la ganancia entre los costes de producción y que regula según ellos el precio necesario. Esta contradicción entre la determinación del producto por el tiempo de trabajo relativo, y la limitación de la suma de ganancia y salarios por la suma de ese tiempo de trabajo, y la fijación real del precio en la práctica, se debe simplemente a que no se concibe la ganancia como forma ella misma derivada, secundaria, de la plusvalía; y lo mismo lo que el capitalista considera con razón como sus costes de producción. Su ganancia procede sencillamente de que una parte de los costes de producción no le cuesta nada y, por tanto, no entra en sus desembolsos, en sus costes de producción. | | VI‒1 | «Todo cambio que pueda perturbar las relaciones existentes entre salarios y ganancias tiene que originarse en los salarios.» (Quincey 1.c. (X, 5) p. 205.) Esto solo es verdad en la medida en que toda variación en la masa de plustrabajo tiene que derivarse de una variación en la relación entre trabajo necesario y plustrabajo. Pero esta puede producirse tanto si el trabajo necesario se vuelve menos productivo, y por tanto una parte mayor del trabajo total se va en él, como si el trabajo total se vuelve más productivo, y por tanto se reduce el tiempo de trabajo necesario. Es un disparate decir que esta fuerza productiva del trabajo parte de los salarios. La disminución de los salarios relativos es más bien su resultado. Pero parte: 1) de la apropiación por el capital del crecimiento de las fuerzas productivas a consecuencia de la división del trabajo, del comercio, que procura materias primas más baratas, de la ciencia, etc.; 2) además, este aumento de las fuerzas productivas, en la medida en que se realiza mediante el empleo de un capital mayor, etc., tiene que considerarse como algo que parte del capital. Además: la ganancia y los salarios, aunque determinados por la relación entre trabajo necesario y plustrabajo, no coinciden con ellos; son solo formas secundarias de ellos. Pero la gracia está en esto: en los ricardianos se presupone una cantidad determinada de trabajo; esta determina el precio del producto, del que ahora el trabajo saca sus dividendos en forma de salarios y el capital en forma de ganancias; el dividendo del obrero es = al precio de los medios de subsistencia necesarios. En las «relaciones existentes entre salarios y ganancias», por tanto, la tasa de ganancia está en su máximo y la de los salarios en su mínimo. La competencia entre los capitalistas solo puede cambiar la proporción en que participan en la ganancia total, pero no alterar la relación entre la ganancia total y los salarios totales. El nivel general [general standard] de la ganancia es esta relación de la ganancia total con los salarios totales, y esta no la altera la competencia. ¿De dónde viene, pues, la alteración? No, desde luego, de que la tasa de ganancia disminuya voluntariamente, y tendría que hacerlo voluntariamente, ya que la competencia no tiene este resultado. Por tanto, de una alteración de los salarios, cuyos costes necesarios suben (teoría del empeoramiento progresivo del suelo sometido a la agricultura, teoría de la renta), digamos a consecuencia de una disminución de la fuerza productiva del trabajo debida a causas naturales. A esto opone Carey, etc., con razón (pero, tal como él lo explica, otra vez sin razón), que la tasa de ganancia no baja a consecuencia de la disminución, sino del aumento de la fuerza productiva. Todo se resuelve sencillamente en que la tasa de ganancia no atiende a la plusvalía absoluta, sino a la plusvalía en relación con el capital empleado, y en que el crecimiento de la fuerza productiva va acompañado de la disminución de la parte del capital que representa el aprovisionamiento en relación con la parte que representa capital invariable; por eso, al caer la relación del trabajo total empleado con el capital que lo pone en movimiento, cae necesariamente también la parte del trabajo que aparece como plustrabajo o plusvalía. De esta incapacidad para explicar uno de los fenómenos más llamativos de la producción moderna se desprende que Ricardo no ha entendido su propio principio. Y en qué dificultades enreda a sus discípulos se ve, entre otros, en este pasaje de Quincey: «Es el paralogismo habitual: si en la misma granja se han mantenido siempre 5 hombres, y en 1800 su producto era de 25 quarters y en 1840 de 50, uno tiende a ver el producto solo como variable, y el trabajo como constante: mientras que virtualmente ambos han variado. En 1800 cada quarter tuvo que costar 1/5 parte de un hombre; en 1840 cada uno no ha costado más que 1/10 parte de un hombre.» (1.c.214.) En ambos casos el tiempo de trabajo absoluto era el mismo, 5 jornadas; pero en 1840 la fuerza productiva del trabajo se había duplicado respecto a 1800 y, por tanto, el coste de producir el trabajo necesario era menor. El trabajo empleado en 1 quarter era menor, pero el trabajo total era el mismo. Pero que no es la fuerza productiva del trabajo lo que determina el valor del producto ‒aunque determina la plusvalía, si bien no en proporción al aumento de la fuerza productiva‒ debería saberlo el señor Quincey por Ricardo. Las contradicciones contra Ricardo, lo mismo que los sofismas desesperados de sus discípulos (por ejemplo, el señor MacCulloch, que explica por el plustrabajo la plusvalía que el vino viejo tiene sobre el joven). El valor tampoco ha de determinarse por el trabajo que ha costado la unidad, es decir, por el precio del quarter individual. Sino que el precio multiplicado por el número constituye el valor. Los 50 quarters de 1840 tenían el mismo valor que los 25 de 1800, porque objetivaban la misma cantidad de trabajo. El precio del quarter individual, de la unidad, tuvo que ser distinto, y el precio total (expresado en dinero) puede haber sido distinto por razones muy diversas. (Lo que Quincey dice de la máquina vale del obrero: «Una máquina, en cuanto se conoce su secreto, no se venderá por el trabajo producido, sino por el trabajo que la produce… ya no se la verá como una causa equivalente a ciertos efectos, sino como un efecto reproducible con certeza por una causa conocida a un coste conocido.» (84, 85.)) De Quincey dice de Malthus: «Malthus, en su Economía política, se niega a ver, más aún, niega rotundamente, que si 2 hombres producen un resultado variable de 10 y de 5, entonces en un caso cada unidad del resultado ha costado el doble de trabajo que en el otro. Al contrario, como siempre hay 2 hombres, el señor Malthus insiste obstinadamente en que el coste en trabajo es constante.» (1.c.215, Note.) De hecho: el coste en trabajo es constante [the cost in labour is constant], porque según el presupuesto hay tanto trabajo contenido en 10 como en 5. Pero el coste del trabajo [cost of labour] no es constante, porque en el primer caso, al ser doble la fuerza productiva del trabajo, el tiempo que corresponde al trabajo necesario es menor en una proporción determinada. Enseguida entraremos en la opinión de Malthus. Aquí, antes de seguir adelante con el desarrollo del tiempo de circulación del capital y su relación con el tiempo de trabajo, es oportuno examinar primero toda la doctrina de Ricardo sobre esta materia, para fijar con más nitidez la diferencia entre nuestra concepción y la suya. (Las citas de Ricardo, en el cuaderno VIII.) Su primer presupuesto es la «competencia sin restricción» y el aumento a voluntad de los productos por la industria. (19. R. 3.) Dicho con otras palabras, esto no significa sino que las leyes del capital solo se realizan plenamente dentro de la competencia ilimitada y de la producción industrial. Sobre esta base productiva y esa relación de producción el capital se desarrolla de manera adecuada; sus leyes inmanentes se hacen, pues, plenamente realidad. Siendo así, habría que mostrar cómo la competencia ilimitada y la producción industrial son condiciones de realización del capital que él mismo tiene que producir cada vez más (en lugar de que la hipótesis aparezca aquí como la del mero teórico que, en la relación del capital consigo mismo como capital, pone la libre competencia [free competition] y el modo productivo de existencia del capital de manera externa y arbitraria, no como desarrollos del propio capital, sino como presupuestos imaginados del capital para que este aparezca en estado puro). Por lo demás, este es el único pasaje de Ricardo en el que hay un atisbo de la naturaleza histórica de las leyes económicas burguesas. Bajo este presupuesto, el valor relativo de las mercancías (esta palabra es absurda, pues el valor absoluto es un disparate) se determina por la distinta cantidad que puede producirse en el mismo tiempo de trabajo, o por la cantidad de trabajo realizada proporcionalmente en las mercancías. (p. 4.) (cuaderno, 19.) (En adelante, la primera cifra es la página del cuaderno; la 2.ª, la página de Ricardo.) Cómo se pasa del valor como equivalente, determinado por el trabajo, al no equivalente, o al valor que en el cambio pone plusvalía, es decir, cómo se pasa del valor al capital, de una determinación a la aparentemente opuesta, a R. no le interesa. Para él la cuestión es solo cómo la relación de valor de las mercancías puede y tiene que permanecer la misma y estar determinada por la cantidad relativa de trabajo, aunque los dueños del trabajo acumulado y los del trabajo vivo no cambien equivalentes en trabajo, es decir, a pesar de la relación entre capital y trabajo. Es entonces una cuenta muy sencilla que la mercancía A) y la mercancía B) puedan cambiarse en proporción al trabajo realizado en ellas, aunque los productores de A) o de B) se repartan de manera distinta entre sí el producto A) o el producto B) cambiado por él. Pero como todo reparto tiene lugar aquí sobre la base del cambio, resulta en efecto completamente inexplicable por qué un valor de cambio ‒el trabajo vivo‒ se cambia según el ||2| tiempo de trabajo realizado en él, mientras que el otro valor de cambio ‒el trabajo acumulado, el capital‒ no se cambia según la medida del tiempo de trabajo realizado en él. En ese caso el poseedor del trabajo acumulado no podría cambiar como capitalista. Por eso Bray, por ejemplo, cree sacar por primera vez la verdadera consecuencia de Ricardo con su cambio igual [equal exchange] entre trabajo vivo y trabajo muerto4. Que desde el punto de vista del mero cambio el salario del obrero tendría que ser = al valor del producto, es decir, la cantidad de trabajo en forma objetiva que el obrero recibe en el salario, = a la cantidad de trabajo en forma subjetiva que gasta en el trabajo, es una consecuencia tan necesaria que A. Smith cae en ella. Ricardo, en cambio, se atiene a lo correcto, pero ¿cómo? «El valor del trabajo y la cantidad de mercancías que puede comprar una cantidad determinada de trabajo no son idénticos.» ¿Por qué no? «Porque el producto del obrero o un equivalente de ese producto no es = a la remuneración del obrero.» Es decir, la identidad no existe porque existe la diferencia. «Por tanto (porque no es así), el valor del trabajo no es la medida del valor, como lo es el trabajo empleado en la cantidad de mercancías.» (19, 5.) El valor del trabajo no es idéntico a la remuneración del trabajo. Porque son distintos. Por tanto, no son idénticos. Curiosa conclusión. En el fondo no hay en ello más que el hecho de que en la práctica no es así. Pero según la teoría tendría que serlo. Porque el cambio de valores está determinado por el tiempo de trabajo realizado en ellos. Por tanto, se cambian equivalentes. Por tanto, una cantidad determinada de tiempo de trabajo en forma viva tendría que cambiarse por la misma cantidad de tiempo de trabajo en forma pasada. Lo que habría que demostrar es precisamente que la ley del cambio se trueca en su contrario. Aquí no se expresa ni siquiera el atisbo de que lo hace. O el atisbo tendría que estar en el rechazo, que vuelve a menudo, de la confusión. Que tampoco puede hacerlo la diferencia entre trabajo pasado y vivo se concede enseguida: «La cantidad comparativa de mercancías que puede procurar una cantidad dada de trabajo determina su valor pasado y presente» (19,9), donde, por tanto, el trabajo vivo determina incluso retroactivamente el valor del pasado. ¿Por qué, entonces, no se cambia también el capital por el trabajo vivo en proporción al trabajo realizado en el capital? ¿Por qué una cantidad de trabajo vivo no es ella misma = a la cantidad de trabajo en la que se ha objetivado? «El trabajo es naturalmente de distinta calidad y es difícil comparar horas de trabajo diferentes en ramas de negocio diferentes. Pero esta escala se fija muy pronto en la práctica (19, 13). Para periodos cortos, al menos de un año a otro, la variación en esta desigualdad es insignificante y, por tanto, no entra en el cálculo.» (19,15.) Esto no es nada. Si Ricardo hubiera aplicado su propio principio, las cantidades de trabajo (simple) a las que son reducibles las distintas capacidades de trabajo, la cosa era sencilla. En general, se ocupa directamente de las horas de trabajo. Lo que el capitalista obtiene en el cambio es la capacidad de trabajo: ese es el valor de cambio que paga. El trabajo vivo es el valor de uso que para él tiene este valor de cambio, y de este valor de uso surge la plusvalía y la supresión del cambio en general. Al hacer Ricardo que se cambie con el trabajo vivo ‒o sea, al caer de entrada en el proceso de producción‒, queda en su sistema como antinomia insoluble que una cantidad determinada de trabajo vivo no sea = a la mercancía que crea, en la que se objetiva, aunque el valor de la mercancía sea = a la cantidad de trabajo contenida en ella. En el valor de la mercancía «se incluye también el trabajo de llevar la mercancía al mercado». (19, 18.) Veremos que el tiempo de circulación, en la medida en que aparece en Ricardo como determinante del valor, es solo el trabajo necesario para llevar las mercancías al mercado. «El principio de la determinación del valor por las cantidades relativas de trabajo que contienen las mercancías se modifica considerablemente por el empleo de maquinaria y de otro capital fijo y duradero. La subida o la bajada del salario afecta de manera distinta a 2 capitales, uno de ellos casi enteramente circulante y el otro casi enteramente fijo; lo mismo la desigual duración del capital fijo empleado. A saber, se añade la ganancia sobre el capital fijo (el interés) y también la compensación por la mayor duración del tiempo que tiene que transcurrir hasta que la más valiosa de las dos mercancías pueda llevarse al mercado.» (19, 25, 27, 29, 30.) Este último momento se refiere solo a la duración del proceso de producción, o sea, al tiempo de trabajo empleado directamente, al menos en el ejemplo de Ricardo del arrendatario y el panadero. (Si el trigo de uno está en condiciones de llevarse al mercado más tarde que el del otro, esta llamada compensación, como en el caso del capital fijo, presupone ya el interés; o sea, es ya algo derivado, no una determinación originaria.)
«La ganancia y el salario son solo porciones en las que las dos clases de los capitalistas y los obreros participan en la mercancía originaria y, por tanto, también en la que se cambia por ella.» (p. 21, 20.) Hasta qué punto la producción de la mercancía originaria, su origen mismo, está determinada por estas porciones, cómo, por tanto, como fundamento determinante, precede a las porciones, lo prueba el hecho de que la mercancía originaria no se produciría en absoluto si no contuviera plustrabajo para el capitalista. «Las mercancías en las que se ha empleado la misma cantidad de trabajo varían en su valor relativo si no pueden llevarse al mercado al mismo tiempo… También con un capital fijo mayor, el valor más alto de una mercancía se debe a la mayor duración del tiempo que tiene que transcurrir hasta que pueda llevarse al mercado… La diferencia en ambos casos se debe a que las ganancias se han acumulado como capital, y esto es solo una compensación por el tiempo durante el cual se han retenido las ganancias.» (20, 34, 30‒31, 35.) Esto no significa absolutamente nada más que el capital inactivo se cuenta y se carga en cuenta como si no estuviera inactivo, sino que se cambiara por tiempo de plustrabajo. No tiene nada que ver con la determinación del valor. Pertenece al precio. (En el caso del capital fijo, solo entra en la determinación del valor como otro método de pago del trabajo objetivado, abstracción hecha de la ganancia.)
❲«Hay otro principio del trabajo que nada señala al investigador económico en los países viejos, pero del que todo capitalista colonial se ha hecho consciente en su propia persona. Con mucho, la mayor parte de las operaciones de la industria, y en especial aquellas cuyo producto es grande en proporción al capital y al trabajo empleados, requieren un tiempo considerable para completarse. En la mayoría de ellas no vale la pena empezar sin la certeza de poder proseguirlas durante varios años. Una gran parte del capital empleado en ellas es fijo, inconvertible, duradero. Si sucede algo que detenga la operación, todo este capital se pierde. Si no puede recogerse la cosecha, todo el desembolso hecho para que crezca se ha tirado… Esto muestra que la constancia es un principio no menos importante que la combinación del trabajo. La importancia del principio de la constancia no se ve aquí, porque en verdad rarísima vez sucede que el trabajo que lleva adelante un negocio se detenga contra la voluntad del capitalista. Pero en las colonias ocurre justo lo contrario. Allí los capitalistas lo temen tanto que evitan cuanto pueden que ocurra, evitando en lo posible las operaciones que requieren mucho tiempo para completarse.» (Wakefield, 169‒170, XIV, 71.) «Hay numerosas operaciones de tipo tan simple que no admiten una división en partes y que no pueden realizarse sin la cooperación de muchos pares de manos. Por ejemplo, subir un árbol grande a un carro, mantener a raya las malas hierbas en un campo grande de cultivo en crecimiento, esquilar al mismo tiempo un gran rebaño de ovejas, recoger una cosecha de cereal en el momento en que está bastante madura y no demasiado, mover cualquier gran peso; en suma, todo lo que no puede hacerse si no ayudan juntos muchos pares de manos en la misma ocupación indivisa y al mismo tiempo.» (168 1.c.) «La combinación y la constancia del trabajo están aseguradas en los países viejos, sin esfuerzo ni pensamiento alguno por parte del capitalista, por la mera abundancia de trabajadores de alquiler. La escasez de trabajadores de alquiler es la queja universal de las colonias.» (170 1.c.) «Solo la tierra más barata de una colonia es aquella cuyo precio afecta al mercado de trabajo. El precio de esta tierra, como el de toda tierra desnuda y el de todo lo demás que no cuesta nada producir, depende, naturalmente, de la relación entre la demanda y la oferta.» [332 1.c.] «Para que el precio de la tierra baldía cumpla sus objetivos (a saber, hacer del obrero un no propietario de tierra), tiene que ser suficiente para ese propósito. Hasta ahora el precio ha sido insuficiente en todas partes.» (338 1.c.) Este precio «suficiente»: «Al fundar una colonia, el precio podría ser tan bajo que hiciera prácticamente ilimitada la cantidad de tierra apropiada por los colonos; podría ser lo bastante alto como para dar lugar a una proporción entre tierra y población semejante a la de los países viejos, en cuyo caso, si este precio tan alto no impidiera la emigración, la tierra más barata de la colonia podría ser tan cara, y la sobreabundancia de trabajadores tan deplorable, como en Inglaterra; o podría ser un justo medio entre ambos, que no ocasionara ni sobreabundancia de población ni sobreabundancia de tierra, sino que limitara la cantidad de tierra de manera que diera a la tierra más barata un valor de mercado que tuviera el efecto de obligar a los trabajadores a trabajar un tiempo considerable por un salario antes de poder convertirse en propietarios de tierra.» (339.1.c.) (H. XIV, 71.) (Este pasaje de Art of Colonisation de Wakefield aquí citado corresponde a los aducidos más arriba sobre la necesaria separación del obrero respecto a las condiciones de propiedad.)❳ |
|3| (El cálculo de la ganancia, a diferencia del cálculo de la plusvalía real que el capital pone en el cambio con el trabajo vivo, se ve claro, por ejemplo, en el ejemplo siguiente. Es una afirmación [statement] del primer informe de los comisarios de fábricas. (Malthus' Princip. of Polit. Economy. 1836. 2 ed. (cuaderno X, p. 42).)
| Capital invertido en edificios y maquinaria | ............... | £ 10000 |
|---|---|---|
| Capital flotante | ............... | 7000 |
| £ | 500 | interés sobre £ 10000 de capital fijo | |
|---|---|---|---|
| 350 | ........... sobre el capital flotante | ||
| 150 | ........... rentas, impuestos, tasas | ||
| 650 | ........... fondo de amortización de 6 1/2 por el desgaste | ||
| del capital fijo | |||
| ‒‒‒‒‒ | |||
| £ | 1650 | ||
| £ | 1100 | imprevistos, acarreo, carbón, aceite | |
| ‒‒‒‒‒‒ | |||
| 2750 | |||
| 2600 | salarios y sueldos | ||
| ‒‒‒‒‒ | |||
| 5350 | |||
| 10000 | por unas 400 000 lbs de algodón en rama a 6 d. | ||
| ‒‒‒‒‒ | |||
| 15350 | |||
| 16000 | por 363 000 lbs de hilo [twist] hilado. Valor.............. | £ 16000. |
El capital desembolsado en trabajo es 2600; la plusvalía es = 1650 (850 de interés + 150 de rentas, etc., hacen 1000 + 650 de ganancia).
Pero 2600 : 1650 = 100 : 63 6/13. Por tanto, la tasa de plusvalía es 63 6/13 por ciento. Según el propio cálculo de la ganancia tendría que ser 850 de interés, 150 de rentas y 650 de ganancia, o 1650 : 15350; algo más del 10,7 por ciento.
En el ejemplo anterior el capital flotante rota 1 67/70 veces al año; el capital fijo rota una vez en 15 5/13 años; una vez en 200/13 años.
Ganancia: 650, o alrededor de 4,2. Los salarios de los operarios, 1/6. La ganancia se da aquí en 4,2; digamos que fuera solo del 4 por ciento. Este 4 por ciento, calculado sobre un desembolso de 15350. Pero tenemos además un 5 por ciento de interés sobre £ 10000 y un 5 por ciento sobre 7000; 850 l. = 5 por ciento sobre 17000. De los anticipos anuales realmente hechos tenemos que descontar: 1) la parte del capital fijo que no figura en el fondo de amortización; 2) lo que se ha calculado como interés. (Es posible que no sea el capitalista A) quien se embolsa los intereses, sino el capitalista B). En todo caso son rédito, no capital; plusvalía.) De los 15350 de desembolso hay que restar, pues, 850; quedan: 14500. Entre los 2600 para salarios y sueldos había 41 2/3 l. en forma de sueldo, ya que 1/6 de 15350 no es 2600, sino 2558 1/3. Dividido por 14500 da 5 205/307, digamos 6. Vende, pues, los 14500 por 16000, o sea, con una ganancia de 1500; lo que hace un 10 10/29 por ciento; pero despreciemos estos 10/29 y digamos un 10 por ciento; 1/6 de 100 es 16 2/3. Daría, pues, sobre [100: 83] 1/35 para anticipos, 16 2/3 para salario y 10 de ganancia. A saber:
| Anticipos | Salario | Suma | Reproducido | Ganancia | |
|---|---|---|---|---|---|
| £ St. | 83 1/3 | 16 2/3 | 100 | 110 | 10. |
10 sobre 16 2/3, o sobre 50/3, es exactamente el 60 por ciento. Por tanto, para que según el cálculo del capitalista resulte una ganancia anual del 10 por ciento (era algo más) sobre un capital de 17000 l., en el que el trabajo solo supone 1/6 de los anticipos anuales de 14500, el obrero tiene que crear una plusvalía (o el capital, como se prefiera) del 60 por ciento. O bien, de todo el tiempo de trabajo, el 62 1/2 por ciento es para el trabajo necesario y el 37 1/2 para el plustrabajo; están en la relación = 625 : 375, o = 5 : 3, o 1 : 3/5. Si, en cambio, los anticipos del capital hubieran sido 50, y los anticipos en salario también 50, bastaría con crear un 20 por ciento de plusvalía para que el capitalista tuviera un 10 por ciento; 50 50 10 = 110. Pero 10 respecto a 50 =20 : 100, o un 20 por ciento. Si el trabajo necesario pusiera en el 2.º caso tanto plustrabajo como en el primero, la ganancia del capitalista ascendería a 30 l.; por otra parte, si la tasa de la creación real de valor, de la posición de plustrabajo, en el primer caso solo fuera tan grande como en el 2.º, la ganancia ascendería solo a 3 1/3 l., y si el capitalista tuviera que pagar un 5% de intereses a otro capitalista, tendría que soportar una pérdida efectiva. De la fórmula se desprende simplemente esto: 1) que para determinar cuánto es la plusvalía real hay que calcular la ganancia sobre el anticipo hecho en salario: el tanto por ciento en que la llamada ganancia está respecto al salario; 2) el porcentaje relativamente menor que el desembolso en trabajo vivo supone en el desembolso total presupone un mayor desembolso en capital fijo, maquinaria, etc.; una mayor división del trabajo. Por eso, aunque el porcentaje del trabajo sea menor que en el capital que trabaja con más trabajo, la masa de trabajo realmente puesta en movimiento tiene que ser considerablemente mayor; es decir, hay que trabajar en general con un capital mayor. La parte alícuota de trabajo que corresponde al anticipo total es menor; pero la suma absoluta de trabajo puesto en movimiento es mayor para el capital individual; es decir, este mismo tiene que ser mayor. 3) Si no se trata de una maquinaria mayor, etc., sino de un instrumento que no pone en movimiento más trabajo ni representa él mismo un gran capital fijo (por ejemplo, la litografía a mano), sino que se limita a sustituir trabajo, la ganancia del que trabaja con la máquina es absolutamente menor que la del que trabaja con trabajo vivo. (Pero aquel puede obtener una ganancia a un porcentaje al que este no puede, y por tanto echarlo del mercado.) (etc.) El examen de hasta qué punto puede disminuir la tasa de ganancia al crecer el capital, de modo que, sin embargo, aumente la ganancia bruta [gross profit], pertenece a la doctrina de la ganancia (competencia)..
Malthus, en sus Principles of political econ., 2.ª ed., 1836, tiene un atisbo de que la ganancia, es decir, no la ganancia, sino la plusvalía real, tiene que calcularse no en relación con el capital adelantado, sino con el trabajo vivo anticipado, cuyo valor está expresado objetivamente en el salario; pero con ello cae en un puro juego que se vuelve absurdo si ha de servir de base a cualquier determinación del valor o a cualquier razonamiento sobre la relación del trabajo con la determinación del valor.
En efecto, si tomo el valor total del producto acabado, puedo comparar cada parte del producto anticipado con la parte del desembolso que le corresponde; y el porcentaje que la ganancia ocupa respecto al producto entero es, naturalmente, también el porcentaje para la parte alícuota del producto. Digamos, por ejemplo, que 100 tál. rindieran 110; o sea, un 10 por ciento sobre el producto entero; sean 75 tál. para la parte invariable del capital y 25 para trabajo, o sea, 3/4 ||4| para la primera y 1/4 para trabajo vivo. Si tomo ahora 1/4 del producto total, es decir, de 110, obtengo 27 2/4, o 27 1/2. Sobre 25 de desembolso en trabajo, el capitalista tiene 2 1/2 de beneficio, es decir, un 10 por ciento. Igual de bien podría haber dicho Malthus: si tomo 3/4 del producto total, a saber, 75, estos 3/4 están representados en el producto total por 82 1/2; o sea, 7 1/2 sobre 75 es exactamente el 10 por ciento. Esto evidentemente no significa sino que, si gano un 10 por ciento sobre 100, el beneficio sobre cada parte de 100 asciende a tanto que sobre la suma total resulta un 10 por ciento. Si he ganado 10 sobre 100, he ganado 5 sobre cada una de 2 × 50, etc. Que si gano 10 sobre 100 gano 2 1/2 sobre 1/4 de 100 y 7 1/2 sobre 3/4 no nos hace avanzar ni un paso. Si he ganado 10 sobre 100, ¿cuánto he ganado entonces sobre 1/4 de 100, o sobre 3/4? A esta niñería se reduce la ocurrencia de Malthus. El anticipo en trabajo ascendía a 1/4 de 100; por tanto, el beneficio sobre él ascendía al 10 por ciento. El 10 por ciento de 25 da 2 1/2. O bien el capitalista, si ha ganado 10 sobre 100, ha ganado 1/10 sobre cada parte de su capital, es decir, un 10 por ciento. Esto no da a las partes del capital, unas respecto a otras, ningún carácter cualitativo, y por eso vale del capital fijo, etc., igual que del anticipado en trabajo. Lo que aquí se expresa es más bien solo la ilusión de que cada parte del capital participa por igual en el valor de nueva creación. Tampoco el salario adelantado para el 1/4 de trabajo ha creado la plusvalía, sino el trabajo vivo no pagado. Pero de la relación del valor total ‒aquí, los 10 tál.‒ con el salario podemos ver qué tanto por ciento del trabajo no se ha pagado, o cuánto plustrabajo hubo. En la relación anterior, el trabajo necesario está objetivado en 25 tál., el plustrabajo en 10; están, por tanto, en la relación 25 : 10 = 100 : 40; el 40 por ciento del trabajo era plustrabajo o, lo que es lo mismo, del valor producido por él era plusvalía. Es muy cierto que el capitalista puede calcular: si gano 10 sobre 100, sobre el salario = 25 he ganado 2 1/2. Qué utilidad haya de tener este cálculo no se ve. Pero lo que Malthus quiere con ello lo veremos enseguida, al entrar en su determinación del valor. Que él cree, sin embargo, que su sencilla cuenta contiene una determinación real se desprende de lo siguiente: «Supongamos que el capital se gaste solo en salario; 100 l. gastadas en trabajo inmediato. Los retornos al final del año, 110, 120 o 130; es evidente que en cada caso las ganancias estarán determinadas por la proporción del valor del producto entero que se requiere para pagar el trabajo empleado. Si el valor del producto en el mercado = 110, la proporción requerida para pagar a los trabajadores = 10/11 del valor del producto, o las ganancias = 10%. (Aquí el señor Malthus no hace sino expresar el anticipo originario, 100 l., como proporción del producto total. 100 es 10/11 de 110. Que yo diga que gano 10 sobre 100, es decir, 1/10 de 100, o que diga que de los 110 1/11 es beneficio, es lo mismo.) Si el valor del producto es 120, la proporción para el trabajo = 10/12 y el beneficio, un 20 por ciento; si es 130, la proporción requerida para pagar el trabajo = 10/13 y el beneficio = 30 por ciento. (En lugar de decir que gano 10 sobre 100, puedo decir también que de los 110 los anticipos suponen 10/11; o, con 20 sobre 100, que los anticipos suponen solo 10/12 de 120, etc. El carácter de estos anticipos, sean en trabajo o de otro modo, no tiene absolutamente nada que ver con esta otra forma aritmética de expresar la cosa. Si un capital de 100 solo ha rendido 110, puedo partir del capital y decir que he ganado 10 sobre él, o puedo partir del producto, de 110, y decir que de él solo he anticipado antes 10/11. La relación es, naturalmente, la misma.) Supongamos ahora que los anticipos del capitalista no consistan solo en trabajo. El capitalista espera igual ventaja sobre todas las partes del capital que adelanta. (Es decir, no hace sino repartir la ventaja que ha obtenido, y sobre cuyo origen puede estar muy a oscuras, por igual entre todas las partes de sus desembolsos, abstrayendo por completo de su diferencia cualitativa.) Supongamos que 1/4 de los anticipos sea para trabajo (inmediato), y que 3/4 consistan en trabajo acumulado y ganancias, con cualesquiera adiciones que puedan surgir de rentas, impuestos y otros gastos. Entonces es estrictamente cierto que las ganancias del capitalista variarán con el valor variable de este 1/4 del producto comparado con la cantidad de trabajo empleada. (no la cantidad, [como] en el señor Malthus, sino comparado con el salario pagado) (también es estrictamente cierto que sus ganancias variarán con el valor variable de los 3/4 de su producto comparado con los anticipos en trabajo acumulado, es decir, el beneficio está respecto al capital total anticipado como (10 : 100) cada parte del producto total (110) respecto a la parte del anticipo que le corresponde.) Por ejemplo, prosigue Malthus, un arrendatario emplea en el cultivo £ 2000, 1500 de ellas en simiente, mantenimiento de caballos, desgaste de su capital fijo, etc., y £ 500 en trabajo inmediato, y los retornos al final son 2400. Sus ganancias, 400 sobre 2000 = 20 por ciento. Y es igualmente obvio que si tomáramos 1/4 del valor del producto, a saber, 600 l., y lo comparáramos con la suma pagada en salarios del trabajo inmediato, el resultado mostraría exactamente la misma tasa de ganancia.» (l. c. 267, 8. cuaderno X, 41, 42.) (Es igualmente obvio que si tomáramos 3/4 del valor del producto, a saber, 1800, y lo comparáramos con la suma pagada en los anticipos de trabajo acumulado, a saber, con 1500, el resultado mostraría exactamente la misma tasa de ganancia. 18 : 15 = 6 : 5. Pero 6 sobre 5 es 1/5, o sea, un 20%.) (Malthus tiene aquí en la cabeza dos formas aritméticas diferentes que mezcla: primero, si hago 10 sobre 100, no he ganado 10 sobre cada parte de los 100, sino un 10%: o sea, sobre 50, 5; sobre 25, 2 1/2, etc.; ganar 10 sobre 100 significa ganar 1/10 sobre cada parte de 100, y así la ganancia tiene que salir como 1/10 de ganancia sobre el salario, y si la ganancia se reparte por igual entre todas las partes del capital, puedo decir que la tasa de ganancia sobre el capital total cambia con la tasa de ganancia sobre cada parte de él, o sea, por ejemplo, también sobre la adelantada en salarios; 2) Si he ganado un 10 por ciento sobre 100, el producto total es 110. Si el salario formaba 1/4 de los anticipos = 25, ya solo forma una parte 4 2/5 de 1106; es decir, forma una parte alícuota 2/5 menor, y en la misma proporción [tendrá] que formar una parte menor del producto total cuanto más haya crecido este respecto al originario. Esto es otra vez una mera manera distinta de calcular. 10 forma 1/10 de 100, pero solo 1/11 de 110. Puedo decir, pues, que en la misma proporción en que el producto total se hace mayor, cada una de las partes alícuotas del capital originario forma una parte menor de él. Tautología.) En su escrito The Measure of Value stated and illustrated, London 1823 (cuaderno IX), Malthus sostiene que el «valor del trabajo» es «constante» y por tanto la verdadera medida del valor en general. «Toda cantidad dada de trabajo tiene que ser del mismo valor que los salarios que la dominan, o por los que efectivamente se cambia.» (p. 5 l. c.) (IX, 29.) Aquí se trata, naturalmente, del trabajo asalariado. Lo verdadero es más bien que toda cantidad dada de trabajo es = a la misma cantidad de trabajo expresada en un producto; o que cada producto es solo una cantidad determinada de trabajo, objetivada en el valor del producto, que, respecto a otros productos, se mide por esa cantidad. El salario expresa, desde luego, el valor de la capacidad viva de trabajo, pero de ningún modo el valor del ||5| trabajo vivo, que se expresa más bien en el salario + la ganancia. El salario es el precio del trabajo necesario. Si el obrero tuviera que trabajar 6 horas para vivir y produjera para sí mismo, como mero obrero, recibiría mercancía de 6 horas de trabajo, digamos 6 d. diarios. Pues bien, el capitalista lo hace trabajar 12 horas y le paga 6 d. Le paga 1/2 d. por hora. Es decir, una cantidad dada de 12 horas de trabajo tiene el valor de 12 d., y 12 d. es en efecto el valor por el que se cambia el producto cuando se vende. Por otra parte, con este valor el capitalista domina, si pudiera reinvertirlo en mero trabajo, 24 horas. Los salarios dominan, por tanto, una cantidad de trabajo mucho mayor que la que los compone, y una cantidad dada de trabajo vivo se cambia de hecho por otra mucho menor de trabajo acumulado. Lo único seguro es que el precio del trabajo, el salario, tiene que expresar siempre la cantidad de trabajo que los trabajadores necesitan para mantener juntos alma y cuerpo. Los salarios de cualquier cantidad de trabajo tienen que ser iguales a la cantidad de trabajo que el trabajador tiene que gastar en su propia reproducción. En el ejemplo anterior, un hombre pondría a trabajar a dos hombres durante 12 horas cada uno ‒24 horas en total‒ con la cantidad de trabajo proporcionada por un hombre. En el caso anterior, el producto se cambiaría por otro producto del valor de 12 d., o por 12 horas de trabajo, y de ahí vendría su ganancia de 6 d. (su plusvalía para el capitalista). El valor de los productos está determinado por el trabajo contenido en ellos, no por la parte del trabajo contenido en ellos que ha pagado el patrono. El trabajo hecho, no el pagado, constituye el valor del producto; pero el salario solo expresa trabajo pagado, nunca el trabajo hecho. La medida de este mismo pago depende de la productividad del trabajo, pues esta determina la cantidad de tiempo de trabajo necesario. Y como estos salarios constituyen el valor del trabajo (puesto el trabajo mismo como mercancía), este valor es constantemente variable, y cualquier cosa menos constante. La cantidad de trabajo que trabaja el obrero es muy distinta de la cantidad de trabajo que se ha consumido en su capacidad de trabajo, o que es necesaria para reproducir su capacidad de trabajo. Pero como mercancía no vende el uso que se hace de él; no se vende como causa, sino como efecto. Oigamos cómo se esfuerza el señor Malthus por reducir la cosa: «Las condiciones de la oferta de mercancías no requieren que estas conserven siempre los mismos valores relativos, sino que cada una conserve su valor natural propio, o los medios de obtener aquellos objetos que mantendrán para el productor el mismo poder de producción y acumulación… las ganancias se calculan sobre los anticipos necesarios para la producción… los anticipos específicos de los capitalistas no consisten en paño, sino en trabajo; y como ningún otro objeto, cualquiera que sea, puede representar una cantidad dada de trabajo, está claro que es la cantidad de trabajo que una mercancía dominará, y no la cantidad de cualquier otra mercancía, lo que puede representar la condición de su oferta, o su valor natural.» (17, 18.) (IX, 29.) Ya por el hecho de que los anticipos del capitalista consisten en trabajo podía ver Malthus que la cosa no estaba limpia. Supongamos que el tiempo de trabajo necesario sea 6 horas: A) B), 2 tipos que trabajan cada uno para sí, pero que cambian entre sí. A) trabaja 6 horas; B, 12 horas. Si ahora A) quiere comerse las 6 horas que B) ha trabajado de más, consumir el producto de las 6 horas excedentes de B), no puede darle más que 6 horas de trabajo vivo, digamos al día siguiente. B posee ahora sobre A) un producto de 6 horas de trabajo. Supongamos ahora que en estas circunstancias se imaginara ser un capitalista y dejara del todo de trabajar. Al 3.er día, por las 6 horas de A, solo tendría que dar su producto acumulado de 6 horas, y en cuanto hubiera consumado el cambio tendría que volver a trabajar él mismo o morirse de hambre. Pero si sigue trabajando 12 horas para A) y A) sigue trabajando 6 horas para sí y 6 para B), entonces cada uno cambia exactamente 12 horas por las del otro. El valor natural de la mercancía, dice Malthus, consiste en que devuelva a su poseedor mediante el cambio el mismo poder de producción y acumulación. Su mercancía consta de 2 cantidades de trabajo, una cantidad de trabajo acumulado + una cantidad de trabajo inmediato. Si cambia, pues, su mercancía por otra que contiene exactamente la misma cantidad total de trabajo, su poder de producción y acumulación es por lo menos el mismo, ha permanecido igual. Pero ha crecido, porque una parte del trabajo inmediato no le ha costado nada, y sin embargo la vende. Malthus, en cambio, llega a la conclusión de que la cantidad de trabajo de que consta la mercancía es solo trabajo pagado, o sea, = a la suma de los salarios, o de que los salarios proporcionan la medida del valor de la mercancía. Si estuviera pagada toda cantidad de trabajo contenida en la mercancía, la doctrina del señor Malthus sería correcta, pero igual de correcto sería que su capitalista no tendría que hacer ningún «anticipo de trabajo» y perdería por completo sus «poderes de acumulación». ¿De dónde va a salir la ganancia si no se hace trabajo gratuito? Sí, piensa el señor Malthus, los salarios para el trabajo acumulado. Pero como el trabajo hecho ha dejado de trabajar, deja también de percibir salarios. El producto en que existe podría, desde luego, cambiarse otra vez por trabajo vivo; pero supongamos que este producto sea = 6 horas de trabajo: el obrero daría 6 horas de trabajo vivo y recibiría en reposición los anticipos, las 6 horas de trabajo hecho del capitalista, que con ello no se movería ni un paso del sitio. El trabajo vivo estaría muy pronto en posesión de su trabajo muerto. Pero el fundamento que da Malthus: que, como «ningún otro objeto, cualquiera que sea, puede representar una cantidad dada de trabajo», el valor natural de una mercancía consiste en la «cantidad de trabajo que una mercancía dominará, y no la cantidad de cualquier otra mercancía». Es decir, una cantidad dada de trabajo solo puede representarse por una cantidad de trabajo vivo (inmediato). No solo ningún otro, sino todo objeto, cualquiera que sea, puede representar una cantidad dada de trabajo, a saber, todo objeto en el que esté contenida la misma cantidad de trabajo. Pero Malthus quiere que la cantidad de trabajo contenida en la mercancía se mida, que sea igual no a la cantidad de trabajo vivo que puede poner en movimiento, sino a la cantidad de trabajo pagado que pone en movimiento. Supongamos que la mercancía contenga 24 horas de trabajo; entonces él piensa que el capitalista puede comprar con ella 2 jornadas de trabajo; y, si el capitalista pagara entero el trabajo, o si la cantidad de trabajo hecho fuera = a la cantidad de trabajo vivo pagado, solo podría comprar con 24 horas de trabajo hecho 24 horas de trabajo vivo, y sus «poderes de acumulación» se habrían ido a pique. Pero el capitalista no paga al obrero el tiempo de trabajo, la cantidad de trabajo, sino solo el tiempo de trabajo necesario, mientras le obliga a trabajar gratis el resto. Con las 24 horas de tiempo de trabajo hecho pondrá por eso en movimiento quizá 48 de trabajo vivo. Así pues, de hecho paga con 1 hora de trabajo hecho 2 horas de trabajo vivo y gana, por tanto, un 100 % en el cambio. El valor de su mercancía es ahora = 48 horas, pero de ningún modo igual a los salarios por los que se ha cambiado, ni igual a los salarios por los que vuelve a cambiarse. Si continúa en la misma proporción, con 48 horas de trabajo hecho comprará 96 de trabajo vivo. Supongamos que no exista capitalista alguno, sino que los obreros inmediatos, que cambian entre sí, trabajaran más de lo necesario para vivir, porque quisieran también acumular, etc. Llamemos salario a la parte del trabajo que el obrero realiza para vivir, y ganancia al tiempo excedente que trabaja para acumular. Entonces el valor de su mercancía sería = a la cantidad total de trabajo contenida en ella, = a la suma total de tiempo de trabajo vivo; pero de ningún modo = a los salarios que él mismo se ha pagado, ni igual a la parte de mercancía que tendría que reproducir para vivir. Como el valor de una mercancía es = a una cantidad determinada de trabajo, dice Malthus, es = a la cantidad de trabajo necesario contenida en ella (es decir, a los salarios) y no = a la suma total del trabajo contenido en ella; su todo es = a una fracción de ella. ||6| Pero los «poderes de acumulación» por parte del obrero solo vendrían, evidentemente, de que ha trabajado más de lo necesario para pagarse su salario. Si una cantidad determinada de tiempo de trabajo vivo fuera = al tiempo que el obrero requiere para vivir, una cantidad determinada de trabajo vivo sería = a los salarios que produce, o los salarios serían exactamente iguales al trabajo vivo que ponen en movimiento. Si así fuera, el capital sería naturalmente imposible. Si un obrero no puede producir en todo su tiempo de trabajo más que su salario, no puede, ni con la mejor voluntad, sacarle ni un farthing al capitalista. La propiedad es hija de la productividad del trabajo. «Si uno solo puede producir para uno, cada trabajador, no puede haber propiedad. Cuando el trabajo de un hombre puede mantener a 4, habrá 4 ociosos por 1 empleado en la producción.» (Ravenstone.)7 Arriba vimos cómo la profundidad cavilosa de Malthus se expresaba en un modo de calcular puramente infantil. Detrás estaba, por lo demás, la doctrina de que el valor del trabajo es constante y de que los salarios constituyen el precio. Como la tasa de ganancia sobre un capital entero puede expresarse como la misma tasa sobre la parte alícuota del capital que representa los salarios, sostiene que esta parte alícuota constituye y determina el precio. Exactamente igual aquí, una profundidad parecida. Si la mercancía A) = una cantidad x de mercancía, opina, eso no puede significar sino que es = a x de trabajo vivo, pues solo el trabajo puede representar trabajo. De ahí concluye que la mercancía A) = a la cantidad de trabajo asalariado que puede dominar y que, por tanto, el valor del trabajo es constante, porque siempre es = a la mercancía que lo pone en movimiento. La gracia está sencillamente en que para él coinciden la cantidad de trabajo vivo y la cantidad de trabajo asalariado, y en que cree que cada parte alícuota del trabajo asalariado está realmente remunerada. Pero x de trabajo vivo puede ser (y como trabajo asalariado solo es) = x ‒ y de trabajo necesario (salarios) + y de plustrabajo. x de trabajo muerto puede poner en movimiento, por tanto, x ‒ y de trabajo necesario (salarios) + y de tiempo de plustrabajo; es decir, pone siempre en movimiento tanto más tiempo de trabajo vivo cuantas horas de plustrabajo por encima de las necesarias están contenidas en x horas de trabajo.
El trabajo asalariado consta siempre de trabajo pagado y de trabajo no pagado.
Que el valor del trabajo es constante no significa, pues, sino que todo el tiempo de trabajo es tiempo de trabajo necesario, es decir, tiempo de trabajo que produce salario. No hay tiempo de plustrabajo y ‒sin embargo‒ hay «poderes de acumulación» y capital. Como los salarios son siempre iguales a una cantidad dada de trabajo, a saber, a la cantidad de trabajo vivo que ponen en movimiento, y esta es la misma cantidad de trabajo contenida en los salarios, el valor del trabajo es constante, pues es siempre = a la cantidad de trabajo objetivado. La bajada y la subida de los salarios procede, por tanto, de la bajada y la subida del precio de las mercancías, no del valor del trabajo. Si un obrero recibe 8 chelines de plata por semana o 16, esto solo se debe a que el precio de los chelines ha subido o ha bajado, pero el valor del trabajo ha permanecido el mismo. En ambos casos recibe una semana de trabajo hecho por una semana de trabajo vivo. El señor M. lo demuestra como sigue:
«Si se empleara solo el trabajo, sin capital, para procurarse los frutos de la tierra, la mayor facilidad de procurarse una clase de ellos en comparación con otra no alteraría, según se reconoce, el valor del trabajo, ni el valor de cambio del producto entero obtenido con una cantidad dada de esfuerzo.» Esto no significa sino que cada una de las mercancías, prescindiendo de su cantidad, estaría determinada por el trabajo contenido en ella, aunque este, según el grado de su productividad, se expresaría en un caso en más valores de uso y en otros en menos. «Admitiríamos sin vacilar que la diferencia estaba en la baratura o carestía del producto, no del trabajo.» Diríamos que el trabajo es más productivo en una rama que en otra, o también que el producto cuesta más o menos trabajo. No podríamos hablar de baratura o carestía del trabajo en la medida en que no existiera trabajo asalariado y, por tanto, una hora de trabajo inmediato dominaría siempre una hora de trabajo objetivado, lo cual naturalmente no impediría que una hora fuera más productiva que otra. Pero aun así, en la medida en que distinguiéramos en los trabajadores inmediatos la parte del trabajo necesaria para la subsistencia del plustrabajo ‒y si se trabajan, en general, determinadas horas del día como tiempo excedente, es lo mismo que si cada parte alícuota del tiempo de trabajo constara de una parte de trabajo necesario y otra de plustrabajo‒, no podría decirse que el valor del trabajo, es decir, el salario, la parte del producto que se cambia por trabajo necesario o la parte del trabajo total que se emplea en el producto necesario, sea constante. Con la productividad del trabajo cambiaría la parte alícuota del tiempo de trabajo que reproduce el salario; o sea, el valor del trabajo, es decir, el salario, cambiaría constantemente con la productividad del trabajo. Los salarios seguirían midiéndose por un valor de uso determinado, y como este cambia constantemente en su valor de cambio con la distinta productividad del trabajo, cambiarían los salarios o el valor del trabajo. Valor del trabajo supone en general que el trabajo vivo no es igual a su producto o, lo que es lo mismo, que no se vende como causa operante, sino como efecto él mismo producido. Que el valor del trabajo es constante no significa sino que se mide constantemente por la cantidad de trabajo que hay metida en él. En un producto puede haber metido más o menos trabajo. Por eso puede cambiarse por el producto B) unas veces una porción mayor y otras una menor del producto A). Pero la cantidad de trabajo vivo que compra el producto nunca puede ser mayor ni menor que el trabajo hecho que representa, pues una cantidad determinada de trabajo es siempre una cantidad determinada de trabajo, exista en forma de trabajo objetivado o vivo. Por tanto, si se da más o menos producto por una cantidad determinada de trabajo vivo, es decir, si los salarios suben o bajan, esto no se debe a que el valor del trabajo haya subido o bajado, pues el valor de una cantidad determinada de trabajo es siempre igual a la misma cantidad determinada de trabajo, sino a que los productos han costado más o menos trabajo y, por tanto, una cantidad mayor o menor de ellos representa la misma cantidad de trabajo. El valor del trabajo permanece, pues, constante. Solo cambia el valor de los productos, es decir, cambia la fuerza productiva del trabajo, no su valor. Esta es la médula de la teoría de Malthus, si se puede llamar teoría a una falacia tan superficial. En primer lugar, un producto que solo cuesta medio día de tiempo de trabajo puede bastar para que yo viva un día entero y, por tanto, también trabaje. Que el producto posea o no esta propiedad no depende de su valor, es decir, del tiempo de trabajo empleado en él, sino de su valor de uso, y el cambio que en este aspecto tiene lugar entre trabajo vivo y producto del trabajo no es un cambio de ambos como valores de cambio, sino que su relación reside, por un lado, en el valor de uso del producto y, por otro, en las condiciones de existencia de la capacidad viva de trabajo. Si se cambiara trabajo objetivado por trabajo vivo, según las leyes del valor de cambio el producto que es = a media jornada de trabajo solo podría comprar media jornada de trabajo vivo, aunque el obrero pudiera vivir de él una jornada entera; y si hubiera de comprarse toda su jornada de trabajo, tendría que recibir en producto una jornada entera de trabajo, con la que, según el presupuesto, podría vivir dos jornadas. Pero sobre la base del capital, trabajo vivo y trabajo hecho no se cambian entre sí como valores de cambio, de modo que ambos fueran idénticos y la misma cantidad de trabajo en forma objetivada fuera el valor, el equivalente de la misma cantidad de ||7| trabajo en forma viva. Lo que se cambia es el producto y la capacidad de trabajo, que es ella misma un producto. La capacidad de trabajo no es = al trabajo vivo que puede hacer, = a la cantidad de trabajo que puede realizar: este es su valor de uso. Es igual a la cantidad de trabajo mediante la cual ella misma tiene que producirse y puede reproducirse. El producto, por tanto, no se cambia de hecho por trabajo vivo, sino por trabajo objetivado, objetivado en la capacidad de trabajo. El trabajo vivo mismo es un valor de uso que posee el valor de cambio adquirido por el poseedor del producto, y lo poco o mucho que haya adquirido de este trabajo vivo por encima de lo que ha gastado en forma de producto por la capacidad de trabajo depende de la cantidad de trabajo vivo: de la pagada al obrero en el producto. Si se cambiara cantidad de trabajo por cantidad de trabajo, ya fuera en forma de [trabajo] objetivado o vivo, cada cantidad de trabajo sería naturalmente igual a sí misma y su valor igual a su cantidad. Un producto de media jornada de trabajo solo podría comprar, por tanto, media jornada de trabajo. Pero entonces no existirían de hecho ni salarios ni valor del trabajo. El trabajo no tendría un valor distinto de su producto o del equivalente de su producto, ningún valor específico, y esto es justamente lo que constituye el valor del trabajo, el salario. De que una cantidad determinada de trabajo sea = a una cantidad determinada de trabajo, o también de que una cantidad determinada sea = a sí misma, del gran descubrimiento de que una cantidad determinada es una cantidad determinada, concluye el señor Malthus que el salario es constante, que el valor del trabajo es constante, a saber, = a la misma cantidad de trabajo objetivado. Esto sería correcto si el trabajo vivo y el acumulado se cambiaran entre sí como valores de cambio. Pero entonces no existiría ni valor del trabajo, ni salarios, ni capital, ni trabajo asalariado, ni las investigaciones de Malthus. Todo ello se basa en que el trabajo vivo aparece como valor de uso y la capacidad viva de trabajo como valor de cambio frente al trabajo acumulado en el capital. Malthus prosigue tranquilamente: «Lo mismo vale cuando el capital y las ganancias entran en el cálculo del valor y la demanda de trabajo varía». Aquí está toda la profundidad. En cuanto entran el capital y las ganancias, entra el hecho de que se compra la capacidad viva de trabajo y de que, por tanto, una porción menor de trabajo acumulado se cambia por una porción mayor de trabajo vivo. Es en general característico de esta profundidad que el capital, que pone trabajo asalariado, que convierte por primera vez el trabajo en trabajo asalariado y la capacidad de trabajo en una mercancía, no introduzca con su entrada ningún cambio en la valorización del trabajo, como tampoco en la valorización del trabajo acumulado. El capital, que es una forma específica de relacionarse el trabajo con su producto y con el valor de este, «entra», según Malthus, sin cambiar nada. Exactamente como si la entrada, la «entrada de los emperadores», no cambiara nada en la constitución de la República romana. Prosigue: «Si se produce un aumento de la remuneración de los trabajadores sin un aumento del producto, esto solo es posible con una bajada de las ganancias. Para obtener cualquier porción dada del producto es necesaria la misma cantidad de trabajo que antes, pero, al disminuir la ganancia, el valor del producto disminuye, mientras que esta disminución de las ganancias respecto al valor de los salarios se ve exactamente contrapesada por la mayor cantidad de trabajo necesaria para procurar el producto mayor asignado al trabajador, con lo que el valor del trabajo queda igual que antes.» (p. 33, 34 l. c. cuaderno IX, 29.) Según el presupuesto, el producto contiene la misma cantidad de trabajo. Pero su valor habría disminuido porque las ganancias han bajado. Ahora bien, si el tiempo de trabajo contenido en el producto ha permanecido el mismo, ¿cómo van a bajar las ganancias? Si sube el salario mientras el tiempo de trabajo total permanece el mismo ‒no por causas pasajeras, como por ejemplo que la competencia esté a favor de los obreros‒, esto no significa sino que la productividad del trabajo ha bajado, que se necesita una cantidad mayor de tiempo para reproducir la capacidad de trabajo; que, por tanto, del trabajo vivo puesto en movimiento por el capital una parte mayor recae en el tiempo necesario y una menor en el tiempo excedente. Dejemos las sutilezas para más adelante. Solo, para completar, el siguiente pasaje final: «A la inversa, en el caso inverso. Se asignaría al trabajador una cantidad menor de producto y las ganancias subirían. Una cantidad dada de producto, obtenida con la misma cantidad de trabajo que antes, subiría de valor a causa de la subida de las ganancias; mientras que esta subida de las ganancias, respecto a los salarios del trabajador, se vería contrapesada por la menor cantidad de trabajo necesaria para obtener el producto disminuido asignado al trabajador.» (Malthus p. 35) (l. c.) (IX, 29.) Lo que dice en esta ocasión sobre los precios en dinero en distintos países, como resultado de su principio, hay que examinarlo más adelante. ❲La mercancía A), por ejemplo, puede comprar una jornada de trabajo; solo paga media (la necesaria), pero recibe a cambio la entera. La cantidad del trabajo entero comprado por la mercancía es entonces igual al tiempo necesario + el tiempo excedente. Así pues, si conozco el precio del trabajo necesario = x, el precio del trabajo entero sería = 2x, y podría estimar así la mercancía de nueva creación en salarios y tasar así los precios de todas las mercancías en salario. Pero esto sería cualquier cosa menos un valor constante. Por la confusión de que, en efecto, cualquiera que sea el salario, en los países civilizados hay que trabajar por él un tiempo medio, digamos 12 horas, con la de cuánto de estas 12 horas es trabajo necesario o plustrabajo, también el señor Carey, que resuelve la cantidad de trabajo en jornadas de trabajo (y ciertamente se resuelven en jornadas de trabajo vivo), llega a esto: que, como el mismo capital cuesta cada vez menos tiempo de trabajo para su reproducción, por ejemplo, una máquina de 100 l., gracias al progreso de las fuerzas productivas, en un tiempo dado ya solo costará 50 £ St., o sea, será el resultado de la mitad de tiempo de trabajo, de jornadas de trabajo o de horas de trabajo, como se prefiera. De ahí concluye el señor Carey que el obrero puede comprar, adquirir esta máquina con la mitad de jornadas de trabajo que antes. Comete la pequeña confusión de considerar el crecimiento del tiempo de plustrabajo como si se hubiera ganado para el obrero, mientras que toda la cosa se reduce, al contrario, a que el obrero trabaja menos para sí mismo de la jornada de trabajo entera y más para el capital; a que, por tanto, el poder objetivo del capital frente a él crece rápidamente, en una proporción determinada con el aumento de las fuerzas productivas. El señor Carey hace que el obrero compre la máquina o la tome prestada; en suma, lo convierte en capitalista. Y llegaría a este mayor poder sobre el capital porque la reproducción de una cantidad determinada de capital exige menos trabajo necesario, es decir, menos trabajo pagado, o sea, porque el salario baja en relación con la ganancia. En América, mientras el obrero se apropia allí todavía él mismo una parte de su plustrabajo, puede acumular lo bastante para convertirse, por ejemplo, en arrendatario, etc. (aunque también esto está dejando de ocurrir ya ahora). Donde el trabajo asalariado en América puede todavía prosperar con rapidez, ocurre por la reproducción de modos anteriores de producción y de propiedad sobre la base del capital (por ejemplo, del campesinado independiente [independent peasantry]). En suma, considera las jornadas de trabajo como jornadas de trabajo pertenecientes al obrero y, en lugar de concluir que este tiene que producir más capital para estar ocupado el mismo tiempo de trabajo, concluye que tiene que trabajar menos para adquirir el capital (para apropiarse las condiciones de producción). Si producía 20 máquinas y, a consecuencia de la fuerza productiva creciente, puede ahora producir 40, la máquina individual se abarata en efecto; pero de que se necesite una parte menor de la jornada de trabajo para producir una cantidad determinada de ellas no se sigue que el producto de la jornada de trabajo haya aumentado para el obrero, sino, al contrario, que se emplea menos trabajo vivo en la producción de una cantidad determinada de máquinas. Por lo demás, el señor Carey, al que le importa la armonía, encuentra él mismo que, cuando baja la tasa de ganancia, la ganancia bruta sube, porque se requiere un capital cada vez mayor en relación con el trabajo vivo empleado; por tanto, se hace cada vez más imposible para el obrero apropiarse la suma de capital necesaria, el mínimo de capital que se requiere para el empleo productivo del trabajo en el nuevo nivel de la producción. Una parte alícuota del capital necesita menos tiempo de trabajo para su reproducción, pero se necesita una masa mayor de capital para valorizar el menor tiempo de trabajo. El crecimiento de la fuerza productiva se expresa en que la parte del capital que consiste en trabajo vivo ||8| baja constantemente frente a la desembolsada en anticipos, maquinaria, etc. Toda la mala gracia de Carey, que naturalmente es una bicoca para Bastiat, se basa en que convierte el tiempo de trabajo o las jornadas de trabajo necesarios para la producción en jornadas de trabajo pertenecientes al obrero, cuando este tiempo pertenece más bien al capital y, en proporción a la fuerza productiva creciente del trabajo, al obrero le queda una porción cada vez más estrecha de su tiempo de trabajo. Cuanto menos tiempo de trabajo vivo tiene que comprar un capital dado ‒o cuanto más crece la suma total del capital y disminuye el trabajo vivo empleado por él en relación con su magnitud‒, tanto mayor es, según el señor Carey, la probabilidad de que el obrero llegue a ser poseedor del capital, porque el capital se reproduce con menos trabajo vivo. Cuanto mayor el capital y cuanto menor el número de obreros que emplea proporcionalmente, tanto mayor la probabilidad para estos obreros de llegar a ser capitalistas, pues ¿no se reproduce ahora el capital con menos jornadas de trabajo? ¿No puede por tanto comprarse, ganarse también con menos jornadas de trabajo? Tómese un capital de 100 l. que emplea 50 en anticipos, 50 en trabajo, y obtiene un 50 por ciento de ganancia, pues la disminución de la tasa de ganancia es el caballo de batalla principal de Carey y forma parte de la teoría. Sea cada £ de salario igual a una jornada de trabajo = 1 obrero. Tómese ahora otro capital de 16000 l. que emplea 14500 en anticipos y 1500 en salario (sea también = 1500 obreros) y que solo obtiene un 20 por ciento de ganancia. En el primer caso el producto = 150; en el segundo (supongamos, para comodidad del cálculo, que el capital fijo rota en un año) = 19200. (3200 de ganancia.) Aquí tenemos el caso más favorable para el señor Carey. La tasa de ganancia ha disminuido del 50 por ciento al 20, o sea, en 3/5 o en un 60 por ciento. Allí un producto de 50 es el resultado de 50 jornadas de trabajo vivo; en el otro caso, un producto de 3200 lo es de 1500 obreros. En el primer caso, un producto de 1 es el resultado de 1 jornada de trabajo; en el 2.º, un producto de 2 2/15 es el producto de 1 jornada de trabajo. En el segundo caso se necesita menos de la mitad de tiempo de trabajo que en el primero para producir un valor de 1. ¿Significa esto ahora que en el 2.º caso el obrero, con media jornada de trabajo, produce para sí 1 1/15, mientras que el otro en el doble de tiempo solo produce 1, y que por tanto está en el mejor camino para llegar a capitalista? Tendría que adquirir primero 16000 l. de capital y, en lugar de trabajar él mismo, comprar trabajo ajeno, para que esta reducción del tiempo de trabajo necesario le sirviera de algo. Así, lo único que ha hecho es crear un abismo infinito entre su trabajo y las condiciones de su empleo, y disminuir la tasa del trabajo necesario, o sea, en comparación con la primera relación, poner en la calle a más de 6 veces más obreros. Estos obreros puestos en la calle deben tranquilizarse ahora con que, si tuvieran las condiciones para trabajar de manera independiente o, más bien, para trabajar como capitalistas, ellos mismos necesitarían menos obreros. En el primer caso todo el capital necesario es de 100 l., y hay más probabilidad de que el obrero individual ahorre excepcionalmente lo bastante y, por una combinación particularmente afortunada, llegue él mismo a ser capitalista al modo del capitalista A). El tiempo de trabajo que trabaja el obrero es el mismo en A) y en B), aunque la suma total de jornadas de trabajo utilizadas por los capitalistas es esencialmente distinta. Por cada 6 obreros que necesita el primer capitalista, el 2.º no necesita ni siquiera uno. Los que quedan tienen por eso que trabajar el mismo tiempo excedente o más. Que el capital, en el nivel de la producción en el que él mismo ha crecido tanto como las fuerzas productivas, necesite menos jornadas de trabajo vivo equivale, según Carey, a que el obrero necesite menos jornadas de trabajo para apropiarse capital; probablemente con las jornadas de trabajo de los obreros no «ocupados». Como el capitalista necesita menos obreros para valorizar su inmenso capital, el obrero ocupado por él puede apropiarse con menos trabajo el capital mayor. Tal es la lógica del señor Carey, el armonizador.❳
Respecto a la teoría de Ricardo, dice Wakefield (cuaderno VII, p. 74) l. c. p. 231 Note:
«Tratando el trabajo como una mercancía, y el capital, producto del trabajo, como otra, entonces, si el valor de estas 2 mercancías se regulara por cantidades iguales de trabajo, una cantidad dada de trabajo se cambiaría en todas las circunstancias por la cantidad de capital que hubiera sido producida por la misma cantidad de trabajo; el trabajo anterior se cambiaría siempre por la misma cantidad que el trabajo presente. Pero el valor del trabajo, en relación con otras mercancías, al menos en la medida en que los salarios dependen de la parte, no está determinado por cantidades iguales de trabajo, sino por la proporción entre oferta y demanda.»
❲Bailey: «Money and its Vicissitudes in Value etc. London. 1837» (cuaderno V, p. 26 sqq.) hace observaciones sobre el capital durmiente [dormant capital], que puede ponerse en curso mediante una circulación acelerada (según él, mediante una masa mayor de medio circulante [currency]; habría debido decir dinero), y trata de explicar que, si en un país el capital estuviera siempre plenamente ocupado, ningún aumento de la demanda podría producir un aumento de la producción. El concepto de capital durmiente pertenece a la circulación, ya que el capital que no se encuentra en circulación duerme. Los pasajes correspondientes dicen así: «Puede existir mucho capital y mucha destreza productiva en estado inerte. Se equivocan los economistas cuando creen que el número de obreros y la cantidad de capital son ciertas potencias definidas que tendrían que producir inevitablemente un resultado determinado en cualquier país donde existan. (p. 54.) Lejos de estar fija y determinada la cantidad de mercancías que los productores existentes y el capital existente llevan al mercado, está sujeta a un amplio margen de variación. (p. 55.) Así pues, no es esencial para un aumento de la producción que surjan nuevo capital o nuevos obreros… (Por ejemplo, en un país donde faltan metales preciosos) puede que algunas mercancías, o, lo que es lo mismo, el poder de producirlas, abunden en un lugar y otras mercancías en otro lugar, igualmente, y que los poseedores de cada una deseen cambiar sus artículos por los que tienen los otros, pero se mantengan en un estado de falta de trato por carecer de un medio común de cambio, y en un estado de inacción porque no tienen motivo alguno para producir.» (55, 6.) ❲En la circulación del capital el dinero aparece doblemente: como transformación del capital en dinero y como realización del precio de la mercancía; pero aquí esta posición del precio no es formal. La transformación del producto en dinero es aquí la reconversión del capital en valor como tal, en valor que existe de manera autónoma; el capital como dinero o el dinero como capital realizado. En segundo lugar, en la determinación de mero medio de circulación; esto ocurre allí donde solo sirve para reconvertir el capital en condiciones de producción. En este 2.º momento, en la forma del salario, tiene que haber simultáneamente una masa determinada de dinero como medio de circulación, como medio de pago. Que el dinero desempeñe en la circulación del capital este doble papel produce en todas las crisis la apariencia de que el dinero falta como medio de circulación, cuando lo que le falta al capital es el valor y por eso no puede monetizarse [monétiser]. La masa del dinero circulante puede incluso aumentar entretanto. Sobre las nuevas determinaciones del dinero, tal como está puesto como momento de la circulación del capital, en parte como su medio de circulación, en parte como valor realizado del capital, como capital él mismo, hay que hacer un apartado propio cuando hablemos del interés, etc.❳ Bailey continúa: «El trabajo puesto en actividad no depende en modo alguno solo del capital disponible de un país. Depende de que los alimentos, las herramientas y las materias primas se distribuyan lenta o rápidamente ||9| a aquellas partes donde se necesitan; de que circulen con dificultad o no; de que existan durante largos intervalos en masas inertes y, en consecuencia, no proporcionen ocupación suficiente a la población.» (56, 7.) (Ejemplo de Gallatin, l. c. 68, de los condados occidentales de Pensilvania.) «Los economistas políticos son demasiado propensos a considerar una cantidad determinada de capital y un número determinado de obreros como instrumentos de producción de potencia uniforme o que operan con cierta intensidad uniforme… El productor que emplea un capital determinado puede tener sus productos en sus manos un tiempo largo o corto, y mientras espera la ocasión de cambiarlos, su poder de producir queda detenido o retardado, de modo que en un período dado, por ejemplo un año, puede producir solo la mitad de lo que produciría si hubiera habido una demanda inmediata. Esta observación vale igualmente para el obrero, que es su instrumento. El ajuste recíproco de las diversas ocupaciones de los hombres en la sociedad tiene que efectuarse, al menos, de manera imperfecta. Pero hay una gran distancia entre los grados en que se realiza: todo expediente que facilita el tráfico es un paso hacia ese ajuste. Cuanto más libre de trabas y fácil se vuelva el intercambio de mercancías, tanto más cortos serán esos intervalos improductivos en que los hombres, deseosos de trabajar, parecen separados por una barrera infranqueable del capital… que, aunque esté muy a mano, permanece sujeto a una estéril inercia.» (p. 58‒60.) «Principio general: una nueva demanda será atendida con nuevos esfuerzos, con el empleo activo de capital y trabajo antes durmientes, y no desviando fuerza productiva de otros objetos. Esto último solo es posible si el empleo de capital y trabajo en un país ya no fuera susceptible de crecimiento. La exportación de bienes quizá no pone directamente en movimiento trabajo nuevo, pero en ese caso absorbe las mercancías disponibles cuando son existencias muertas [dead stock], y libera capital inmovilizado en un estado improductivo.» (p. 65.) «Los que afirman que una afluencia de dinero no puede promover la producción de otras mercancías, puesto que estas mercancías son los únicos agentes de la producción, demuestran que la producción no puede ampliarse en absoluto, pues para tal ampliación se requiere que antes aumenten los alimentos, las materias primas y las herramientas, lo cual equivale de hecho a sostener que no puede tener lugar ningún aumento de la producción sin un aumento previo (¿pero no es esta la doctrina económica de la acumulación?), o, en otras palabras, que un aumento es imposible. (p. 70.) Ahora bien, se dice: si el comprador va al mercado con una cantidad mayor de dinero y no eleva los precios de las mercancías que encuentra allí, no da ningún estímulo adicional a la producción; si eleva los precios, entonces, cuando los precios aumentan proporcionalmente, los compradores no tienen mayor poder de demanda que antes.» (73.) «Hay que negar, como principio general, que un comprador no pueda dar un estímulo adicional a la producción a menos que su demanda eleve los precios. Aparte de la circunstancia de que la preparación de una cantidad mayor admite una división del trabajo más eficaz y el empleo de maquinaria superior, hay en esta materia esa especie de margen que surge de una cantidad de trabajo y capital que yace desocupada y dispuesta a suministrar mercancías adicionales al mismo precio. Así ocurre que un aumento considerable de la demanda tiene lugar a menudo sin que suban los precios.» (73‒74.)❳ ❲John Wade: History of the Middle and Working Classes etc. 3 ed. London 1835 (cuaderno, p. 20) dice: «El trabajo es el agente por el cual el capital se hace productivo de salarios, ganancia o rédito.» (p. 161.) «El capital es laboriosidad almacenada, dispuesta para desarrollarse en formas nuevas y equivalentes; es fuerza colectiva.» (p. 162.) «El capital es solo otro nombre de la civilización.» (164.) La asociación de los obreros —la cooperación y la división del trabajo como condiciones fundamentales de la productividad del trabajo— aparece, como todas las fuerzas productivas del trabajo, es decir, las que determinan el grado de su intensidad y por tanto de su realización extensiva, como fuerza productiva del capital. La fuerza colectiva del trabajo, su carácter de trabajo social, es por eso la fuerza colectiva del capital. Lo mismo la ciencia. Lo mismo la división del trabajo, tal como aparece como división de los empleos y el cambio correspondiente a ellos. Todas las potencias sociales de la producción son fuerzas productivas del capital, y por eso él mismo aparece como su sujeto. La asociación de los obreros, tal como aparece en la fábrica, tampoco está puesta por ellos, sino por el capital. Su unión no es su existencia, sino la existencia del capital. Frente al obrero individual aparece como algo fortuito. Este se relaciona con su propia unión con otros obreros y con su cooperación con ellos como con algo ajeno, como con modos de acción del capital. El capital, allí donde no aparece en una forma inadecuada —por ejemplo, la del capital pequeño que trabaja por sí mismo—, supone ya, en una escala determinada, mayor o menor, concentración tanto en forma objetiva, es decir, como concentración en una mano, que aquí coincide todavía con la acumulación, de medios de subsistencia, materia prima e instrumentos, o, en una palabra, de dinero como forma general de la riqueza, como, por otro lado, en forma subjetiva, acumulación de fuerzas de trabajo y concentración de estas en un punto, bajo el mando del capital. No puede corresponder un capitalista a cada obrero, sino que a un capitalista tiene que corresponder una cierta cantidad de obreros, no como 1 o 2 oficiales a 1 maestro. El capital productivo, o el modo de producción correspondiente al capital, solo puede ser doble: manufactura o gran industria. En la primera predomina la división del trabajo; en la 2.ª, la combinación de fuerzas de trabajo (con un modo de trabajo uniforme) y la aplicación del poder de la ciencia, donde la combinación y, por así decir, el espíritu comunitario del trabajo se trasladan a la máquina, etc. En el primer estado, la masa de los obreros (acumulados) tiene que ser grande en proporción a la cuantía del capital; en el 2.º, el capital fijo tiene que ser grande en relación con el número de los muchos obreros que cooperan. Pero aquí ya está presupuesta la concentración de muchos y su distribución por la maquinaria como otros tantos engranajes (por qué es distinto en la agricultura no corresponde a este lugar). El caso II no necesita, pues, ser considerado especialmente, sino solo el caso I. El desarrollo peculiar de la manufactura es la división del trabajo. Pero esta presupone la reunión (provisional) de muchos obreros bajo un mando, exactamente como el devenir capital del dinero presupone que una cierta cuantía de medios de subsistencia, materias primas e instrumentos de trabajo se haya liberado. Por eso hay que abstraer aquí también de la división del trabajo, como momento posterior. Ciertas ramas de la industria, por ejemplo el trabajo de las minas, presuponen de antemano la cooperación. Por eso, mientras el capital no existe, esta tiene lugar como trabajo forzado (trabajo de prestación personal o de esclavos) bajo un capataz. Lo mismo la construcción de caminos, etc. Para hacerse cargo de estos trabajos, el capital no crea la acumulación y la concentración de los obreros, sino que se hace cargo de ellas. Así que esto tampoco está en cuestión. La forma más simple y más independiente de la división del trabajo es aquella en que el capital ocupa a distintos tejedores a mano, hilanderos, etc., que viven independientes y dispersos. (Esta forma existe todavía junto a la industria.) Aquí, pues, el modo de producción mismo no está aún determinado por el capital, sino que este se lo encuentra dado. El punto de unidad de estos obreros dispersos reside solo en su relación recíproca con el capital, en que el producto de su producción se acumula en sus manos, y con él las plusvalías que han creado por encima de su propio rédito. Como trabajo cooperativo existen solo en sí, en la medida en que cada uno de ellos trabaja para el capital —y por eso tiene en él un centro—, sin que trabajen juntos. Su unión por el capital es por eso solo formal ||10| y afecta solo al producto del trabajo, no al trabajo mismo. En lugar de cambiar con muchos, cambian con el capitalista único. Se trata, pues, de una concentración de los cambios por el capital. El capital cambia no como individuo, sino representando el consumo y las necesidades de muchos. Ya no cambia como individuo singular que cambia, sino que representa a la sociedad en el acto de cambio. Cambio colectivo y cambio concentrador por parte del capital con los tejedores, etc., que trabajan dispersos, cuyos productos del trabajo se reúnen, se unifican, mediante este cambio, y con ellos sus trabajos mismos, aunque procedan independientemente unos de otros. La unificación de sus trabajos aparece como un acto particular, junto al cual persiste la fragmentación autónoma de sus trabajos. Esta es la primera condición para que el dinero se cambie como capital por el trabajo libre. La segunda es la supresión de la fragmentación autónoma de estos muchos obreros, de modo que el capital único ya no aparezca frente a ellos solo como fuerza colectiva social en el acto del cambio, en el que se reúnen muchos cambios, sino que los reúna en un lugar bajo su mando, en una manufactura, ya no los deje en el modo de producción que se encontró dado ni establezca su poder sobre esa base, sino que se cree como base un modo de producción que le corresponda. Pone la unión de los obreros en la producción, una unión que al principio consistirá solo en el lugar común, bajo capataces, en la regimentación, una disciplina mayor, la regularidad y la dependencia puesta* respecto del capital en la producción misma. Con ello se ahorran de entrada ciertos falsos gastos de producción [faux frais de production]. (Sobre todo este proceso, cf. Gaskell, con especial referencia al desarrollo de la gran industria en Inglaterra.) Ahora el capital aparece tanto como la fuerza colectiva de los obreros, su fuerza social, como la unidad que los ata entre sí y que, por tanto, crea esa fuerza. Todo esto sigue estando, antes como después y en cada grado de desarrollo del capital, mediado por el hecho de que los muchos cambian con él como con el uno, de modo que el cambio mismo está concentrado en él; el carácter social del cambio: él cambia socialmente con los obreros, pero estos individualmente con él. En el oficio artesanal se trata de la calidad del producto, de la habilidad particular del obrero individual, y al maestro, como maestro, se le supone haber alcanzado la maestría en esa habilidad. Su posición de maestro no descansa solo en su posesión de las condiciones de producción, sino en su propia habilidad en el trabajo particular. En la producción del capital no se trata de entrada de esta relación semiartística —que corresponde en general al desarrollo del valor de uso del trabajo, al desarrollo de la capacidad particular del trabajo manual inmediato, a la formación de la mano humana, etc., para el trabajo—. Se trata de entrada de la masa, porque se trata del valor de cambio y de la plusvalía. El principio desarrollado del capital consiste precisamente en hacer superflua la habilidad particular y en hacer superfluo el trabajo manual, el trabajo inmediatamente corporal en general, tanto como trabajo hábil como en cuanto esfuerzo muscular; en poner más bien la habilidad en las fuerzas muertas de la naturaleza. Ahora bien, al presuponer el surgimiento de la manufactura como surgimiento del modo de producción del capital (los esclavos están combinados en sí, porque están bajo un* amo), se presupone que la fuerza productiva del trabajo que el propio capital ha de suscitar todavía no existe. Se presupone, pues, que en la manufactura el trabajo necesario se lleva aún una gran porción del tiempo de trabajo total disponible y que, por tanto, el plustrabajo es todavía relativamente pequeño en cada obrero. Esto, por un lado, se compensa, y el progreso de la manufactura se acelera así, porque la tasa de ganancia es mayor, es decir, porque el capital se acumula más deprisa en proporción a su cuantía ya existente que en la gran industria. Si de 100 tál. 50 corresponden al trabajo y el tiempo excedente = 1/5, el valor creado = 110, o el 10 %. Si de 100 solo correspondieran 20 al trabajo y el tiempo excedente = 1/4, el valor creado = 105, o el 5 %. Por otro lado, esta mayor tasa de ganancia en la manufactura solo resulta del empleo de muchos obreros a la vez. El mayor tiempo excedente solo puede obtenerse reuniendo el tiempo excedente de muchos obreros en proporción al capital. En la manufactura predomina el tiempo excedente absoluto, no el relativo. Más aún es este el caso al principio, cuando los obreros fragmentados e independientes todavía valorizan para sí mismos una parte de su tiempo excedente. Para que el capital exista como capital, para que pueda tanto vivir de la ganancia como acumular, su ganancia tiene que ser = a la suma del tiempo excedente de muchas jornadas de trabajo vivas simultáneas. En la agricultura, la tierra, en su acción química, etc., es ya ella misma una máquina que hace más productivo el trabajo inmediato y que, por tanto, da antes un excedente, porque aquí se trabaja antes con una máquina, a saber, una natural. Esta es la única base correcta de la doctrina de los fisiócratas, que bajo este aspecto solo considera la agricultura frente a la manufactura, todavía completamente sin desarrollar. Si el capitalista empleara a un obrero para vivir de su tiempo excedente, ganaría evidentemente el doble si trabajara él mismo, si trabajara con fondos propios, pues ganaría, además del tiempo excedente, el salario pagado al obrero. Saldría perdiendo con el proceso. Es decir, aún no estaría en condiciones de trabajar como capitalista, o el obrero solo sería su ayudante, y así no estaría todavía frente a él en la relación de capital.
Para que el dinero se transforme en capital, no basta, pues, con que pueda poner en movimiento plustrabajo, sino que hace falta un cierto quantum de plustrabajo, el plustrabajo de una cierta masa de trabajo necesario, es decir, de muchos obreros a la vez, de modo que su suma unida baste para que el dinero pueda tanto vivir como capital, es decir, representar la riqueza frente a la vida del obrero en el consumo, como apartar plustrabajo para la acumulación. El capital no produce de entrada para el valor de uso, para la subsistencia inmediata. El plustrabajo tiene que ser, pues, de entrada lo bastante grande como para volver a emplear una parte de él como capital. Así pues, siempre en el grado en que una cierta masa de riqueza social está ya concentrada objetivamente en una mano, que como capital aparece en seguida como cambio con muchos obreros y más tarde como producción por muchos obreros, como combinación de obreros, y es capaz de poner a trabajar simultáneamente [simultaneously at work] un cierto quantum de capacidades de trabajo vivas, comienza la producción por el capital, que de entrada aparece así como fuerza colectiva, fuerza social y supresión del aislamiento, primero del cambio con los obreros y después de los obreros mismos. El aislamiento de los obreros supone todavía su relativa independencia. La plena dependencia del capital, la plena separación de los obreros respecto de las condiciones de producción supone, por eso, su agrupamiento en torno al capital individual como base exclusiva de su subsistencia. Lo mismo resultará —o es lo mismo en otra forma— si se parte de la forma particular del cambio que se supone para que el capital cambie como capital, en la que el dinero tiene que poseer ya, representando a muchos de los que cambian, una fuerza de cambio que va más allá del individuo y de su excedente individual, una fuerza ya no individual, sino que pertenece al individuo pero como función social, como alguien que cambia en cuanto representante de la riqueza social; por otro lado, se desprende de las condiciones del trabajo libre. La separación del individuo respecto de las condiciones de producción del trabajo = agrupamiento de muchos en torno a un capital.❳
❲También el capital mercantil es de entrada la concentración de muchos cambios en una mano. Representa ya una masa de los que cambian, tanto como D como M.❳ |
|11| «Este progreso continuo del saber y de la experiencia —dice Babbage— es nuestra gran fuerza.» Este progreso, este avance social pertenece [al capital] y es explotado por él. Todas las formas anteriores de propiedad condenan a la mayor parte de la humanidad, a los esclavos, a ser puros instrumentos de trabajo. El desarrollo histórico, el desarrollo político, el arte, la ciencia, etc., se desenvuelven en los círculos superiores, por encima de ellos. Pero solo el capital ha apresado el progreso histórico al servicio de la riqueza.
❲Antes de la acumulación por el capital se presupone una acumulación que constituye el capital, que pertenece a su determinación conceptual; apenas podemos llamarla todavía concentración, porque esta tiene lugar a diferencia de muchos capitales; si solo se habla todavía de el capital, la concentración coincide aún con la acumulación o con el concepto del capital. Es decir, todavía no forma una determinación particular. Pero el capital se enfrenta de entrada a los obreros, como muchos, en cuanto uno o unidad. Y así aparece como la concentración de los obreros, frente al trabajo, como unidad que cae fuera de ellos. Bajo este aspecto, la concentración está contenida en el concepto del capital: la concentración de muchas capacidades de trabajo vivas para un fin; una concentración que originariamente no necesita en modo alguno haberse impuesto ya en el modo de producción mismo, haberlo penetrado. Acción centralizadora del capital sobre las capacidades de trabajo, o posición de sí mismo como la unidad de estas, que existe de manera autónoma fuera de esas muchas.❳
❲Rossi dice en sus Leçons d'économie politique (cuaderno, p. 26): «El progreso social no puede consistir en disolver toda asociación, sino en sustituir las asociaciones forzosas y opresivas de los tiempos pasados por asociaciones voluntarias y equitativas… El aislamiento en su más alto grado es el estado salvaje; la asociación forzosa y opresiva en su más alto grado es la barbarie. Más acá de estos extremos, la historia nos deja ver variedades, matices muy diversos. La perfección se encuentra en las asociaciones voluntarias, que multiplican las fuerzas por la unión sin quitar a la potencia individual ni su energía, ni su moralidad y su responsabilidad.» (p. 354.) En el capital, la asociación de los obreros no está impuesta por la violencia física directa, por el trabajo forzado, de prestación personal o de esclavos; está impuesta por el hecho de que las condiciones de la producción son propiedad ajena y existen ellas mismas como asociación objetiva, que es lo mismo que la acumulación y la concentración de las condiciones de producción.❳
❲La concepción del capital meramente por su lado material, como instrumento de producción, prescindiendo por completo de la forma económica que hace del instrumento de producción capital, enreda a los economistas en toda clase de dificultades. Así, Rossi pregunta, l. c. (cuaderno, p. 27): «¿Es la materia prima verdaderamente un instrumento de producción? ¿No es más bien el objeto sobre el que deben actuar los instrumentos productores?» (p. 367.) Aquí, pues, el capital coincide para él por completo con el instrumento de producción en sentido tecnológico, según el cual todo salvaje es un capitalista. (Cosa que el señor Torrens afirma de hecho de un salvaje que tira una piedra a un pájaro.) Por lo demás, incluso desde el punto de vista de la abstracción puramente material —es decir, de la abstracción de la categoría económica misma—, la observación de Rossi es superficial y solo muestra que no ha entendido a su maestro inglés. Trabajo acumulado empleado como instrumento para una nueva producción, o producto sin más aplicado a la producción: la materia prima se emplea en la producción, es decir, se somete a un cambio de forma, igual que el instrumento, que también es producto. El resultado acabado de la producción vuelve a convertirse en un momento del proceso de producción. La proposición no dice nada más. Dentro del proceso de producción puede figurar como materia prima o como instrumento. Pero es instrumento de producción no en la medida en que sirve como instrumento en el proceso inmediato de producción, sino en la medida en que es un medio de la renovación del proceso de producción mismo, uno de sus presupuestos. Más importante y más pertinente es la duda de si el aprovisionamiento [approvisionnement], es decir, el salario, forma parte del capital, y aquí se muestra toda la confusión de los economistas. «Se dice que la retribución del obrero es capital porque el capitalista se la adelanta. Si solo hubiera familias de obreros que tuvieran bastante para vivir un año, no habría salario. El obrero podría decir al capitalista: tú adelantas el capital para la obra común, yo aporto el trabajo; el producto se repartirá entre nosotros en tales y cuales proporciones. En cuanto esté realizado, cada uno tomará su parte.» (p. 369.) «No habría entonces adelantos [advances] para los obreros. Entretanto consumirían, aunque el trabajo se parase. Lo que consumieran pertenece al fondo de consumo, en absoluto al capital. Así pues, los adelantos para los obreros no son necesarios. Por tanto, el salario no es un elemento constitutivo de la producción. Es un accidente, una forma de nuestro estado social. En cambio, para producir se necesitan necesariamente el capital, el trabajo y la tierra. En segundo lugar, se emplea el salario doblemente: se dice que el salario es un capital, pero ¿qué representa? El trabajo. Quien dice salario dice trabajo, y viceversa. Si el salario adelantado forma parte del capital, solo habría que hablar de 2 instrumentos de producción: del capital y de la tierra.» (p. 370.) Y además: «En el fondo, el obrero no consume el bien del capitalista, sino el suyo propio; lo que se le da como retribución del trabajo es su parte alícuota del producto.» (p. 370.) «El contrato del capitalista con el obrero no es uno de los fenómenos de la producción… El empresario se presta a este arreglo, que puede facilitar la producción. Pero este arreglo no es más que una 2.ª operación, una operación de naturaleza completamente distinta, injertada en una operación productiva. Puede desaparecer en otra organización del trabajo. Incluso hoy hay producciones en que no tiene lugar. El salario es, pues, una forma de la distribución de la riqueza, no un elemento de la producción. La parte del fondo que el empresario dedica al pago de los salarios no forma parte del capital… Es una operación aparte, que sin duda puede favorecer la marcha de la producción, pero a la que no se puede llamar instrumento de producción directo.» (370.) «Concebir la potencia del trabajo haciendo abstracción de los medios de subsistencia de los trabajadores durante la obra de la producción es concebir un ente de razón. Quien dice trabajo, quien dice potencia del trabajo, dice a la vez trabajador y medios de subsistencia, obrero y salario… el mismo elemento reaparece con el nombre de capital, como si la misma cosa pudiera formar parte a la vez de dos instrumentos distintos de producción.» (370, 71.) Aquí hay mucha confusión, justificada por el hecho de que Rossi toma a los economistas al pie de la letra e identifica el instrumento de producción como tal con el capital. Para empezar, tiene toda la razón en que el trabajo asalariado no es una forma absoluta del trabajo, pero olvida que el capital tampoco es una forma absoluta de los medios y materiales de trabajo, y que estas 2 formas son la misma forma en momentos distintos, por lo que se sostienen y caen juntas; y que por eso es absurdo por su parte hablar de capitalistas sin trabajo asalariado. Su ejemplo de las familias obreras que pueden vivir un año sin el capitalista: son, pues, propietarias de sus condiciones de producción, que realizan su trabajo necesario sin permiso del señor capitalista. El capitalista al que hace acudir a ellas con su propuesta no significa, por tanto, más que un productor de instrumentos de producción; el acudir a ellas no significa más que una división del trabajo mediada por el cambio con el exterior. Incluso sin ningún arreglo —mediante los simples cambios— se reparten entonces ambos el producto común. El cambio es el reparto. No hace falta ningún otro arreglo para ello. Lo que estas familias obreras cambiarían entonces sería plustrabajo, absoluto o relativo, que el instrumento les habría capacitado para realizar: o bien un nuevo trabajo accesorio además de su antiguo trabajo, del que podían vivir año tras año antes de la aparición del c[apitalista], o bien mediante el empleo del instrumento en su antigua rama de trabajo. Aquí el señor Rossi convierte al obrero en poseedor de su ||12| plustrabajo y en quien lo cambia, y ha borrado así felizmente en él la última huella que lo marcaría como asalariado, pero con ello también en el instrumento de producción la última huella que hace de él capital. Es verdad que el obrero «en el fondo no consume el bien del capitalista, sino el suyo propio», pero no exactamente, como cree el señor Rossi, porque sea solo una parte alícuota del producto, sino porque es una parte alícuota de su producto, y el pago consiste, una vez despojado de la apariencia del cambio, en que trabaja una parte de la jornada para sí y otra para el capitalista, pero solo obtiene permiso para trabajar en general mientras su trabajo admita este reparto. El acto de cambio mismo, como hemos visto, no es un momento del proceso inmediato de producción, sino una condición de este. Pero dentro del proceso global de producción del capital, que incluye los distintos momentos de sus cambios, la circulación, este cambio está puesto como un momento del proceso entero. Pero, dice Rossi, el salario aparece dos veces en la cuenta: una vez como capital, otra como trabajo; representa así dos instrumentos de producción distintos. Si el salario representa el instrumento de producción trabajo, no puede representar el instrumento de producción capital. Aquí hay una confusión que procede también de que Rossi se toma en serio las distinciones económicas ortodoxas. En la producción el salario figura solo una vez, como fondo destinado a transformarse en salarios, como salario virtual. En cuanto es salario real, se ha pagado y solo figura ya en el consumo, como rédito del obrero. Pero lo que se ha cambiado por el salario es la capacidad de trabajo, y esta no figura en absoluto en la producción, sino solo el uso que se hace de ella: el trabajo. El trabajo aparece como instrumento de producción de valor porque no está pagado, es decir, porque no está representado por el salario. Como actividad creadora de valores de uso, tampoco tiene nada que ver consigo misma como trabajo asalariado. El salario en manos del obrero ya no es salario, sino fondo de consumo. Solo en manos del capitalista es salario, es decir, la parte del capital destinada a cambiarse por capacidad de trabajo. Para el capitalista ha reproducido una capacidad de trabajo vendible, de modo que bajo este aspecto incluso el consumo del obrero ocurre al servicio del capitalista. El trabajo mismo no lo paga en absoluto, sino solo la capacidad de trabajo. Esto, por cierto, solo puede hacerlo mediante la eficacia de esa misma capacidad. Si el salario aparece doblemente, no es porque represente 2 veces 2 instrumentos de producción distintos, sino porque aparece una vez desde el punto de vista de la producción y otra desde el punto de vista de la distribución. Pero esta forma determinada de la distribución no es un arreglo arbitrario que pudiera ser de otro modo, sino que está puesta por la forma misma de la producción; es solo uno de sus propios momentos considerado en otra determinación. El valor de la máquina forma sin duda una parte del capital invertido en ella; pero como valor la máquina no produce, aunque le rinda al fabricante. El salario no representa el trabajo como instrumento de producción, como tampoco el valor representa la máquina como instrumento de producción. Representa solo la capacidad de trabajo y, como el valor de esta existe separado de ella como capital, es parte del capital. En la medida en que el capitalista se apropia trabajo ajeno y con este trabajo apropiado lo vuelve a comprar, el salario —es decir, el representante del trabajo— aparece, si el señor Rossi quiere, doblemente: 1) como propiedad del capital, 2) como representante del trabajo. Lo que en realidad inquieta a Rossi es que el salario aparezca como representante de dos instrumentos de producción, el capital y el trabajo; olvida que el trabajo como fuerza productiva está incorporado al capital y que, como trabajo en acto [in esse], no en potencia [in posse], no es en modo alguno un instrumento de producción distinto del capital, sino lo que hace del capital un instrumento de producción. En cuanto a la diferencia entre el salario como algo que forma parte del capital y que es a la vez rédito del obrero, llegaremos a ello en el apartado ganancia, interés, con el que cerramos este primer capítulo del capital.❳ ❲Malthus, con referencia a su ya mencionado «The Measure of Value», etc., vuelve sobre ello en sus «Definitions in Political Economy etc. London. 1827». Observa allí: «Ningún escritor que yo conozca anterior al señor Ricardo usó jamás el término salario, o salario real, como algo que implica proporciones. Las ganancias, ciertamente, implican proporciones, y la tasa de ganancia siempre se había estimado con justicia como un porcentaje sobre el valor de los adelantos. Pero del salario se había considerado uniformemente que subía o bajaba no según una proporción que pudiera guardar con el producto total obtenido por una cierta cantidad de trabajo, sino por la cantidad mayor o menor de un producto particular recibida por el obrero, o por el poder mayor o menor que tal producto tendría de disponer de los artículos de primera necesidad y de las comodidades de la vida.» (M. 29, 30.) (cuaderno X, p. 49.) El único valor que produce el capital en una producción dada es el valor añadido por el nuevo quantum de trabajo. Pero este valor consta del trabajo necesario, que reproduce el salario —el adelanto hecho por el capital en forma de salario—, y del plustrabajo, por tanto de plusvalía por encima de ese trabajo necesario. Los adelantos hechos en material y en máquina solo se trasladan de una forma a otra. El instrumento pasa al producto igual que la materia prima, y su desgaste es a la vez posición de forma en el producto. Si la materia prima y el instrumento no cuestan nada, como en algunas industrias extractivas, donde todavía hay que estimarlos casi = 0 (la materia prima, siempre, en toda industria extractiva: obtención de metales, obtención de carbón, pesca, caza, tala en bosques vírgenes, etc.), tampoco añaden absolutamente nada al valor de la producción. Su valor es el resultado de una producción anterior, no de la inmediata, en la que sirven de instrumento y de material. La plusvalía solo puede, pues, estimarse en relación con el trabajo necesario. La ganancia es solo una forma secundaria, derivada y transformada de la plusvalía, la forma burguesa en la que se han borrado las huellas de su origen. El propio Ricardo nunca lo comprendió, porque 1) siempre habla solo del reparto de un quantum ya hecho, no de la posición originaria de esta diferencia; 2) porque comprenderlo le habría obligado a ver que entre el capital y el trabajo se establece una relación completamente distinta de la del cambio, y no podía admitir que el sistema burgués de los equivalentes se trueca en apropiación sin equivalente y se basa en ella; 3) su tesis de la ganancia y el salario proporcionales [proportionate profits and wages] solo se refiere a que, [si] un valor total determinado se divide en 2 porciones, si un quantum cualquiera se divide en 2, la magnitud de las dos partes está necesariamente en razón inversa. Y su escuela, en efecto, redujo luego la cosa a esa simpleza. En él, el interés que lo llevó a establecer los salarios y ganancias proporcionales no era llegar al fondo de la creación de la plusvalía —pues parte del presupuesto de que un valor dado ha de repartirse entre salario y ganancia, entre trabajo y capital, y supone, por tanto, este reparto como algo evidente por sí mismo—, sino, en primer lugar, hacer valer frente a la determinación corriente de los precios la determinación correcta que él había establecido del valor, mostrando que el límite del valor mismo no se ve afectado por su distribución, por la distinta distribución en ganancias y salarios; en segundo lugar, explicar la caída no solo transitoria, sino continua, de la tasa de ganancia, que le resultaba inexplicable bajo el presupuesto de que una porción fija del valor correspondía al trabajo; en tercer lugar, al explicar esta caída de la ganancia por el aumento del salario, y este aumento a su vez por el aumento del valor de los productos agrícolas, es decir, por la creciente dificultad de su producción, explicar a la vez la renta del suelo como algo que no está en pugna con su principio del valor. Al mismo tiempo, esto proporcionaba un arma polémica al capital industrial contra la propiedad del suelo, que explota los progresos de la industria. Pero al mismo tiempo, empujado por la simple lógica, había proclamado así la naturaleza antagónica de la ganancia, del trabajo y el capital, ||13| por mucho que se esfuerce después en demostrar al obrero que este carácter antagónico de la ganancia y el salario no afecta a su ingreso real, y que más bien un aumento proporcional (no absoluto) del salario es perjudicial, porque estorba la acumulación, y el desarrollo de la industria solo beneficia al propietario ocioso del suelo. Con todo, la forma antagónica estaba proclamada, y por eso Carey, que no entiende a Ricardo, pudo increparlo como padre de los comunistas, etc., en lo cual tiene a su vez razón en un sentido que él mismo no entiende. Pero los otros economistas, que, como Malthus, no quieren tener absolutamente nada que ver con la naturaleza proporcional (y por eso antagónica) del salario, desean, por un lado, encubrir el antagonismo; por otro, se aferran a que el obrero cambia simplemente un valor de uso determinado, su capacidad de trabajo, por capital, con lo que renuncia a la fuerza productiva, a la fuerza del trabajo creadora de valor nuevo, no tiene nada que ver con el producto, y por eso en el cambio entre capitalistas y obreros, en el salario, como en todo cambio simple en que se presuponen económicamente equivalentes, solo se trata de cantidad, del quantum del valor de uso. Por correcto que esto sea por un lado, la forma aparente del trueque, del cambio, trae consigo que el obrero, cuando la competencia le permite precisamente regatear y pelear con el capitalista, mida sus pretensiones por la ganancia del capitalista y exija una participación determinada en la plusvalía creada por él; de modo que la proporción se convierte en un momento real de la vida económica misma. Además, en la lucha de las dos clases —que se presenta necesariamente con el desarrollo de la clase obrera—, la medición de la distancia recíproca, expresada precisamente como proporción por el salario mismo, adquiere una importancia decisiva. La apariencia del cambio desaparece en el proceso del modo de producción fundado en el capital. Mediante el proceso mismo y su repetición se pone lo que es en sí: que el obrero recibe del capitalista como salario solo una parte de su propio trabajo. Esto entra luego también en la conciencia tanto de los obreros como de los capitalistas. En Ricardo la cuestión es en realidad solo esta: ¿qué proporción forma el salario necesario, en el curso del desarrollo, respecto del valor total? Sigue tratándose siempre solo del salario necesario; su naturaleza proporcional no interesa, pues, al obrero, que sigue recibiendo el mismo mínimo, sino solo al capitalista, cuyas deducciones del ingreso neto varían sin que los obreros reciban más, expresado en valor de uso. Pero que Ricardo formulara, aunque con vistas a problemas completamente distintos, la naturaleza antagónica de la ganancia y el salario muestra ya por sí mismo que en su época el modo de producción fundado en el capital había adoptado una forma cada vez más adecuada a su naturaleza. Malthus observa sobre la teoría del valor de Ricardo, en las citadas «Definitions» (cuaderno IX, p. 49, 50): «La afirmación de Ricardo de que, a medida que sube el valor de los salarios, las ganancias bajan proporcionalmente, y viceversa, solo es verdadera bajo el presupuesto de que las mercancías en las que se ha elaborado el mismo quantum de trabajo tengan siempre el mismo valor, y esto es verdad en 1 caso de cada 500, y además necesariamente, porque con el progreso de la civilización y de las mejoras crece siempre la cantidad de capital fijo empleado y hace más variados y desiguales los tiempos de los retornos del capital circulante.» (l. c. 31, 32.) (Esto se refiere a precios, no a valor.) Malthus observa respecto de su propio descubrimiento del verdadero patrón de valor: «En primer lugar, en ninguna parte había visto afirmado que la cantidad de trabajo de que dispone habitualmente una mercancía tiene que representar y medir la cantidad de trabajo elaborada en ella, con la adición de las ganancias… Al representar el trabajo elaborado en una mercancía con la adición de las ganancias, el trabajo representa las condiciones naturales y necesarias de su oferta, o los costes elementales de su producción. En segundo lugar, en ninguna parte había visto afirmado que, por mucho que varíe la fertilidad del suelo, los costes elementales de producir los salarios de una cantidad dada de trabajo tienen que ser siempre necesariamente los mismos.» (196, 7.) Esto solo quiere decir que los salarios son siempre iguales al tiempo de trabajo necesario para producirlos, que varía con la productividad del trabajo. La cantidad de mercancías sigue siendo la misma. «Si se considera el valor como el poder general de compra de una mercancía, esto se refiere a la compra de todas las mercancías, a la masa general de las mercancías. Pero esta es completamente inmanejable. Ahora bien, si alguno pone objeciones, no puede negarse ni por un momento que el trabajo representa mejor que nada una media de la masa general de las producciones. (205.) Una gran clase de mercancías, como los productos en bruto, sube con el progreso de la sociedad comparada con el trabajo, mientras que los artículos manufacturados bajan. Así que no está lejos de la verdad decir que la masa media de mercancías de que dispone una cantidad dada de trabajo en el mismo país, en el curso de algún siglo, puede no variar muy esencialmente.» (206.) «El valor tiene que ser siempre valor en cambio por trabajo.» (224, nota, l. c.) En otras palabras, la doctrina es esta: el valor de una mercancía, el trabajo elaborado en ella, está representado por las jornadas de trabajo vivas de que dispone, por las que puede cambiarse, y por tanto por los salarios. Las jornadas de trabajo vivas contienen tanto tiempo como tiempo excedente. Hagamos a Malthus el mayor favor que podamos hacerle. Supongamos, a saber, que la relación entre el plustrabajo y el trabajo necesario, y por tanto la relación entre salario y ganancia, permaneciera siempre constante. Para empezar, que el señor Malthus hable del trabajo elaborado en la mercancía con la adición de las ganancias prueba ya su confusión, porque las ganancias solo pueden formar precisamente una parte del trabajo elaborado. Tiene en la cabeza las ganancias por encima del trabajo elaborado que resultarían del capital fijo, etc. Esto solo puede afectar al reparto de la ganancia total entre los distintos partícipes [shareholders] en ella, no a su quantum total, pues si todos recibieran por su mercancía el trabajo elaborado en ella + ganancias, ¿de dónde habrían de salir estas, señor Malthus? Si uno recibe el trabajo elaborado en su mercancía + ganancia, el otro tiene que recibir el trabajo elaborado ‒ ganancia, considerada aquí la ganancia como lo que excede de la plusvalía real. Esto, pues, queda descartado. Supón ahora que el trabajo elaborado es = 3 jornadas de trabajo; entonces, si la relación del tiempo de plustrabajo es como [1 : 2],8 estas se han obtenido en pago por 1 1/2 jornadas de trabajo. Los obreros trabajaron, en efecto, 3 días, pero a cada uno solo se le pagó media jornada de trabajo. O bien la mercancía que reciben por sus 3 días de trabajo solo tenía elaborados en ella 1 1/2 días. Por las 3 jornadas de trabajo elaboradas en su mercancía, el capitalista obtendría, pues, puestas iguales todas las proporciones, 6 jornadas de trabajo. (La cosa solo es correcta porque el tiempo de plustrabajo se ha puesto = al necesario, de modo que en el 2.º caso solo se repite el primero.) (La plusvalía relativa está evidentemente limitada no solo por la relación indicada antes, sino por la proporción en que el producto entra en el consumo del obrero. Si el capitalista, gracias al crecimiento de las fuerzas productivas, pudiera obtener el doble número de chales de cachemira y se vendieran a su valor, no habría creado ninguna plusvalía relativa, porque los obreros no consumen tales chales y, por tanto, el tiempo necesario para la reproducción de su capacidad de trabajo seguiría siendo el mismo. En la práctica esto no es así, porque en tales casos el precio sube por encima del valor. Aquí, en la teoría, todavía no nos concierne, porque se considera el capital en sí, no en una rama particular.) Es decir, pagará el salario de 3 días y hará trabajar 6. Con cada 1/2 día compra un día; así pues, con 6/2 días = 3 días, 6 días. Afirmar, por tanto, que las jornadas de trabajo de que dispone una mercancía, o los salarios que paga, expresan su valor es no entender absolutamente nada de la naturaleza del capital y del trabajo asalariado. Que las jornadas de trabajo objetivadas dispongan de más jornadas vivas es la médula [the pith] de toda creación de valor y de la creación de capital. Pero sería correcto que el señor Malthus hubiera dicho que el tiempo de trabajo vivo de que dispone una mercancía expresa la medida de su valorización, la medida del plustrabajo que pone. Pero esto sería solo la tautología de que, en la medida en que pone más trabajo, pone más; o sería la expresión de lo contrario de lo que Malthus quiere: que la plusvalía surge de que el tiempo de trabajo vivo de que dispone una mercancía nunca representa el elaborado en ella.❳ (Ahora por fin hemos terminado con Malthus.)||14| ❲Más arriba, al desarrollar el concepto del capital, hemos expuesto cómo es valor como tal, dinero, que tanto se conserva en la circulación como se acrecienta por el cambio con trabajo vivo. Que, por tanto, el fin del capital productivo nunca es el valor de uso, sino la forma general de la riqueza como riqueza. El cura Th. Chalmers, en su escrito, por lo demás necio y repugnante en muchos aspectos, «On Political Economy in Connection with the Moral State and Moral Prospects of Society. 2ed. London 1832», ha acertado con este punto, sin caer por otra parte en la asnada de tipos como Ferrier, etc., que confunden el dinero como valor del capital con el dinero metálico realmente existente. En las crisis, el capital (como mercancía) no es cambiable, no porque haya demasiado poco medio de circulación, sino que no circula porque no es cambiable. La importancia que adquiere en las crisis el dinero contante se debe solo a que, mientras el capital no es cambiable por su valor —y solo por eso este aparece fijado frente a él en la forma del dinero—, hay obligaciones que pagar; junto a la circulación interrumpida tiene lugar una circulación forzosa. Chalmers dice (cuaderno IX, p. 57): «Cuando un consumidor rechaza ciertas mercancías, no siempre es, como suponen los nuevos economistas, porque quiera comprar otras con preferencia, sino porque quiere reservarse entero el poder general de compra. Y cuando un comerciante lleva mercancías al mercado, generalmente no es en busca de otras mercancías que se le den a cambio… quiere ampliar su poder general de compra de todas las mercancías. De nada sirve decir que el dinero es también una mercancía. El dinero metálico real del que un comerciante tiene alguna necesidad no pasa de una pequeña fracción de su capital, incluso de su capital dinerario; todo el cual, aunque estimado en dinero, puede hacerse, en virtud de contratos escritos, que describa su órbita y sea eficaz para todos sus fines con ayuda de una cantidad de moneda que asciende a una proporción insignificante del total. El gran objetivo del capitalista dinerario es, de hecho, aumentar la cuantía nominal de su fortuna. Se trata de que, si este año se expresa pecuniariamente, por ejemplo, en 20 000 l., el año próximo se exprese pecuniariamente en 24 000 l. Hacer avanzar su capital, estimado en dinero, es la única manera de hacer avanzar su interés como comerciante. La importancia de estos objetivos para él no se ve afectada por las fluctuaciones del medio circulante ni por un cambio en el valor real del dinero. Por ejemplo, en un año pasa de 20 a 24 000 l.; por una caída en el valor del dinero puede no haber aumentado su disposición sobre las comodidades, etc. Con todo, su interés es exactamente el mismo que si el dinero no hubiera bajado, pues de lo contrario su fortuna dineraria habría permanecido estacionaria y su riqueza real habría disminuido en la proporción de 24 a 20… Las mercancías (es decir, el valor de uso, la riqueza real) no son, pues, el objetivo final del capitalista comerciante (la ilusión del sistema monetario consistía solo en que veía en el dinero metálico real (o también en el papel, no cambiaría nada), en suma, en la forma del valor como dinero real, la forma general de la riqueza y del enriquecimiento, mientras que precisamente a medida que el dinero se multiplica como acumulación de poder general de compra, disminuye proporcionalmente en su forma determinada de medio de circulación o también de tesoro realizado. Como libranza [Assignation] sobre la riqueza real o la potencia productiva, adquiere 1000 formas), salvo al gastar su rédito en compras con vistas al consumo. En el desembolso de su capital, y cuando compra con vistas a la producción, el dinero es su objetivo final» (no la moneda [coin], notabene). (164‒66.)
«La ganancia —dice el mismo Chalmers— tiene el efecto de vincular los servicios de la población disponible a otros amos además de los meros propietarios de tierras, mientras su gasto llega más allá de los artículos de primera necesidad.» (78) (cuaderno IX, p. 53.)❳
En el libro que acabamos de citar, Chalmers llama al proceso de circulación entero el ciclo económico [economic cycle]: «Puede concebirse que el mundo del comercio gira en lo que llamaremos un ciclo económico, que cumple una revolución cuando los negocios, a través de sus transacciones sucesivas, vuelven al punto del que partieron. Su comienzo puede datarse en el punto en que el capitalista ha obtenido los retornos con los que se le repone su capital; desde allí procede de nuevo a contratar a sus obreros; a distribuir entre ellos, en salarios, su sustento, o más bien el poder de procurárselo; a obtener de ellos, en trabajo acabado, los artículos con que comercia especialmente; a llevar estos artículos al mercado y a cerrar allí la órbita de una serie de movimientos efectuando una venta y recibiendo en su producto un retorno de todos los desembolsos del capital. La intervención del dinero no cambia nada del carácter real de esta operación…» (48, 49 l. c.) (cuaderno, p. 54, 55.) La diferencia en el retorno, en la medida en que depende de la fase del proceso de circulación que coincide con el proceso inmediato de producción, no depende solo del tiempo de trabajo, más largo o más corto, que hace falta para acabar el objeto (así, por ejemplo, la construcción de canales, etc.), sino, en ciertas ramas de la industria —la agricultura—, de las interrupciones del trabajo dadas por la naturaleza del trabajo mismo, en las que, por un lado, el capital permanece inactivo y, por otro, el trabajo se detiene. Así, el ejemplo de A. Smith de que el trigo es una cosecha [crop] que dura un año y el buey una que dura 5 años. Por eso en una se emplean 5 años de trabajo y en la otra solo 1. El trabajo que se emplea, por ejemplo, en el ganado que crece en el pasto es escaso. Por otro lado, en la agricultura misma es escaso el trabajo que se emplea, por ejemplo, durante el invierno. En la agricultura (y en grado mayor o menor en algunas otras ramas de la producción) se dan, por las condiciones del proceso de producción mismo, interrupciones, pausas en el tiempo de trabajo, que en un punto dado tiene que volver a empezarse para proseguir o completar el proceso; la constancia del proceso de producción no coincide aquí con la continuidad del proceso de trabajo. Este es un momento de la diferencia. En segundo lugar: el producto necesita en general más tiempo para acabarse, para quedar puesto en su estado acabado; esta es la duración total del proceso de producción, independientemente de que haya o no interrupciones en las operaciones del trabajo; la distinta duración de la fase de producción en general. En tercer lugar: una vez acabado el producto, puede ser necesario que tenga que permanecer inactivo más tiempo, en el que necesita relativamente poco trabajo, para quedar entregado a procesos naturales, por ejemplo el vino. (Conceptualmente, este será más o menos el mismo caso que el I.) En cuarto lugar: más tiempo para llevarlo al mercado, porque está destinado a un mercado más lejano. (Esto coincide conceptualmente con el caso II.) En quinto lugar: el tiempo más corto o más largo en el retorno total del capital (en su reproducción total), en la medida en que está determinado por la relación entre capital fijo y capital circulante, no se refiere evidentemente al proceso inmediato de producción, a su duración, sino que recibe su determinación de la circulación. El tiempo de reproducción del capital total está determinado por el proceso total, incluida la circulación.
«Desigualdad en los períodos necesarios para la producción.»
«La diferencia de tiempo que se requiere para completar los productos de la agricultura y los de otras especies de trabajo es la causa principal de la gran dependencia de los agricultores. No pueden llevar sus mercancías al mercado en menos tiempo de un año. Durante todo ese período están obligados a tomar prestado del zapatero, del sastre, del herrero, del carretero y de los otros diversos trabajadores cuyos productos necesitan y que se completan en unos pocos días o semanas. Debido a esta circunstancia natural, y debido al aumento más rápido de la riqueza producida por otros trabajos que la producida por la agricultura, los monopolizadores de toda la tierra, ||15| aunque han monopolizado también la legislación, son incapaces de salvarse a sí mismos y a sus servidores, los arrendatarios, de ser la clase más dependiente de la comunidad.» (Thomas Hodgskin, Popular Polit. Econ. Four lectures etc. London 1827 p. 147, nota.) (cuaderno IX, p. 44.) «La circunstancia natural de que todas las mercancías se producen en períodos desiguales, mientras que las necesidades del obrero tienen que satisfacerse a diario… Esta desigualdad en el tiempo necesario para completar distintas mercancías haría que, en el estado salvaje, el cazador, etc., tuviera un excedente de caza, etc., antes de que el fabricante de arcos y flechas, etc., tuviera completada alguna mercancía que dar por la caza excedente. No podría hacerse ningún cambio; el fabricante de arcos tendría que ser también cazador, y la división del trabajo sería imposible. Esta dificultad contribuyó a la invención del dinero.» (179, 80.) (l. c.)
❲En el concepto del trabajador libre está ya que es indigente [Pauper]: indigente virtual. Según sus condiciones económicas, es mera capacidad de trabajo viva, provista, por tanto, también de las necesidades de la vida. Menesterosidad en todos los sentidos, sin existencia objetiva como capacidad de trabajo para realizarla. Si el capitalista no puede usar su plustrabajo, él no puede realizar su trabajo necesario, no puede producir sus medios de subsistencia. No puede obtenerlos entonces mediante el cambio, sino, si los obtiene, solo porque le caen limosnas del rédito. Como obrero solo puede vivir en la medida en que cambia su capacidad de trabajo por la parte del capital que forma el fondo de trabajo. Este cambio mismo está ligado a condiciones fortuitas para él, indiferentes a su ser orgánico. Es, pues, virtualmente [virtualiter] indigente. Como, además, la condición de la producción fundada en el capital es que produzca cada vez más plustrabajo, queda libre cada vez más trabajo necesario. Se multiplican, pues, las probabilidades de su pauperismo. Al desarrollo del plustrabajo corresponde el de la sobrepoblación [Surpluspopulation]. En distintos modos sociales de producción existen distintas leyes del aumento de la población y de la sobrepoblación; esta última, idéntica al pauperismo. Estas distintas leyes hay que reducirlas simplemente a los distintos modos de comportarse con las condiciones de producción o, considerado en relación con el individuo vivo, con las condiciones de su reproducción como miembro de la sociedad, puesto que solo trabaja y se apropia en la sociedad. La disolución de estas relaciones respecto del individuo singular, o de una parte de la población, la pone fuera de las condiciones reproductivas de esta base determinada, por tanto como sobrepoblación, y no solo sin medios, sino incapaz de apropiarse por el trabajo los medios de subsistencia, por tanto como indigente. Solo en el modo de producción fundado en el capital aparece el pauperismo como resultado del trabajo mismo, del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo. Por eso, en un grado de la producción social puede ser sobrepoblación lo que en otro no lo es, y sus efectos pueden ser distintos. Las colonias que enviaban los antiguos, por ejemplo, eran sobrepoblación; es decir, sobre la base material de la propiedad, esto es, de las condiciones de producción, no podían seguir viviendo en el mismo espacio. Su número puede parecer muy pequeño comparado con las condiciones modernas de producción. Sin embargo, estaban muy lejos de ser indigentes. Sí lo era, en cambio, la plebe de Roma con su pan y circo [panis et circenses]. La sobrepoblación que conduce a las grandes migraciones de pueblos supone a su vez otras condiciones. Como en todas las formas anteriores de producción el desarrollo de las fuerzas productivas no aparece como la base de la apropiación, sino que un comportamiento determinado con las condiciones de producción (formas de propiedad) aparece como barrera presupuesta de las fuerzas productivas, y solo debe reproducirse, tanto más tiene que encontrarse el desarrollo de la población, en el que se resume el desarrollo de todas las fuerzas productivas, con una barrera externa y aparecer así como algo que hay que limitar. Las condiciones de la entidad comunitaria solo son compatibles con un quantum determinado de población. Por otro lado, si las barreras de la población, puestas por la elasticidad de la forma determinada de las condiciones de producción, cambian, se contraen o se dilatan según esta última —así, la sobrepoblación era distinta en los pueblos cazadores que entre los atenienses, y entre estos distinta que entre los germanos—, también cambia la tasa absoluta en que aumenta la población y, por tanto, la tasa de la sobrepoblación y de la población. La sobrepoblación puesta sobre una base determinada de producción está, por tanto, tan determinada como la población adecuada. Sobrepoblación y población, tomadas juntas, son la población que una base determinada de producción puede engendrar. Hasta dónde va más allá de su barrera viene dado por la barrera misma, o más bien por la misma razón que pone la barrera. Igual que el trabajo necesario y el plustrabajo, tomados juntos, son el todo del trabajo sobre una base dada. La teoría de Malthus —que, por lo demás, no es invención suya, sino que él se apropió su gloria por el celo clerical con que la predicó, en realidad solo por el acento que puso en ella— es importante en 2 aspectos: 1) porque dio expresión brutal a la visión brutal del capital; 2) porque afirmó el hecho de la sobrepoblación en todas las formas de sociedad. No lo ha demostrado, pues no hay nada más acrítico que sus compilaciones, revueltas sin orden ni concierto, de historiadores y relatos de viajes. Su concepción es completamente falsa e infantil, 1) porque considera la sobrepoblación en las distintas fases históricas del desarrollo económico como homogénea; no entiende su diferencia específica y reduce, por tanto, estúpidamente estas relaciones tan complicadas y cambiantes a una relación en la que, por un lado, la reproducción natural del hombre y, por otro, la reproducción natural de los vegetales (o medios de subsistencia) se enfrentan como dos series naturales, de las cuales una progresa geométricamente y la otra aritméticamente. Así transforma las relaciones históricamente distintas en una relación numérica abstracta, sacada puramente de la nada y que no descansa ni en leyes naturales ni en leyes históricas. Habría una diferencia natural, por ejemplo, entre la reproducción del hombre y la del trigo. El mono supone con ello que el aumento del hombre es un puro proceso natural que necesita frenos, contenciones [restraints, checks] externos para no avanzar según una proporción geométrica. Esta reproducción geométrica es el proceso natural de reproducción del hombre. En la historia se encuentra con que la población avanza en proporciones muy distintas, y con que la sobrepoblación es igualmente una relación históricamente determinada, en modo alguno determinada por números o por el límite absoluto de la productividad de los medios de subsistencia, sino por límites puestos por condiciones determinadas de producción. Limitada tanto en número: ¡qué pequeñas nos parecen las cifras que para los atenienses significaban sobrepoblación! En segundo lugar, en su carácter. Una sobrepoblación de atenienses libres que se convierten en colonos es considerablemente distinta de una sobrepoblación de obreros que se convierten en internos del asilo de pobres [workhouse inmates]. Igualmente, la sobrepoblación mendicante que consume en un convento el plusproducto de este es distinta de la que se forma en una fábrica. Es él quien abstrae de estas leyes históricas determinadas de los movimientos de la población, que, al ser la historia de la naturaleza del hombre, son las leyes naturales, pero solo leyes naturales del hombre en un desarrollo histórico determinado, con un desarrollo de las fuerzas productivas determinado [y condicionado] por su propio proceso histórico. El hombre de Malthus, abstraído del hombre históricamente determinado, solo existe en su cerebro; de ahí también el método geométrico de reproducción que corresponde a este hombre natural malthusiano. Por eso la historia real se le presenta no como si la reproducción de su hombre natural fuera una abstracción del proceso histórico, de la reproducción real, sino, al revés, como si la reproducción real fuera una aplicación de la teoría malthusiana. Por eso lo que en la historia son las condiciones, las condiciones inmanentes, tanto de la población como de la sobrepoblación en cada grado, aparece en él como una serie de frenos externos [checks] que han impedido a la población desarrollarse en la forma malthusiana. Las condiciones en que los hombres se producen y se reproducen históricamente aparecen como barreras de la reproducción del hombre natural malthusiano, que es una criatura malthusiana. ||16| Por otro lado, la producción de medios de subsistencia —tal como está frenada, determinada, por la acción humana— aparece como un freno que ella se pone a sí misma. Los helechos cubrían toda la tierra. Su reproducción solo cesaba donde cesaba el espacio para ellos. No se atenía a ninguna proporción aritmética. Es difícil decir dónde ha descubierto Malthus que la reproducción de los productos naturales espontáneos se detiene por impulso interno, sin frenos externos. Los límites inmanentes, históricamente cambiantes, del proceso humano de reproducción los transforma en barreras externas; los frenos externos de la reproducción natural, en límites inmanentes o leyes naturales de la reproducción. 2) Relaciona neciamente un quantum determinado de hombres con un quantum determinado de medios de subsistencia. Ricardo le objetó en seguida, con razón, que el quantum de trigo existente es completamente indiferente para el obrero si no tiene ocupación; que son, pues, los medios de empleo y no los de subsistencia los que lo colocan o no en la categoría de la sobrepoblación. Pero esto hay que entenderlo de manera más general, y se refiere en general a la mediación social por la que el individuo se relaciona con los medios para su reproducción y los crea; por tanto, a las condiciones de producción y a su relación con ellas. Para el esclavo de Atenas no había otra barrera a su multiplicación que los artículos de primera necesidad que se podían producir. Y nunca oímos que en la Antigüedad existieran esclavos sobrantes. Al contrario, la necesidad de ellos aumenta. Sí, en cambio, una sobrepoblación de no trabajadores (en sentido inmediato), que no eran demasiados respecto de los medios de subsistencia existentes, sino que habían perdido las condiciones en las que podían apropiárselos. La invención de los obreros sobrantes, es decir, de hombres sin propiedad que trabajan, pertenece a la época del capital. Los mendigos que se pegaban a los conventos y les ayudaban a comerse su plusproducto pertenecen a la misma clase que los criados [retainers] de los señores feudales, y [esto] muestra que el plusproducto no podía ser consumido por sus pocos propietarios. Es solo otra forma de los criados de antaño o de los sirvientes domésticos [menial servants] de hoy. La sobrepoblación, por ejemplo, de los pueblos cazadores, que se muestra en la lucha de las distintas tribus entre sí, no prueba que la tierra no pudiera sostener ese pequeño número, sino que las condiciones de su reproducción exigen un gran quantum de territorio para pocas cabezas. En ninguna parte se trata de una relación con una masa absoluta inexistente de medios de subsistencia, sino de una relación con las condiciones de la reproducción, de la producción de esos medios, [en] las que, sin embargo, están incluidas igualmente las condiciones de la reproducción de los hombres, de la población total, de la sobrepoblación relativa. Este excedente es puramente relativo: no guarda relación alguna con los medios de subsistencia en general, sino con el modo de producirlos. Por eso también es solo excedente en este estado de desarrollo.
- Lo que en realidad no pertenece en absoluto a Malthus, la introducción de la teoría de la renta —en el fondo [au fond], solo una fórmula para decir que, en el grado de la industria que conocían Ricardo, etc., la agricultura se quedaba atrás de la manufactura, cosa que, por lo demás, aunque en proporciones cambiantes, es inmanente a la producción burguesa—, no corresponde a este lugar.❳
❲Si consideramos la producción fundada en el capital, aparece, considerada en absoluto, [como] condición de esta la mayor masa absoluta de trabajo necesario con la mayor masa relativa de plustrabajo. Por tanto, como condición fundamental, el mayor crecimiento posible de la población, de las capacidades de trabajo vivas. Si consideramos además las condiciones del desarrollo de la fuerza productiva, así como del cambio, de nuevo la división del trabajo, la cooperación, la observación multilateral, que solo puede surgir de muchas cabezas, la ciencia, el mayor número posible de centros de cambio: todo ello idéntico al crecimiento de la población. Por otro lado, está en la condición de la apropiación de plustrabajo ajeno que a la población necesaria —es decir, a la población que representa el trabajo necesario, el trabajo requerido para la producción— se añada una sobrepoblación que no trabaja. El capital, en su desarrollo ulterior, muestra que junto a la parte industrial de esta sobrepoblación —los capitalistas industriales— se ramifica una parte puramente consumidora. Ociosos cuyo negocio es consumir productos ajenos y [que], como el consumo grosero tiene sus límites, tienen que recibir los productos en parte en forma refinada, como productos de lujo. No se trata de esta sobrepoblación ociosa cuando los economistas hablan de sobrepoblación. Al contrario, los fanáticos de la población la tratan —a su negocio de consumir— precisamente como población necesaria, y con razón (con consecuencia). La expresión sobrepoblación se refiere exclusivamente a las capacidades de trabajo, es decir, a la población necesaria: excedente de capacidades de trabajo. Pero esto se desprende simplemente de la naturaleza del capital. La capacidad de trabajo solo puede realizar su trabajo necesario si su plustrabajo tiene valor para el capital, si es valorizable para él. Si esta valorizabilidad queda, pues, trabada por una u otra barrera, la capacidad de trabajo misma aparece 1) fuera de las condiciones de reproducción de su existencia; existe sin sus condiciones de existencia y es, por tanto, un mero estorbo [a mere encumbrance]; necesidades sin los medios para satisfacerlas; 2) el trabajo necesario aparece como superfluo, porque el superfluo no es necesario. Solo es necesario en la medida en que es condición de la valorización del capital. La relación entre trabajo necesario y plustrabajo, tal como la pone el capital, se trueca, pues, en que una parte del trabajo necesario —es decir, del trabajo que reproduce la capacidad de trabajo— es superflua, y esta misma capacidad de trabajo se usa, por tanto, como un excedente de la población obrera necesaria, es decir, de la porción de la población obrera cuyo trabajo necesario no es superfluo, sino necesario para el capital. Como el desarrollo de la fuerza productiva, puesto necesariamente por el capital, consiste en aumentar la proporción del plustrabajo respecto del necesario, o en disminuir la porción de trabajo necesario requerida para un quantum de plustrabajo, necesariamente, dado un quantum determinado de capacidad de trabajo, tiene que disminuir continuamente la proporción de trabajo necesario que el capital usa de ella, es decir, una parte de estas capacidades de trabajo tiene que volverse superflua, porque una porción de ellas basta para realizar el quantum de plustrabajo para el que antes hacía falta el quantum entero. Poner como superflua una porción determinada de capacidad de trabajo, es decir, poner como superfluo el trabajo requerido para su reproducción, es, por tanto, consecuencia necesaria del crecimiento del plustrabajo en proporción al necesario. La disminución del trabajo relativamente necesario aparece como aumento de las capacidades de trabajo relativamente superfluas, es decir, como posición de sobrepoblación. Si esta se mantiene, entonces no ocurre a costa del fondo de trabajo, sino del rédito de todas las clases. No ocurre mediante el trabajo de la propia capacidad de trabajo —ya no mediante la reproducción normal como obrero—, sino que, como ser vivo, se le mantiene por gracia de otros; se convierte por eso en harapiento [Lump] e indigente; por el hecho de que ya no se mantiene mediante su trabajo necesario, y por tanto ya no mediante el cambio con una parte del capital, ha caído fuera de las condiciones de la relación aparente de cambio y de independencia; en segundo lugar, la sociedad asume en partes alícuotas, para el señor capitalista, el negocio de mantenerle en buen estado su instrumento de trabajo virtual —su desgaste [wear and tear]—, en reserva para un uso posterior. Él se quita de encima los costes de reproducción de la clase obrera en ||17| parte y pauperiza así, en provecho de su ganancia, a una parte de la otra población. Por otro lado, como el capital se reproduce constantemente como pluscapital [Surpluscapital], tiene tanto la tendencia a poner este pauperismo como a suprimirlo. Actúa en direcciones opuestas, de las que con el tiempo predomina ora la una, ora la otra. Por último, en la posición del pluscapital hay algo doble: 1) necesita una población creciente para ser puesto en movimiento; si la población relativa que necesita se ha vuelto más pequeña, él mismo se ha vuelto tanto más grande; 2) necesita una parte desocupada (al menos relativamente) de la población, es decir, una sobrepoblación relativa, para encontrar la población disponible en seguida para el crecimiento del pluscapital; 3) la plusvalía puede existir en un grado dado de las fuerzas productivas, pero todavía no en la medida, en las proporciones necesarias para emplearse como capital. No solo se pone un mínimo del grado de producción, sino de su ampliación. En este caso, pluscapital y sobrepoblación. Igualmente puede haber sobrepoblación, pero no suficiente, no en las proporciones requeridas para la producción adicional. En todas estas consideraciones se ha abstraído aún por completo, y deliberadamente, de las vicisitudes de la venta, de la contracción del mercado, etc., en suma, de todo lo que presupone el proceso de muchos capitales.❳ ❲La opinión de A. Smith de que el trabajo nunca cambia su valor, en el sentido de que un quantum determinado de trabajo es para el obrero siempre un quantum determinado de trabajo, es decir, en A. Smith, un sacrificio cuantitativamente igual de grande. Reciba yo mucho o poco por una hora de trabajo —lo cual depende de su productividad y de otras circunstancias—, he trabajado una hora. Lo que he tenido que pagar por el resultado de mi trabajo, mi salario, es siempre la misma hora de trabajo, cambie el resultado cuanto quiera. «Cantidades iguales de trabajo tienen que tener en todo tiempo y lugar un valor igual para el que trabaja. En su estado normal de salud, fuerza y actividad, y con el grado ordinario de destreza y habilidad que pueda poseer, tiene que dar siempre la misma porción de su reposo, de su libertad y de su felicidad. Sea cual sea la cantidad de mercancías que reciba como recompensa de su trabajo, el precio que paga es siempre el mismo. Este precio puede comprar unas veces una cantidad menor y otras una mayor de esas mercancías, pero solo porque cambia el valor de estas, no el valor del trabajo que las compra. Así pues, solo el trabajo no cambia nunca su propio valor. Es, por tanto, el precio real de las mercancías; el dinero es solo su valor nominal.» (ed. de Garnier, t. I, p. 64‒66.) (cuaderno, p. 7.) «¡Trabajarás con el sudor de tu frente!», fue la maldición que Jehová dio a Adán para el camino. Y así, como maldición, toma A. Smith el trabajo. El «reposo» aparece como el estado adecuado, como idéntico a la «libertad» y la «felicidad». Que el individuo, «en su estado normal de salud, fuerza, actividad, destreza y habilidad», tenga también la necesidad de una porción normal de trabajo y de supresión del reposo parece quedarle a A. Smith completamente lejos. Ciertamente, la medida del trabajo mismo aparece dada desde fuera, por el fin que hay que alcanzar y por los obstáculos que el trabajo tiene que superar para alcanzarlo. Pero que esta superación de obstáculos sea en sí ejercicio de la libertad —y que, además, los fines externos pierdan la apariencia de mera necesidad natural externa y se pongan como fines que el individuo mismo pone—, es decir, como autorrealización, objetivación del sujeto, y por tanto libertad real, cuya acción es precisamente el trabajo, tampoco lo barrunta A. Smith. Ciertamente, tiene razón en que, en las formas históricas del trabajo como trabajo esclavo, de prestación personal y asalariado, el trabajo aparece siempre como repulsivo, siempre como trabajo forzado externo, y frente a él el no trabajo como «libertad y felicidad». Esto vale doblemente: de este trabajo antagónico y, lo que está relacionado con ello, del trabajo que todavía no se ha creado las condiciones, subjetivas y objetivas (o también, frente al estado pastoril, etc., que las ha perdido), para que el trabajo sea trabajo atractivo [travail attractif],9 autorrealización del individuo, lo cual no significa en modo alguno que sea mera diversión, mero entretenimiento, como lo concibe Fourier con una ingenuidad muy de modistilla. Los trabajos realmente libres, por ejemplo componer, son precisamente a la vez la seriedad más condenada, el esfuerzo más intenso. El trabajo de la producción material solo puede adquirir este carácter 1) si se pone su carácter social, 2) si es de carácter científico y a la vez trabajo general, no esfuerzo del hombre como fuerza natural adiestrada de manera determinada, sino como sujeto que en el proceso de producción aparece no en forma meramente natural, surgida espontáneamente [naturwüchsig],10 sino como actividad que regula todas las fuerzas naturales. Por lo demás, A. Smith solo piensa en los esclavos del capital. Por ejemplo, ni siquiera el obrero semiartista de la Edad Media puede clasificarse bajo su definición. Pero lo que aquí queremos de momento no es entrar en su opinión sobre el trabajo, en su opinión filosófica, sino el momento económico. El trabajo considerado meramente como sacrificio y, por eso, como creador de valor, como precio que se paga por las cosas y que, por tanto, les da precio según cuesten más o menos trabajo, es una determinación puramente negativa. Por eso el señor Senior, por ejemplo, pudo hacer del capital una fuente de producción en el mismo sentido que el trabajo, sui generis, una fuente de producción de valor, porque también el capitalista haría un sacrificio, el sacrificio de la abstinencia [abstinence], al enriquecerse en lugar de comerse directamente su producto. Algo meramente negativo no crea nada. Si el trabajo le da placer al obrero, por ejemplo —como seguramente al avaro la abstinencia de Senior—, el producto no pierde nada de su valor. Solo el trabajo produce; es la única sustancia de los productos como valores. ❲Cuán poco ha entendido Proudhon la cosa se desprende de su axioma de que todo trabajo deja un excedente. Lo que niega en el capital lo transforma en propiedad natural del trabajo. La gracia está más bien en que el tiempo de trabajo necesario para cubrir las necesidades absolutas deja tiempo libre (distinto en los distintos grados del desarrollo de las fuerzas productivas) y por eso puede crearse plusproducto si se trabaja plustrabajo. El fin es suprimir la relación misma, de modo que el plusproducto mismo aparezca como necesario. Por último, que la producción material deje a cada hombre tiempo excedente para otra actividad. En esto ya no hay nada místico. Originariamente, los dones espontáneos de la naturaleza son ricos, o al menos solo hay que apropiárselos. De entrada, asociación surgida espontáneamente (familia) y la división del trabajo y la cooperación que le corresponden. Pues igualmente, originariamente, las necesidades son pobres. Solo se desarrollan con las fuerzas productivas.❳ Su medida, el tiempo de trabajo —presupuesta una intensidad igual—, es, por tanto, la medida de los valores. La diferencia cualitativa de los obreros, en la medida en que no es natural, puesta por el sexo, la edad, la fuerza corporal, etc., y que, por tanto, en el fondo no expresa el valor cualitativo del trabajo, sino la división del trabajo, su diferenciación, es ella misma solo un resultado histórico, y para la gran masa del trabajo vuelve a suprimirse, en la medida en que este es simple; pero el trabajo cualitativamente superior recibe económicamente su medida en el simple. Que el tiempo de trabajo, o el quantum de trabajo, sea la medida de los valores no significa más que la medida del trabajo es la medida de los valores. Dos cosas solo son conmensurables con la misma medida si son de la misma naturaleza. Los productos solo pueden medirse con la medida del trabajo —el tiempo de trabajo— porque por su naturaleza son trabajo. Son trabajo objetivado. Como objetos adoptan formas en las que su existencia como trabajo puede ciertamente aparecer en la forma (como finalidad puesta externamente en ellos; pero esto no se le nota, por ejemplo, al buey, ni en general a los productos naturales reproducidos), pero entre sí ya no tienen nada en común. Como iguales ||18| existen mientras existen como actividad. Esta se mide por el tiempo, que por eso se convierte también en la medida del trabajo objetivado. En otro lugar examinaremos hasta qué punto esta medición está relacionada con el cambio, con el trabajo social no organizado, con un grado determinado del proceso social de producción. El valor de uso no se refiere a la actividad humana como fuente del producto, a su ser puesto por la actividad humana, sino a su ser para el hombre. En la medida en que el producto tiene una medida para sí, es una medida natural, la suya como objeto natural: peso, gravedad, longitud, medida de capacidad, etc. Medida de la utilidad, etc. Pero como efecto o como existencia en reposo de la fuerza que lo ha creado, solo se mide por la medida de esta fuerza misma. La medida del trabajo es el tiempo. Solo porque los productos son trabajo*, pueden medirse por la medida del trabajo, por el tiempo de trabajo o el quantum* de trabajo consumido en ellos. La negación del reposo, como mera negación, como sacrificio ascético, no crea nada. Uno puede mortificarse, martirizarse, etc., el día entero, como los monjes, etc., y ese quantum de sacrificio que hace no le importa ni a un perro. El precio natural de las cosas no es el sacrificio que se les ofrece. Esto recuerda más bien a la visión no industrial que quiere adquirir riqueza mediante sacrificios a los dioses. Además del sacrificio tiene que haber algo más. Lo que se llama sacrificio del reposo puede llamarse también sacrificio de la pereza, de la falta de libertad, de la infelicidad, es decir, negación de un estado negativo. A. Smith considera el trabajo psicológicamente, en relación con el gusto o el disgusto que le produce al individuo. Pero, además de esta relación anímica con su actividad, es todavía algo distinto: en primer lugar, para otros, ya que el mero sacrificio de A) a B) no serviría de nada; en segundo lugar, un comportamiento determinado del individuo mismo con la cosa que elabora y con sus propias disposiciones para el trabajo. Es actividad positiva, creadora. La medida del trabajo —el tiempo— no depende, naturalmente, de la productividad de este; su medida no es precisamente más que una unidad de la que sus partes alícuotas expresan un número determinado. De ahí no se sigue, ciertamente, que el valor del trabajo sea constante; o solo en la medida en que quanta iguales de trabajo son la misma magnitud de medida. Con una determinación ulterior se encuentra luego que los valores de los productos se miden por el trabajo, no el que se ha empleado en ellos, sino el que es necesario para su producción. Así pues, no el sacrificio, sino el trabajo como condición de producción. El equivalente expresa la condición de su reproducción en cuanto les es dada por el cambio, es decir, la posibilidad de renovar la actividad productiva como algo puesto por su propio producto.❳ ❲Por lo demás, con la visión del sacrificio de A. Smith, que por otra parte expresa correctamente la relación subjetiva del asalariado con su propia actividad, no sale lo que él quiere, a saber, la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Para el obrero, una hora de trabajo puede ser siempre un sacrificio igual de grande. Pero el valor de las mercancías no depende en absoluto de sus sentimientos [feelings]; tampoco el valor de su hora de trabajo. Como A. Smith admite que ese sacrificio puede comprarse unas veces más barato y otras más caro, resulta entonces chocante que siempre haya de venderse al mismo precio. Por lo demás, también es inconsecuente. Después hace del salario la medida del valor, no el quantum de trabajo. Para un buey es siempre el mismo sacrificio que lo maten. Por eso la carne de buey no tiene un valor constante.❳ ❲«Ahora bien, aunque cantidades iguales de trabajo tengan siempre un valor igual con respecto al obrero, para quien emplea al obrero aparecen unas veces con un valor menor y otras con uno mayor. Las compra unas veces con una cantidad menor y otras con una cantidad mayor de mercancías. Para él cambia, pues, el precio del trabajo como el de cualquier otra cosa, aunque en realidad solo las mercancías son unas veces caras y otras baratas.» (p. 66 A. Smith. l. c. t. I) (cuaderno, p. 8.)❳
❲La manera en que A. Smith hace surgir la ganancia es muy ingenua. «En el estado originario, el producto del trabajo pertenece por entero al obrero. La cantidad (también la mayor dificultad, etc.) del trabajo empleado para adquirir o producir un objeto cambiable es la única circunstancia que regula la cantidad de trabajo que ese objeto puede, por término medio, comprar, dominar u obtener en el cambio… Pero en cuanto se acumulan existencias en manos de particulares, el valor que los obreros añaden al objeto se descompone en 2 partes, de las cuales una paga sus salarios y la otra la ganancia que el empresario obtiene sobre la suma del fondo [stock] que le ha servido para adelantar esos salarios y la materia de trabajo. No tendría ningún interés en emplear a esos obreros si no esperase de la venta de su obra algo más de lo que necesita para reponer el fondo, y no tendría ningún interés en emplear una suma grande de fondos antes que una pequeña si sus ganancias no guardaran alguna proporción con el volumen de los fondos empleados.» (l. c. p. 96, 97.) (cuad., p. 9.) (Véase la extraña opinión de A. Smith de que antes de la división del trabajo, «cuando cada uno se procuraba solo todo lo necesario, no hacía falta ningún fondo». Como si en ese estado, si no encuentra ningún fondo en la naturaleza, no tuviera que encontrar condiciones objetivas de la vida para trabajar. Incluso el salvaje, incluso los animales, crean reservas. Smith puede hablar a lo sumo del estado en que solo el instinto inmediato, momentáneo, empuja todavía a un trabajo inmediato, y entonces la reserva tiene que encontrarse, de una u otra manera, sin trabajo en la naturaleza. (cuaderno, p. 19.) (Smith confunde. La concentración de las existencias en una mano no es entonces necesaria.)❳
❲En el vol. III de su edición de A. Smith, Wakefield observa: «El trabajo de los esclavos, al estar combinado, es más productivo que el trabajo muy dividido de los hombres libres. El trabajo de los hombres libres solo es más productivo que el de los esclavos cuando llega a combinarse por medio de una mayor carestía de la tierra y del sistema de contratación a salario.» (nota a la p. 18.) (cuaderno VIII, p. 1.) «En los países donde la tierra sigue siendo muy barata, o todo el pueblo está en estado de barbarie, o una parte de él está en estado de esclavitud.» (l. c.)❳
❲«La ganancia es un término que significa el aumento del capital o de la riqueza; así pues, no hallar las leyes que rigen la tasa de ganancia es no hallar las leyes de la formación del capital.» (p. 55. Atkinson (W.). Principles of Political Economy. London 1840.) (cuaderno, p. 2.)❳
❲«El hombre es tan producto del trabajo como cualquiera de las máquinas construidas por su mediación, y nos parece que en todas las investigaciones económicas debería ser considerado exactamente desde el mismo punto de vista. Todo individuo que ha llegado a la madurez puede ser considerado, con plena propiedad, como una máquina cuya construcción ha costado 20 años de atención asidua y el gasto de un capital considerable. Y si se ha desembolsado una suma adicional en su educación o capacitación para el ejercicio de un oficio, etc., su valor aumenta proporcionalmente, exactamente igual que una máquina se hace más valiosa con el gasto de capital o trabajo adicional en su construcción para darle nuevas potencias.» (McCulloch. The Principles of Pol. Econ. Edinburgh 1825 p. 115.) (cuaderno, p. 9.) «De hecho, una mercancía se cambiará siempre por más trabajo (que aquel por el cual ha sido producida), y es este exceso lo que constituye las ganancias.» (p. 221 McCulloch l. c.) (cuaderno, p. 13.) El mismo buen McCulloch, del que Malthus dice con razón que ve lo propio de la ciencia ||19| en igualarlo todo con todo, dice: «las ganancias del capital son solo otro nombre de los salarios del trabajo acumulado» (p. 291) (l. c., cuaderno, p. 14), y por tanto, sin duda, también los salarios del trabajo serán solo otro nombre de las ganancias del capital vivo. «Los salarios… consisten realmente en una parte del producto de la industria del obrero; en consecuencia, tienen un alto valor real si el obrero recibe una parte comparativamente alta del producto de su industria, y a la inversa.» (295.) (l. c.) (cuaderno, p. 15.)❳
❲La posición de plustrabajo por el capital la entienden en conjunto tan poco los economistas, que presentan como algo particular, como curiosidad, fenómenos llamativos sueltos en los que se manifiesta. Así Ramsay el trabajo nocturno. Así dice John Wade, por ejemplo, en «History of the Middle and Working Classes. 3 ed. London 1835» (p. 240) (cuaderno, p. 21): «El nivel de los salarios guarda relación también con las horas de trabajo y los períodos de descanso. Ha sido la política de los patronos en los últimos años (antes de 1835) ganar terreno a costa de los operarios en este aspecto, suprimiendo [del todo] o abreviando las fiestas y las horas de comida y prolongando gradualmente las horas de trabajo, sabiendo que un aumento de 1/4 en el tiempo de trabajo equivale a una reducción en la misma proporción de la cuantía de los salarios.»❳
John St. Mill: «Essays on some unsettled questions of political economy. London 1844». (Las pocas ideas originales de Mill hijo están contenidas en este librito delgado, no en su voluminoso y pedante magnum opus.)11 «Todo lo que está destinado a emplearse reproductivamente, ya sea en su forma existente, ya indirectamente mediante un cambio previo (o incluso posterior), es capital. Supongamos que he invertido todo el dinero que poseo en salarios y máquinas y que el artículo que produzco acaba de quedar terminado: en el intervalo, antes de que pueda vender este artículo, realizar su producto e invertirlo de nuevo en salarios y herramientas, ¿se dirá que no tengo capital? Seguro que no: tengo el mismo capital que antes, quizá uno mayor, pero está inmovilizado y no es disponible.» (p. 55.) (Cuaderno, p. 36.) «En todo momento, una parte muy grande del capital de un país está ociosa. El producto anual de un país nunca alcanza la magnitud que podría alcanzar si todos los recursos se consagraran a la reproducción, si, en una palabra, todo el capital del país estuviera plenamente empleado. Si cada mercancía quedara por término medio sin vender durante un tiempo igual al que se requiere para su producción, está claro que en un momento cualquiera no más de la mitad del capital productivo del país desempeñaría realmente las funciones del capital. La mitad ocupada es una porción fluctuante, compuesta de partes cambiantes; pero el resultado sería que cada productor solo podría producir cada año la mitad de la oferta de mercancías que podría producir si estuviera seguro de venderlas en el momento de su [terminación].» (l. c. p. 55, 56.) «Esto, o algo parecido, es sin embargo el estado habitual de una parte muy grande de todos los capitalistas del mundo.» (p. 56.) «El número de los productores o vendedores que rotan su capital en el tiempo más corto es muy pequeño. Son pocos los que tienen para sus mercancías una venta tan rápida que todos los bienes que su propio capital, o el capital que pueden tomar prestado, les permite ofrecer puedan despacharse tan deprisa como se ofrecen. La mayoría no tiene un volumen de negocio en absoluto adecuado a la cuantía del capital de que disponen. Es cierto que en las comunidades donde la industria y el comercio se practican con el mayor éxito, los recursos de la banca permiten al poseedor de un capital mayor del que puede emplear en su propio negocio emplearlo productivamente y sacar de él un rédito. Pero aun entonces hay una gran cantidad de capital que permanece fijada en forma de utensilios, maquinaria, edificios, etc., ya esté empleado solo a medias o plenamente; y todo comerciante mantiene unas existencias [stock in trade], para estar preparado ante una posible demanda repentina, aunque quizá no pueda deshacerse de ellas durante un período indefinido.» (p. 56.) «Esta constante falta de empleo de una gran parte del capital es el precio que pagamos por la división del trabajo. La compra vale lo que cuesta; pero el precio es considerable.» (56.) Si tengo 1500 tál. en la tienda y saco un 10 %, mientras 500 están ociosos para adornar la tienda, etc., es lo mismo que si invierto 2000 tál. al 7 1/2 por ciento. «En muchos ramos hay algunos comerciantes que venden artículos de la misma calidad a un precio más bajo que otros comerciantes. Esto no es un sacrificio voluntario de ganancias; esperan rotar su capital más deprisa gracias a la afluencia de clientes que resulta de ello, y ganar manteniendo todo su capital en un empleo más constante, aunque en una operación dada sus ganancias sean menores.» (p. 56, 57.) «Es dudoso que haya comerciantes para los que un comprador adicional no tenga utilidad alguna; y para la gran mayoría esta hipótesis no es en absoluto aplicable. Un cliente adicional equivale para la mayoría de los comerciantes a un aumento de su capital productivo. Les permite convertir en salarios y en instrumentos de producción una parte de su capital que estaba ociosa (y que quizá nunca se habría vuelto productiva en sus manos mientras no se encontrara un cliente)… El producto agregado del país para el año siguiente aumenta por tanto; no por el mero cambio, sino poniendo en actividad una porción del capital nacional que, de no haber sido por el cambio, habría permanecido sin empleo algún tiempo más.» (57, 58.) «Las ventajas que el productor o comerciante obtiene de un nuevo cliente son: 1) Supongamos que una parte de su capital se encuentra en forma de bienes sin vender, que no producen (durante un tiempo más o menos largo) absolutamente nada; una parte de ella es entonces llamada a una actividad mayor y se vuelve más constantemente productiva. 2) Si la demanda adicional supera lo que puede ofrecerse liberando el capital que existe en estado de bienes sin vender, y si el comerciante tiene recursos adicionales que estaban invertidos productivamente (p. ej. en los fondos públicos), pero no en su propio ramo, puede obtener sobre una parte de ellos no ya interés, sino ganancia, y ganar así la diferencia entre la tasa de interés y la de ganancia; 3) si todo su capital está empleado en su propio negocio y ninguna parte está almacenada como bienes sin vender, puede llevar un negocio adicional con capital prestado y ganar la diferencia entre interés y ganancia.» (59.)❳
[Capital fijo y capital circulante]
Volvamos ahora a nuestro asunto [Retournons maintenant à nos moutons].12
Las fases que el capital recorre y que forman un curso del capital empiezan, conceptualmente, con la conversión del dinero en las condiciones de producción. Pero ahora, cuando no partimos del capital en devenir, sino del capital ya devenido, recorre las fases siguientes: 1) Creación de la plusvalía, o proceso de producción inmediato. Su resultado, el producto. 2) Llevar el producto al mercado. Conversión del producto en mercancía. 3) α) Entrada de la mercancía en la circulación ordinaria. Circulación de la mercancía. Su resultado: conversión en dinero. Esta aparece como primer momento de la circulación ordinaria. β) Reconversión del dinero en las condiciones de producción: circulación del dinero; en la circulación ordinaria, la circulación de mercancías y la circulación del dinero aparecen siempre repartidas entre dos sujetos distintos. El capital circula primero como mercancía, luego como dinero, y viceversa. 4) Renovación del proceso de producción, que aparece aquí como reproducción del capital originario y proceso de producción del plus||20|capital.
Los costes de la circulación se resuelven en costes de movimiento; costes de llevar el producto al mercado; el tiempo de trabajo requerido para efectuar la transformación de un estado en otro; todo lo cual se resuelve en realidad en operaciones de cálculo y en el tiempo que cuestan (y funda un negocio dinerario especial, técnico). (Si estos últimos costes han de considerarse deducciones de la plusvalía o no, se verá más adelante.)
Si consideramos este movimiento, encontramos que la circulación del capital, por medio de la operación de los cambios, se abre por un lado para soltar el producto en la circulación general y recuperarse de ella como equivalente en dinero. Lo que sea de este producto, que ha caído así fuera de la circulación del capital y ha ido a parar a la circulación ordinaria, no nos importa aquí. Por otro lado, el capital vuelve a arrojar fuera de su proceso de circulación su figura de dinero (en parte, en la medida en que no es salario), o bien se mueve ahora en la forma de dinero, después de haberse realizado en ella como valor y de haber puesto a la vez en sí mismo la medida de su valorización, en el dinero solo como medio de circulación, y absorbe así de la circulación general las mercancías necesarias para la producción (condiciones de producción). Como mercancía se arroja fuera de su circulación a la general; como mercancía escapa también de la circulación general y la acoge en sí, en su curso, para desembocar en el proceso de producción. La circulación del capital contiene así una relación con la circulación general, de la que su propia circulación forma un momento, a la vez que esta aparece puesta por él. Esto hay que considerarlo más adelante.
El proceso de producción global del capital incluye tanto el proceso de circulación propiamente dicho como el proceso de producción propiamente dicho. Son los 2 grandes tramos de su movimiento, que aparece como totalidad de estos 2 procesos. Por un lado está el tiempo de trabajo; por el otro, el tiempo de circulación. Y el conjunto del movimiento aparece como unidad de tiempo de trabajo y tiempo de circulación, como unidad de producción y circulación. Esta unidad misma es movimiento, proceso. El capital aparece como esta unidad en proceso de producción y circulación, una unidad que puede considerarse tanto el conjunto de su proceso de producción como el curso determinado de una rotación del capital, de un movimiento que vuelve sobre sí mismo.
La condición del tiempo de circulación, junto al tiempo de trabajo, para el capital no es, sin embargo, más que la condición de la producción fundada en la división del trabajo y en el cambio, en su forma adecuada, en su forma última. Los costes de la circulación son costes de la división del trabajo y del cambio, que han de encontrarse en toda forma de producción menos desarrollada sobre esta base, anterior al capital.
Como sujeto, como el valor que abarca las distintas fases de este movimiento y se conserva y multiplica en él, como sujeto de estas transformaciones que transcurren en un recorrido circular (como espiral, como círculo que se ensancha), el capital es capital circulante [capital circulant]. El capital circulante no es, pues, de entrada, una forma particular del capital, sino que es el capital en una determinación más desarrollada, como sujeto del movimiento descrito, que él mismo es como su propio proceso de valorización. Por este lado, todo capital es por tanto también capital circulante. En la circulación simple, la circulación misma aparece como el sujeto. Una mercancía es arrojada fuera de ella; otra entra. Pero la misma mercancía solo está en ella de modo evanescente. El dinero mismo, en la medida en que deja de ser medio de circulación y se pone como valor autónomo, se sustrae a la circulación. Pero el capital está puesto como sujeto de la circulación; la circulación, como su propia trayectoria vital. Pero si el capital, como conjunto de la circulación, como paso de una fase a otra, es así capital circulante, está igualmente puesto en cada fase en una determinidad, confinado en una figura particular que es la negación de él como sujeto de todo el movimiento. El capital es, pues, en cada fase particular la negación de sí mismo como sujeto de las distintas transformaciones. Capital no circulante. Capital fijo, en realidad capital fijado, fijado en una de las distintas determinidades, fases, que tiene que recorrer. Mientras permanece en una de estas fases (mientras la fase misma no aparece como tránsito fluido), y cada una tiene su duración, no es circulante, está fijado. Mientras permanece en el proceso de producción, no es apto para circular; y está virtualmente desvalorizado. Mientras permanece en la circulación, no es apto para producir, no pone plusvalía, no procesa como capital. Mientras no puede ser lanzado al mercado, está fijado como producto; mientras tiene que quedarse en el mercado, está fijado como mercancía. Mientras no puede cambiarse por condiciones de producción, está fijado como dinero. Por último, si las condiciones de producción se quedan en su forma de condiciones y no entran en el proceso de producción, está de nuevo fijado y desvalorizado. El capital como sujeto que recorre todas las fases, como unidad en movimiento, unidad en proceso de circulación y producción, es capital circulante; el capital en cuanto confinado él mismo en cada una de estas fases, en cuanto puesto en sus diferencias, es capital fijado, capital comprometido. Como capital circulante se fija él mismo, y como capital fijado circula. La distinción entre capital circulante [capital circulant] y capital fijo [capital fixe] aparece, pues, de entrada como determinación formal del capital, según aparezca como unidad del proceso o como momento determinado de este. El concepto de capital durmiente [capital dormant], de capital inactivo, solo puede referirse a su inactividad en una de estas determinaciones, y es condición del capital que una parte de él esté siempre inactiva. Esto aparece así: una parte del capital nacional se ha atascado siempre en una de las fases que el capital tiene que recorrer. El dinero mismo, en la medida en que forma una parte particular del capital de la nación, pero permanece siempre en la forma de medio de circulación y por tanto nunca recorre las demás fases, es considerado por eso por A. Smith como una forma bastarda del capital fijo.13 Asimismo, el capital puede estar inactivo, fijado, en la forma de dinero, de valor sustraído a la circulación. En las crisis (después del momento del pánico), en el tiempo del marasmo de la industria, el dinero está fijado en manos de los banqueros, corredores de letras, etc., y, como el ciervo brama por las corrientes de agua,14 clama por un campo de empleo para poder valorizarse como capital. El hecho de que la determinación de circulante y fijo no sea, de entrada, nada más que el capital mismo puesto bajo las dos determinaciones, una vez como unidad del proceso, otra como fase particular de este, él mismo como diferencia respecto de sí como unidad (no como 2 clases particulares de capitales, el capital en 2 clases particulares, sino como distintas determinaciones formales del mismo capital), ha causado mucha confusión en la economía política. Si se retenía en un producto material un lado según el cual debía ser capital circulante, era fácil mostrar el lado opuesto, y viceversa. El capital como unidad de la circulación y la producción es igualmente su diferencia, y precisamente una diferencia que se separa en el espacio y en el tiempo. En cada momento tiene una forma indiferente respecto del otro. Para el capital singular, el paso de uno a otro aparece como azar, dependiente de circunstancias externas, incontrolables. El mismo capital aparece por eso siempre en ambas determinaciones, lo que se expresa en que una parte de él aparece en una, ||21| otra en la otra; una parte como inmovilizada, otra como circulante; circulante, tomado aquí no en el sentido de que se encuentre en la fase de circulación propiamente dicha, a diferencia de la fase de producción, sino de que en la fase en que se encuentra se encuentra como en fase fluida, en proceso, que lleva a la otra; que en ninguna está atascado como tal y detenido así en su proceso global. Por ejemplo: el industrial solo emplea en la producción una parte del capital de que dispone (a crédito o propio, no hace aquí al caso, y cuando se considera el capital global tampoco hace al proceso económico), porque otra parte necesita un tiempo determinado antes de volver de la circulación. La parte que procesa en la producción es entonces la circulante; la que se encuentra en la circulación, la fijada. Con ello queda limitada su productividad global; limitada la parte reproducida y, por tanto, limitada también la lanzada al mercado. Lo mismo el comerciante: una parte de su capital está inmovilizada como existencias, la otra rueda. Es verdad que unas veces una parte y otras la otra entra en esta determinación, como en el caso del industrial, pero su capital global está puesto constantemente en ambas determinaciones. Por otro lado, como este límite, que surge de la naturaleza misma del proceso de valorización, no es fijo, sino que cambia según las circunstancias, y el capital puede acercarse más o menos a su determinación adecuada como circulante; como la escisión en estas dos determinaciones, el que el proceso de valorización aparezca a la vez como proceso de desvalorización, contradice la tendencia del capital a la mayor valorización posible, el capital inventa por un lado recursos [contrivances] para abreviar la fase de fijación; por otro lado, en vez de coexistir simultáneamente ambas determinaciones, se alternan. En un período el proceso aparece como completamente fluido: período de máxima valorización del capital; en el otro, reacción del primero, el otro momento se impone con tanta mayor violencia: período de máxima desvalorización del capital y de estancamiento del proceso de producción. Los momentos en que ambas determinaciones aparecen una junto a otra no forman más que períodos intermedios entre estos tránsitos y vuelcos violentos. Es absolutamente importante concebir estas determinaciones de capital circulante y fijado como determinaciones formales del capital en general, ya que, sin ello, toda una serie de fenómenos de la economía burguesa (los períodos del ciclo económico, que se distingue esencialmente del tiempo de un solo curso del capital; el efecto de una nueva demanda; incluso el efecto de nuevos países productores de oro y plata sobre la producción general) resultan incomprensibles. De nada sirve hablar del estímulo que da el oro australiano o un mercado recién descubierto. Si no estuviera en la naturaleza del capital no estar nunca plenamente ocupado, es decir, estar siempre parcialmente fijado, desvalorizado, improductivo, ningún estímulo podría empujarlo a una producción mayor. Por otro lado, las absurdas contradicciones en que se enredan los economistas (incluso Ricardo), que suponen que el capital está siempre plenamente ocupado y, por tanto, explican un aumento de la producción solo por la creación de capital nuevo. Todo aumento supondría entonces un aumento anterior o un aumento de las fuerzas productivas.
Estas barreras de la producción basada en el capital son propias, en medida todavía mucho mayor, de los modos de producción anteriores, en la medida en que descansan en el cambio. Pero no constituyen una ley de la producción sin más; en cuanto el valor de cambio deja de ser una barrera de la producción material y su barrera queda puesta por su relación con el desarrollo global del individuo, desaparece toda la historia con sus convulsiones y dolores de parto. Si antes vimos que el dinero solo supera las barreras del trueque generalizándolas, es decir, separando por completo compra y venta, veremos más adelante cómo el crédito tampoco supera estas barreras de la valorización del capital sino elevándolas a su forma más general, poniendo el período de sobreproducción y el de subproducción como 2 períodos.
El valor que el capital pone en un tiempo de curso, en una revolución, en una rotación, es = al valor puesto en el proceso de producción, i. e. = al valor reproducido + el valor nuevo. Tanto si consideramos terminada la rotación en el punto en que la mercancía se ha convertido en dinero como en el punto en que el dinero se ha reconvertido en condiciones de producción, el resultado, expresado en dinero o en condiciones de producción, es siempre absolutamente igual al valor puesto en el proceso de producción. Contamos aquí el transporte físico del producto al mercado = 0; o, más bien, lo incluimos en el proceso de producción inmediato. La circulación económica del producto solo empieza en cuanto está en el mercado como mercancía: solo entonces circula. Aquí se trata solo de las diferencias, determinaciones, momentos económicos de la circulación; no de las condiciones físicas para llevar el producto acabado a la 2.ª fase, a la circulación como mercancía, del mismo modo que no nos importa el proceso tecnológico por el que la materia prima se ha convertido en producto. La mayor o menor distancia del mercado respecto del productor, etc., no nos importa todavía aquí. Lo que queremos dejar sentado primero es que los costes que surgen del recorrido de los distintos momentos económicos como tales, los costes de circulación como tales, no añaden nada al valor del producto, no son costes que pongan valor, sea cual sea el trabajo que lleven consigo. Son meras deducciones del valor creado. Si [de] 2 individuos cada uno fuera el productor de su producto, pero su trabajo descansara en la división del trabajo, de modo que cambiaran entre sí y la valorización de su producto para satisfacer sus necesidades dependiera de este cambio, es evidente que el tiempo que les cuesta el cambio, p. ej. el regateo mutuo, el cálculo, antes de ponerse de acuerdo, no añadiría lo más mínimo ni a sus productos ni al valor de cambio de estos. Si A alegara ante B que el cambio le quita tanto o cuanto tiempo, B alegaría lo mismo ante A). Cada uno de ellos pierde en el cambio exactamente tanto tiempo como el otro. El tiempo del cambio es tiempo común a ambos. Si A pidiera 10 tál. por el producto (su equivalente) y 10 tál. por el tiempo que le cuesta obtener de B) los 10 tál., este lo declararía maduro para el manicomio. Esta pérdida de tiempo surge de la división del trabajo y de la necesidad del cambio. Si A) lo produjera todo él mismo, no perdería parte alguna de su tiempo en cambiar con B o en convertir su producto en dinero y el dinero de nuevo en producto. Los costes de circulación propiamente dichos (y en el negocio dinerario adquieren un importante desarrollo autónomo) no pueden resolverse en tiempo de trabajo productivo. Pero, por su naturaleza, se limitan también al tiempo que cuesta necesariamente convertir la mercancía en dinero y el dinero de nuevo en mercancía, es decir, al tiempo que cuesta trasladar el capital de una forma a otra. Supongamos ahora que B) y A) encontraran que ahorran tiempo interponiendo entre ellos, como mediador, a una tercera persona, C), que consumiera su tiempo en este proceso de circulación; en circunstancias que se darían, p. ej., si los que cambian fueran bastantes, bastantes sujetos de los procesos de circulación, para que el tiempo empleado alternativamente por ellos, [de] 2 en 2, en un año fuera = un año; si cada individuo, digamos, tuviera que dedicar alternativamente 1/50 de un año al acto de la circulación, y fueran 50, 1 individuo podría pasar todo su tiempo en esta ocupación. Para este individuo, si solo se le pagara su tiempo de trabajo necesario, es decir, si tuviera que dar todo su tiempo a cambio de los artículos de primera necesidad [necessaries of life], la remuneración que recibiría sería salario. Pero si cobrara todo su tiempo, el salario que recibiría sería un equivalente, tiempo de trabajo objetivado. Ahora bien, este individuo no habría añadido nada al valor, sino que solo habría compartido con los capitalistas A), B), etc., su plusvalía. Ellos habrían ganado porque, según el supuesto, se habría producido una deducción menor de su plusvalía. (El capital no es simple cantidad, ni simple operación, sino ambas cosas a la vez.) El dinero mismo, ||22| en la medida en que consiste en metales preciosos, o en que su producción en general (como, p. ej., incluso en la circulación de papel) ocasiona gastos, en la medida en que él mismo cuesta tiempo de trabajo, no añade ningún valor a los objetos cambiados, a los valores de cambio; sus gastos son, por el contrario, una deducción de estos valores, deducción que los que cambian tienen que soportar en partes alícuotas. Lo costoso del instrumento de circulación, del instrumento de cambio, solo expresa los costes del cambio. En vez de añadir, quitan del valor. El dinero de oro y de plata, p. ej., son ellos mismos valores como otros (no en el sentido de dinero), por cuanto hay trabajo objetivado en ellos. Pero el que estos valores sirvan como medios de circulación es una deducción de la riqueza disponible. Lo mismo ocurre con los costes de producción de la circulación del capital. Esta no añade nada a los valores. Los costes de circulación como tales no ponen valor, sino que son costes de la realización de los valores: deducciones de ellos. La circulación [aparece] como serie de transformaciones en las que el capital se pone, pero, por lo que respecta al valor, no le añade nada, sino que lo pone en la forma del valor. El valor potencial que la circulación convierte en dinero está presupuesto como resultado del proceso de producción. En la medida en que esta serie de procesos transcurre en el tiempo y ocasiona costes, cuesta tiempo de trabajo o trabajo objetivado, estos costes de circulación son deducciones del quantum de valor. Puestos los costes de circulación = 0, el resultado de una rotación del capital, por lo que respecta al valor, es = al valor puesto en el proceso de producción. Es decir, el valor presupuesto a la circulación es el que sale de ella. A lo sumo, por los costes de circulación, puede salir uno menor que el que entra. Considerado por este lado, el tiempo de circulación no añade nada al valor; el tiempo de circulación no aparece como tiempo que pone valor junto al tiempo de trabajo. Si la producción ha creado una mercancía = al valor de 10 l., la circulación es necesaria para igualar esta mercancía a las 10 l., a su valor, que existe como dinero. Los costes que este proceso, este cambio de forma, ocasiona son una deducción del valor de la mercancía. La circulación del capital es el cambio de forma que el valor recorre a través de distintas fases. El tiempo que dura este proceso, o que cuesta ponerlo en marcha, pertenece a los costes de producción de la circulación, de la división del trabajo, de la producción fundada en el cambio. Esto vale de una rotación del capital, es decir, del recorrido único del capital a través de estos distintos momentos suyos. El proceso del capital como valor tiene su punto de partida en el dinero y acaba en dinero, pero en un quantum mayor de dinero. La diferencia es solo cuantitativa. D-M-M-D ha recibido así un contenido. Si consideramos el curso hasta este punto, estamos de nuevo en el punto de partida. El capital se ha convertido otra vez en dinero. Pero ahora está a la vez puesto, se ha convertido ahora en condición de este dinero, que vuelva a ser capital, dinero que se multiplica y se conserva comprando trabajo, pasando por el proceso de producción. Su forma de dinero está puesta como mera forma; una de las muchas formas que recorre en su metamorfosis. Si ahora consideramos este punto no como punto final, sino, como tenemos que considerarlo ahora, como punto de tránsito o nuevo punto de partida, puesto por el propio proceso de producción como punto final evanescente y punto de partida solo aparente, está claro que la reconversión del valor puesto como dinero en valor en proceso, que entra en el proceso de producción, solo puede efectuarse (que la renovación del proceso de producción solo puede tener lugar) una vez concluida la parte del proceso de circulación distinta del proceso de producción. La segunda rotación del capital, la reconversión del dinero en capital como tal, o la renovación del proceso de producción, depende del tiempo que el capital necesita para concluir su circulación; es decir, de su tiempo de circulación, tomado aquí a diferencia del tiempo de producción. Pero como hemos visto que el valor global creado por el capital (tanto el reproducido como el de nueva creación), que se realiza en la circulación como tal, está determinado exclusivamente por el proceso de producción, la suma de los valores que pueden crearse en un tiempo determinado depende del número de repeticiones del proceso de producción en ese período. Ahora bien, la repetición del proceso de producción está determinada por el tiempo de circulación, que es igual a la velocidad de la circulación. Cuanto más rápida la circulación, cuanto más corto el tiempo de circulación, más a menudo puede el mismo capital repetir el proceso de producción. En un ciclo determinado de rotaciones del capital, la suma de los valores creados por él (y por tanto también de las plusvalías, pues siempre pone el trabajo necesario solo como trabajo necesario para el plustrabajo) está, pues, en razón directa del tiempo de trabajo e inversa del tiempo de circulación. En un ciclo determinado, el valor global (y por consiguiente también la suma de las plusvalías puestas) es = al tiempo de trabajo × el número de rotaciones del capital. O bien: la plusvalía puesta por el capital ya no aparece ahora determinada simplemente por el plustrabajo apropiado por él en el proceso de producción, sino por el coeficiente del proceso de producción; es decir, por el número que expresa cuántas veces se repite en un período dado. Pero este coeficiente está determinado por el tiempo de circulación que el capital necesita en una rotación. La suma de los valores (plusvalías) está, pues, determinada por el valor puesto en una rotación multiplicado por el número de rotaciones en un período determinado. Una rotación del capital es = al tiempo de producción + el tiempo de circulación. Presupuesto como dado el tiempo de circulación, el tiempo global que requiere la rotación depende del tiempo de producción. Presupuesto el tiempo de producción, la duración de la rotación depende del tiempo de circulación. El tiempo de circulación, en la medida en que determina la masa global del tiempo de producción en un período dado, en la medida en que de él depende la repetición del proceso de producción, su renovación en una época dada, es por tanto él mismo un momento de la producción, o, más bien, aparece como límite de la producción. Es propio de la naturaleza del capital, de la producción fundada en él, que el tiempo de circulación se convierta en momento determinante del tiempo de trabajo, de la creación de valor. La autonomía del tiempo de trabajo queda con ello negada, y el proceso de producción mismo queda puesto como determinado por el cambio, de modo que la relación social, y la dependencia de esta relación, en la producción inmediata está puesta no solo como momento material, sino como momento económico, como determinación formal. El máximo de la circulación (el límite de la renovación del proceso de producción por medio de ella) está evidentemente determinado por la duración del tiempo de producción durante una rotación. Supongamos que el proceso de producción de un capital determinado, es decir, el tiempo que necesita para reproducir su valor y poner plusvalía, dure 3 meses. (O el tiempo necesario para terminar una cantidad de producto = al valor global del capital productor + la plusvalía.) En ese caso el capital no podría, en ninguna circunstancia, renovar el proceso de producción o de valorización más de 4 veces al año. El máximo de rotación del capital serían 4 rotaciones al año; es decir, no habría interrupciones entre el final de una fase de producción y su nueva renovación. El máximo de rotaciones sería = a la continuidad del proceso de producción, de modo que, en cuanto el producto estuviera acabado, se transformaría de nuevo materia prima nueva en producto. La continuidad no se extendería solo a la continuidad dentro de una ||23| fase de producción, sino a la continuidad de estas fases mismas. Pero supongamos ahora que el capital necesitara al final de cada fase un mes de tiempo de circulación (tiempo para volver a la forma de condiciones de producción): entonces solo podría efectuar 3 rotaciones. En el primer caso, el número de rotaciones era = 1 fase × 4; o 12 meses divididos por 3. El máximo de creación de valor del capital en un período dado es este período dividido por la duración del proceso de producción (el tiempo de producción). En el segundo caso, el capital solo efectuaría 3 rotaciones al año; solo repetiría 3 veces el proceso de valorización. La suma de sus procesos de valorización sería, pues, = 12/4 = 3. El divisor es aquí el tiempo de circulación global que necesita: 4 meses; o el tiempo de circulación que necesita por fase de producción × el número de veces que este tiempo de circulación está contenido en el año. En el primer caso, el número de rotaciones es = 12 meses, el año, el tiempo dado, dividido por el tiempo de una fase de producción, o por la duración del tiempo de producción mismo; en el segundo caso, igual al mismo tiempo dividido por el tiempo de circulación. El máximo de la valorización del capital, como el de la continuidad del proceso de producción, o el tiempo de circulación puesto = 0; es decir, superadas, por tanto, las condiciones bajo las cuales produce el capital, su limitación por el tiempo de circulación, la necesidad de recorrer las distintas fases de su metamorfosis. Es tendencia necesaria del capital aspirar a poner el tiempo de circulación = 0, es decir, a superarse a sí mismo, ya que solo por el capital está puesto el tiempo de circulación como momento que determina el tiempo de producción. Es lo mismo que superar la necesidad del cambio, del dinero y de la división del trabajo que descansa en ellos, y por tanto el capital mismo. Si prescindimos por el momento de la conversión de la plusvalía en pluscapital, un capital de 100 tál. que en el proceso de producción produjera una plusvalía del 4 % sobre el capital global se reproduciría, en el primer supuesto, 4 veces, y al final del año habría puesto una plusvalía de 16. El capital sería al final del año = 116. Sería lo mismo que si un capital de 400 hubiera rotado una vez al año, también con una plusvalía del 4 %. Respecto de la producción global de mercancías y valores, esta se ha cuadruplicado. En el otro caso, un capital de 100 tál. solo habría creado una plusvalía de 12; el capital global al final del año = 112. Respecto de la producción global (sea en valores o en valores de uso), la diferencia es aún más importante. En el primer caso, p. ej., con un capital de 100 se transforman en botas 400 tál. de cuero; en el 2.º, solo 300 tál. de cuero. La valorización global del capital está, pues, determinada por la duración de la fase de producción (que por ahora identificamos aquí con el tiempo de trabajo) × el número de rotaciones, o renovaciones de esta fase de producción, en un período dado. Si las rotaciones solo estuvieran determinadas por la duración de una fase de producción, la valorización global estaría determinada simplemente por el número de fases de producción contenidas en un período dado; o las rotaciones estarían absolutamente determinadas por el tiempo de producción mismo. Este sería el máximo de la valorización. Está claro, por tanto, que el tiempo de circulación, considerado absolutamente, es una deducción del máximo de la valorización, < valorización absoluta. Es imposible, pues, que velocidad alguna de la circulación, o abreviación alguna del tiempo de circulación, pueda crear una valorización > que la valorización puesta por la fase de producción misma. Lo máximo que podría conseguir la velocidad de la circulación, si subiera hasta ∞, sería poner el tiempo de circulación = 0, es decir, superarse a sí misma. No puede ser, por tanto, un momento positivo creador de valor, ya que su supresión (circulación sin tiempo de circulación) sería el máximo de la valorización; su negación, = a la posición más alta de la productividad del capital. ❲La productividad del capital como capital no es la fuerza productiva que aumenta los valores de uso, sino su capacidad de crear valores; el grado en que produce valor.❳ La productividad global del capital es = a la duración de una fase de producción × el número de veces que se repite en cierto período. Pero este número está determinado por el tiempo de circulación.
Supongamos que un capital de 100 rotara 4 veces al año, pusiera el proceso de producción 4 ×; entonces, si la plusvalía fuera cada vez = 5 por ciento, la plusvalía creada al final del año sería = 20 para un capital de 100; por otro lado, para un capital de 400 que rotara una vez al año al mismo tanto por ciento, sería igualmente = 20. De modo que un capital de 100 con 4 circulaciones al año daría un 20 por ciento de beneficio, mientras que un capital 4 veces mayor con una sola rotación solo daría una ganancia del 5 por ciento. (Enseguida se mostrará con más detalle que la plusvalía es exactamente la misma.) Parece, pues, que la magnitud del capital puede sustituirse por la velocidad del curso, y la velocidad del curso por la magnitud del capital. Se introduce así la apariencia de que el tiempo de circulación es productivo en sí. Por eso hay que aclarar la cosa en este caso.
Otra cuestión que se plantea también: si la rotación de 100 tál. se produce 4 veces al año, cada vez, digamos, al 5 por ciento, al comienzo de la 2.ª rotación podría empezarse el proceso de producción con 105 tál., y el producto sería 110 1/4; al comienzo de la 3.ª rotación: 110 1/4, cuyo producto sería: 115 61/80; al comienzo de la 4.ª rotación: 115 61/80, y al final de esta: 121 881/1600. La cifra misma no hace aquí al caso. La cosa es que, si un capital de 400 solo rota una vez al año al 5 %, la ganancia solo puede ser 20; en cambio, si uno 4 veces menor rota 4 × al mismo tanto por ciento, la ganancia es 1 + 881/1600 mayor. Parece así que, por el mero momento de la rotación (la repetición), es decir, por un momento determinado por el tiempo de circulación, o más bien por la circulación, el valor no solo se realiza, sino que crece absolutamente. Esto hay que examinarlo también.
El tiempo de circulación solo expresa la velocidad de la circulación; la velocidad de la circulación, solo una barrera de esta. La circulación sin tiempo de circulación (es decir, el paso del capital de una fase a otra con la misma rapidez con que el concepto da un vuelco) sería el máximo, es decir, la coincidencia de la renovación del proceso de producción con su terminación.
El acto del cambio (y las operaciones económicas por las que transcurre la circulación se resuelven en una sucesión de cambios [échanges]), hasta el punto en que el capital no se comporta como mercancía respecto del dinero o como dinero respecto de la mercancía, sino como valor respecto de su valor de uso específico, el trabajo, el acto del cambio de valor en una forma por valor en la otra, de dinero por mercancía o de mercancía por dinero (y estos son los momentos de la circulación simple), pone el valor de una mercancía en la otra y la realiza así como valor de cambio; o también pone las mercancías como equivalentes. El acto del cambio pone valor, pues, en cuanto se presuponen valores; realiza la determinación de los sujetos del cambio como valores. Pero un acto que pone una mercancía como valor, o, lo que es lo mismo, que pone otra mercancía como su equivalente, o, lo que vuelve a ser lo mismo, que pone la igualdad de valor de ambas mercancías, no añade evidentemente nada al valor mismo, del mismo modo que el signo ± no aumenta ni disminuye la cifra que va tras él. Al poner 4 como más o como menos, por esta operación 4 sigue siendo, independientemente del signo, igual a sí mismo, 4; no se convierte ni en 3 ni en 5. Del mismo modo, si ||24| cambio una libra de algodón con un valor de cambio de 6 d. por 6 d., esta queda puesta como valor; e igualmente puede decirse que los 6 d. están puestos como valor en la libra de algodón; es decir, el tiempo de trabajo contenido en los 6 d. (considerados aquí los 6 d. como valor) está ahora expresado en otra materialización del mismo tiempo de trabajo. Pero como, por el acto del cambio, la libra de algodón y los 6 d. de cobre quedan puestos cada uno = a su valor, es imposible que por este cambio crezcan cuantitativamente el valor del algodón, o el valor de los 6 d., o la suma de sus valores. El cambio, como posición de equivalentes, solo cambia la forma; realiza los valores existentes potencialmente; realiza los precios, si se quiere. Una posición de equivalentes, p. ej. de A y B como equivalentes, no puede elevar el valor de A, pues es el acto por el que A queda puesto = a su propio valor, y no desigual a él; desigual solo por lo que respecta a la forma, en cuanto antes no estaba puesto como valor; es a la vez el acto por el que el valor de A queda puesto = al valor de B, y el valor de B = al valor de A. La suma de los valores que se mueven en el cambio = valor A + valor B. Cada uno sigue siendo = a su propio valor; por tanto, su suma sigue siendo igual a la suma de su valor. El cambio, como posición de equivalentes, no puede, pues, por su naturaleza, elevar la suma de los valores, ni el valor de las mercancías cambiadas. (Que en el cambio con el trabajo la cosa sea distinta se debe a que el valor de uso del trabajo mismo pone valor, pero no tiene que ver directamente con su valor de cambio.) Ahora bien, si una operación de cambio no puede aumentar el valor de lo cambiado, tampoco puede hacerlo una suma de cambios. ❲Es absolutamente necesario aclarar esto, ya que la distribución de la plusvalía entre los capitales, el cálculo de la plusvalía global entre los capitales singulares, esta operación económica secundaria, aparece [como] fenómenos que en las economías corrientes se confunden con los primarios.❳ Repita yo una vez o ∞ veces un acto que no crea valor, por la repetición no puede cambiar su naturaleza. La repetición de un acto que no crea valor nunca puede convertirse en un acto de creación de valor. 1/4, p. ej., expresa una proporción determinada. Si convierto este 1/4 en fracción decimal, si lo pongo, pues, = 0,25, ha cambiado su forma. Este cambio de forma deja el valor igual. Del mismo modo, si convierto una mercancía en la forma del dinero o el dinero en la forma de la mercancía, el valor sigue siendo el mismo; pero la forma ha cambiado. Está claro, por tanto, que la circulación, puesto que se resuelve en una serie de operaciones de cambio de equivalentes, no puede aumentar el valor de las mercancías que circulan. Por eso, si se requiere tiempo de trabajo para efectuar esta operación, es decir, si hay que consumir valores, pues todo consumo de valores se resuelve en consumo de tiempo de trabajo o de tiempo de trabajo objetivado, de productos; si la circulación ocasiona, pues, costes y el tiempo de circulación cuesta tiempo de trabajo, esto es una deducción, una supresión relativa de los valores que circulan; su desvalorización en la cuantía de los costes de circulación. Si imaginamos a 2 trabajadores que cambian, un pescador y un cazador, el tiempo que ambos pierden en el cambio no crearía ni peces ni caza, sino que sería una deducción del tiempo en que ambos crean valores, en que uno puede pescar y el otro cazar, objetivar su tiempo de trabajo en un valor de uso. Si el pescador quisiera resarcirse de esta pérdida a costa del cazador, pidiéndole más caza o dándole menos peces, este tendría el mismo derecho. La pérdida sería común a ambos. Estos costes de circulación, costes del cambio, solo podrían aparecer como deducción de la producción global y de la creación de valor de los dos. Si encargaran estos cambios a un tercero, C), y así no perdieran directamente tiempo de trabajo, cada uno de ellos tendría que ceder a C), en partes alícuotas, una porción de su producto. Lo que podrían ganar con ello sería solo un más o un menos de pérdida. Pero si trabajaran como propietarios en común, no tendría lugar ningún cambio, sino un consumo comunitario. Los costes del cambio desaparecerían, por tanto. No la división del trabajo, sino la división del trabajo en cuanto fundada en el cambio. Por eso es falso que J. St. Mill considere los costes de circulación como precio necesario de la división del trabajo. Son solo costes de la división del trabajo surgida espontáneamente [naturwüchsig],15 que no descansa en la comunidad de la propiedad, sino en la propiedad privada. Los costes de circulación como tales, es decir, el consumo de tiempo de trabajo o de tiempo de trabajo objetivado, de valores, causado por la operación del cambio y por una serie de operaciones de cambio, son, por tanto, una deducción o del tiempo empleado en la producción o de los valores puestos por la producción. Nunca pueden aumentar el valor. Forman parte de los falsos gastos de producción [faux frais de production], y estos falsos gastos de producción forman parte de los costes inmanentes de la producción basada en el capital. El negocio comercial, y todavía más el negocio dinerario propiamente dicho, en la medida en que no hacen más que las operaciones de la circulación como tal, es decir, p. ej., la determinación de los precios (la medición de los valores y su cálculo), en general ejercen esta operación de cambio como una función autonomizada por la división del trabajo, representan esta función del proceso global del capital, representan meramente los falsos gastos de producción del capital. En cuanto disminuyen estos falsos gastos, añaden a la producción, no porque creen valor, sino porque disminuyen la negación de los valores creados. Si actuaran puramente como tal función, representarían siempre solo el mínimo de los falsos gastos de producción. Si permiten a los productores crear más valores de los que podrían sin esta división del trabajo, y precisamente tantos más que quede un excedente tras pagar esta función, han aumentado de hecho la producción. Pero entonces los valores han aumentado, no porque las operaciones de circulación hayan creado valor, sino porque han absorbido menos valor del que habrían absorbido en el otro caso. Pero son condición necesaria para la producción del capital.
El tiempo que un capitalista pierde en el cambio no es como tal una deducción del tiempo de trabajo. Capitalista, es decir, representante del capital, capital personificado, solo lo es en cuanto se comporta respecto del trabajo como trabajo ajeno y se apropia tiempo de trabajo ajeno y lo pone. Los costes de circulación, por tanto, no existen en cuanto quitan tiempo al capitalista. Su tiempo está puesto como tiempo superfluo: tiempo de no trabajo, tiempo que no crea valor, aunque es el capital el que realiza el valor creado. El que el obrero tenga que trabajar tiempo excedente es idéntico a que el capitalista no necesite trabajar y que así un tiempo quede puesto como tiempo de no trabajo; a que tampoco trabaje el tiempo necesario. El obrero tiene que trabajar tiempo excedente para que se le permita objetivar, valorizar, i. e. objetivar, el tiempo de trabajo necesario para su reproducción. Por otro lado, el tiempo de trabajo necesario del capitalista es por eso también tiempo libre, tiempo no requerido para la subsistencia inmediata. Como todo tiempo libre es tiempo para el libre desarrollo, el capitalista usurpa el tiempo libre creado por los obreros para la sociedad, es decir, la civilización, y en este sentido Wade vuelve a tener razón cuando pone capital = civilización.16
El tiempo de circulación, en la medida en que absorbe el tiempo del capitalista como tal, nos importa, económicamente considerado, exactamente lo mismo que el tiempo que pasa con su querida [Lorette].17 Si el tiempo es dinero [time is money], desde el punto de vista del capital lo es solo el tiempo de trabajo ajeno, que es sin duda, en el sentido más propio de la palabra, el dinero del capital. Respecto del capital como tal, el tiempo de circulación solo puede coincidir con el tiempo de trabajo en cuanto interrumpe el tiempo durante el cual el capital puede apropiarse el tiempo de trabajo ajeno, y está claro que esta desvalorización relativa del capital no puede añadir nada a su valorización, sino solo restarle; o en cuanto la circulación le cuesta al capital tiempo de trabajo ajeno objetivado, valores. ||25| (P. ej., porque tiene que pagar a otro que se encargue de esta función.) En ambos casos, el tiempo de circulación solo entra en consideración en cuanto es la supresión, la negación del tiempo de trabajo ajeno; ya sea porque interrumpe al capital en el proceso de su apropiación, ya sea porque lo obliga a consumir una parte del valor creado, a consumirlo para llevar a cabo las operaciones de circulación, es decir, para ponerse como capital. (Muy distinto del consumo privado del capitalista [private consumption of the capitalist].) El tiempo de circulación solo entra en consideración en su relación, como barrera, como negación, con el tiempo de producción del capital; pero este tiempo de producción es el tiempo durante el cual se apropia trabajo ajeno; el tiempo de trabajo ajeno puesto por él. Es la mayor de las confusiones considerar el tiempo que el capitalista gasta en la circulación como tiempo que pone valor, o incluso como tiempo que pone plusvalía. El capital como tal no tiene más tiempo de trabajo que su tiempo de producción. El capitalista no nos importa aquí absolutamente nada salvo como capital. Como tal, además, solo funciona en el proceso global que tenemos que considerar. Si no, podría imaginarse todavía que el capitalista puede hacerse compensar el tiempo durante el cual no gana dinero como asalariado de otro capitalista, o que pierde este tiempo. Que este tiempo forma parte de los costes de producción. El tiempo que pierde o emplea como capitalista es, en general, tiempo perdido, invertido a fondo perdido [placé à fonds perdu] desde este punto de vista. El llamado tiempo de trabajo del capitalista, a diferencia del tiempo de trabajo del obrero, que ha de formar la base de su ganancia como un salario sui generis, tendremos que considerarlo más adelante.
Nada es más frecuente que meter el transporte, etc., en la medida en que tienen que ver con el comercio, entre los costes de circulación puros. En la medida en que el comercio lleva un producto al mercado, le da una forma nueva. Es verdad que solo cambia su existencia local. Pero el modo del cambio de forma no nos importa. Da al producto un valor de uso nuevo (y esto vale hasta el tendero al por menor, que pesa, mide, empaqueta y da así forma al producto para el consumo), y este nuevo valor de uso cuesta tiempo de trabajo; es, por tanto, a la vez valor de cambio. Llevar al mercado forma parte del proceso de producción mismo. El producto solo es mercancía, solo está en circulación, en cuanto se encuentra en el mercado.
❲«En cada especie de industria, los empresarios se convierten en vendedores de productos, mientras que todo el resto de la nación, y a menudo incluso naciones extranjeras, son compradores de estos productos… El movimiento constante y repetido sin cesar que hace el capital circulante para partir del empresario y volver a él bajo la primera forma es comparable a un círculo que describe; de ahí el nombre de circulante que lleva el capital, y el de circulación para su movimiento.» (p. 404-405.) (Storch. Cours d'écon. Polit. Paris 1823, t. l, p. 405. Cuaderno, p. 34.) «En sentido amplio, la circulación comprende el movimiento de toda mercancía que se cambia.» (p. 405) (l. c.) «La circulación se hace por medio de los cambios… desde el momento del numerario, ya no se cambian, se venden.» (p. 405-406, l. c.) «Para que una mercancía esté en circulación basta la oferta… Riqueza en circulación: mercancía.» (p. 407 l. c.) «El comercio es solo una parte de la circulación; el primero comprende solo las compras y ventas de los comerciantes; la segunda, las de todos los empresarios e incluso de todos los habitantes.» (p. 408 l. c.) «Solo mientras los costes de la circulación son indispensables para hacer llegar las mercancías a los consumidores es real la circulación y aumenta su valor el producto anual. Desde el momento en que sobrepasa esta medida, la circulación es ficticia [postiche] y ya no contribuye en nada al enriquecimiento de la nación.» (p. 409.) «En los últimos años hemos visto en Rusia, en San Petersburgo, ejemplos de una circulación ficticia. La lánguida situación del comercio exterior había llevado a los negociantes a hacer valer de otro modo sus capitales ociosos; no pudiendo ya emplearlos en hacer venir mercancías extranjeras y exportar las del país, se les ocurrió sacar provecho comprando y revendiendo las mercancías que se encontraban en la plaza. Cantidades enormes de azúcar, café, cáñamo, hierro, etc., pasaban rápidamente de una mano a otra, y a menudo una mercancía cambiaba 20 veces de propietario sin salir del almacén. Una circulación de este tipo ofrece a los negociantes todas las suertes de un juego de azar; pero, mientras enriquece a unos, arruina a otros, y la riqueza nacional no gana nada con ello. Lo mismo en la circulación del dinero… Se llama agiotaje a una circulación ficticia de este tipo, fundada solo en una simple variación de los precios.» (p. 410, 11.) «La circulación solo rinde provecho a la sociedad en la medida en que es indispensable para hacer llegar la mercancía al consumidor. Todo rodeo, retraso, cambio intermedio que no sea absolutamente necesario para este efecto, o que no contribuya a disminuir los costes de circulación, se vuelve perjudicial para la riqueza nacional, al encarecer inútilmente el precio de las mercancías.» (p. 411.) «La circulación es tanto más productiva cuanto más rápida es, es decir, cuanto menos tiempo exige para librar al empresario de la obra hecha que expone en venta y para devolverle el capital bajo su primera forma.» (p. 411.) «El empresario solo puede reanudar la producción después de haber vendido el producto acabado y empleado el precio en la compra de nuevas materias y nuevos salarios: cuanto más pronta es, pues, la circulación para operar estos dos efectos, tanto antes está en condiciones de empezar de nuevo su producción, y tantas más ganancias da su capital en un período dado.» (p. 411-412.) «La nación cuyo capital circula con la debida rapidez para volver varias veces al año a quien lo puso primero en movimiento está en la misma situación que el labrador de los climas afortunados, que puede sacar a la misma tierra sucesivamente 3 o 4 cosechas en el mismo año.» (p. 412, 13.) «Una circulación lenta encarece los objetos de consumo: 1) indirectamente, al disminuir la masa de las mercancías que podrían existir; 2) directamente, porque, mientras un producto está en circulación, su valor aumenta progresivamente por las rentas del capital empleado en su producción; cuanto más lenta es la circulación, más se acumulan estas rentas, lo que eleva inútilmente el precio de la mercancía.» «Medios para abreviar y acelerar la circulación: 1) la separación de una clase de trabajadores que se ocupa únicamente del comercio; 2) la facilidad de los transportes; 3) el numerario; 4) el crédito.» (p. 413.)❳
La circulación simple consistía en una multitud de cambios simultáneos o sucesivos. Su unidad, considerada como circulación, solo existía propiamente desde el punto de vista del observador. (El cambio puede ser fortuito, y tiene más o menos este carácter allí donde se limita al cambio del excedente y no se ha apoderado del conjunto del proceso de producción.) En la circulación del capital tenemos una serie de operaciones de cambio, de actos de cambio, cada uno de los cuales representa frente al otro un momento cualitativo, un momento en la reproducción y el crecimiento del capital. Un sistema de cambios, metabolismo [Stoffwechsel] por lo que respecta al valor de uso, cambio de forma [Formwechsel] por lo que respecta al valor como tal. El producto se comporta respecto de la mercancía como el valor de uso respecto del valor de cambio; así también la mercancía respecto del dinero. Aquí una de las series alcanza su cima. El dinero se comporta respecto de la mercancía en que se reconvierte como el valor de cambio respecto del valor de uso; y más aún el dinero respecto del trabajo.|
|26| En cuanto el capital es, en cada momento del proceso, él mismo la posibilidad de pasar a su otra fase, la siguiente, y por tanto la posibilidad del proceso entero que expresa el acto vital del capital, cada uno de los momentos aparece potencialmente como capital (de ahí capital-mercancía, capital dinerario) junto al valor que se pone como capital en el proceso de producción. La mercancía puede representar capital mientras puede convertirse en dinero, y por tanto comprar trabajo asalariado (plustrabajo); esto por el lado de la forma, que se saca de la circulación del capital. Por el lado de la materia, sigue siendo capital mientras constituye materia prima (propiamente dicha o producto semielaborado), instrumento, medios de vida para los obreros. Cada una de estas formas es capital potencial. El dinero es, por una parte, el capital realizado, el capital como valor realizado. Por este lado (considerado como punto final de la circulación, donde entonces también tiene que considerarse punto de partida) es el capital por excelencia [ϰατ ̓ ἐξοχήν]. Es además capital, especialmente respecto del proceso de producción, en la medida en que se cambia por trabajo vivo. En su cambio por mercancía (recompra de la materia prima, etc.) por el capitalista, en cambio, no aparece como capital, sino como medio de circulación; solo como mediación evanescente por la que el capitalista cambia su producto por sus elementos originarios. La circulación no es una operación meramente exterior para el capital. Así como solo llega a ser capital por el proceso de producción, en cuanto por él el valor se perpetúa y se multiplica, solo se reconvierte en la pura forma del valor (en la que se han borrado tanto las huellas del devenir como su existencia específica en el valor de uso) por el primer acto de la circulación, mientras que la repetición de este acto, i. e. del proceso vital [del capital], solo es posible por el 2.º acto de la circulación, que consiste en el cambio del dinero por las condiciones de producción y forma la introducción al acto de producción. La circulación pertenece, pues, al concepto del capital. Así como originariamente el dinero o el trabajo amontonado aparecía como presupuesto antes del cambio con el trabajo libre, pero la aparente autonomía del momento objetivo del capital frente al trabajo quedó superada, y el trabajo objetivado, que se autonomiza en el valor, apareció por todos lados como producto de trabajo ajeno, como el producto extrañado del propio trabajo, así ahora el capital aparece primero presupuesto a su circulación (el capital como dinero estaba presupuesto a su devenir capital; pero el capital como resultado del valor que ha absorbido y asimilado el trabajo vivo aparecía como punto de partida no de la circulación en general, sino de la circulación del capital), de modo que existiría de forma autónoma e indiferente incluso sin este proceso. Pero el movimiento de las metamorfosis por las que tiene que pasar aparece ahora como condición del proceso de producción mismo, tanto como su resultado. El capital en su realidad aparece, por tanto, como una serie de rotaciones en un período dado. Ya no es solo una rotación, una circulación, sino posición de rotaciones; posición del curso entero. Su poner valor aparece por eso condicionado (y solo como valor que se perpetúa y se multiplica es el valor capital): 1) cualitativamente, en cuanto no puede renovar la fase de producción sin recorrer las fases de la circulación; 2) cuantitativamente, en cuanto la masa de los valores que pone depende del número de sus rotaciones en un período dado; 3) en cuanto el tiempo de circulación aparece así, por ambos lados, como principio limitador, barrera del tiempo de producción, y viceversa. El capital es, pues, esencialmente capital circulante [capital circulant]. Si en el taller del proceso de producción el capital aparece como propietario y amo, por el lado de la circulación aparece como dependiente y determinado por una conexión social que, en el punto de vista en que todavía nos encontramos, le hace entrar y figurar alternativamente como M frente a D y como D frente a M en la circulación simple. Pero esta circulación es una niebla bajo la que se esconde todavía todo un mundo, el mundo de las conexiones del capital, que atan a él esta propiedad procedente de la circulación, procedente del intercambio social, y le roban la independencia de la propiedad que se sostiene a sí misma [selfsustaining property], así como su carácter. Dos vistas a este mundo, que todavía queda lejos, se han abierto ya, en los dos puntos en que la circulación del capital expulsa de su círculo el valor puesto por él en la forma del producto y puesto en circulación, y, en segundo lugar, el punto en que atrae de la circulación a su ciclo otro producto, al que convierte en uno de sus momentos de existencia. En el segundo punto presupone producción; no su propia producción inmediata; en el primero puede presuponer producción, si su producto es él mismo materia prima para otra producción, o consumo, si ha recibido la forma última para el consumo. Lo que está claro es que el consumo no necesita entrar directamente en su círculo. La circulación propiamente dicha del capital es todavía, como veremos más adelante, circulación entre comerciantes y comerciantes [between dealers and dealers]. La circulación entre comerciantes y consumidores, idéntica al comercio al por menor [retail trade], es un segundo círculo que no cae en la esfera inmediata de circulación del capital. Una órbita que describe después de haber descrito la primera, y a la vez junto a ella. La simultaneidad de las distintas órbitas del capital, como la de sus distintas determinaciones, solo se aclara en cuanto se presuponen muchos capitales. Así, el proceso vital del hombre consiste en recorrer distintas edades. Pero a la vez todas las edades del hombre existen unas junto a otras, repartidas entre distintos individuos. En la medida en que el proceso de producción del capital es a la vez un proceso tecnológico (proceso de producción sin más), a saber, producción de valores de uso determinados mediante un trabajo determinado, en suma, de un modo determinado por este fin mismo; en la medida en que, de todos estos procesos de producción, aparece como el más fundamental aquel por el que el cuerpo se reproduce el metabolismo necesario, es decir, crea medios de vida en sentido fisiológico; en la medida en que este proceso de producción coincide con la agricultura; en que esta proporciona además a la vez, directamente (como en el algodón, el lino, etc.) o indirectamente, por medio de los animales que alimenta (seda, lana, etc.), una gran parte de las materias primas para la industria (en realidad todas las que no pertenecen a las industrias extractivas); en la medida en que la reproducción en la agricultura, en la zona templada (la patria del capital), está ligada a la circulación telúrica general, es decir, en que las cosechas son en su mayoría de naturaleza anual, se toma el año (solo que se cuenta de modo distinto para las distintas producciones) como el período general sobre el que se calculan y se miden la suma de las rotaciones del capital; del mismo modo que la jornada natural de trabajo dio esta unidad natural como medida del tiempo de trabajo. En el cálculo de la ganancia, y más aún en el del interés, vemos entonces también puesta como tal, y midiéndose a sí misma, la unidad del tiempo de circulación y el de producción: el capital. El capital mismo, como en proceso (y por tanto como recorriendo una rotación), ||27| es considerado como el capital que trabaja, y los frutos que se supone que da [which it is supposed to yield] se calculan según su tiempo de trabajo, el tiempo global de curso de una rotación. La mistificación que se produce con ello está en la naturaleza del capital. Antes de entrar con más detalle en los reparos indicados más arriba, veamos primero qué diferencias señalan los economistas entre capital fijo y capital circulante. Ya hemos encontrado más arriba un momento nuevo que entra en el cálculo de la ganancia a diferencia de la plusvalía. Del mismo modo tiene que resultar ya ahora un momento nuevo entre ganancia e interés. La plusvalía respecto del capital circulante aparece evidentemente como ganancia, a diferencia del interés como plusvalía respecto del capital fijo. Ganancia e interés son ambos formas de la plusvalía. La ganancia, contenida en el precio. Termina, por tanto, y se realiza en cuanto el capital ha llegado al punto de su circulación en que se reconvierte en dinero o pasa de su forma de mercancía a la forma de dinero. La llamativa ignorancia en que descansa la polémica de Proudhon contra el interés, más adelante. (Aquí, una vez más, para no olvidarlo, a propósito de [ad vocem] Proudhon: la plusvalía [surplus value], que da tantos quebraderos de cabeza a todos los ricardianos y antirricardianos, la resuelve este audaz pensador sencillamente mistificándola: «todo trabajo deja un excedente», «lo pongo como axioma» [tout travail laisse un surplus, je le pose en axiome]…18 Buscar la fórmula exacta en el cuaderno. El que se trabaje más allá del trabajo necesario, Proudhon lo convierte en una propiedad mística del trabajo. Esto no se explica por el mero crecimiento de la fuerza productiva del trabajo; esta puede aumentar los productos de un tiempo de trabajo determinado; no puede darles una plusvalía [plus-value]. Solo entra aquí en la medida en que deja libre tiempo excedente [surplus time], tiempo para trabajar más allá del necesario. El único hecho extraeconómico en esto es que el hombre no necesita todo su tiempo para la producción de los artículos de primera necesidad [necessaries], que tiene a su disposición tiempo libre más allá del tiempo de trabajo necesario para la subsistencia, y que, por tanto, puede emplearlo también en plustrabajo. Pero esto no tiene absolutamente nada de místico, puesto que sus artículos de primera necesidad son reducidos en la misma medida que su fuerza de trabajo en estado bruto. Pero el trabajo asalariado solo aparece allí donde el desarrollo de la fuerza productiva ha avanzado ya tanto que ha quedado libre un quantum importante de tiempo; esta liberación es aquí ya producto histórico. La ignorancia de Proudhon solo la iguala la tasa de ganancia decreciente de Bastiat, que se supone equivalente a una tasa de salario creciente [décroissante rate du profit qui est supposé d'être l'équivalent d'une rate du salair croissante].19 Bastiat expresa doblemente este disparate tomado en préstamo de Carey: primero, la tasa de ganancia cae (es decir, la relación de la plusvalía con el capital empleado); segundo, los precios disminuyen, pero el valor, i. e. la suma global de los precios, se hace mayor, lo que tampoco quiere decir más sino que crece la ganancia bruta [gross profit], no la tasa de ganancia.)
En primer lugar, en el sentido de capital fijado que hemos empleado más arriba, John St. Mill (Essays on some unsettled Questions of Polit. Econ. Lond. 1844) (p. 55), como capital inmovilizado, no disponible, no utilizable [disposable, available]. Atascado en una fase de su proceso global de circulación. En este sentido dice con razón, como también Bailey20 en las citas de más arriba, que una gran parte del capital de un país está siempre ociosa.
«La diferencia entre capital fijo y circulante es más aparente que real: p. ej., el oro es capital fijo; flotante solo en la medida en que se consume para dorar, etc. Los barcos son capital fijo, aunque literalmente floten. Las acciones de ferrocarriles extranjeros son artículos de comercio en nuestros mercados; también pueden serlo nuestros ferrocarriles en los mercados del mundo; y en esa medida son capital flotante, a la par del oro.» (Anderson. The recent commercial distress etc. Lond. 1847, p. 4.) (Cuaderno I, 27.)
Según Say: capital «comprometido de tal modo en un género de producción que ya no puede desviarse de él para consagrarse a otro género de producción». La identificación del capital con un valor de uso determinado, valor de uso para el proceso de producción. Este estar ligado el capital como valor a un valor de uso particular (valor de uso dentro de la producción) es en todo caso un lado importante. Se dice en ello más que en la incapacidad de circular, con lo que en realidad solo se dice que el capital fijo es lo contrario del capital circulante.
En su Logic of Political Economy (p. 113-114) (Cuaderno X, 4) dice de Quincey:21 «Capital circulante, en su idea normal, significa cualquier agente, sea el que sea (¡bonito lógico!), empleado productivamente, que perece en el acto mismo de ser usado. (Según esto, el carbón y el aceite serían capital circulante, pero no el algodón, etc. No puede decirse que el algodón perezca al transformarse en hilo o en calicó, ¡y semejante transformación significa ciertamente usarlo productivamente!) El capital es fijo cuando la cosa sirve repetidamente, una y otra vez, para la misma operación, y cuanto mayor ha sido el número de iteraciones, tanto más intensamente tiene derecho la herramienta, la máquina o la maquinaria a la denominación de fijo.» (p. 113-114.) (Cuaderno X, 4.) Según esto, el capital circulante perecería, se consumiría en el acto de la producción; el fijo (que, para mayor claridad, se determina como herramienta, máquina o maquinaria, excluyendo, pues, p. ej., las mejoras incorporadas al suelo) serviría repetidamente siempre para la misma operación. La distinción solo tiene aquí relación con una diferencia tecnológica en el acto de producción, en absoluto relación de forma. El capital circulante y el fijo, en las diferencias que aquí se les atribuyen, tienen sin duda rasgos por los que un agente cualquiera es fijo y otro circulante, pero ninguno de ellos tiene cualidad alguna que le dé derecho a la «denominación» de capital.
Según Ramsay (IX, 83-84), «solo el aprovisionamiento [approvisionnement] es capital circulante, porque el capitalista tiene que desprenderse de él inmediatamente y no entra en absoluto en el proceso de reproducción, sino que se cambia inmediatamente por trabajo vivo, para el consumo. Todo el resto del capital (también la materia prima) permanece en posesión de su propietario o empleador hasta que el producto está terminado». (l. c.) «El capital circulante consiste solo en la subsistencia y otros artículos necesarios adelantados al trabajador antes de que esté terminado el producto de su trabajo.» (l. c.) Respecto del aprovisionamiento tiene razón en cuanto es la única parte del capital que circula durante la fase de producción misma, y por este lado es capital circulante por excelencia. Por otro lado, es falso que el capital fijo permanezca en posesión de su propietario o empleador no más tiempo, o solo tanto tiempo, como «hasta que el producto está terminado». Por eso explica también más adelante el capital fijo como «cualquier porción de aquel trabajo (empleado en cualquier mercancía) en una forma en la que, aunque ayude a producir la mercancía futura, no mantiene al trabajo». (¡Pero cuántas mercancías no mantienen al trabajo! Es decir, no forman parte de los artículos de consumo del obrero. Todas estas serían, según Ramsay, capital fijo.)
(Si el interés de 100 l. al final del primer año o de los 3 primeros meses es 5 l., el capital al final del primer año es 105 o 100 (1 + 0,05); al final del 4.º año = 100 (1 + 0,05)4 = 121 l. 55/100 l. y 1/1600 l. = 121 l. 11 sh. 3/5 farth. o 121 l. 11 sh. 0,6 farthing. Por tanto, por encima de 20, 1 l. 11 sh. 6/10 farthing.)|
|28| (En la cuestión planteada más arriba se suponía que, por un lado, un capital de 400 solo rota una vez al año y, por otro, [un capital de 100] 4 veces, ambas veces al 5 por ciento. En el primer caso, el capital haría una vez al año un 5 % = 20 sobre 400; en el segundo, 4 × 5 %, igualmente = 20 al año sobre 100. La velocidad de la rotación sustituiría la magnitud del capital; exactamente igual que en la simple circulación del dinero 100000 táleros que circulan 3 veces al año = 300000, pero 3000 que circulan 100 veces = 300000 también. Pero si el capital circula 4 × al año, es posible que también la plusganancia misma se sume al capital en la 2.ª rotación y rote con él, y de ahí vendría la diferencia de 1 l. 11 sh. 0,6 farthing. Pero esta diferencia no se sigue en modo alguno del supuesto. Solo existe la posibilidad abstracta. Del supuesto se seguiría más bien que se necesitan 3 meses para la rotación de un capital de 100 l. Así pues, si p. ej. el mes = 30 días, para 105 l., en la misma relación de rotación, en la misma relación del tiempo de rotación con la magnitud del capital, no se necesitan 3 meses, sino 100 : x = 100 : 90;22 x = 90 × 105/100 = 9450/100 = 94 5/10 días = 3 meses 4 1/2 días. Con ello queda completamente resuelta la primera dificultad.)
(De que un capital mayor con rotación más lenta no cree más plusvalía que uno menor con curso relativamente más rápido no se sigue en modo alguno por sí solo que un capital menor circule más deprisa que uno mayor. En la medida en que el mayor consiste en más capital fijo y tiene que buscar mercados más lejanos, ese es sin duda el caso. La magnitud del mercado y la velocidad del curso no están necesariamente en razón inversa. Esto solo ocurre en cuanto el mercado físico presente no es el mercado económico; es decir, en cuanto el mercado económico se aleja cada vez más del lugar de producción. Por lo demás, en la medida en que no se desprenden de la pura diferencia entre capital fijo y circulante, los momentos que determinan la circulación de los distintos capitales no pueden desarrollarse todavía aquí en absoluto. Dicho sea de paso: en la medida en que el comercio pone nuevos puntos de circulación, i. e. pone en intercambio a distintos países, descubre nuevos mercados, etc., es algo completamente distinto de los meros costes de circulación que se emplean para efectuar una masa determinada de operaciones de cambio; es posición no de las operaciones del cambio, sino del cambio mismo. Creación de mercado. Este punto habrá que considerarlo todavía aparte, antes de que hayamos terminado con la circulación.)
Continuemos ahora con la revisión de las opiniones sobre el «capital fijo» y el «capital circulante» [fixed, circulating capital]. «Según que el capital sea más o menos perecedero, y por tanto tenga que reproducirse más o menos a menudo en un tiempo dado, se llama capital circulante o fijo. Además, el capital circula o retorna a quien lo emplea en tiempos muy desiguales; p. ej., el trigo que el arrendatario compra para la siembra es capital relativamente fijo frente al trigo que compra un panadero para hacer pan.» (Ricardo VIII, 19.) Luego observa también: «Distintas proporciones de capital fijo y circulante en distintos oficios; distinta durabilidad del capital fijo mismo.» (Ricardo l. c.) «Dos clases de comercio pueden emplear un capital del mismo valor, pero que puede estar dividido de un modo muy distinto por lo que respecta a la parte fija y a la parte circulante. Pueden incluso emplear un valor igual de capital fijo y de capital circulante, pero la duración del capital fijo puede ser muy desigual. P. ej., uno, máquinas de vapor por valor de 10000 l., el otro, barcos.» (Esto, de la traducción de Ricardo por Say, t. I, p. 29, 30.) Lo erróneo, desde el principio, es que según Ricardo el capital haya de ser «más o menos perecedero». El capital como capital no es perecedero: el valor. Pero el valor de uso en que el valor está fijado, en que existe, es «más o menos perecedero» y tiene que «reproducirse más o menos a menudo en un tiempo dado». La diferencia entre capital fijo y capital circulante queda aquí reducida, pues, al más o al menos de la necesidad de reproducción para un capital dado, en un tiempo dado. Esta es una de las diferencias que hace Ricardo. Los distintos grados de durabilidad, o distintos grados del capital fijo, es decir, distintos grados, duración relativa de lo relativamente fijo, es la 2.ª diferencia. De modo que el capital fijo mismo es más o menos fijo. El mismo capital aparece en el mismo negocio en las 2 formas distintas, modos particulares de existencia de fijo y circulante; existe, por tanto, doblemente. Ser fijo o circulante aparece como una determinidad particular del capital además de la de ser capital. Pero tiene que avanzar hasta esta particularización. Por lo que [respecta], por último, a la 3.ª diferencia, «que el capital circula o retorna en tiempos muy desiguales», Ricardo entiende por ello, como muestra su ejemplo del panadero y el arrendatario, nada más que la diferencia del tiempo en que el capital, en distintas ramas de negocio, según su especialidad, está fijado, comprometido, en la fase de producción, a diferencia de la fase de circulación. Aquí aparece, pues, el capital fijo tal como antes lo teníamos, como estar fijado en cada fase; solo que el estar fijado específicamente más o menos tiempo en la fase de producción, en esta fase determinada, se considera como algo que pone una peculiaridad, una particularidad del capital. El dinero intentaba ponerse como valor imperecedero, como valor eterno, comportándose negativamente respecto de la circulación, es decir, respecto del cambio con la riqueza real, con las mercancías perecederas, que, como describe Petty muy bonitamente y con mucha ingenuidad,23 se resuelven en disfrutes perecederos. En el capital, la imperecibilidad del valor queda puesta (hasta cierto punto [to a certain degree]) en cuanto, si bien se encarna en las mercancías perecederas, toma su figura, la cambia también constantemente; alterna entre su figura eterna en el dinero y su figura perecedera en las mercancías; la imperecibilidad queda puesta como lo único que puede ser: caducidad que caduca, proceso, vida. Pero esta capacidad el capital solo la obtiene sorbiendo constantemente, como un vampiro, el trabajo vivo como alma. La imperecibilidad, la duración del valor en su figura de capital, solo está puesta por la reproducción, que es a su vez doble: reproducción como mercancía, reproducción como dinero, y unidad de estos dos procesos de reproducción. En la reproducción como mercancía, el capital está fijado en una forma determinada del valor de uso, y así no es valor de cambio general, ni menos aún valor realizado, como debe ser. Que se ha puesto como tal en el acto de reproducción, en la fase de producción, solo lo acredita por la circulación. La mayor o menor caducidad de la mercancía en que ||29| existe el valor exige una reproducción más lenta o más rápida de este; es decir, la repetición del proceso de trabajo. La naturaleza particular del valor de uso en que existe el valor, o que aparece ahora como cuerpo del capital, aparece aquí como algo que determina ella misma la forma y determina la acción del capital; que da a un capital una propiedad particular frente al otro; que lo particulariza. Como ya vimos en varios casos, nada es, pues, más falso que pasar por alto que la distinción entre valor de uso y valor de cambio, que en la circulación simple, en la medida en que se realiza, cae fuera de la determinación formal económica, no cae fuera de ella en general. Encontramos más bien, en los distintos estadios del desarrollo de las relaciones económicas, el valor de cambio y el valor de uso determinados en relaciones distintas, y esta determinidad misma apareciendo como determinación distinta del valor como tal. El valor de uso desempeña él mismo un papel como categoría económica. Dónde lo desempeña se desprende del propio desarrollo. Ricardo, p. ej., que cree que la economía burguesa trata solo del valor de cambio y solo se refiere exotéricamente al valor de uso, toma precisamente las determinaciones más importantes del valor de cambio del valor de uso, de su relación con él: p. ej., la renta del suelo, el mínimo del salario, la diferencia entre capital fijo y circulante, a la que él precisamente atribuye la influencia más importante en la determinación de los precios (por la distinta reacción que produce en ellos una subida o una bajada de la tasa de los salarios); igualmente en la relación de demanda y oferta, etc. La misma determinación aparece una vez en la determinación del valor de uso y otra en la del valor de cambio, pero en estadios distintos y con distinto significado. Usar es consumir, sea para la producción o para el consumo. Cambiar es este acto mediado por un proceso social. El usar mismo puede estar puesto y ser mera consecuencia del cambiar; por otro lado, el cambiar puede aparecer como mero momento del usar, etc. Desde el punto de vista del capital (en la circulación), el cambiar aparece como posición de su valor de uso, mientras que, por otro lado, su usar (en el acto de producción) aparece como poner para el cambio, como posición de su valor de cambio. Lo mismo ocurre con la producción y el consumo. En la economía burguesa (como en cualquiera) están puestos en diferencias específicas y en unidades específicas. Se trata precisamente de entender esta diferencia específica [differentia specifica]. Con [la afirmación] del señor Proudhon o de los socialsentimentales de que son lo mismo no se ha hecho nada. Lo bueno de la explicación de Ricardo es que se destaca, para empezar, el momento de la necesidad de la reproducción más rápida o más lenta; que, por tanto, la mayor o menor caducidad (el consumo, en el sentido de consumirse a sí mismo, más lento o más rápido) se considera en relación con el capital mismo. Es decir, relación del valor de uso para el capital mismo. Sismondi, en cambio, introduce enseguida una determinación de entrada exotérica al capital: el consumo directo o indirecto por el hombre; si el objeto es para él medio de vida directo o indirecto; con ello junta el consumo más rápido o más lento del objeto mismo. Los objetos que sirven directamente como medios de vida son más perecederos, porque están destinados a perecer, que los que ayudan a hacer medios de vida. En estos últimos, la duración es su destino; su caducidad, fatum. Dice: «El capital fijo, indirectamente, se consume lentamente para ayudar a consumir lo que el hombre destina a su uso; el capital circulante no deja de aplicarse directamente al uso del hombre. Cada vez que una cosa se ha consumido, lo está para alguien sin retorno [sans retour]; al mismo tiempo puede haber alguien para quien está consumida con reproducción.» (Sismondi VI.) Presenta también la relación de este modo: «la primera transformación del consumo anual en establecimientos duraderos, propios para aumentar los poderes productivos de un trabajo futuro [établissements durables, propres à augmenter les pouvoirs productifs d'un travail à venir]: capital fijo; este primer trabajo, realizado siempre por un trabajo representado por un salario, cambiado por medios de vida que el obrero consume durante el trabajo. El capital fijo se consume poco a poco (i. e. se desgasta poco a poco). Segunda transformación: el capital circulante consiste en simiente del trabajo (materia prima) y en el consumo del obrero.» (l. c.) Esto se refiere más bien a la génesis. En primer lugar, la transformación: que el capital fijo mismo no es más que una forma estacionaria del capital circulante, capital circulante fijado; en segundo lugar, la determinación: uno, destinado a consumirse como medio de producción; el otro, como producto; o el distinto modo de consumo de este, determinado por su papel entre las condiciones de producción, en el proceso de producción. Cherbuliez simplifica la cosa diciendo que el capital circulante es la parte consumible [consommable] del capital, y el capital fijo, la parte no consumible. (Una se puede comer, la otra no. Un método muy fácil de tomar la cosa.) Storch, en un pasaje ya citado más arriba (34 en el cuaderno), reivindica para el capital circulante en general la determinación del capital de circular. Se refuta a sí mismo cuando dice: «todo capital fijo procede originariamente de un capital circulante y necesita mantenerse continuamente a expensas de este último (procede, pues, de la circulación, o es él mismo circulante en su primer momento y se renueva constantemente por medio de la circulación; así pues, aunque él no entre en la circulación, la circulación entra en él). Lo que Storch añade además: ningún capital fijo puede dar rédito sino por medio de un capital circulante» (26, b cuaderno), volveremos sobre ello más adelante.
❲«Los consumos reproductivos no son propiamente gastos, sino solo adelantos, puesto que se reembolsan a quienes los hacen.» p. 54 del escrito de Storch contra Say (p. 5b. Segundo cuaderno sobre Storch).24 (El capitalista devuelve al obrero una parte de su propio plustrabajo en la forma del adelanto [avance], como algo por cuyo adelanto este tiene que reembolsarle no solo con un equivalente, sino con plustrabajo.)❳
(La fórmula del cálculo del interés compuesto es: [S = c(1 + i)n]. (S, la cuantía global del capital c al cabo de n años al tipo de interés i.)
La fórmula del cálculo de la anualidad [annuity] es: x (la anualidad) = c (1 + i)n/[1 + (1 + i) + (1 + i)2+ ... + (1 + [i])n-1].)25 Más arriba hemos dividido el capital en valor constante y variable; esto es siempre correcto cuando se lo considera dentro de la fase de producción, i. e. en su proceso de valorización inmediato. Cómo el capital mismo, como valor presupuesto, puede cambiar su valor según suban o bajen sus costes de reproducción, o también a consecuencia de la caída de las ganancias, etc., pertenece evidentemente a la sección en que el capital se considera como capital real, como acción recíproca de muchos capitales entre sí, no aquí, a su concepto general.
❲La competencia, puesto que aparece históricamente como disolución de la coacción gremial, de la reglamentación gubernamental, de las aduanas interiores y cosas por el estilo dentro de un país, y en el mercado mundial como supresión del aislamiento, de la prohibición o de la protección; en resumen, puesto que aparece históricamente como negación de los límites y barreras propios de las fases de producción que precedieron al capital; puesto que fue designada y ||30| defendida, históricamente con toda razón, por los fisiócratas como «dejad hacer, dejad pasar» [laissez faire, laissez passer], por eso se la ha considerado también solo desde este lado meramente negativo, desde este su lado meramente histórico, y ello ha llevado por otra parte a la necedad todavía mayor de considerarla como el choque de los individuos desencadenados, determinados solo por sus propios intereses, como repulsión y atracción de los individuos libres en su relación recíproca, y así como la forma de existencia absoluta de la individualidad libre en la esfera de la producción y del cambio. Nada puede ser más falso. 1) Si la libre competencia ha disuelto las barreras de relaciones y modos de producción anteriores, hay que considerar ante todo [d'abord] que lo que para ella era barrera era para modos de producción anteriores límite inmanente, dentro del cual se desarrollaban y se movían de acuerdo con su naturaleza. Estos límites solo se convierten en barreras después de que las fuerzas productivas y las relaciones de intercambio se han desarrollado lo bastante para que el capital como tal pudiera empezar a presentarse como el principio regulador de la producción. Los límites que derribó eran barreras para su movimiento, su desarrollo, su realización. Con ello no suprimió en modo alguno todos los límites ni todas las barreras, sino solo los límites que no se correspondían con él, que para él eran barreras. Dentro de sus propios límites —por mucho que desde un punto de vista superior aparezcan como barreras de la producción y sean puestos como tales por su propio desarrollo histórico— se siente libre, sin barreras, es decir, limitado solo por sí mismo, solo por sus propias condiciones de vida. Exactamente igual que la industria gremial en su época de esplendor encontraba en la organización gremial plenamente la libertad que necesitaba, es decir, las relaciones de producción que se le correspondían. Era ella misma, en efecto, la que las ponía a partir de sí y las desarrollaba como sus condiciones inmanentes, y por tanto en modo alguno como barreras exteriores y opresivas. El lado histórico de la negación del sistema gremial, etc., por parte del capital mediante la libre competencia no significa otra cosa sino que el capital, suficientemente fortalecido, derribó, mediante el modo de intercambio adecuado a él, las barreras históricas que estorbaban y frenaban el movimiento adecuado a él. Pero la competencia está muy lejos de tener solo este significado histórico o de ser solo esto negativo. La libre competencia es la relación del capital consigo mismo como otro capital, es decir, el comportamiento real del capital en cuanto capital. Las leyes internas del capital —que en las fases históricas previas de su desarrollo aparecen solo como tendencias— solo ahora son puestas como leyes; la producción fundada en el capital solo se pone en sus formas adecuadas en tanto y en la medida en que se desarrolla la libre competencia, pues esta es el libre desarrollo del modo de producción fundado en el capital; el libre desarrollo de sus condiciones y de su proceso, que reproduce constantemente estas condiciones. En la libre competencia no son los individuos los que son puestos en libertad, sino el capital. Mientras la producción que descansa en el capital es la forma necesaria, y por tanto la más apropiada, para el desarrollo de la fuerza productiva social, el moverse de los individuos dentro de las condiciones puras del capital aparece como su libertad; libertad que entonces se asegura también dogmáticamente como tal mediante la constante reflexión sobre las barreras derribadas por la libre competencia. La libre competencia es el desarrollo real del capital. Por ella se pone como necesidad exterior para el capital singular lo que corresponde a la naturaleza del capital [, del] modo de producción fundado en el capital, lo que corresponde al concepto del capital. La coacción recíproca que en ella ejercen los capitales unos sobre otros, sobre el trabajo, etc. (la competencia de los obreros entre sí es solo otra forma de la competencia de los capitales), es el desarrollo libre y a la vez real de la riqueza como capital. Hasta tal punto es así, que los pensadores económicos más profundos, como Ricardo, por ejemplo, presuponen el dominio absoluto de la libre competencia para poder estudiar y formular las leyes adecuadas del capital, que a la vez aparecen como las tendencias vitales que lo dominan. Pero la libre competencia es la forma adecuada del proceso productivo del capital. Cuanto más desarrollada está, tanto más puras salen a la luz las formas de su movimiento. Lo que Ricardo, por ejemplo, ha confesado con ello a su pesar [malgré lui] es la naturaleza histórica del capital y el carácter limitado de la libre competencia, que es precisamente solo el movimiento libre de los capitales, es decir, su movimiento dentro de condiciones que no pertenecen a fases previas disueltas, sino que son sus propias condiciones. El dominio del capital es el presupuesto de la libre competencia, exactamente igual que el despotismo imperial romano era el presupuesto del libre «derecho privado» romano. Mientras el capital es débil, busca él mismo todavía las muletas de modos de producción pasados o que pasan con su aparición. En cuanto se siente fuerte, tira las muletas y se mueve de acuerdo con sus propias leyes. En cuanto empieza a sentirse y a saberse él mismo como barrera del desarrollo, se refugia en formas que, pareciendo consumar el dominio del capital mediante el freno de la libre competencia, son a la vez las anunciadoras de su disolución y de la disolución del modo de producción que descansa en él. Lo que está en la naturaleza del capital solo es sacado realmente afuera, como necesidad exterior, mediante la competencia, que no es otra cosa sino que los muchos capitales se imponen unos a otros, y se imponen a sí mismos, las determinaciones inmanentes del capital. Ninguna categoría de la economía burguesa, [ni siquiera] la primera, por ejemplo la determinación del valor, se hace por eso realmente efectiva [más que] mediante la libre competencia; es decir, mediante el proceso real del capital, que aparece como acción recíproca de los capitales unos sobre otros y de todas las demás relaciones de producción y de intercambio determinadas por el capital. De ahí, por otra parte, lo insulso de considerar la libre competencia como el último desarrollo de la libertad humana, y la negación de la libre competencia = negación de la libertad individual y de la producción social fundada en la libertad individual. Es precisamente solo el libre desarrollo sobre una base limitada: la base del dominio del capital. Este tipo de libertad individual es, por tanto, a la vez la supresión más completa de toda libertad individual y el sometimiento completo de la individualidad a condiciones sociales que adoptan la forma de poderes cósicos, más aún, de cosas prepotentes, de cosas independientes de los propios individuos que se relacionan entre sí. El desarrollo de lo que es la libre competencia es la única respuesta racional a su glorificación por los profetas de la clase media [middle class] o a su demonización por los socialistas. Cuando se dice que dentro de la libre competencia los individuos, siguiendo puramente su interés privado, realizan el interés comunitario, o más bien [rather] el general, esto no quiere decir otra cosa sino que, bajo las condiciones de la producción capitalista, presionan unos sobre otros, y que por eso su choque mismo es solo la regeneración de las condiciones bajo las cuales tiene lugar esta acción recíproca. Por lo demás, en cuanto desaparece la ilusión sobre la competencia como la supuesta forma absoluta de la individualidad libre, esto es una prueba de que las condiciones de la competencia, es decir, de la producción fundada en el capital, ya se sienten y se piensan como barreras, y que por eso ya lo son y lo van siendo cada vez más. La afirmación de que la libre competencia = última forma del desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, de la libertad humana no quiere decir otra cosa sino que el dominio de la clase media es el fin de la historia universal; pensamiento ciertamente agradable para los advenedizos de anteayer.❳|
|31| Antes de seguir adelante con la revisión de las opiniones sobre el capital fijo [capital fixe] y el capital circulante [capital circulant], volvamos por un momento a lo desarrollado anteriormente.
Supongamos por el momento que el tiempo de producción y el tiempo de trabajo coinciden. El caso en que, dentro de la propia fase de producción, se producen interrupciones condicionadas por el proceso tecnológico lo examinaremos más adelante.
Supongamos que la fase de producción de un capital sea igual a 60 jornadas de trabajo; de ellas, 40 sean tiempo de trabajo necesario. Entonces, según la ley desarrollada anteriormente, la plusvalía, o el valor nuevamente puesto por el capital, es decir, el tiempo de trabajo ajeno apropiado, = 60 ‒ 40; = 20. Llamemos S a esta plusvalía (= 20); p a la fase de producción, o al tiempo de trabajo empleado durante la fase de producción. En un período de tiempo que queremos llamar Z —de 360 días, por ejemplo— el valor global no puede ser nunca mayor que el número de fases de producción que está contenido en 360. El mayor coeficiente de S —es decir, el máximo de la plusvalía que el capital puede crear bajo los presupuestos dados— es igual al número de veces que se repite la creación de S en 360 días. El límite extremo de esta repetición, de la reproducción del capital o, más bien, ahora, de la reproducción de su proceso de producción, está determinado por la relación entre el período de producción y el período de tiempo global en el que el primero ha de repetirse. Si el tiempo dado es = 360 días y la duración de la producción = 60 días, entonces 360/60 o Z/p, es decir, 6, es el coeficiente que indica cuántas veces está contenido p en Z o cuántas veces, de acuerdo con sus propios límites inmanentes, puede repetirse el proceso de reproducción del capital en 360 días. Se entiende por sí mismo que el máximo de la creación de S, es decir, de la posición de plusvalía, está dado por el número de procesos en los que S puede producirse en una duración de tiempo dada. Z/p expresa esta relación. El cociente de Z/p, o q, es el mayor coeficiente de S en el tiempo de 360 días, en general en Z. SZ/p o Sq es el máximo del valor. Si Z/p = q, entonces Z = pq; es decir, toda la duración de Z sería tiempo de producción; la fase de producción p se repetiría tantas veces como está contenida en Z. La creación global de valor del capital en un tiempo determinado sería = al plustrabajo que se apropia en Una fase de producción × por el número de veces que esta fase de producción está contenida en el tiempo dado. Así pues, en el ejemplo anterior, = 20 ⋅ 360/60 = 20 × 6 = 120 días. q, es decir, Z/p, expresaría el número de rotaciones del capital; pero, como Z = pq, sería p = Z/q; es decir, la duración de Una fase de producción sería igual al tiempo global dividido por el número de rotaciones. Una fase de producción del capital sería, pues, igual a una rotación del mismo. Tiempo de rotación y tiempo de producción serían completamente idénticos; el número de rotaciones estaría, por tanto, determinado exclusivamente por la relación de Una fase de producción con el tiempo global. Pero en este supuesto el tiempo de circulación está puesto = 0. Ahora bien, tiene una magnitud determinada, que nunca puede llegar a ser = 0. Supón ahora que a 60 días de tiempo de producción o a 60 días de producción les corresponden 30 días de circulación; llama c a este tiempo de circulación que corresponde a p. En este caso, una rotación del capital, es decir, el tiempo global que necesita antes de poder repetir el proceso de valorización —la posición de plusvalía—, sería = 30 + 60, = 90 días (= p + c) (1 U (rotación [Umschlag]) = p + c). Una rotación de 90 días solo puede repetirse en 360 días 360/90 veces; i. e., 4 veces. La plusvalía de 20 solo podría ponerse, pues, 4 veces; 20 × 4 = 80. En 60 días el capital produce 20 días excedentes; pero tiene que circular 30 días; es decir, durante estos 30 días no puede poner plustrabajo ni plusvalía. Para él es lo mismo (considerado el resultado) que si en 90 días hubiera puesto solo una plusvalía de 20 días. Si antes el número de cursos [Umläufe] estaba determinado por Z/p, ahora está determinado por Z/p + c o Z/U; el máximo del valor era SZ/p; la plusvalía realmente puesta ahora es SZ/p + c; (20 ⋅ 360/60 + 30 = 20 ⋅ 360/90 = 20 × 4 = 80). El número de rotaciones es, pues, = al tiempo global dividido por la suma del tiempo de producción y el tiempo de circulación, y el valor global = S multiplicado por el número de rotaciones. Pero esta expresión no nos basta todavía para expresar las relaciones entre plusvalía, tiempo de producción y tiempo de circulación.
El máximo de la creación de valor está contenido en la fórmula SZ/p; el limitado por el tiempo de circulación, en SZ/p + c (o SZ/U); si restamos el 2.º quantum del primero, entonces SZ/p‒SZ/p+c = SZ(p+c)‒SZ(p)/p(p+c) = SZp+SZc‒SZp/p(p+c) = SZc/p(p + c).
Obtenemos entonces, pues, como diferencia SZc/p(p + c) o SZ/p × c/p + c ⋅ SZ/p + c o S′, como podemos llamar al valor en la segunda determinación, S′ = SZ/p ‒ SZ/p × c/p + c. Antes de seguir interpretando esta fórmula, hay que introducir otras.
Si llamamos q′ al cociente de Z/p + c, q′ expresa el número de veces que U = (p + c) está contenido en Z, el número de rotaciones. Z/p + c = q′; por tanto, Z = pq′ + cq′. pq′ expresa entonces el tiempo de producción global y cq′ el tiempo de circulación global.
Llamemos C al tiempo de circulación global (así pues, cq′ = C). (Z (360) = 4 × 60 (240) + 4 × 30 (120).) q′ = 4 en el supuesto. C = cq′ = 4c; siendo 4 = el número de rotaciones. Vimos antes que el máximo de la creación de valor = SZ/p; pero en ese caso Z estaba puesto = tiempo de producción. Ahora bien, el tiempo de producción real es ahora Z - cq′; como se sigue también de la ecuación. Z = pq′ (tiempo de producción global) + cq′ (tiempo de circulación global o C). Por tanto, Z ‒ C = pq′. Por tanto, S Z ‒ C/p es el máximo de la creación de valor. Puesto que el tiempo de producción no son 360 días, sino 360 días ‒ cq′, i. e. ‒ 4 × 30 ‒ 120; por tanto, 20(360 ‒ 120/60); 20 × 240/60 = 80.|
|32| Por lo que respecta, finalmente, a la fórmula S′ = SZ/p ‒ SZ/p × c/p + c (360 × 20/60 ‒ 20 × 360/60 × 30/30 + 60 = 120 ‒ 120 × 30/90 = 6 × 20 ‒ 6 × 20 3/9 = 20 × 6 ‒ 20 × 6 1/3 o = 120 ‒ 120 × 1/3 = 120 ‒ 40 = 80), dice que el valor es igual al máximo del valor, es decir, al valor determinado meramente por la relación del tiempo de producción con el tiempo global, menos el número que expresa cuántas veces está contenido el tiempo de circulación en este máximo, y este número es el máximo mismo multiplicado por el número de veces que una rotación está contenida en c, en el tiempo de circulación que corresponde a una rotación, o dividido por el número que expresa cuántas veces está contenido c en c + p o C en Z. Si c fuera = 0, S′ sería = SZ/p y estaría en su máximo. S′ se hace más pequeño en la misma medida en que crece c, está en relación inversa con él, pues en la misma medida crece el factor c/p + c y el número que hay que restar de SZ/p, el valor máximo, SZ/p × c/p + c o SZ/p × c/U. c/p + c = c/U. c/U expresa la relación del tiempo de circulación con Una rotación del capital. Si multiplicamos numerador y denominador por q′, entonces cq′/(c + p)q′ = C/Z. (c/p + c = 30/30 + 60 = 1/3.) c/p + c o 1/3 expresa la relación del tiempo de circulación con el tiempo global, pues 360/3 = 120. El curso (c + p) está contenido en c c/p + c o 1/3 (C/Z o) [veces].
Tenemos, pues, las 3 fórmulas:
S′ = SZ/p+c = SZ/U; 2) S′ = S(Z ‒ C)/p;
S′ = SZ/p ‒ (SZ/p × c/p+c) = S (Z/p ‒ Z/p × c/p+c).
Así pues: Sq : S′ = SZ/p : S(Z ‒ C)/p; o Sq : S′ = Z : (Z ‒ C). El máximo del valor es al valor real como un período de tiempo dado es a este período de tiempo menos el tiempo de circulación global. O también Sq : S′ = (pq′ : cq′) : (pq′ + cq′ ‒ cq′), i. e. = (p + c) : p.
Sobre 3) [ad 3)] S′ = SZ/p ‒ (SZ/p × c/p + c) = S (Z/p ‒ Z/p × c/p + c) o, como Z/p = q,
S′ = S(q ‒ q ⋅ c/p + c) = S(q ‒ qc/U). La plusvalía global es, pues, = a la plusvalía puesta en una fase de producción, cuyo coeficiente es el número de veces que el tiempo de producción está contenido en el tiempo global menos el número de veces que el tiempo de circulación de una rotación está contenido en este último número.
S(q ‒ qc/U) = Sq(1 ‒ 1c/U) = Sq (U ‒ c/U) = Sqp/U = SZ/p + c, que es la primera fórmula. Así, la fórmula 3 … la fórmula 1) dice: la plusvalía global es igual a la plusvalía de una fase de producción multiplicada por el tiempo global, dividido por el tiempo de rotación, o multiplicada por el número de veces que la suma del tiempo de producción y el tiempo de circulación está contenida en el tiempo global.
Fórmula 2: El valor global es igual a la plusvalía multiplicada por el tiempo global menos el tiempo de circulación global, dividido por la duración de una fase de producción.
(En la competencia, la ley fundamental que se desarrolla, a diferencia de la establecida sobre el valor y la plusvalía, es que el valor está determinado no por el trabajo contenido en él, o por el tiempo de trabajo en que se ha producido, sino por el tiempo de trabajo en que puede producirse, o por el tiempo de trabajo necesario para la reproducción. Solo así el capital singular queda realmente [realiter] situado en las condiciones del capital en general, aunque tiene la apariencia de que la ley originaria se ha derribado. Pero solo así está puesto el tiempo de trabajo necesario como determinado por el movimiento del propio capital. Esta es la ley fundamental de la competencia. Demanda, oferta, precio (costes de producción) son determinaciones formales ulteriores; el precio como precio de mercado; o el precio general. Luego la posición de una tasa general de ganancia. A consecuencia del precio de mercado, los capitales se distribuyen entonces entre distintas ramas. Reducción de los costes de producción, etc. En resumen, aquí todas las determinaciones aparecen invertidas respecto de lo que son en el capital en general. Allí el precio determinado por el trabajo, aquí el trabajo determinado por el precio, etc., etc. La acción de los capitales singulares unos sobre otros hace precisamente que tengan que comportarse como capital; la acción aparentemente independiente de los singulares y su choque desordenado es precisamente la posición de su ley general. El mercado recibe aquí todavía otro significado. La acción de los capitales como singulares unos sobre otros se convierte así precisamente en su posición como generales y en la supresión de la independencia aparente y de la existencia autónoma de los singulares. Esta supresión tiene lugar todavía más en el crédito. Y la forma extrema a la que llega la supresión, pero que es a la vez la posición última [ultimate Setzen] del capital en la forma adecuada a él, es el capital por acciones.) (Demanda, oferta, precio, costes de producción, oposición entre ganancia e interés, distintas relaciones [relations] entre valor de cambio y valor de uso, consumo y producción.)
Hemos visto, pues, que la plusvalía que el capital puede poner en un período de tiempo determinado está determinada por el número de veces que puede repetirse el proceso de valorización, o reproducirse el capital, en un período de tiempo determinado; pero que el número de estas reproducciones está determinado por la relación de la duración de la fase de producción no con el período de tiempo global, sino con este tiempo global menos el tiempo de circulación. El tiempo de circulación aparece, pues, como tiempo en el que la ||33| capacidad del capital de reproducirse a sí mismo, y por tanto de reproducir la plusvalía, está suprimida. Su productividad —es decir, su creación de plusvalías— está, pues, en relación inversa con el tiempo de circulación, y alcanzaría el máximo si este cayera a 0. La circulación, puesto que es el recorrido del capital a través de los distintos momentos, determinados conceptualmente, de su metamorfosis necesaria —de su proceso vital—, es condición indispensable para el capital, condición puesta por su propia naturaleza. En la medida en que este recorrido cuesta tiempo, este tiempo es tiempo en el que el capital no puede aumentar su valor, porque es tiempo de no producción, tiempo en el que no se apropia el trabajo vivo. Este tiempo de circulación nunca puede, pues, aumentar el valor creado por el capital, sino solo poner tiempo que no pone valor, y por tanto aparecer como barrera del aumento de valor, en la misma proporción en que está respecto del tiempo de trabajo. Este tiempo de circulación no puede contarse en el tiempo creador de valor, pues este es solo tiempo de trabajo que se objetiva en el valor. No pertenece a los costes de producción del valor, y tampoco a los costes de producción del capital; pero es condición que dificulta su autorreproducción. Los obstáculos que encuentra el capital para valorizarse —es decir, para apropiarse trabajo vivo— no constituyen, naturalmente, ningún momento de su valorización, de su posición de valor. Por eso es ridículo tomar aquí los costes de producción en el sentido primitivo. O bien tenemos que separar los costes de producción, como forma particular, del tiempo de trabajo que se objetiva en el valor (como tenemos que separar la ganancia de la plusvalía). Pero, incluso entonces, el tiempo de circulación no pertenece a los costes de producción del capital en el mismo sentido que el salario, etc.; sino que es una partida [item] que entra en cuenta en la liquidación de los capitales singulares entre sí, porque estos se reparten la plusvalía según determinadas proporciones generales. El tiempo de circulación no es tiempo en el que el capital crea valor, sino en el que realiza el valor creado en el proceso de producción. No aumenta su cantidad, sino que lo pone en otra determinación formal correspondiente, de la determinación de producto en la de mercancía, de la de mercancía en la de dinero, etc. Por el hecho de que el precio, que antes existía idealmente en la mercancía, se ponga ahora realmente; por el hecho de que ella se cambie ahora efectivamente por su precio —dinero—, este precio, naturalmente, no se hace mayor. El tiempo de circulación no aparece, pues, como tiempo que lo determina, y el número de rotaciones, en la medida en que está determinado por el tiempo de circulación, no aparece como si el capital aportara un elemento nuevo, determinante del valor y perteneciente a él a diferencia del trabajo, sui generis, sino como principio limitador, negativo. La tendencia necesaria del capital es, por tanto, la circulación sin tiempo de circulación, y esta tendencia es la determinación fundamental del crédito y de los artificios del crédito [credit contrivances] del capital. Por otro lado, el crédito es entonces también la forma en la que el capital trata de ponerse a diferencia de los capitales singulares, o el capital singular trata de ponerse como capital a diferencia de su barrera cuantitativa. Pero los resultados más altos a los que llega en esta línea [line] son, por un lado, el capital ficticio [fictitious Capital]; por otro, el crédito aparece solo como nuevo elemento de la concentración, de la aniquilación de los capitales en capitales singulares centralizadores. El tiempo de circulación, por un lado, objetivado en el dinero. Intento del crédito de poner el dinero meramente como momento formal; de manera que medie la transformación formal sin ser él mismo capital, i. e. valor. Esta es una forma de la circulación sin tiempo de circulación. El dinero es él mismo un producto de la circulación. Se verá cómo el capital, en el crédito, crea nuevos productos de la circulación. Pero si la aspiración del capital es, por un lado, la circulación sin tiempo de circulación, por otro es el intento de dar al tiempo de circulación como tal el valor del tiempo de producción en los distintos órganos en los que se media el proceso del tiempo de circulación y de la circulación, de darle valor; de ponerlos a todos como dinero y, en una determinación ulterior, como capital. Este es otro lado del crédito. Todo esto brota de la misma fuente. Todos los requisitos de la circulación, el dinero, la transformación de mercancía en dinero, la transformación de dinero en mercancía, etc. —aunque adopten distintas formas, en apariencia completamente heterogéneas—, pueden reducirse todos a tiempo de circulación. La maquinaria para abreviarlo forma parte ella misma de él. El tiempo de circulación es el tiempo del capital que puede considerarse como el tiempo de su movimiento específico en cuanto capital, a diferencia del tiempo de producción, en el que se reproduce; en el que dura no como capital acabado, que solo tiene que recorrer transformaciones formales, sino como capital en proceso, creador, que chupa su alma vital del trabajo. La oposición entre tiempo de trabajo y tiempo de circulación contiene toda la teoría del crédito, en la medida en que aquí entra sobre todo la historia de la circulación monetaria [currency], etc. Más adelante, naturalmente, allí donde el tiempo de circulación no es ya solo deducción del tiempo de producción posible, aparecen además costes reales de la circulación, es decir, que en ella tienen que gastarse realmente valores ya puestos. Pero todos estos son, de hecho [in fact], solo costes que el capital se impone —deducciones de la plusvalía ya creada— para aumentar la suma de plusvalías posible, por ejemplo, en un año, es decir, la parte alícuota del tiempo de producción que corresponde a un tiempo determinado; i. e., para abreviar el tiempo de circulación. Es cierto, además, que en la práctica el tiempo de producción no aparece realmente interrumpido por el tiempo de circulación (salvo en las crisis y en la depresión del comercio [depression of trade]). Pero esto solo porque cada capital se divide en porciones, una parte en la fase de producción, la otra en la fase de circulación. Así, por ejemplo (según la relación del tiempo de circulación con el tiempo de producción), no está activo todo el capital, sino 1/3, 1/x de él, y otra parte está en la circulación. O la cosa puede configurarse además de manera que un capital determinado se duplique (por ejemplo, mediante el crédito). Para este capital —[para] el capital original— es entonces lo mismo que si no existiera en absoluto tiempo de circulación. Pero entonces el capital que él ha tomado prestado está en esa situación [plight]. Y si se prescinde de la propiedad [ownership], otra vez exactamente lo mismo que si un capital se dividiera en 2. En lugar de que a se divida en 2 y b en 2, a atrae a b y se divide en a y b. Ilusiones sobre este proceso, frecuentes entre los creyentes en el crédito (que rara vez son acreedores, sino más bien [rather] deudores).26
Ya hemos indicado más arriba cómo la condición doble y contradictoria del capital, la continuidad de la producción y la necesidad del tiempo de circulación, o también la continuidad de la circulación (no del tiempo de circulación) y la necesidad del tiempo de producción, solo puede mediarse por el hecho de que el capital se divida en porciones, de las cuales una circula como producto acabado y la otra se reproduce en el proceso de producción, y de que estas porciones se alternen; cuando una retorna a la fase P (proceso de producción), la otra la abandona. Este proceso tiene lugar día tras día, así como en intervalos mayores (dimensiones de tiempo). El capital entero y el valor global están reproducidos en cuanto ambas porciones han pasado por el proceso de producción y el proceso de circulación, o también en cuanto la segunda porción entra de nuevo en la circulación. Con ello el punto de partida es punto final. La rotación depende, por tanto, de la magnitud del capital o, más bien [rather], aquí todavía, de la suma global de estas dos porciones. Solo en cuanto esta está reproducida está consumada la rotación entera; si no, solo 1/2, 1/3, 1/x, según la relación de la parte que circula constantemente. |
|34| Se ha destacado además cómo cada parte puede considerarse frente a la otra como fija o como circulante, y cómo realmente se hallan alternativamente en esta relación una con otra. La simultaneidad del proceso del capital en distintas fases del proceso solo es posible mediante su división y su desprendimiento en porciones, cada una de las cuales es capital, pero capital en una determinación distinta. Este cambio de forma y metabolismo [Form- und Stoffwechsel], como en el cuerpo orgánico. Si se dice, por ejemplo, que el cuerpo se reproduce en 24 horas, no lo hace de una vez, sino que el desprendimiento en una forma y la renovación [en] la otra están repartidos, tienen lugar simultáneamente. Por lo demás, en el cuerpo, el esqueleto es el capital fijo [capital fixe]; no se renueva en el mismo tiempo que la carne, la sangre. Se dan distintos grados en la velocidad del consumo (del autoconsumo) y, por tanto, de la reproducción. (Aquí, pues, ya tránsito a los muchos capitales.) Lo importante aquí es ante todo, por lo pronto, no tener a la vista más que el capital como tal; puesto que las determinaciones que aquí se desarrollan son determinaciones que hacen del valor en general capital; que constituyen la differentia specifica del capital como tal. Antes de seguir adelante, llamemos la atención una vez más sobre el punto importante de que el tiempo de circulación —es decir, el tiempo que el capital [pasa] separado del proceso en el que absorbe en sí el trabajo—, es decir, el tiempo de trabajo del capital en cuanto capital, es solo el traslado del valor presupuesto de una determinación formal a otra, pero no un elemento creador ni acrecentador de valor. Mediante la transformación de un valor de 4 jornadas de trabajo, que existía en la forma de hilo [Twist], en la forma de 4 jornadas de trabajo que existen como dinero, o de un símbolo reconocido como representante de 4 jornadas de trabajo en general, de 4 jornadas de trabajo generales, el valor presupuesto y medido se traduce de una forma a otra, pero no se aumenta. El cambio de equivalentes los deja, en cuanto [qua] quanta de valor, después del cambio, lo que eran antes del cambio. Si uno se imagina Un capital, o considera los distintos capitales de un país como Un capital (capital nacional) a diferencia del de otros países, está claro que el tiempo en el que este capital no actúa como capital productivo, i. e., no pone plusvalía, se resta del tiempo de valorización que está a disposición del capital. Aparece —en esta formulación abstracta, todavía sin tener en cuenta en absoluto los costes de la circulación misma— como negación no del tiempo de valorización realmente puesto, sino del tiempo de valorización posible, es decir, posible si el tiempo de circulación = 0. Ahora bien, está claro que el capital nacional no puede considerar el tiempo en el que no se multiplica como tiempo en el que se multiplica, como tampoco, por ejemplo, un campesino aislado puede considerar el tiempo en que no puede cosechar ni sembrar, en que en general su trabajo se interrumpe, como tiempo que lo enriquece. Que el capital, después de considerarse a sí mismo, y necesariamente así, como productivo, como portador de frutos, independientemente del trabajo, de la absorción del trabajo por él, se suponga fecundo en todo momento y calcule su tiempo de circulación como tiempo creador de valores —como coste de producción— es cosa completamente distinta [quite another thing]. Por eso se ve lo falso cuando Ramsay, por ejemplo, dice: «que el empleo de capital fijo modifica en una medida considerable el principio de que el valor depende de la cantidad de trabajo. Pues algunas mercancías en las que se ha gastado la misma cantidad de trabajo requieren períodos muy distintos antes de estar en condiciones para el consumo. Pero como durante este tiempo el capital no aporta ningún rendimiento, para que el empleo en cuestión no sea menos lucrativo que otros en los que el producto está antes listo para el uso, es necesario que la mercancía, cuando por fin se lleva al mercado, aumente de valor en todo el importe de la ganancia retenida. (Aquí ya se supone que el capital como tal da siempre ganancia de manera uniforme, como un árbol sano da frutos.) Esto muestra cómo el capital puede regular el valor independientemente del trabajo». Por ejemplo, el vino en la bodega. (Ramsay. IX, 84.)27 Aquí como si el tiempo de circulación produjera valor junto al tiempo de trabajo, o al mismo nivel que él. El capital contiene ciertamente ambos momentos en sí. 1) El tiempo de trabajo como momento creador de valor. 2) El tiempo de circulación como momento que limita el tiempo de trabajo y que así limita la creación global de valor por el capital; como necesario, porque el valor, o el capital, tal como es resultado inmediato del proceso de producción, es ciertamente valor, pero no puesto en su forma adecuada. El tiempo que exigen estas transformaciones formales —el que transcurre, pues, entre la producción y la reproducción— es tiempo que desvaloriza el capital. Si, por un lado, la continuidad, igualmente la interrupción de la continuidad está en la determinación del capital como circulante, como capital en proceso.
Los economistas, al determinar correctamente la circulación, la revolución que tiene que recorrer el capital para encenderse de nuevo en una nueva producción, como una serie de cambios [une série d'échanges], admiten por sí mismos que este tiempo de circulación no puede ser tiempo que aumente la cantidad del valor, y por tanto tiempo que ponga valor nuevo, puesto que una serie de cambios, por muchos cambios [échanges] que encierre y por mucho tiempo que cueste consumar esta operación, es solo el cambio de equivalentes. La posición de los valores —los extremos de la mediación— como iguales no puede, naturalmente, ponerlos como desiguales. Considerados cuantitativamente, no pueden haber aumentado ni disminuido por el cambio.
La plusvalía de una fase de producción está determinada por el plustrabajo puesto en movimiento por el capital durante ella (plustrabajo apropiado); la suma de las plusvalías que el capital puede crear en un período de tiempo determinado está determinada por la repetición de la fase de producción en ese período de tiempo; o por la rotación del capital. Pero la rotación es igual a la duración de la fase de producción + la duración de la circulación, igual a la suma del tiempo de circulación y el tiempo de producción. La rotación se aproxima tanto más al tiempo de producción mismo cuanto menor es el tiempo de circulación, es decir, el tiempo que transcurre desde que el capital sale de la producción hasta que vuelve a entrar en ella [sortant de la production et rentrant dans elle].
La plusvalía está determinada de hecho [in fact] por el tiempo de trabajo objetivado durante una fase de producción. Cuanto más a menudo tiene lugar la reproducción del capital, tanto más a menudo tiene lugar la producción de la plusvalía. El número de reproducciones = el número de rotaciones. Por tanto, la plusvalía global = S × nU (si n es el número de rotaciones). S′ = S × nU; por tanto, S = S′/nU. Si el tiempo de producción que necesita un capital de 100 l. en cierta rama de la industria es igual a 3 meses, podría rotar 4 veces al año, y si el valor S creado cada vez = 5, la plusvalía global sería = 5 (la S creada en una fase de producción) × 4 (el número de rotaciones, determinado por la relación del tiempo de producción con el año) = 20. Pero como el tiempo de circulación es, por ejemplo, = 1/4 del tiempo de producción, 1 rotación sería = 3 + 1 meses, igual a 4 meses, y el capital de 100 solo podría rotar 3 veces al año [; S′] = 15. Por eso, aunque el capital pone en 3 meses un valor S de 5 l., para él [es] lo mismo que si en 4 meses solo pusiera un valor de 5, porque en el año solo puede poner uno de 5 × 3. Para él es lo mismo que si cada 4 meses produjera una S de 5; es decir, que en 3 meses produjera solo 15/4 o 3 3/4, y en el mes de circulación, en cambio, 1 1/4. En la medida en que la rotación se distingue de la duración puesta por las condiciones de la producción misma, es = al tiempo de circulación. Pero este no está determinado por el tiempo de trabajo. Así, la suma de las plusvalías que el capital pone en un período de tiempo dado no aparece determinada simplemente por el tiempo de trabajo, sino por el tiempo de trabajo y el tiempo de circulación ||35| en las relaciones indicadas más arriba. Pero la determinación que el capital introduce aquí en la posición de valor es, como se ha mostrado arriba, negativa, limitadora. Si, por ejemplo, un capital de 100 l. necesita 3 meses para la producción, digamos 90 días, entonces, si el tiempo de circulación fuera = 0, el capital podría rotar 4 veces al año; y el capital actuaría continuamente entero como capital, es decir, como capital que pone plustrabajo, como valor que se multiplica. Si de los 90 días 80 representaran el trabajo necesario, 10 serían plustrabajo. Supongamos ahora que el tiempo de circulación ascienda al 33 1/3 por ciento del tiempo de producción, o a 1/3 de este. Es decir, 1 por cada 3 meses. El tiempo de circulación es entonces = 90/3; la 3.ª parte del tiempo de producción = 30 días, c = 1/3 p. (c = p/3.) Bien [Well]. La pregunta es: ¿qué parte del capital puede estar ahora ocupada continuamente en la producción? ¿durante todo el año? Si el capital de 100 hubiera trabajado 90 días y circulara ahora como producto de 105 durante un mes, no podría ocupar ningún trabajo durante ese mes. (Las 90 jornadas de trabajo pueden ser, naturalmente, iguales a 3, 4, 5, x × 90, según el número de obreros ocupados durante los 90 días. Solo serían = 90 días si solo se ocupara 1 obrero. Esto no nos interesa aquí por el momento.) (En todos estos cálculos se presupone que la plusvalía no se capitaliza de nuevo, sino que el capital sigue trabajando con el mismo número de obreros; pero al mismo tiempo que se realiza el excedente [Surplus], también todo el capital se realiza solo entonces de nuevo como dinero.) Es decir, durante un mes el capital no podría estar ocupado en absoluto. (El capital de 100 ocupa, por ejemplo, continuamente a 5 obreros; en él está contenido su plustrabajo, y el producto que se pone en circulación no es nunca el capital originario, sino el que ha absorbido el plustrabajo y tiene por eso una plusvalía. Por circulación de un capital de 100 hay que entender, pues, propiamente, por ejemplo, la circulación del capital de 105; es decir, del capital con la ganancia puesta en 1 acto de producción. Pero este error [erreur] es aquí indiferente; sobre todo para la pregunta anterior.)
Supongamos que al cabo de 3 meses se han producido 100 l. de hilo. Pasa ahora 1 mes hasta que cobro el dinero y puedo comenzar de nuevo la producción. Para poner en movimiento el mismo número de obreros durante el 1 mes en que circula el capital, tendría que tener un pluscapital de 33 1/3 l.; pues si 100 l. ponen en movimiento un quantum determinado de trabajo durante 3 meses, 1/3 100 l. lo pondría en movimiento durante un mes. Al final del 4.º mes, el capital de 100 retornaría a la fase de producción y el de 33 1/3 entraría en la fase de circulación. Este último necesitaría para su circulación, en la misma proporción, 1/3 de mes; retornaría, pues, a la producción al cabo de 10 días. El primer capital no podría entrar de nuevo en la circulación hasta el final del 7.º mes. El 2.º, que entró en circulación al comienzo del 5.º mes, habría retornado, digamos, el 10 del 5.º mes, entraría de nuevo en circulación el 10 del 6.º mes y retornaría el 20 del 6.º mes, para entrar de nuevo en circulación el 20 del 7.º mes; al final del 7.º mes habría retornado, cuando el primer capital comenzara de nuevo su curso en el mismo momento en que el 2.º retornaba. Comienzo del 8.º mes y retornar el, etc. Comienzo del 9.º, etc. En una palabra: si el capital fuera 1/3 mayor —exactamente tanto como asciende el tiempo de circulación—, podría ocupar continuamente el mismo número de obreros. Pero puede igualmente estar continuamente en la fase de producción si ocupa constantemente 1/3 menos de trabajo. Si el capitalista empezara solo con un capital de 75, al final del 3.er mes estaría terminada la producción; circularía ahora un mes; pero durante este mes podría continuar la producción, puesto que ha guardado en la mano un capital de 25, y si necesita 75 para poner en movimiento una masa determinada de trabajo durante 3 meses, necesita 25 para poner en movimiento una masa correspondiente durante 1 mes. Tendría continuamente en movimiento el mismo número de obreros. Cada una de sus mercancías necesita 1/12 de año antes de venderse.
Si necesita siempre para sus mercancías 1/3 del tiempo de producción para venderlas, entonces, etc. Esta cuestión tiene que poder resolverse mediante una ecuación muy simple, sobre la que volveremos más adelante. En rigor, no corresponde aquí. Pero la pregunta es importante, por las cuestiones del crédito más adelante. Esto, sin embargo, está claro. Llama pt al tiempo de producción, ct al tiempo de circulación. Al capital, C. C no puede estar a la vez en su fase de producción y en su fase de circulación. Si ha de seguir produciendo mientras circula, tiene que descomponerse en 2 partes, de las cuales una está en la fase de producción mientras la otra está en la fase de circulación, y la continuidad del proceso se mantiene por el hecho de que, cuando la parte a está puesta en aquella determinidad, la parte b lo está en esta. Sea x la porción que se encuentra siempre en la producción; entonces x = C ‒ b (sea b la parte del capital que se encuentra en la circulación). C = b + x. Si ct, el tiempo de circulación, fuera = 0, b sería igualmente = 0 y x = C. b (la parte del capital que se encuentra en circulación) : C (el capital global) = ct (el tiempo de circulación) : pt (el tiempo de producción). b : C = ct : pt; es decir, la parte del capital que se encuentra en circulación es al capital global como el tiempo de circulación es al tiempo de producción.
Si un capital de 100 con un 5 % de beneficio rota cada 4 meses, de modo que a 3 meses de tiempo de producción corresponde 1 mes de tiempo de circulación, la plusvalía global, como hemos visto, será 5 ⋅ 12/4 M (mes) = 5 × 3 = 15; en lugar de 20 si c = 0, pues entonces S′ = 5 ×12/3 = 20. Ahora bien, 15 es el beneficio de un capital de 75 al 5 % en el que el tiempo de circulación fuera = 0; que rotara 4 veces al año; que estuviera ocupado constantemente. Al final del 1.er trimestre, 3 3/4; al final del año, 15. (Pero solo rotaría un capital global de 300, mientras que, en el caso anterior, si ct = 0, rotaría uno de 400.) Así pues, un capital de 100 en el que el tiempo de circulación asciende a 1 mes por 3 M de tiempo de producción puede emplear [employen] constantemente de manera productiva un capital de 75; un capital de 25 está constantemente circulando y es improductivo. 75 : 25 = 3 M : 1 M o, si llamamos p a la parte del capital ocupada en la producción, c a la que está en la circulación, y c′ y p′ a los tiempos correspondientes, entonces p : c = p′ : c′. (p : c = 1 : 1/3.) La parte del C que se encuentra en la producción es constantemente a la que se encuentra en la circulación = 1 : 1/3.; este 1/3 está representado constantemente por componentes cambiantes. Pero p : C = 75 : 100 = 3/4; c = 1/4; p : C = 1 : 4/3 y c : C = 1 : 4. El curso global = 4 M, p : U = 3 M : 4 M = 1 : 4/3. |
|36| En la circulación del capital tienen lugar a la vez cambio de forma y metabolismo [Stoffwechsel]. Aquí tenemos que empezar no por el D[inero], sino por el proceso de producción como presupuesto. En la producción, considerada por el lado material, el instrumento se desgasta y la materia prima se elabora; el resultado es el producto: un valor de uso de nueva creación, distinto de sus presupuestos elementales. En el proceso de producción, considerado por el lado material, solo se crea producto. Este es el primer cambio material, y el esencial. En el mercado, en el cambio por dinero, el producto es expulsado del circuito del capital y queda entregado al consumo, se convierte en objeto del consumo, sea para la satisfacción final de una necesidad individual o como materia prima de otro capital. En el cambio de la mercancía por dinero coinciden el cambio material y el cambio de forma; puesto que en el dinero el contenido mismo pertenece precisamente a la determinación formal económica. Pero la reconversión del dinero en mercancía se da aquí a la vez en la reconversión del capital en las condiciones materiales de producción. Tiene lugar la reproducción de un valor de uso determinado, igual que la del valor como tal. Pero así como el elemento material estaba puesto aquí de antemano, a su entrada en la circulación, como producto, así al final de esta la mercancía lo está de nuevo como condición de producción. En la medida en que el dinero figura aquí como medio de circulación, lo es de hecho solo como mediación de la producción con el consumo, por un lado, en el cambio [échange] en el que el capital expulsa de sí el valor en la forma del producto, y como mediación entre la producción y la producción, por otro, cuando el capital se expulsa en la forma del dinero y atrae a su circuito la mercancía en la forma de condición de producción. Considerado por el lado material del capital, el dinero aparece meramente como medio de circulación; por el lado formal, como la medida nominal de su valorización y, para una fase determinada, como valor que es para sí; el capital es, por tanto, tanto M-D-D-M como D-M-M-D, y ello de tal modo que ambas formas de la circulación simple quedan aquí a la vez determinadas ulteriormente, en cuanto D-D~1~ es dinero que crea dinero y M-M~1~ mercancía cuyo valor de uso se reproduce y a la vez se aumenta. Con respecto a la circulación del dinero, que aquí aparece como entrando en la circulación del capital y determinada por ella, solo queremos observar de pasada [en passant] —pues la cuestión a fondo [au fond] solo puede tratarse después de haber considerado los muchos capitales en su acción y reacción unos sobre otros— que el dinero está puesto aquí manifiestamente en distintas determinaciones. ‒ Hasta ahora se ha supuesto que el tiempo de producción coincide con el tiempo de trabajo. Pero ahora, por ejemplo en la agricultura, tienen lugar interrupciones del trabajo dentro de la producción misma, antes de que el producto esté terminado. Puede haberse empleado el mismo tiempo de trabajo y ser distinta la duración de la fase de producción, porque el trabajo se interrumpe. Si la diferencia consiste solo en que en un caso el producto exige un trabajo más largo para quedar terminado [gefinished] que en el otro caso, no se constituye caso alguno [no case at all], porque entonces, según la ley general, está claro que el producto en el que está contenido un quantum de trabajo mayor tiene otro tanto más valor, y si la reproducción en un período de tiempo dado es entonces menos frecuente, el valor reproducido es tanto mayor. Y 2 × 100 es exactamente tanto como 4 × 50. Lo que pasa con el valor global pasa entonces con la plusvalía. Lo que constituye la cuestión [question] es la duración desigual que exigen distintos productos aunque se emplee en ellos solo el mismo tiempo de trabajo (a saber, en conjunto, en trabajo acumulado y trabajo vivo). El capital fijo actúa aquí supuestamente completamente solo, sin trabajo humano, como, por ejemplo, la semilla confiada al seno de la tierra. En la medida en que se exige todavía trabajo, hay que descontarlo. Plantear la pregunta en estado puro. Si el tiempo de circulación es aquí el mismo, la rotación es más rara, porque la fase de producción es mayor. Así pues, el tiempo de producción + el tiempo de circulación = 1 U es mayor que en el caso en que el tiempo de producción coincide con el tiempo de trabajo. El tiempo que se necesita aquí para que el producto llegue a la madurez, las interrupciones del trabajo constituyen aquí condiciones de producción. El tiempo de no trabajo constituye condición para el tiempo de trabajo, para hacer de este realmente tiempo de producción. La cuestión pertenece manifiestamente, en rigor, solo a la nivelación de la tasa de ganancia. Pero aquí hay que despejar el terreno [gecleart werden]. El retorno más lento —esto es lo esencial— no procede aquí del tiempo de circulación, sino de las condiciones mismas bajo las cuales el trabajo se hace productivo; pertenece a las condiciones tecnológicas del proceso de producción. Hay que negar absolutamente, es francamente insulso, que una circunstancia natural que impide al capital en una rama de producción determinada cambiarse en el mismo tiempo por el mismo quantum de tiempo de trabajo que otro capital en otra rama de producción pueda contribuir en modo alguno a aumentar su valor. El valor, y por tanto también la plusvalía, no es = al tiempo que dura la fase de producción, sino al tiempo de trabajo empleado durante esta fase de producción, objetivado y vivo. Solo este último —y precisamente en la proporción en que se emplea respecto del objetivado— puede crear plusvalía, porque es tiempo de plustrabajo. ❲Que en la nivelación de la tasa de ganancia entran otras determinaciones, está claro. Pero aquí no se trata del reparto de la plusvalía, sino de su creación.❳ Por eso se ha afirmado con razón que, por este lado, la agricultura, por ejemplo [f. i.], es menos productiva (la productividad se refiere aquí a la producción de valores) que otras industrias. Igual que, por el otro lado, en cuanto el crecimiento de la productividad en ella disminuye directamente* el tiempo de trabajo necesario, es más productiva que todas las demás. Pero esta circunstancia misma solo puede beneficiarla allí donde ya domina el capital* y la forma general de producción [general form of production] que le corresponde. En esta interrupción dentro de la fase de producción está ya implícito que la agricultura no puede ser nunca la esfera por la que comienza el capital, donde establece su sede originaria. Esto contradice las primeras condiciones fundamentales del trabajo industrial. Así pues, solo por reacción se reivindica la agricultura para el capital y se hace industrial el cultivo de la tierra. Exige, por un lado, un alto desarrollo de la competencia; por otro, un gran desarrollo de la química, la mecánica, etc., i. e., de la industria manufacturera. Por eso se encuentra también históricamente que la agricultura nunca aparece pura en los modos de producción que preceden al capital o que corresponden a sus propias fases no desarrolladas. La industria rural accesoria, como el hilado, el tejido, etc., tiene que compensar [make up für] el límite del empleo del tiempo de trabajo que está puesto aquí y que reside en estas interrupciones. La no coincidencia del tiempo de producción con el tiempo de trabajo solo puede deberse en general a condiciones naturales que aquí se interponen directamente en el camino de la valorización del trabajo, es decir, de la apropiación de plustrabajo por el capital. Estos obstáculos en su camino no constituyen, naturalmente, ventajas [advantages], sino, desde su punto de vista [de son point de vue], pérdidas. En rigor, todo este caso solo hay que mencionarlo aquí como ejemplo del capital fijado, fijado en una fase. Lo que hay que retener aquí es solo que el capital no crea plusvalía mientras no emplea trabajo vivo. La reproducción del propio capital fijo [capital fixe] empleado no es, naturalmente, posición de plusvalía.
(En el cuerpo humano, como en el capital, en la reproducción las distintas porciones no se renuevan en períodos de tiempo iguales: la sangre se renueva más deprisa que el músculo, el músculo más deprisa que el hueso, que por este lado puede considerarse el capital fijo [capital fixe] del cuerpo humano.) |
|37| Como medios para acelerar la circulación, Storch enumera: 1) la formación de una clase de «obreros» que solo se ocupa del comercio; 2) la facilidad [facilité] de los medios de transporte [moyens de transport]; 3) el dinero; 4) el crédito. (Véase más arriba.)28
De esta mezcolanza abigarrada se desprende toda la confusión de los economistas políticos. El dinero y la circulación del dinero —lo que llamamos circulación simple— es presupuesto, condición tanto del capital mismo como de la circulación del capital. Del dinero tal como existe, por tanto, como relación de intercambio perteneciente a una fase de la producción anterior al capital, del dinero como dinero, en su forma inmediata, no puede decirse, por tanto, que acelere la circulación del capital, sino que es presupuesto de ella. Cuando hablamos del capital y de su circulación, estamos en una fase del desarrollo social en la que la introducción del dinero no entra como descubrimiento, etc., sino que es presupuesto. En la medida en que el dinero tiene en su forma inmediata valor él mismo, no es solo el valor de otras mercancías, símbolo de su valor —pues si algo que es ello mismo inmediato ha de ser otra cosa inmediata, solo puede representarla, de una manera u otra [d'une manière ou d'une autre] simbolizarla—, sino que tiene valor él mismo, es él mismo trabajo objetivado en un valor de uso determinado, en esa medida el dinero está tan lejos de acelerar la circulación del capital que más bien la detiene. El dinero, considerado por ambos lados tal como aparece en la circulación del capital, tanto como medio de circulación como en cuanto valor realizado del capital, pertenece a los costes de circulación, en la medida en que es él mismo tiempo de trabajo que se emplea, por un lado, para abreviar el tiempo de circulación y, por otro, para representar un momento cualitativo de la circulación: la reconversión del capital en sí mismo como valor que es para sí. Por ninguno de los dos lados aumenta el valor. Por un lado, es una forma costosa de representar el valor, que cuesta tiempo de trabajo y, por tanto, se resta de la plusvalía. Por el otro lado, puede considerarse como una máquina que ahorra tiempo de circulación y así deja libre tiempo para la producción. Pero en la medida en que él mismo, como tal máquina, cuesta trabajo y es un producto del trabajo, representa frente al capital falsos gastos de la producción [faux frais de la production]. Figura entre los costes de circulación. El coste originario de la circulación es el propio tiempo de circulación, en oposición al tiempo de trabajo. Los costes reales de circulación son ellos mismos tiempo de trabajo objetivado: maquinaria para abreviar los costes originarios del tiempo de circulación. El dinero en su forma inmediata, tal como pertenece a una fase histórica de la producción anterior al capital, se le aparece a este, por tanto, como coste de circulación, y la aspiración del capital se dirige, por tanto, a transformarlo de manera adecuada a él; a hacer de él, por tanto, un representante de un momento de la circulación que no cuesta tiempo de trabajo y que no tiene valor él mismo. El capital se orienta, por tanto, a suprimirlo en su realidad inmediata y heredada y a transformarlo en algo meramente puesto y asimismo suprimido por el capital, en algo puramente ideal. No puede decirse, pues, como hace Storch, que el dinero en general sea un medio de aceleración de la circulación del capital; sino que hay que decir, a la inversa, que el capital trata de transformarlo en un momento meramente ideal de su circulación y de elevarlo solo entonces a la forma adecuada que le corresponde. La supresión del dinero en su forma inmediata aparece como exigencia de la circulación del dinero convertida en momento de la circulación del capital; porque en su forma inmediatamente presupuesta es barrera de la circulación del capital. La circulación sin tiempo de circulación es la tendencia del capital; de ahí también la posición de los instrumentos que solo sirven para abreviar el tiempo de circulación como meras determinaciones formales puestas por el capital, así como los distintos momentos que el capital recorre en la circulación son determinaciones cualitativas de su propia metamorfosis.
Por lo que respecta a la formación de un estamento comercial particular —es decir, a un desarrollo de la división del trabajo que ha convertido el negocio mismo del cambio en un trabajo particular, para lo cual, naturalmente, la suma de las operaciones de cambio tiene que haber alcanzado ya cierta altura— (si el cambio ocupara a 100 personas la 100.ª parte de su tiempo de trabajo, cada hombre sería 1/100 de alguien que cambia; 100/100 de alguien que cambia representarían un solo hombre [one single man]. A los 100 podría corresponderles entonces un comerciante. La separación del comercio respecto de la producción misma, o el que el cambio mismo esté representado frente a los que cambian, exige en general que el cambio y el intercambio estén desarrollados hasta cierto grado [to a certain degree]. El comerciante representa frente al vendedor a todos los compradores, frente al comprador a todos los vendedores; no es, pues, un extremo, sino el medio del cambio mismo; aparece, por tanto, como mediador), la formación del estamento mercantil, que presupone la del dinero, aunque no desarrollado en todos sus momentos, es igualmente un presupuesto para el capital y no puede aducirse, por tanto, como mediadora de su circulación específica. Puesto que el comercio es un presupuesto, tanto histórico como conceptual, para el surgimiento del capital, tendremos que volver sobre él antes de cerrar este capítulo, ya que pertenece a la sección sobre el surgimiento del capital o es anterior a ella.
La facilitación de los medios de transporte, en la medida en que significa facilitación de la circulación física de las mercancías, no corresponde aquí, donde solo se consideran las determinaciones formales de la circulación del capital. El producto solo se convierte en mercancía, solo sale de la fase de producción, en cuanto está en el mercado. Por otro lado, los medios de transporte entran aquí en la medida en que los retornos [Returns] del capital —es decir, el tiempo de circulación— tienen que crecer con la distancia del mercado respecto del lugar de producción. La abreviación de este tiempo mediante los medios de transporte aparece, pues, por este lado, como algo que pertenece directamente a la consideración de la circulación del capital. Pero esto pertenece, en rigor, a la teoría del mercado, que pertenece a su vez a la sección sobre el capital.
Finalmente, el crédito. Esta forma de la circulación, etc., puesta directamente por el capital —que brota, pues, específicamente de la naturaleza del capital—, esta differentia specifica del capital, Storch, etc., la mezclan aquí con el dinero, el estamento comercial, etc., que pertenecen en general al desarrollo del cambio y de la producción más o menos [more or less] fundada en él. Indicar la differentia specifica es aquí tanto desarrollo lógico como clave para la comprensión del desarrollo histórico. También históricamente, en Inglaterra, por ejemplo (igualmente en Francia), encontramos, ya con el surgimiento del capital, los intentos de sustituir el dinero por papel, por otro lado, de dar al capital, en la medida en que existe en la forma del valor, una forma puesta puramente por él mismo, y finalmente intentos de fundar el crédito. (Por ejemplo, Petty, Boisguillebert.)29 Dentro de la circulación como proceso global podemos distinguir entre la circulación grande y la pequeña. La primera abarca todo el período desde el momento en que el capital sale del proceso de producción hasta que vuelve a él. La 2.ª es continua y tiene lugar constantemente a la vez que el proceso de producción mismo. Es la parte del capital que se paga como salario, que se cambia por la capacidad de trabajo. Este proceso de circulación del capital, el cambio de equivalentes puesto según la forma, pero que de hecho se suprime y que solo se pone formalmente (el paso del valor al capital, donde el cambio de equivalentes se convierte en su contrario y, sobre la base del cambio, el cambio se hace puramente formal, y la reciprocidad está toda de un solo lado [and the mutuality is all on one side]), hay que desarrollarlo así: los valores que se cambian son siempre tiempo de trabajo objetivado, un quantum de trabajo existente (en un valor de uso), presente objetivamente y presupuesto recíprocamente. El valor como tal es siempre efecto, nunca causa. Expresa el quantum de trabajo mediante el cual se ha producido un objeto y, por tanto —presupuesta la misma fase de las fuerzas productivas—, puede reproducirse. El capitalista no cambia directamente capital por trabajo o por tiempo de trabajo, sino tiempo gastado, contenido en mercancías, por tiempo elaborado, contenido en la capacidad de trabajo viva. El tiempo de trabajo vivo que obtiene en el cambio no es el valor de cambio, sino el valor de uso de la capacidad de trabajo. Igual que una máquina no se cambia, no se paga como causa de efectos, sino como efecto ella misma; no según su valor de uso en el proceso de producción, sino como producto, como quantum determinado de trabajo objetivado. El tiempo de trabajo contenido en la capacidad de trabajo, es decir, el tiempo necesario para producir la capacidad de trabajo viva, es el mismo que se necesita —bajo el presupuesto de la misma fase de las fuerzas productivas— para reproducirla, es decir, para mantenerla. El cambio, pues, que tiene lugar entre el capitalista y el ||38| obrero se corresponde completamente con las leyes del cambio; y no solo se corresponde con ellas, sino que es su última elaboración. Pues mientras la capacidad de trabajo no se cambia ella misma, la base de la producción no descansa todavía en el cambio, sino que el cambio es solo un círculo estrecho que descansa en el no cambio como su base, como en todas las fases que preceden a la producción burguesa. Pero el valor de uso del valor que el capitalista ha obtenido en el cambio es él mismo el elemento de la valorización y su medida, el trabajo vivo y el tiempo de trabajo, y precisamente más tiempo de trabajo del que está objetivado en la capacidad de trabajo, es decir, más tiempo de trabajo del que cuesta la reproducción del obrero vivo. Así pues, por el hecho de que el capital ha obtenido en el cambio la capacidad de trabajo como equivalente, ha obtenido el tiempo de trabajo —en la medida en que va más allá del contenido en la capacidad de trabajo— sin equivalente; se ha apropiado tiempo de trabajo ajeno sin cambio por medio de la forma del cambio. El cambio se vuelve, por tanto, meramente formal y, como hemos visto, en el desarrollo ulterior del capital se suprime también la apariencia de que el capital obtiene a cambio de la capacidad de trabajo algo distinto de su propio trabajo objetivado; o sea, de que obtiene en general algo a cambio de ella. El vuelco [Umschlag]30 se produce, pues, por el hecho de que la última fase del cambio libre es el cambio de la capacidad de trabajo como mercancía, como valor, por una mercancía, por valor; de que se la adquiere como trabajo objetivado, mientras que su valor de uso consiste en trabajo vivo, es decir, en la posición de valor de cambio. El vuelco se produce por el hecho de que el valor de uso de la capacidad de trabajo como valor es él mismo el elemento creador de valor, la sustancia del valor, y sustancia que aumenta el valor. En este cambio, pues, el obrero da por el equivalente del tiempo de trabajo objetivado en él su tiempo de trabajo vivo, creador y acrecentador de valor. Se vende como efecto. Como causa, como actividad, es absorbido por el capital y encarnado en él. Así, el cambio se convierte en su contrario, y las leyes de la propiedad privada —la libertad, la igualdad, la propiedad—, la propiedad sobre el propio trabajo y la libre disposición sobre él, se convierten en la carencia de propiedad del obrero y en la enajenación de su trabajo, en su relación con él como propiedad ajena, y viceversa. La circulación de la parte del capital puesta como salario acompaña al proceso de producción, aparece como relación formal económica junto a él, y es simultánea a él y está entretejida [interwoven] con él. Esta circulación es la que pone al capital como tal; es condición de su proceso de valorización y no pone solo una determinación formal de este, sino su sustancia. Esta es la parte del capital que circula constantemente, que no entra ni un instante en el proceso de producción mismo y lo acompaña constantemente. Es la parte del capital que no entra ni un instante en su proceso de reproducción, lo que no es el caso de la materia prima. El aprovisionamiento [Approvisionnement] del obrero sale del proceso de producción como producto, como resultado; pero como tal nunca entra en el proceso de producción, porque es para el consumo individual un producto acabado [finished produce], que entra inmediatamente en el consumo del obrero y se cambia inmediatamente por él. Es, pues, tanto a diferencia de la materia prima como del instrumento de trabajo, el capital circulante [circulating capital] por excelencia [ϰατ ̓ ἐξοχήν]. Este es el único momento en el circuito del capital en que entra inmediatamente el consumo. Allí donde la mercancía se cambia por dinero, puede haberla obtenido otro capital como materia prima para una nueva producción. Además, según los presupuestos del capital, no se le enfrenta el consumidor singular, sino el comerciante; el que compra él mismo la mercancía para venderla por dinero. (Desarrollar este presupuesto con el estamento comercial en general. Con ello, la circulación entre comerciantes [dealers], distinta de la que se da entre comerciantes y consumidores.) El capital circulante aparece aquí, pues, directamente como el destinado al consumo individual de los obreros; destinado en general al consumo inmediato y existente, por tanto, en la forma de producto acabado. Por eso, si por un lado el capital aparece como presupuesto del producto, igualmente el producto acabado aparece como presupuesto del capital, lo cual se resuelve históricamente en que el capital no empezó el mundo desde el principio, sino que encontró producción y productos antes de someterlos a su proceso. Una vez en marcha, partiendo de sí mismo, se presupone constantemente en sus distintas formas como producto consumible, materia prima e instrumento de trabajo, para reproducirse constantemente en estas formas. Estas aparecen, por una parte, como las condiciones presupuestas por él mismo y, por otra, como su resultado. En su reproducción produce sus propias condiciones. Aquí encontramos, pues —mediante la relación del capital con la capacidad de trabajo viva y con las condiciones naturales del mantenimiento de esta—, el capital circulante determinado también por el lado del valor de uso, como capital que entra directamente en el consumo individual y que este ha de devorar como producto. Por eso se ha concluido erróneamente que el capital circulante es en general capital consumible, como si el carbón, el aceite, el colorante, etc., los instrumentos, etc., las mejoras del suelo, etc., los edificios de las fábricas no se consumieran igualmente todos, si por consumo se entiende la supresión de su valor de uso y de su forma; pero todos igualmente no se consumen si por consumo se entiende el consumo individual, el consumo en sentido propio. En esta circulación, el capital se expulsa constantemente de sí como trabajo objetivado para asimilarse la fuerza de trabajo viva, su aire vital. Por lo que respecta ahora al consumo del obrero, este reproduce una cosa: a saber, a él mismo como capacidad de trabajo viva. Como esta reproducción de sí mismo es condición para el capital, también el consumo del obrero aparece como reproducción, no directamente del capital, pero sí de las relaciones solo bajo las cuales es capital. La capacidad de trabajo viva pertenece a sus condiciones de existencia igual que la materia prima y el instrumento. Se reproduce, pues, doblemente: en su propia forma, en el consumo del obrero, pero solo en la medida en que este lo reproduce como capacidad de trabajo viva. Por eso el capital llama a este consumo consumo productivo: productivo no en cuanto reproduce al individuo, sino a los individuos como capacidad de trabajo. Cuando Rossi se escandaliza de que el salario se ponga 2 veces en la cuenta, una vez como rédito del obrero y luego como consumo reproductivo del capital, la objeción solo vale contra quienes hacen entrar directamente el salario como valor en el proceso de producción del capital. Pues el pago del salario es un acto de circulación que tiene lugar a la vez que el acto de producción y junto a él. O, como dice Sismondi —desde este punto de vista—, el obrero consume su salario de manera no reproductiva; pero el capitalista lo consume productivamente, en cuanto obtiene a cambio trabajo que reproduce el salario y más que el salario.31 Esto se refiere al capital mismo considerado solo como objeto. Pero en la medida en que el capital es relación, y precisamente relación con la capacidad de trabajo viva, el consumo del obrero reproduce esta relación; o el capital se reproduce doblemente: como valor, mediante la obtención del trabajo en el cambio —como posibilidad de empezar de nuevo el proceso de valorización, de actuar de nuevo como capital—; se reproduce como relación mediante el consumo del obrero, que lo reproduce como capacidad de trabajo cambiable por capital (el salario como parte del capital). Esta circulación entre capital y trabajo da, pues, la determinación de una parte del capital como constantemente circulante, el aprovisionamiento; constantemente consumida; que hay que reproducir constantemente. En esta circulación se muestra de manera contundente la diferencia entre capital y dinero; entre la circulación del capital y la circulación del dinero. El capital paga, por ejemplo, semanalmente el salario; el obrero lleva este salario al tendero [épicier], etc.; este lo deposita directa o indirectamente en manos del banquero [banker]; y la semana siguiente el fabricante lo vuelve a tomar del banquero para repartirlo de nuevo entre los mismos obreros, etc., y así sucesivamente. La misma suma de dinero hace circular constantemente nuevas porciones de capital. Pero la suma de dinero misma no determina las porciones de capital que se hacen circular así. Si sube el valor monetario del salario, subirá el medio circulante, pero la masa de este medio no determina la subida. Si los costes de producción del dinero no cayeran, ningún aumento del mismo ejercería influencia sobre la porción que entra por medio de él en esta circulación. Aquí el dinero aparece como mero medio de circulación. Como hay que pagar simultáneamente a muchos obreros, es necesaria simultáneamente una suma determinada de dinero, que crece con su número. Por otro lado, gracias a la rapidez de la rotación del dinero, vuelve a ser necesaria una suma menor que en situaciones en que hay menos obreros, pero la maquinaria de la circulación del dinero no está tan regulada. Esta circulación es condición del proceso de producción y, con ello, también del proceso ||39| de circulación. Por otro lado, si el capital no retornara de la circulación, esta circulación entre obrero y capital no podría comenzar de nuevo; está, pues, condicionada a su vez por el hecho de que el capital recorra los distintos momentos de su metamorfosis fuera del proceso de producción. Si esto no ocurriera, no sería porque no hubiera dinero suficiente como medio de circulación, sino o bien porque no hubiera capital disponible en la forma de productos, porque faltara esta parte del capital circulante, o bien porque el capital no se hubiera puesto en la forma del dinero, es decir, no se hubiera realizado como capital, lo que a su vez no procedería del quantum del medio de circulación, sino de que el capital no se habría puesto en la determinación cualitativa de dinero, para lo cual no es en absoluto necesario que se ponga en la forma de dinero contante [hard cash], en la forma inmediata de dinero; y el que se haya puesto o no en ella no dependería a su vez del quantum del dinero que corre como medio de circulación, sino del cambio del capital por valor como tal; de nuevo un momento cualitativo, no cuantitativo, como expondremos más de cerca cuando hablemos del capital como dinero. (Interés, etc.)
Considerada en conjunto, la circulación aparece, pues, de tres maneras: 1) el proceso global: el recorrido del capital a través de sus distintos momentos; según esto, está puesto como en flujo; como circulante; en la medida en que en cada uno de los momentos la continuidad está interrumpida virtualmente [virtualiter] y puede fijarse frente al paso a la fase siguiente, el capital aparece aquí igualmente como fijado en distintas relaciones, y los distintos modos de este estar fijado constituyen distintos capitales: capital-mercancía, capital dinerario, capital como condiciones de producción.
La pequeña circulación entre el capital y la capacidad de trabajo. Esta acompaña al proceso de producción y aparece como contrato, cambio, forma de intercambio, bajo cuyo presupuesto se pone en marcha el proceso de producción. La parte del capital que entra en esta circulación —el aprovisionamiento— es el capital circulante [capital circulant] por excelencia [ϰατ ̓ ἐξοχήν]. No está determinado solo según la forma; sino que su valor de uso, es decir, su determinación material como producto consumible y que entra directamente en el consumo individual, constituye él mismo una parte de su determinación formal;
La gran circulación; el movimiento del capital fuera de la fase de producción, en el que su tiempo aparece como tiempo de circulación en oposición al tiempo de trabajo. De esta oposición entre el capital que se halla en la fase de producción y el que sale de ella resulta la diferencia entre capital fluido y capital fijo. Este último es el que está fijado al proceso de producción y se consume en él mismo; procede ciertamente de la gran circulación, pero no retorna a ella y, en la medida en que circula, solo circula para ser consumido en el proceso de producción, para quedar confinado en él.
Las 3 distintas diferencias en la circulación del capital dan las 3 diferencias entre capital circulante y capital fijado; ponen una parte del capital como el circulante por excelencia [ϰατ ̓ ἐξοχήν], porque nunca entra en el proceso de producción, sino que lo acompaña constantemente; y, en 3.er lugar, la diferencia entre capital fluido y capital fijo. El capital circulante en la forma n.º 3) incluye también el n.º 2, puesto que este se halla igualmente en oposición al fijo; pero el n.º 2) no incluye el n.º 3). La parte del capital que como tal pertenece al proceso de producción es la parte de él que materialmente solo sirve como medio de producción; que forma el término medio entre el trabajo vivo y el material que hay que elaborar. Una parte del capital fluido, como el carbón, el aceite, etc., sirve también solo como medio de producción. Todo lo que solo sirve como medio para mantener en marcha la máquina o la máquina que la mueve. Esta diferencia habrá que investigarla más de cerca. Ante todo [D'abord], esto no contradice la determinación 1), puesto que el capital fijo circula igualmente como valor en la proporción en que se desgasta. Es precisamente en esta determinación como capital fijo —es decir, en la determinación en la que el capital ha perdido su fluidez y se identifica con un valor de uso determinado, que lo priva de su capacidad de transformación— donde el capital desarrollado —tal como lo conocemos hasta ahora como capital productivo— se presenta de la manera más llamativa, y es precisamente en esta forma aparentemente inadecuada, y en la relación creciente de esta con la forma del capital circulante del n.º 2, donde se mide el desarrollo del capital como capital. Esta contradicción, bonita. Desarrollarla.
Las distintas clases de capital, que en la economía han caído como llovidas del cielo desde fuera, aparecen aquí como otros tantos sedimentos de los movimientos que brotan de la naturaleza misma del capital o, más bien, de este movimiento mismo en sus distintas determinaciones.
El capital circulante [capital circulant] «se va» [part] constantemente del capitalista para volver a él en la primera forma. El capital fijo [Capital fixe] no lo hace (Storch). «Capital circulante, aquella porción del capital que no rinde ganancia hasta que uno se desprende de ella; el fijo, etc., rinde esa ganancia mientras permanece en posesión del propietario». (Malthus.) «El capital circulante no da a su dueño rédito ni ganancia mientras permanece en su posesión; el capital fijo, sin cambiar de dueño y sin necesitar circulación, le da ganancia». (A. Smith.)32
Por este lado, como el irse (separarse de su poseedor [partir de son possesseur]) del capital respecto de su propietario [owner] no significa otra cosa que la alienación [Veräusserung] de la propiedad o posesión que tiene lugar en el acto del cambio, y como llegar a ser valor para su poseedor mediante la alienación es la naturaleza de todo valor de cambio y, por tanto, de todo capital, la determinación no puede ser correcta en la formulación anterior. Si el capital fijo fuera para su propietario sin la mediación del cambio y del valor de cambio incluido en él, el capital fijo sería de hecho [in fact] mero valor de uso, y por tanto no capital. Pero lo que está en la base de la determinación anterior es esto: como valor, el capital fijo circula (aunque solo por porciones, sucesivamente, como veremos). Como valor de uso no circula. El capital fijo, en la medida en que se lo considera por su lado material, como momento del proceso de producción, no abandona nunca sus límites [boundaries]; no es alienado por su poseedor; permanece en su mano. Solo circula por su lado formal, como capital, valor perenne. En el capital circulante no tiene lugar esta diferencia entre forma y contenido, valor de uso y valor de cambio. Para circular, para ser como este último, tiene que entrar en la circulación como el primero, tiene que ser alienado. El valor de uso para el capital como tal es solo el valor mismo. El capital circulante solo se realiza como valor para él en cuanto es alienado. Mientras permanece en su mano, solo tiene valor en sí; pero no está puesto; solo en potencia [δυνάμει], pero no en acto [actu]. El capital fijo, por el contrario, solo se realiza como valor mientras permanece como valor de uso en la mano del capitalista o, expresado como relación cósica, mientras permanece en el proceso de producción, lo que puede considerarse como el movimiento orgánico interno del capital, su relación consigo mismo, frente a su movimiento animal, [frente a] su existencia para otro. Puesto que el capital fijo, una vez que ha entrado en el proceso de producción, permanece en él, también perece en él, es devorado en él. La duración de este perecer no nos interesa aquí todavía. Por este lado, pues, lo que Cherbuliez llama las materias instrumentales [matières instrumentales], como el carbón, la madera, el aceite, el sebo, etc., que se aniquilan por completo en el proceso de producción, que solo tienen valor de uso para el proceso de producción mismo, pertenece al capital fijo.33 Pero las mismas materias tienen también un valor de uso fuera de la producción y pueden consumirse también de otra manera, exactamente igual que las edificaciones, las casas, etc., no están destinadas necesariamente a la producción. Son capital fijo no por el modo determinado de su ser, sino por su uso. Llegan a serlo en cuanto entran en el proceso de producción. Son capital fijo en cuanto están puestas como momentos del proceso de producción del capital; porque ||40| entonces pierden su propiedad de ser posiblemente capital circulante. Así pues, igual que la parte del capital que entra en el pequeño circuito del capital —o el capital en la medida en que entra en este movimiento—, la circulación entre capital y capacidad de trabajo, la parte del capital que circula como salario, nunca sale de la circulación ni entra nunca en el proceso de producción del capital por su lado material, como valor de uso, sino que es siempre expulsada de este como producto, como resultado de un proceso de producción anterior, así, a la inversa, la parte del capital determinada como capital fijo no sale nunca, como valor de uso, según su existencia material, del proceso de producción ni vuelve nunca a entrar en la circulación. Mientras esta última entra en la circulación solo como valor (como parte del valor del producto acabado), la otra entra en el proceso de producción solo como valor, en cuanto el trabajo necesario es la reproducción del salario, de la parte del valor del capital que circula como salario. Esta es, pues, la primera determinación del capital fijo, y por este lado abarca también las materias instrumentales. En segundo lugar: el capital fijo, sin embargo, solo puede entrar en la circulación como valor en la medida en que perece como valor de uso en el proceso de producción. Entra como valor en el producto —es decir, como tiempo de trabajo gastado o suprimido en él— en la medida en que perece en su figura autónoma como valor de uso. Por su uso se desgasta, pero de tal modo que su valor se transfiere de su forma a la del producto. Si no se usa, si no se devora en el proceso de producción mismo —si la máquina está parada, si el hierro se oxida, si la madera se pudre—, su valor perece, naturalmente, con su existencia perecedera como valor de uso. Su circulación como valor corresponde a su consumo en el proceso de producción como valor de uso. Su valor total solo estará reproducido por completo, es decir, solo retornará de la circulación, en cuanto esté devorado por completo como valor de uso en el proceso de producción. En cuanto se ha disuelto por completo en valor y, por tanto, ha entrado por completo en la circulación, ha perecido por completo como valor de uso y tiene, por tanto, que ser sustituido, como momento necesario de la producción, por un nuevo valor de uso de la misma clase, es decir, reproducido. La necesidad de reproducirlo, es decir, su tiempo de reproducción, está determinada por el tiempo en el que se devora, se consume, dentro del proceso de producción. En el capital circulante, la reproducción está determinada por el tiempo de circulación; en el capital fijo, la circulación está determinada por el tiempo en que se devora como valor de uso, en su existencia material, dentro del acto de producción, es decir, por el tiempo dentro del cual tiene que reproducirse. Mil libras de hilo pueden reproducirse de nuevo en cuanto se han vendido y el dinero obtenido a cambio de ellas se ha cambiado de nuevo por algodón, etc., en resumen, por los elementos de producción del hilo. Su reproducción está, pues, determinada por el tiempo de circulación. Una máquina de 1000 l. de valor que dura 5 años, que solo al cabo de 5 años se ha desgastado y entonces ya no es más que hierro viejo, se gasta cada año, digamos, en 1/5, si tomamos el promedio [average] del consumo en el proceso de producción. Así pues, cada año solo entra en circulación 1/5 de su valor, y solo al cabo de los 5 años ha entrado entera en la circulación y ha retornado de ella. Su entrada en la circulación está, pues, determinada puramente por su tiempo de desgaste, y el tiempo que necesita su valor para entrar totalmente en la circulación y retornar de ella, por su tiempo global de reproducción, el tiempo en el que tiene que ser reproducida. El capital fijo solo entra en el producto como valor; mientras que el valor de uso del capital circulante ha permanecido en el producto como sustancia de este y solo ha recibido otra forma. Mediante esta distinción se modifica esencialmente el tiempo de rotación del capital global separado en capital circulante y capital fijo. Supongamos que el capital global es S; su parte circulante = c; la fija = f; el capital fijo forme 1/x S; el circulante S/y. El circulante rote 3 veces al año, el fijo solo 2 veces cada 10 años. En 10 años, f o S/x rotará dos veces; mientras que en los mismos 10 años S/y rota 3 × 10 = 30 veces. Si fuera S = S/y, es decir, solo capital circulante, su rotación U sería = 30; y el capital rotado total = 30 × S/y; el capital total rotado en 10 años. Pero el capital fijo rota solo 2 × en 10 años. Su U′ = 2; y el capital fijo rotado total = 2S/x. Pero S es = S/y + S/x y su tiempo de rotación global = el tiempo de rotación global de estas dos partes. Si el capital fijo rota 2 veces en 10 años, en un año rota 2/10 o 1/5 de él; mientras que en un año el capital circulante rota 3 veces. S/5x rota cada año una vez.
La pregunta es sencilla: si un capital de 1000 táleros = 600 de capital circulante y 400 de capital fijo, es decir, 3/5 de capital circulante y 2/5 de capital fijo; si el capital fijo dura 5 años, es decir, rota una vez en 5 años, y el circulante 3 × cada año, ¿cuál es el número o el tiempo medio de rotación del capital global? Si fuera solo capital circulante, rotaría 5 × 3, 15 veces; el capital rotado total en los 5 años sería 15000. Pero 2/5 de él rotan solo una vez en 5 años. De estos 400 tál. rotan, pues, en un año 400/5, = 80 tál. De los 1000 tál. rotan anualmente 600 3 veces, 80 una vez; o sea, en todo el año solo rotarían 1880; en los 5 años rotan, pues, 5 × 1880 = 9400; es decir, 5600 menos que si el capital global consistiera solo en circulante. Si todo el capital consistiera solo en capital circulante, rotaría una vez en 1/3 de año. |
|41| Si el capital es = 1000; c = 600, rota 2 × al año; f = 400 rota 1 × al año; entonces 600 (3/5 S) rota en medio año. 400/2 o (2S/5 × 2), igualmente en medio año. En medio año rotan, pues, 600 + 200 = 800 (i. e., c + f/2). En un año entero rotan, pues, 2 × 800 o 1600; 1600 tál. en 1 año; por tanto, 100 en 12/16 meses, y por tanto 1000 en 120/16 meses = 7 1/2 meses. El capital entero de 1000 rota, pues, en 7 1/2 meses, mientras que rotaría en 6 meses si consistiera solo en capital circulante. [7 1/2 : 6 = 1 : 1 1/4] o como [1 : 5/4].34 Si el capital es = 100, el circulante = 50, el fijo = 50; el primero rota 2 veces al año, el 2.º una vez; entonces 1/2 100 rota 1 × en 6 meses; y 1/4 100 igualmente 1 vez en 6 meses; en 6 meses rotan, pues, 3/4 del capital, 3/4 100 en 6 meses; o 75 en 6 meses, y 100 en 8 meses. Si 2/4 100 rotan en 6 meses y en los mismos 6 meses 1/4 (1/2 del capital fijo) 100, entonces 3/4 100 rotan en 6 meses. Por tanto, 1/4 en 6/3 = 2; por tanto, 4/4 100 o 100 en 6 + 2, en 8 meses. El tiempo de rotación global del capital = 6 (el tiempo de rotación de todo el capital circulante y de 1/2 del capital fijo, o 1/4 del capital global) + 6/3, es decir, + este tiempo de rotación dividido por el número que expresa qué parte alícuota forma el capital fijo restante del capital rotado en el tiempo de rotación del capital circulante. Así, en el ejemplo anterior: 3/5 100 rota en 6 meses; ídem 1/5 100; por tanto, 4/5 100 en 6 meses; por tanto, el 1/5 100 restante en 6/4 meses; por tanto, el capital entero en 6 + 6/4 meses = 6 + 1 1/2 o 7 1/2 meses. Expresado, pues, en general:
El tiempo medio de rotación = el tiempo de rotación del capital circulante + este tiempo de rotación dividido por el número que expresa cuántas veces está contenida la parte restante del capital fijo en la suma global del capital que se ha hecho circular en este tiempo de rotación.
Si de 2 capitales de 100 tál., uno todo capital circulante y el otro mitad capital fijo, cada uno con un 5 por ciento de beneficio, uno rotara entero 2 veces al año, y en el otro el capital circulante rotara igualmente 2 ×, pero el capital fijo solo una vez, el capital rotado global sería en el primer caso = 200 y la ganancia = 10; en el 2.º, 1 rotación en 8 meses, 1/2 en 4; o sea, rotarían 150 en 12 meses. La ganancia sería entonces = 7 1/2. Este tipo de cálculo ha afianzado el prejuicio corriente de que el capital circulante o el capital fijo dan beneficio por algún misterioso poder innato [a mysterious innate power], como se ve incluso en las frases empleadas por Malthus: «el capital circulante da beneficio cuando sus poseedores se desprenden de él [when his possessors part with it], etc.»; igualmente, en los pasajes citados más arriba de su Measure of value, etc., la manera en que hace acumularse las ganancias del capital fijo.35 Por el hecho de que en las economías anteriores la teoría de la plusganancia [Mehrgewinn] no se ha considerado en estado puro, sino mezclada con la teoría de la ganancia real, que viene a parar en la participación con que los distintos capitales participan en la tasa general de ganancia, ha surgido la mayor confusión y mistificación. La ganancia de los capitalistas como clase, o la ganancia del capital, tiene que existir antes de que pueda repartirse, y es sumamente absurdo querer explicar su surgimiento a partir de su reparto. Según lo anterior, la ganancia disminuye porque aumenta el tiempo de circulación del capital ❲puesta su magnitud como permanente; esta no nos interesa aquí en absoluto, puesto que la proposición es verdadera para un capital de cualquier magnitud. Los capitales tienen distinta magnitud. Pero la magnitud de cada capital singular es igual a sí misma y, por tanto, en la medida en que solo se considera su propiedad de capital, es cualquier magnitud [any Grösse]. Pero si consideramos 2 capitales a diferencia uno de otro, entra en juego una relación de las determinaciones cualitativas por la diferencia de su magnitud. Esta se convierte ella misma en cualidad que los distingue. Este es un punto de vista esencial, del que la magnitud es solo un caso [one single instance], de cómo se distingue la consideración del capital como tal de la consideración del capital en relación con otro capital, o de la consideración del capital en su realidad.❳ en la medida en que aumenta el componente de él que se llama capital fijo. El capital de la misma ||42| magnitud, 100 en el caso anterior, rotaría entero 2 × al año si consistiera solo en capital circulante. Pero solo rota 2 veces en 16 meses, o solo rotan 150 tál. en un año, porque consiste en una mitad de capital fijo. A medida que disminuye el número de sus reproducciones en un tiempo determinado, o disminuye el quantum de él que se reproduce en este tiempo determinado, disminuye la producción de tiempo excedente o de plusvalía, puesto que el capital en general solo pone valor en la medida en que pone plusvalía. (Esta es, al menos, su tendencia; su acción adecuada.) El capital fijo, como hemos visto, solo circula como valor en la medida en que se desgasta o se consume como valor de uso en el proceso de producción. Pero de su durabilidad relativa depende el tiempo en el que se consume así y tiene que reproducirse en su forma de valor de uso. Su durabilidad, o su carácter más o menos perecedero —es decir, el mayor o menor tiempo durante el cual puede seguir repitiendo su función dentro de los procesos de producción repetidos del capital—, esta determinación de su valor de uso se convierte, pues, aquí en un momento determinante de la forma, es decir, determinante para el capital por su lado formal, no por el material. El tiempo de reproducción necesario del capital fijo, igual que la proporción en que está respecto del capital entero, modifican, pues, aquí el tiempo de rotación del capital global y, con ello, su valorización. La mayor durabilidad del capital (la duración de su tiempo de reproducción necesario) y la proporción del capital fijo respecto del capital global actúan, pues, aquí sobre la valorización igual que la rotación más lenta causada, bien porque el mercado del que el capital retorna como dinero está más alejado en el espacio y, por tanto, se requiere más tiempo para describir la trayectoria de la circulación (como, por ejemplo, los capitales que en Inglaterra trabajan para el mercado de las Indias Orientales retornan más despacio que los que trabajan para mercados exteriores más próximos o para el mercado interior [home market]), bien porque la fase de producción misma se interrumpe por condiciones naturales, como en la agricultura. Ricardo, que fue el primero en subrayar la influencia del capital fijo sobre el proceso de valorización, mezcla todas estas determinaciones en un revoltijo, como puede verse por los pasajes citados más arriba.36
En el primer caso (el capital fijo), la rotación del capital disminuye porque el capital fijo se consume lentamente dentro del proceso de producción; o la causa está en la duración del tiempo que exige su reproducción. En el segundo caso, la rotación menor procede de la prolongación del tiempo de circulación (en el primer caso, el capital fijo circula necesariamente siempre tan deprisa como el producto, en la medida en que circula en absoluto, en que entra en la circulación, porque no circula en su existencia material, sino solo como valor, es decir, como parte constitutiva ideal del valor total del producto), y en concreto del tiempo de circulación de la 2.ª mitad del proceso de circulación propiamente dicho, la reconversión del dinero; en el 3.er caso, la rotación menor procede del mayor tiempo que el capital necesita, no para desaparecer en el proceso de producción, como en el primer caso, sino para salir de él como producto. El primer caso es específicamente propio del capital fijo; el otro pertenece a la categoría del capital no fluido, fijado, fijado en alguna fase del proceso global de circulación (capital fijo de un grado considerable de durabilidad, o capital circulante que retorna a intervalos lejanos [fixed capital of a considerable degree of durability, or circulating capital returnable at distant periods]. McCulloch. Principles of Political Economy. Cuaderno, p. 15).37
Tercero: Hasta ahora hemos considerado el capital fijo solo por el lado según el cual sus diferencias están puestas por su comportamiento particular, por su comportamiento específico con respecto al proceso de circulación propiamente dicho. Por este lado aún surgirán otras diferencias. Primero, la del retorno de su valor como retorno sucesivo, mientras que cada porción del capital circulante se cambia entera, porque en él la existencia del valor coincide con la del valor de uso. Segundo, no solo, como hemos hecho hasta ahora, [por] su influencia en el tiempo medio de rotación de un capital dado, sino en el tiempo de rotación que tiene considerado para sí. Esta última circunstancia se vuelve importante cuando el capital fijo no aparece como mero instrumento de producción dentro del proceso de producción, sino como forma autónoma del capital, p. ej. en la forma de ferrocarriles, canales, caminos, conducciones de agua, como capital incorporado al suelo, etc. Esta última determinación se vuelve importante sobre todo para la proporción en que el capital global de un país se reparte entre estas dos formas. Luego, el modo en que se renueva y se conserva; lo que en los economistas aparece en la forma de que solo puede rendir rédito por medio del capital circulante, etc. Esto último no es en el fondo [au fond] más que la consideración del momento en que no aparece como existencia particular autónoma junto al capital circulante y fuera de él, sino como el capital circulante convertido en capital fijo. Pero lo que queremos considerar aquí de entrada es la relación del capital fijo, no hacia fuera, sino en la medida en que está dada por su permanecer encerrado en el proceso de producción. Con ello está puesto que es un momento determinado del propio proceso de producción.
❲No está dicho en absoluto que el capital fijo sea en todas sus determinaciones capital que no sirve para el consumo individual, sino solo para la producción. Una casa puede servir para la producción y para el consumo; igualmente todos los vehículos, un barco y un coche, para el paseo y como medio de transporte; una calle, como medio de comunicación para la producción propiamente dicha y para pasear, etc. El capital fijo en esta 2.ª relación no nos incumbe en absoluto, ya que aquí consideramos el capital solo como proceso de valorización y proceso de producción. En el interés entrará la 2.ª determinación. Ricardo solo puede tener a la vista esta determinación cuando dice: «Según el capital sea más o menos perecedero, y por tanto haya de reproducirse más o menos a menudo en un tiempo dado, se llama capital circulante o fijo». (Ricardo. VIII, 19.) Según esto, una cafetera sería capital fijo, pero el café, circulante. El burdo materialismo de los economistas, que consideran las relaciones sociales de producción de los hombres, y las determinaciones que reciben las cosas en cuanto subsumidas bajo estas relaciones, como propiedades naturales de las cosas, es un idealismo igual de burdo, más aún, un fetichismo, que atribuye a las cosas relaciones sociales como determinaciones inmanentes a ellas y las mistifica así. La dificultad de fijar una cosa cualquiera como capital fijo o circulante según su naturaleza ha llevado aquí a los economistas, por excepción, a la ocurrencia de que las cosas mismas no son ni capital fijo ni circulante, y por tanto, seguramente, no son en absoluto capital, del mismo modo que no es propiedad natural del oro ser dinero.❳
(A los puntos enumerados arriba, para no olvidarlo, se añade aún la circulación del capital fijo como capital circulante, es decir, las transacciones por las que cambia de dueño.)
«Capital fijo comprometido: capital tan comprometido en un género de producción que ya no puede apartarse de él para dedicarse a otro género de producción.» (Say. 21.) «El capital fijo se consume para ayudar a consumir lo que el hombre destina a su uso… consiste en establecimientos duraderos propios para aumentar las potencias productivas de un trabajo futuro.» (Sismondi. VI.) «Capital fijo, el capital que es necesario para mantener los instrumentos, máquinas, etc., del trabajo.» (Smith t. II, p. 226.) «El capital flotante se consume; el capital fijo solo se usa en la gran obra de la producción.» (Economist. Cuaderno VI, p. 1.) «Se hará ver que el primer palo o la primera piedra que tomó en su mano para ayudarse en la persecución de esos objetos, cumpliendo una parte de su trabajo, hizo precisamente el oficio de los capitales empleados actualmente por las naciones comerciantes.» (Lauderdale, p. 87, cuaderno 8, a.) «Es uno de los rasgos que caracterizan y distinguen a la especie humana suplir así el trabajo con un capital transformado en máquinas.» (p. 120.) (p. 9 cuaderno Lauderdale.) «Se concibe ahora que la ganancia de los capitales procede siempre, o de que suplen una porción de trabajo que el hombre debería hacer con sus manos, o de que cumplen una porción de trabajo que está por encima de los esfuerzos personales del hombre y que este no sabría ejecutar por sí mismo.» (p. 119 l. c.) Lauderdale polemiza contra Smith y Locke, ||43| cuya opinión sobre el trabajo como creador de la ganancia resulta, según él, en esto: «si esta idea del beneficio del capital fuera rigurosamente exacta, se seguiría que no sería una fuente originaria de la riqueza, sino una derivada, y no se podría considerar a los capitales como uno de los principios de la riqueza, al no ser su ganancia más que un traslado del bolsillo del trabajador al del capitalista». (l. c. 116, 117.) «La ganancia de los capitales procede siempre, o de que suplen una porción de trabajo que el hombre debería hacer con sus manos, o de que cumplen una porción de trabajo que está por encima de los esfuerzos personales del hombre y que este no sabría ejecutar por sí mismo.» (p. 119 l. c., p. 9, b.) «Es bueno observar que si el capitalista, por el uso que hace de su dinero, ahorra cierto trabajo a la clase de los consumidores, no pone en su lugar una porción igual del suyo; lo que prueba que es su capital el que lo ejecuta, y no él mismo.» (10 cuaderno l. c. p. 132.) «Si Adam Smith, en lugar de imaginar que el efecto de una máquina es facilitar el trabajo o, como él mismo se expresa, aumentar la potencia productiva del trabajo (solo por una extraña confusión de ideas ha podido decir el señor Smith que el efecto de los capitales es aumentar la potencia productiva del trabajo. Con la misma lógica se podría muy bien pretender que acortar a la mitad un camino circular trazado entre dos lugares dados es duplicar la velocidad del caminante), hubiera percibido que es supliéndolo como los fondos con que se paga la máquina dan ganancia, habría atribuido a esa misma circunstancia el origen de la ganancia.» (p. 11, p. 137.) «Los capitales, sean fijos o circulantes, en el comercio interior, lejos de servir para dar acción al trabajo, lejos de aumentar su potencia productiva, solo son, por el contrario, útiles y provechosos en estas dos circunstancias: o porque suplen la necesidad de una porción de trabajo que el hombre debería hacer con sus manos, o porque ejecutan cierto trabajo que no está en poder del hombre hacer por sí mismo.» Esto, dice Lauderdale, no es una pura diferencia de palabras. «La idea de que los capitales ponen en acción el trabajo y añaden a su potencia productiva da lugar a esta opinión: que el trabajo está en todas partes en proporción con la cantidad de los capitales existentes; que la industria de un país está siempre en razón de los fondos empleados; de donde se seguiría que el aumento de los capitales es el medio soberano e ilimitado de acrecentar la riqueza. En lugar de esto, si se admite que los capitales no pueden tener otro empleo útil y provechoso que el de suplir cierto trabajo o ejecutarlo, se sacará esta consecuencia natural: que el Estado no podría encontrar ninguna ventaja en la posesión de más capitales de los que puede emplear en hacer el trabajo o en suplirlo en la producción y la fabricación de las cosas que el consumidor demanda.» (p. 150‒152, p. 11, 12.) Para probar su opinión de que el capital, independientemente del trabajo, es una fuente sui generis de ganancia y, por tanto, de riqueza, remite a las sobreganancias que tiene el poseedor de una máquina recién inventada antes de que haya expirado su patente de invención [brevet d'invention] y la competencia haya hecho bajar los precios, y concluye luego con estas palabras: «Este cambio de regla para los precios no impide que el beneficio (por el valor de uso) de la máquina se saque de un fondo de la misma naturaleza que aquel con el que se había pagado antes de la expiración de la patente: ese fondo es siempre aquella parte de los réditos del país antes destinada a asalariar el trabajo que la nueva invención suple.» (l. c. 125, p. 10, b.) En cambio, Ravenstone (IX, 32): «La maquinaria rara vez puede aplicarse con éxito a abreviar los trabajos de un individuo; se perdería más tiempo en su construcción del que podría ahorrarse con su aplicación. Solo es realmente útil cuando actúa sobre grandes masas, cuando una sola máquina puede ayudar a los trabajos de miles. Por eso es en los países más poblados, donde hay más hombres ociosos, donde siempre abunda más. No la pone en acción la escasez de hombres, sino la facilidad con que se los reúne.» (l. c.)38
[El capital fijo y el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad]
«División de las máquinas en 1) máquinas empleadas para producir fuerza; 2) máquinas que tienen simplemente como fin transmitir la fuerza y ejecutar el trabajo.» (Babbage, cuaderno, p. 10.) «Fábrica [Factory] significa la cooperación de varias clases de obreros, adultos y no adultos, que vigilan con destreza y asiduidad un sistema de mecanismos productivos puestos continuamente en acción por una potencia central, y excluye toda fábrica cuyo mecanismo no forma un sistema continuo o que no depende de un solo principio motor. Ejemplos de esta última clase en las fábricas de tintes, fundiciones de cobre, etc. ‒ Este término, en su acepción más rigurosa, entraña la idea de un vasto autómata, compuesto de numerosos órganos mecánicos e intelectuales que operan de concierto y sin interrupción para producir un mismo objeto, estando todos estos órganos subordinados a una fuerza motriz que se mueve por sí misma.» (Ure, 13.)39
El capital que se consume en el propio proceso de producción, o capital fijo, es medio de producción en sentido enfático. En sentido más amplio, todo el proceso de producción y cada momento suyo, así como de la circulación ‒ en la medida en que se considera materialmente ‒, no es más que medio de producción para el capital, para el que solo el valor existe como fin en sí mismo. Considerada materialmente, la propia materia prima es medio de producción para el producto, etc.
Pero la determinación del valor de uso del capital fijo como algo que se consume en el propio proceso de producción es idéntica a que solo se usa como medio en este proceso y existe él mismo solo como agente de la transformación de la materia prima en producto. Como tal medio de producción, su valor de uso puede consistir en que sea solo condición tecnológica para que el proceso se desarrolle (el lugar en que transcurre el proceso de producción), como en el caso de las edificaciones, etc., o en que sea una condición inmediata para la acción del medio de producción propiamente dicho, como todas las materias instrumentales [matières instrumentales]. Ambas no son a su vez más que presupuestos materiales para el desarrollo del proceso de producción en general, o para el empleo y la conservación del medio de trabajo. Pero este, en sentido propio, solo sirve dentro de la producción y para la producción, y no tiene ningún otro valor de uso.
Al principio, cuando considerábamos el paso del valor al capital, el proceso de trabajo quedaba simplemente incorporado al capital y, por sus condiciones materiales, por su existencia material, el capital aparecía como la totalidad de las condiciones de este proceso y, de acuerdo con él, se separaba en ciertas porciones cualitativamente distintas: material de trabajo (esta, y no materia prima, es la expresión correcta y conceptual), medio de trabajo y trabajo vivo. Por una parte, el capital, por su consistencia material, se había descompuesto en estos 3 elementos; por otra parte, la unidad en movimiento de estos, el proceso de trabajo (o el entrar estos elementos unos con otros en proceso), era la unidad en reposo, el producto. En esta forma, los elementos materiales ‒ material de trabajo, medio de trabajo y trabajo vivo ‒ aparecen solo como los momentos esenciales del propio proceso de trabajo, del que el capital se apropia. Pero este lado material ‒ o su determinación como valor de uso y proceso real ‒ se separaba por completo de su determinación formal. En esta misma aparecían
los 3 elementos en los que aparece antes del cambio con la capacidad de trabajo, antes del proceso efectivo, solo como porciones cuantitativamente distintas de sí mismo, como quanta de valor cuya unidad forma él mismo como suma. La forma material, el valor de uso en que existían estas distintas porciones, no cambiaba nada en la homogeneidad de esta determinación. Según la determinación formal, aparecían solo de modo que el capital se separaba cuantitativamente en porciones;
dentro del propio proceso, considerados según la forma, los elementos del trabajo y los otros dos se distinguían solo en que unos estaban determinados como valores constantes y el otro como creador de valor. Pero en la medida en que entraba además en relación la diversidad como valores de uso, el lado material, esta quedaba por completo fuera de la determinación formal del capital. Ahora, en cambio, en la diferencia entre capital circulante (materia prima y producto) ||44| y capital fijo (medio de trabajo), la diferencia de los elementos como valores de uso está puesta a la vez como diferencia del capital en cuanto capital, en su determinación formal. La relación de los factores entre sí, que era solo cuantitativa, aparece ahora como diferencia cualitativa del propio capital y como determinante de su movimiento global (rotación). El material de trabajo y el producto del trabajo, el sedimento neutro del proceso de trabajo, como materia prima y producto, ya no están determinados tampoco materialmente como material y producto del trabajo, sino como el valor de uso del propio capital en distintas fases.
Mientras el medio de trabajo sigue siendo medio de trabajo en el sentido propio de la palabra, tal como el capital lo ha incorporado inmediata e históricamente a su proceso de valorización, solo sufre una transformación formal por el hecho de que ahora no aparece solo, por su lado material, como medio del trabajo, sino a la vez como un modo de existencia particular del capital, determinado por el proceso global de este: como capital fijo. Pero, incorporado al proceso de producción del capital, el medio de trabajo recorre distintas metamorfosis, la última de las cuales es la máquina o, más bien, un sistema automático de la maquinaria (sistema de la maquinaria; el automático no es más que su forma más acabada y adecuada, y es lo único que convierte la maquinaria en un sistema), puesto en movimiento por un autómata, fuerza motriz que se mueve a sí misma; este autómata consta de numerosos órganos mecánicos e intelectuales, de modo que los propios obreros solo están determinados como miembros conscientes de él. En la máquina, y más aún en la maquina[ria] como sistema automático, el medio de trabajo está transformado, según su valor de uso, es decir, según su existencia material, en una existencia adecuada al capital fijo y al capital en general, y la forma en que fue incorporado como medio de trabajo inmediato al proceso de producción del capital ha quedado superada en una forma puesta por el propio capital y que le corresponde. La máquina no aparece en ningún respecto como medio de trabajo del obrero individual. Su diferencia específica [differentia specifica] no es en absoluto, como en el medio de trabajo, mediar la actividad del obrero sobre el objeto; sino que esta actividad está puesta más bien de modo que ya solo media el trabajo de la máquina, su acción sobre la materia prima: la vigila y la preserva de averías. No como en el instrumento, al que el obrero anima como órgano con su propia destreza y actividad, y cuyo manejo depende por eso de su virtuosismo. Sino que la máquina, que posee destreza y fuerza en lugar del obrero, es ella misma el virtuoso, que posee su propia alma en las leyes mecánicas que actúan en ella y que, para su constante automovimiento, consume carbón, aceite, etc. (materias instrumentales), como el obrero consume alimentos. La actividad del obrero, limitada a una mera abstracción de actividad, está determinada y regulada por todos lados por el movimiento de la maquinaria, y no a la inversa. La ciencia, que obliga a los miembros inanimados de la maquinaria, por su construcción, a actuar conforme a un fin como autómata, no existe en la conciencia del obrero, sino que actúa sobre él a través de la máquina como poder ajeno, como poder de la propia máquina. La apropiación del trabajo vivo por el trabajo objetivado ‒ de la fuerza o actividad valorizadora por el valor que es para sí ‒, que está en el concepto del capital, está puesta en la producción basada en la maquinaria como carácter del propio proceso de producción, también según sus elementos materiales y su movimiento material. El proceso de producción ha dejado de ser proceso de trabajo en el sentido de que el trabajo lo abarcaría como la unidad que lo domina. El trabajo aparece más bien solo como órgano consciente, disperso en muchos puntos del sistema mecánico en obreros vivos individuales, subsumido bajo el proceso global de la propia maquinaria, él mismo solo un miembro del sistema, cuya unidad no existe en los obreros vivos, sino en la maquinaria viva (activa), que, frente a su hacer individual e insignificante, se le presenta como un organismo poderoso. En la maquinaria, el trabajo objetivado se enfrenta al trabajo vivo, en el propio proceso de trabajo, como el poder que lo domina, poder que el capital es, según su forma, como apropiación del trabajo vivo. La incorporación del proceso de trabajo como mero momento del proceso de valorización del capital está puesta también por el lado material mediante la transformación del medio de trabajo en maquinaria y del trabajo vivo en mero accesorio vivo de esta maquinaria, como medio de su acción. El aumento de la fuerza productiva del trabajo y la máxima negación del trabajo necesario es la tendencia necesaria del capital, como hemos visto. La realización de esta tendencia es la transformación del medio de trabajo en maquinaria. En la maquinaria, el trabajo objetivado se enfrenta materialmente al vivo como el poder dominante y como subsunción activa de este bajo sí, no solo por apropiación de él, sino en el propio proceso real de producción; la relación del capital como el valor que se apropia de la actividad valorizadora está puesta a la vez, en el capital fijo que existe como maquinaria, como la relación del valor de uso del capital con el valor de uso de la capacidad de trabajo; el valor objetivado en la maquinaria aparece además como un presupuesto frente al cual la fuerza valorizadora de la capacidad de trabajo individual desaparece como algo infinitamente pequeño; con la producción en masas enormes, que está puesta con la maquinaria, desaparece igualmente en el producto toda relación con la necesidad inmediata del productor y, por tanto, con el valor de uso inmediato; en la forma en que se produce el producto, y en las relaciones en que se produce, ya está puesto que solo se produce como portador de valor, y su valor de uso solo como condición para ello. El trabajo objetivado aparece en la máquina, inmediatamente, no solo en la forma del producto o del producto empleado como medio de trabajo, sino de la fuerza productiva misma. El desarrollo del medio de trabajo hasta la maquinaria no es fortuito para el capital, sino que es la reconfiguración histórica del medio de trabajo heredado por tradición, transformado de modo adecuado al capital. La acumulación del saber y de la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social, queda así absorbida en el capital frente al trabajo, y aparece por eso como propiedad del capital y, más precisamente, del capital fijo, en la medida en que entra en el proceso de producción como medio de producción propiamente dicho. La maquinaria aparece, pues, como la forma más adecuada del capital fijo, y el capital fijo, en la medida en que se considera el capital en su relación consigo mismo, como la forma más adecuada del capital en general. Por otra parte, en la medida en que el capital fijo está sujeto en su existencia como valor de uso determinado, no corresponde al concepto del capital, que, como valor, es indiferente a toda forma determinada del valor de uso y puede adoptar o desechar cualquiera de ellas como encarnación indiferente. Por este lado, por la relación del capital hacia fuera, el capital circulante aparece como la forma adecuada del capital frente al capital fijo. Además, en la medida en que la maquinaria se desarrolla con la acumulación de la ciencia social, de la fuerza productiva en general, no es en el obrero, sino en el capital, donde se representa el trabajo social general. La fuerza productiva de la sociedad se mide por el capital fijo, existe en él en forma objetiva y, a la inversa, la fuerza productiva del capital se desarrolla con este progreso general, del que el capital se apropia gratis. No hay que entrar aquí en el desarrollo de la maquinaria al detalle [en détail], sino solo por su lado general; en la medida en que en el capital fijo el medio de trabajo, por su lado material, pierde su forma inmediata y se enfrenta materialmente al obrero como capital. El saber aparece en la maquinaria como algo ajeno, fuera de él; y el trabajo vivo, subsumido bajo el trabajo objetivado que actúa de modo autónomo. El obrero aparece como superfluo en la medida en que su acción no está condicionada por las necesidades [del capital]. |
| VII‒1 | El pleno desarrollo del capital solo tiene lugar, pues ‒ o el capital solo ha puesto el modo de producción que le corresponde ‒, cuando el medio de trabajo no solo está determinado formalmente como capital fijo, sino superado en su forma inmediata, y el capital fijo aparece como máquina frente al trabajo dentro del proceso de producción; y el proceso de producción entero, no como subsumido bajo la destreza inmediata del obrero, sino como aplicación tecnológica de la ciencia. Dar carácter científico a la producción es, por tanto, la tendencia del capital, y el trabajo inmediato queda rebajado a un mero momento de este proceso. Como en la transformación del valor en capital, así en el desarrollo ulterior del capital se muestra que, por una parte, presupone un desarrollo histórico determinado y dado de las fuerzas productivas ‒ entre estas fuerzas productivas también la ciencia ‒ y, por otra parte, lo impulsa y lo fuerza.
El volumen cuantitativo en que el capital está desarrollado como capital fijo, y la eficacia (intensidad) con que lo está, indican por eso en general el grado [degree] en que el capital está desarrollado como capital, como el poder sobre el trabajo vivo, y se ha sometido el proceso de producción en general. También por el lado de que expresa la acumulación de las fuerzas productivas objetivadas y asimismo del trabajo objetivado. Pero si el capital solo se da su figura adecuada como valor de uso dentro del proceso de producción en la maquinaria y en otras formas materiales de existencia del capital fijo, como los ferrocarriles, etc. (sobre los que volveremos más adelante), eso no quiere decir en absoluto que este valor de uso ‒ la maquinaria en sí ‒ sea capital, o que su existencia como maquinaria sea idéntica a su existencia como capital; tan poco como el oro dejaría de tener su valor de uso como oro en cuanto dejara de ser dinero. La maquinaria no pierde su valor de uso en cuanto deja de ser capital. Del hecho de que la maquinaria sea la forma que mejor corresponde al valor de uso del capital fijo no se sigue en absoluto que la subsunción bajo la relación social del capital sea la relación social de producción que mejor corresponde al empleo de la maquinaria y la mejor para él.
En la misma medida en que el tiempo de trabajo ‒ el mero quantum de trabajo ‒ es puesto por el capital como único elemento determinante del valor, en esa misma medida desaparece el trabajo inmediato y su cantidad como el principio determinante de la producción ‒ de la creación de valores de uso ‒, y queda rebajado tanto cuantitativamente a una proporción menor como cualitativamente a un momento ciertamente imprescindible, pero subalterno, frente al trabajo científico general, a la aplicación tecnológica de las ciencias naturales por un lado, y [frente a la] fuerza productiva general que surge de la articulación social en la producción global, por otro; fuerza productiva que aparece como don natural del trabajo social (aunque sea producto histórico). El capital trabaja así en su propia disolución como forma dominante de la producción. Si así, por una parte, la transformación del proceso de producción, de simple proceso de trabajo en un proceso científico que somete a su servicio las potencias naturales y las hace actuar así al servicio de las necesidades humanas, aparece como propiedad del capital fijo frente al trabajo vivo; si el trabajo individual como tal deja en general de aparecer como productivo, y más bien solo es productivo en los trabajos comunes que se subordinan las potencias naturales, y esta elevación del trabajo inmediato a trabajo social aparece como reducción del trabajo individual a la impotencia frente a la comunidad concentrada y representada en el capital, por otra parte aparece ahora como propiedad del capital circulante el sostenimiento del trabajo en una rama de producción mediante el trabajo coexistente [coexisting labour] en otra. En la pequeña circulación, el capital adelanta al obrero el salario, que este cambia por los productos necesarios para su consumo. El dinero que recibe solo tiene este poder porque al mismo tiempo se trabaja a su lado; y solo porque el capital se ha apropiado de su trabajo puede darle en dinero una libranza sobre trabajo ajeno. Este cambio del trabajo propio por el ajeno no aparece aquí mediado y condicionado por la coexistencia simultánea del trabajo de los otros, sino por el adelanto que hace el capital. Aparece como propiedad de la parte del capital circulante [circulating capital] que se cede al obrero, y del capital circulante en general, que el obrero pueda efectuar durante la producción el metabolismo necesario para su consumo. No aparece como metabolismo de las fuerzas de trabajo simultáneas, sino como metabolismo del capital; como efecto de que existe capital circulante. Así, todas las fuerzas del trabajo se transponen en fuerzas del capital; en el capital fijo, la fuerza productiva del trabajo (que está puesta fuera de él y como existente con independencia (cósica) de él); y en el capital circulante, por una parte, el hecho de que el propio obrero se haya presupuesto las condiciones de la repetición de su trabajo y, por otra, de que el cambio de este trabajo suyo esté mediado por el trabajo coexistente de otros aparece así: el capital le hace los adelantos y, por otra parte, pone la simultaneidad de las ramas de trabajo. (Estas dos últimas determinaciones pertenecen propiamente a la acumulación.) El capital se pone como mediador entre los distintos trabajadores [labourers] en la forma del capital circulante.
El capital fijo, en su determinación como medio de producción, cuya forma más adecuada es la maquinaria, solo produce valor, es decir, solo aumenta el valor del producto, por 2 lados: 1) en la medida en que tiene valor, es decir, es él mismo producto del trabajo, un cierto quantum de trabajo en forma objetivada; 2) en la medida en que aumenta la proporción del plustrabajo respecto del trabajo necesario, al capacitar al trabajo, mediante el aumento de su fuerza productiva, para crear en menos tiempo una masa mayor de los productos necesarios para el sustento de la capacidad de trabajo viva. Es, pues, una frase burguesa sumamente absurda la de que el obrero comparte con el capitalista porque este, con el capital fijo (que, por lo demás, es él mismo producto del trabajo, y trabajo ajeno del que el capital solo se ha apropiado), le facilita el trabajo (más bien le roba con la máquina toda autonomía y todo carácter atractivo) o le abrevia el trabajo. El capital solo emplea la máquina, más bien, en la medida en que capacita al obrero para trabajar una parte mayor de su tiempo para el capital, para comportarse respecto de una parte mayor de su tiempo como tiempo que no le pertenece, para trabajar más tiempo para otro. Con este proceso, en efecto, el quantum de trabajo necesario para producir un objeto determinado se reduce a un mínimo, pero solo para que se valorice un máximo de trabajo en el máximo de tales objetos. El primer lado es importante, porque el capital ‒ de modo totalmente involuntario ‒ reduce aquí el trabajo humano, el gasto de fuerza, a un mínimo. Esto redundará en beneficio del trabajo emancipado y es la condición de su emancipación. De lo dicho se desprende el absurdo de Lauderdale cuando quiere hacer del capital fijo una fuente autónoma del valor, independiente del tiempo de trabajo. Solo es tal fuente en la medida en que es él mismo tiempo de trabajo objetivado y en la medida en que pone tiempo de plustrabajo. La propia maquinaria presupone históricamente para su empleo ||2| ‒ véase arriba Ravenstone ‒ brazos superfluos. Solo donde hay sobreabundancia de fuerzas de trabajo interviene la maquinaria para sustituir trabajo. Solo en la imaginación de los economistas acude en ayuda del obrero individual. Solo puede actuar con masas de obreros, cuya concentración frente al capital es uno de sus presupuestos históricos, como hemos visto. No entra para sustituir la fuerza de trabajo que falta, sino para reducir a su medida necesaria la que existe en masa. Solo donde la capacidad de trabajo existe en masa entra la maquinaria. (Volver sobre esto.)
Lauderdale cree haber hecho un gran descubrimiento al decir que la maquinaria no aumenta la fuerza productiva del trabajo, porque más bien lo sustituye, o hace lo que el trabajo no puede hacer con su fuerza. Forma parte del concepto del capital que el aumento de la fuerza productiva del trabajo esté puesto más bien como aumento de una fuerza fuera de él y como su propia debilitación. El medio de trabajo hace autónomo al obrero: lo pone como propietario. La maquinaria ‒ como capital fijo ‒ lo pone como no autónomo, lo pone como apropiado. Este efecto de la maquinaria solo vale en la medida en que está determinada como capital fijo, y solo está determinada como tal porque el obrero se comporta con ella como asalariado, y el individuo activo en general, como mero obrero.
Mientras que hasta ahora el capital fijo y el circulante aparecían solo como distintas determinaciones pasajeras del capital, ahora se han endurecido en modos particulares de existencia de este, y junto al capital fijo aparece el capital circulante. Ahora son 2 clases particulares de capital. En la medida en que se considera Un capital en una rama de producción determinada, aparece dividido en estas 2 porciones, o se descompone en una proporción determinada en estas 2 clases de capital.
La diferencia dentro del proceso de producción, originariamente medio de trabajo y material de trabajo y, finalmente, producto del trabajo, aparece ahora como capital circulante (los dos últimos) y capital fijo. La distinción del capital según su lado meramente material queda ahora incorporada a su forma misma y aparece como lo que lo diferencia.
Para la opinión que, como Lauderdale, etc., quisiera que el capital como tal, separado del trabajo, creara valor y, por tanto, también plusvalía (o ganancia), el capital fijo ‒ sobre todo aquel cuya existencia material o valor de uso es la maquinaria ‒ es la forma que todavía da más apariencia a sus falacias [fallacies] superficiales. Frente a ellos, p. ej. en Labour defended,40 se dice que bien puede el constructor del camino compartir con el usuario del camino, pero no el «camino» mismo.
El capital circulante ‒ una vez presupuesto que recorre efectivamente sus distintas fases ‒: la disminución o el aumento, la brevedad o la longitud del tiempo de circulación, el recorrido más fácil o más trabajoso de los distintos estadios de la circulación, producen una disminución de la plusvalía que podría crearse en un periodo dado sin estas interrupciones, bien porque el número de reproducciones se hace menor, bien porque se contrae el quantum del capital que está constantemente en el proceso de producción. En ambos casos, esto no es una disminución del valor presupuesto, sino una velocidad menor en su crecimiento. Pero en cuanto el capital fijo se ha desarrollado hasta cierta extensión ‒ y esta extensión es, como se ha indicado, la medida del desarrollo de la gran industria en general ‒, y aumenta por tanto en proporción al desarrollo de las fuerzas productivas de esta ‒ él mismo es la objetivación de estas fuerzas productivas, ellas mismas como producto presupuesto ‒, a partir de ese instante toda interrupción del proceso de producción actúa directamente como disminución del propio capital, de su valor presupuesto. El valor del capital fijo solo se reproduce en la medida en que se gasta en el proceso de producción. Si no se utiliza, pierde su valor de uso sin que su valor pase al producto. Por eso, cuanto mayor es la escala en que se desarrolla el capital fijo, en el significado en que lo consideramos aquí, tanto más se convierte la continuidad del proceso de producción, o el flujo constante de la reproducción, en condición exteriormente coactiva del modo de producción basado en el capital.
La apropiación del trabajo vivo por el capital adquiere en la maquinaria una realidad inmediata también por este lado: por una parte, es el análisis y la aplicación de leyes mecánicas y químicas, nacidos directamente de la ciencia, lo que capacita a la máquina para realizar el mismo trabajo que antes realizaba el obrero. Pero el desarrollo de la maquinaria por este camino solo se produce cuando la gran industria ha alcanzado ya un estadio superior y todas las ciencias han sido capturadas al servicio del capital; y, por otra parte, cuando la propia maquinaria existente ofrece ya grandes recursos. La invención se convierte entonces en un negocio, y la aplicación de la ciencia a la producción inmediata misma, en un punto de vista que la determina y la solicita. Pero este no es el camino por el que surgió la maquinaria a grandes rasgos, y menos aún aquel por el que progresa en el detalle. Ese camino es el análisis ‒ mediante la división del trabajo, que convierte ya cada vez más las operaciones de los obreros en operaciones mecánicas, de modo que en cierto punto el mecanismo puede ocupar su lugar. (A propósito de la economía de fuerza [economy of power].) Aquí aparece, pues, directamente el modo determinado de trabajar transferido del obrero al capital en la forma de la máquina, y por esta transposición queda desvalorizada su propia capacidad de trabajo. De ahí la lucha de los obreros contra la maquinaria. Lo que era actividad del obrero vivo se convierte en actividad de la máquina. Así se enfrenta al obrero, de un modo groseramente sensible, la apropiación del trabajo por el capital, el capital como absorbiendo en sí el trabajo vivo, «como si tuviera amor en el cuerpo».41
El cambio de trabajo vivo por trabajo objetivado, es decir, la posición del trabajo social en la forma de la oposición entre capital y trabajo asalariado, es el último desarrollo de la relación de valor y de la producción basada en el valor. Su presupuesto es y sigue siendo la masa de tiempo de trabajo inmediato, el quantum de trabajo empleado, como factor decisivo de la producción de la riqueza. Pero a medida que se desarrolla la gran industria, la creación de la riqueza efectiva pasa a depender menos del tiempo de trabajo y del quantum de trabajo empleado que del poder de los agentes que se ponen en movimiento durante el tiempo de trabajo, y que ‒ su poderosa eficacia [powerful effectiveness] ‒ no guarda a su vez ninguna proporción con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la aplicación de esta ciencia a la producción. (El desarrollo de esta ciencia, sobre todo de la ciencia natural, y con ella de todas las demás, está a su vez en relación con el desarrollo de la producción material.) La agricultura, p. ej., se convierte en mera aplicación de la ciencia del metabolismo material, de cómo regularlo del modo más ventajoso para el cuerpo social entero. La riqueza efectiva se manifiesta más bien ‒ y esto lo revela la gran industria ‒ en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, como asimismo en la desproporción cualitativa entre el trabajo reducido a una pura abstracción y el poderío del proceso de producción que vigila. El trabajo ya no aparece tanto como incluido en el proceso de producción, sino que más bien el hombre se comporta como vigilante y regulador respecto del propio proceso de producción. (Lo que vale para la maquinaria vale igualmente para la combinación de la actividad humana y el desarrollo del intercambio humano.) Ya no es el obrero quien intercala un objeto natural modificado como eslabón intermedio entre el objeto y él mismo, sino que intercala el proceso natural, ||3| que transforma en un proceso industrial, como medio entre él y la naturaleza inorgánica, de la que se adueña. Se sitúa junto al proceso de producción, en lugar de ser su agente principal. En esta transformación, no es ni el trabajo inmediato que el hombre mismo realiza ni el tiempo que trabaja, sino la apropiación de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de esta mediante su existencia como cuerpo social ‒ en una palabra, el desarrollo del individuo social ‒ lo que aparece como el gran pilar fundamental de la producción y de la riqueza. El robo de tiempo de trabajo ajeno en que se basa la riqueza actual aparece como una base miserable frente a esta otra, recién desarrollada, creada por la propia gran industria. En cuanto el trabajo en forma inmediata ha dejado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y tiene que dejar de ser su medida, y por tanto el valor de cambio [la medida] del valor de uso. El plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza general, así como el no trabajo de unos pocos para el desarrollo de las potencias generales de la cabeza humana. Con ello se derrumba la producción basada en el valor de cambio, y el proceso de producción material inmediato se despoja él mismo de la forma de la penuria y del antagonismo. El libre desarrollo de las individualidades y, por tanto, no la reducción del tiempo de trabajo necesario para poner plustrabajo, sino en general la reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, a la que corresponde entonces la formación artística, científica, etc., de los individuos gracias al tiempo que ha quedado libre para todos ellos y a los medios creados. El capital es él mismo la contradicción en proceso [por el hecho de] que tiende a reducir el tiempo de trabajo a un mínimo, mientras que, por otra parte, pone el tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza. Por eso disminuye el tiempo de trabajo en la forma del necesario para aumentarlo en la forma del superfluo; pone, por tanto, en medida creciente, el superfluo como condición ‒ cuestión de vida o muerte [question de vie et de mort] ‒ del necesario. Por un lado, pues, da vida a todas las potencias de la ciencia y de la naturaleza, así como de la combinación social y del intercambio social, para hacer la creación de la riqueza (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por otro lado, quiere medir estas gigantescas fuerzas sociales así creadas por el tiempo de trabajo y encerrarlas en los límites que se requieren para conservar como valor el valor ya creado. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales ‒ ambas, lados distintos del desarrollo del individuo social ‒ solo aparecen al capital como medios, y solo son para él medios para producir a partir de su base limitada. Pero de hecho [in fact] son las condiciones materiales para hacerla saltar por los aires. «Verdaderamente rica es una nación cuando, en lugar de 12 horas, se trabajan 6. La riqueza [wealth] no es el mando sobre tiempo de plustrabajo (riqueza real), sino tiempo disponible [disposable time], aparte del empleado en la producción inmediata, para cada individuo y para la sociedad entera.»42 La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ferrocarriles, telégrafos eléctricos, hiladoras automáticas [selfacting mules], etc. Son productos de la industria humana; material natural transformado en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza o de su actuación en la naturaleza. Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana; fuerza objetivada del saber. El desarrollo del capital fijo indica hasta qué grado el saber social general, el conocimiento [knowledge], se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, por tanto, hasta qué grado las condiciones del propio proceso social de vida han pasado a estar bajo el control del general intellect y han sido transformadas de acuerdo con él. Hasta qué grado están producidas las fuerzas productivas sociales, no solo en la forma del saber, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso real de vida.
Por otro lado más, el desarrollo del capital fijo indica el grado de desarrollo de la riqueza en general o del desarrollo del capital. El objeto de la producción dirigida inmediatamente al valor de uso, e igualmente de la dirigida inmediatamente al valor de cambio, es el producto mismo, que está destinado al consumo. La parte de la producción dirigida a la producción del capital fijo no produce objetos inmediatos de disfrute, ni valores de cambio inmediatos; al menos, no valores de cambio inmediatamente realizables. Depende, pues, del grado de productividad ya alcanzado ‒ de que una parte del tiempo de producción baste para la producción inmediata ‒ que se emplee una parte crecientemente grande en la producción de los medios de producción. Para ello hace falta que la sociedad pueda esperar; que pueda sustraer una gran parte de la riqueza ya creada tanto al disfrute inmediato como a la producción destinada al disfrute inmediato, para emplear esa parte en trabajo no inmediatamente productivo (dentro del propio proceso de producción material). Esto exige un nivel elevado de la productividad ya alcanzada y de abundancia relativa, y precisamente un nivel tal en proporción directa a la transformación de capital circulante en capital fijo. Así como la magnitud del plustrabajo relativo depende de la productividad del trabajo necesario, así la magnitud del tiempo de trabajo empleado en la producción del capital fijo ‒ vivo y objetivado ‒ depende de la productividad del tiempo de trabajo destinado a la producción directa de productos. La sobrepoblación (desde este punto de vista), como la sobreproducción, es para ello condición. Es decir, el resultado del tiempo empleado en la producción inmediata tiene que ser relativamente demasiado grande para que haga falta inmediatamente en la reproducción del capital empleado en esas ramas de la industria. Cuanto menos fruto inmediato da el capital fijo, cuanto menos interviene en el proceso de producción inmediato, tanto mayores tienen que ser esta sobrepoblación y sobreproducción relativas; más, por tanto, para construir ferrocarriles, canales, conducciones de agua, telégrafos, etc., que para maquinaria que actúa directamente en el proceso de producción inmediato. De ahí ‒ sobre lo que volveremos más adelante ‒, en la constante sobreproducción y subproducción de la industria moderna, oscilaciones y convulsiones constantes por la desproporción en que unas veces se transforma demasiado poco y otras demasiado capital circulante en capital fijo.
❲La creación de mucho tiempo disponible [disposable time] aparte del tiempo de trabajo necesario para la sociedad en general y para cada uno de sus miembros (es decir, espacio para el desarrollo de las fuerzas productivas plenas del individuo y, por tanto, también de la sociedad), esta creación de tiempo de no trabajo aparece, desde el punto de vista del capital, como en todos los estadios anteriores, como tiempo de no trabajo, tiempo libre para algunos. El capital añade que aumenta el tiempo de plustrabajo de la masa con todos los medios del arte y de la ciencia, porque su riqueza consiste directamente en la apropiación de tiempo de plustrabajo; ya que su fin es directamente el valor, no el valor de uso. Así, a pesar suyo [malgré lui], contribuye a crear los medios del tiempo social disponible [is instrumental in creating the means of social disposable time], para reducir el tiempo de trabajo para la sociedad entera a un mínimo decreciente, y hacer así libre el tiempo de todos para su propio desarrollo. Pero su tendencia es siempre, por una parte, crear tiempo disponible y, por otra, convertirlo en plustrabajo [to convert it into surpluslabour]. Si lo primero le sale demasiado bien, padece sobreproducción, y entonces se interrumpe el trabajo necesario, porque el capital no puede valorizar ningún plustrabajo. Cuanto más se desarrolla esta contradicción, tanto más se pone de manifiesto que el crecimiento de las fuerzas productivas ya no puede estar sujeto a la apropiación de plustrabajo ajeno, sino que la masa obrera misma tiene que apropiarse de su plustrabajo. Una vez que lo haya hecho ‒ y con ello el tiempo disponible deja de tener una existencia antagónica ‒, por una parte el tiempo de trabajo necesario tendrá su medida en las necesidades del individuo social y, por otra, el desarrollo de la fuerza productiva social crecerá tan deprisa que, aunque la producción esté calculada ahora para la riqueza de todos, crecerá el tiempo disponible de todos. Pues la riqueza efectiva es la fuerza productiva desarrollada de todos los individuos. Entonces ||4| ya no es en absoluto el tiempo de trabajo, sino el tiempo disponible, la medida de la riqueza. El tiempo de trabajo como medida de la riqueza pone la riqueza misma como basada en la pobreza, y el tiempo disponible como existente solo en y por la oposición al tiempo de plustrabajo, o como posición del tiempo entero del individuo como tiempo de trabajo y, por tanto, degradación de este a mero obrero, subsunción bajo el trabajo. Por eso la maquinaria más desarrollada obliga ahora al obrero a trabajar más tiempo que el salvaje o que él mismo con las herramientas más simples y toscas.❳
«Si todo el trabajo de un país bastara solo para obtener el sustento de toda la población, no habría plustrabajo y, en consecuencia, nada que pudiera dejarse acumular como capital. Si el pueblo obtiene en un año bastante para el sustento de 2 años, el consumo de un año tiene que perecer, o durante un año los hombres tienen que cesar en el trabajo productivo. Pero los poseedores del plusproducto o capital emplean a la gente en algo no directa e inmediatamente productivo, p. ej. en la construcción de maquinaria. Y así sigue adelante.» (The Source and Remedy of the National Difficulties.)43
❲Así como con el desarrollo de la gran industria la base en que descansa, la apropiación de tiempo de trabajo ajeno, deja de constituir o de crear la riqueza, así con ella el trabajo inmediato deja de ser como tal base de la producción, porque, por un lado, se transforma en una actividad más bien de vigilancia y regulación; pero luego también porque el producto deja de ser producto del trabajo inmediato aislado, y es más bien la combinación de la actividad social la que aparece como el productor. «En cuanto se ha desarrollado la división del trabajo, casi todo trabajo de un individuo singular es una parte de un todo que no tiene valor ni utilidad por sí mismo. No hay nada de lo que el trabajador pueda apoderarse diciendo: este es mi producto, esto me lo quedo.» (Labour defended, 1, 2, XI.) En el cambio inmediato, el trabajo inmediato aislado aparece como realizado en un producto particular o parte del producto, y su carácter social comunitario ‒ su carácter de objetivación del trabajo general y satisfacción de la necesidad general ‒ solo está puesto por el cambio. En cambio, en el proceso de producción de la gran industria, así como, por una parte, en la fuerza productiva del medio de trabajo desarrollado hasta ser un proceso automático, el sometimiento de las fuerzas naturales al entendimiento social es presupuesto, así, por otra parte, el trabajo del individuo en su existencia inmediata está puesto como trabajo individual superado, es decir, como trabajo social. Así desaparece la otra base de este modo de producción.❳ El tiempo de trabajo empleado en la producción de capital fijo es, dentro del propio proceso de producción del capital, respecto del empleado en la producción del capital circulante, lo que el tiempo de plustrabajo respecto del necesario. A medida que la producción dirigida a la satisfacción de la necesidad inmediata se vuelve más productiva, una parte mayor de la producción puede dirigirse a la satisfacción de la necesidad de la producción misma, o a la producción de medios de producción. En la medida en que la producción de capital fijo, también por su lado material, no está dirigida inmediatamente a la producción de valores de uso inmediatos, ni a la producción de valores requeridos para la reproducción inmediata del capital ‒ que, por tanto, en la creación de valor misma representan a su vez relativamente el valor de uso ‒, sino a la producción de medios para la creación de valor, es decir, no al valor como objeto inmediato, sino a la creación de valor, a los medios de valorización, como objeto inmediato de la producción ‒ la producción de valor puesta materialmente en el propio objeto de la producción como fin de la producción, de la objetivación de fuerza productiva, de fuerza productora de valor del capital ‒, es en la producción del capital fijo donde el capital se pone como fin en sí mismo en una potencia más alta que en la producción de capital circulante, y aparece activo como capital. Por este lado, pues, igualmente, la dimensión que ya posee el capital fijo y la que ocupa su producción en la producción global es medida del desarrollo de la riqueza basada en el modo de producción del capital.
«El número de obreros depende del capital circulante en la medida en que depende de la cantidad de productos del trabajo coexistente que se permite consumir a los trabajadores.» (Labour Defended.)
Los pasajes citados arriba de distintos economistas se refieren todos al capital fijo [fixed Capital] como la parte del capital que está encerrada en el proceso de producción. «El capital flotante se consume; el capital fijo solo se usa en el gran proceso de la producción.» (Economist. VI, 1.) Esto es falso y solo vale para la parte del capital circulante que es consumida a su vez por el capital fijo, para las materias instrumentales. Consumido «en el gran proceso de la producción», considerado este como proceso de producción inmediato, solo lo es el capital fijo. Pero el consumir dentro del proceso de producción es de hecho [in fact] uso, desgaste. Además, la mayor durabilidad del capital fijo tampoco hay que entenderla de modo puramente material. El hierro y la madera de que está hecha la cama en que duermo, o las piedras de que está hecha la casa en que vivo, o la estatua de mármol con que se adorna un palacio, son tan duraderos como el hierro y la madera, etc., empleados en la maquinaria. Pero la durabilidad es condición en el instrumento, en el medio de producción, no solo por la razón técnica de que los metales, etc., son el material principal de toda maquinaria, sino porque el instrumento está destinado a desempeñar constantemente el mismo papel en procesos de producción repetidos. Como medio de producción, su durabilidad está exigida inmediatamente por su valor de uso. Cuanto más a menudo tuviera que renovarse, tanto más costoso sería; tanto mayor parte del capital tendría que emplearse en él inútilmente. Su duración es su existencia como medio de producción. Su duración es aumento de su fuerza productiva. En el capital circulante, en cambio, en la medida en que no se transforma en capital fijo, la durabilidad no está en absoluto relacionada con el acto de producción mismo y no es, por tanto, un momento puesto conceptualmente. Que algunos de los objetos lanzados al fondo de consumo [fonds de consommation] se determinen a su vez como capital fijo, porque se consumen lentamente y pueden ser consumidos sucesivamente por muchos individuos, tiene que ver con determinaciones ulteriores (alquilar en lugar de vender, interés, etc.), de las que aquí no nos ocupamos todavía. |
|5| «Desde la introducción general de mecanismos inanimados en las manufacturas británicas, los hombres, con pocas excepciones, fueron tratados como una máquina secundaria y subordinada, y se prestó mucha más atención al perfeccionamiento de las materias primas de madera y metales que al del cuerpo y el espíritu.» (p. 31. Robert Owen: Essays on the formation of the human character. 1840. London.)44
❲La economía efectiva ‒ el ahorro ‒ consiste en el ahorro de tiempo de trabajo (mínimo (y reducción al mínimo) de los costes de producción); pero este ahorro es idéntico al desarrollo de la fuerza productiva. No es, pues, en absoluto renuncia al disfrute, sino desarrollo de potencia [power], de capacidades para la producción y, por tanto, tanto de las capacidades como de los medios del disfrute. La capacidad de disfrute es condición del disfrute, y por tanto su primer medio, y esta capacidad es desarrollo de una disposición individual, fuerza productiva. El ahorro de tiempo de trabajo equivale a aumentar el tiempo libre, es decir, el tiempo para el pleno desarrollo del individuo, que a su vez repercute, como la mayor fuerza productiva, sobre la fuerza productiva del trabajo. Desde el punto de vista del proceso de producción inmediato, puede considerarse como producción de capital fijo; siendo este capital fijo el hombre mismo [being man himself]. Por lo demás, se entiende por sí mismo que el tiempo de trabajo inmediato no puede permanecer en la oposición abstracta al tiempo libre en que aparece desde el punto de vista de la economía burguesa. El trabajo no puede convertirse en juego, como quiere Fourier,45 al que le queda el gran mérito de haber proclamado como objetivo último [ultimate object] la superación, no de la distribución, sino del propio modo de producción en una forma superior. El tiempo libre, que es tanto tiempo de ocio como tiempo para una actividad superior, ha transformado naturalmente a su poseedor en otro sujeto, y como este otro sujeto entra entonces también en el proceso de producción inmediato. Este es a la vez disciplina, considerado con respecto al hombre en formación, y ejercicio, ciencia experimental, ciencia materialmente creadora y que se objetiva, con respecto al hombre ya formado, en cuya cabeza existe el saber acumulado de la sociedad. Para ambos, en la medida en que el trabajo exige poner prácticamente las manos y moverse libremente, como en la agricultura, es a la vez ejercicio [exercise].
Así como el sistema de la economía burguesa solo se nos desarrolla poco a poco, así también la negación de sí mismo, que es su resultado último. Ahora todavía tenemos que ocuparnos del proceso de producción inmediato. Si consideramos la sociedad burguesa en grande y en su conjunto, siempre aparece como resultado último del proceso social de producción la propia sociedad, es decir, el propio hombre en sus relaciones sociales. Todo lo que tiene forma fija, como el producto, etc., aparece solo como momento, momento evanescente en este movimiento. El propio proceso de producción inmediato aparece aquí solo como momento. Las condiciones y objetivaciones del proceso son ellas mismas por igual momentos suyos, y como sus sujetos aparecen solo los individuos, pero los individuos en relaciones recíprocas que tanto reproducen como producen de nuevo. Es su propio y constante proceso de movimiento, en el que se renuevan tanto a sí mismos como al mundo de la riqueza que crean.❳
(En sus Six lectures delivered at Manchester. 1837, Owen habla de la diferencia que el capital, por su mismo crecimiento [by its very growth] y su aparición amplia (y esta solo la adquiere en la gran industria, ligada al desarrollo del capital fijo), crea entre obreros y capitalistas; pero proclama el desarrollo del capital como condición necesaria para la recreación de la sociedad [recreation of society] y cuenta de sí mismo: «Fue por haberse ido formando gradualmente en crear y dirigir algunos de estos grandes establecimientos (manufactureros) como vuestro conferenciante (el propio Owen) aprendió a comprender los grandes errores e inconvenientes de los intentos pasados y presentes de mejorar el carácter y la situación de sus semejantes.» (p. 58.) Reproducimos aquí todo el pasaje aducido, para utilizarlo en otra ocasión.
«Los productores de la riqueza elaborada pueden dividirse en trabajadores en materiales blandos y trabajadores en materiales duros, bajo la dirección inmediata, en general, de maestros cuyo objeto es obtener ganancia en dinero mediante el trabajo de aquellos a quienes emplean. Antes de la introducción del sistema químico y mecánico de manufactura, las operaciones se llevaban a cabo a escala limitada; había muchos maestros pequeños, cada uno con unos pocos jornaleros, que esperaban llegar a ser también, a su debido tiempo, maestros pequeños. Solían comer en la misma mesa y vivían juntos; entre ellos reinaba un espíritu y un sentimiento de igualdad. Desde el periodo en que el poder científico [scientific power] empezó a aplicarse en grande al negocio de la manufactura, se produjo en este respecto un cambio gradual. Casi todas las manufacturas, para tener éxito, tienen que llevarse a cabo ahora en gran extensión y con un gran capital; los maestros pequeños con capitales pequeños tienen ya pocas probabilidades de éxito, sobre todo en las manufacturas de materiales blandos, como el algodón, la lana, el lino, etc.; es de hecho evidente ahora que, mientras hayan de perdurar la clasificación actual de la sociedad y el modo actual de llevar los negocios, los maestros pequeños serán desplazados cada vez más por los que poseen grandes capitales, y que la anterior igualdad, relativamente más feliz, entre los productores tiene que ceder el puesto a la mayor desigualdad entre maestro y obrero que jamás se haya dado en la historia de la humanidad. El gran capitalista está ahora elevado a la posición de un señor imperioso que dispone a su antojo, indirectamente, de la salud, la vida y la muerte de sus esclavos. Este poder lo obtiene por la combinación con otros grandes capitalistas comprometidos en el mismo interés que él, y obliga así eficazmente a los que emplea a servir a sus propósitos. El gran capitalista nada ahora en la riqueza, cuyo uso correcto no se le ha enseñado y que no conoce. Ha adquirido poder por su riqueza. Su riqueza y su poder ciegan su entendimiento; y cuando oprime del modo más penoso, cree hacer un favor… Sus sirvientes [servants], como se los llama, sus esclavos de hecho [slaves in fact], están reducidos a la degradación más desesperada; la mayoría de ellos, privados de la salud, de las comodidades domésticas, del ocio y de los sanos esparcimientos al aire libre de otros días. Por el agotamiento excesivo de sus fuerzas, producido por ocupaciones monótonas prolongadas largamente, se ven inducidos a hábitos de intemperancia e incapacitados para pensar o reflexionar. No pueden tener esparcimientos físicos, intelectuales o morales, salvo de la peor especie; todos los placeres reales de la vida están muy lejos de ellos. La existencia que vive una parte muy grande de los obreros bajo el sistema actual no merece, en una palabra, ser poseída. Pero de los cambios de los que esto es el resultado no son culpables los individuos; proceden en el orden regular de la naturaleza y son estadios preparatorios y necesarios para la grande e importante revolución social que está en marcha. Sin grandes capitales no podrían fundarse grandes establecimientos; no se podría llevar a los hombres a comprender la posibilidad práctica de efectuar nuevas combinaciones para asegurar a todos un carácter superior y la producción de más riqueza anual de la que todos pueden consumir, y que la riqueza ha de ser también de una especie más elevada que la ||6| producida hasta ahora en general.» (l. c. 56, 57.) «Es este nuevo sistema químico y mecánico de manufactura el que ahora amplía las capacidades humanas y las prepara para comprender otros principios y prácticas, para adoptarlos, y efectuar así el cambio más benéfico en los asuntos humanos que el mundo haya conocido hasta ahora. Y es este nuevo sistema de manufactura el que crea ahora la necesidad de otra clasificación más elevada de la sociedad.» (l. c. 58.))
[Circulación y reproducción del capital fijo y del circulante]
Hemos observado antes que la fuerza productiva (el capital fijo) solo transmite valor porque solo tiene valor en la medida en que ella misma ha sido producida, en que es ella misma un quantum determinado de tiempo de trabajo objetivado. Pero entran ahora agentes naturales, como el agua, la tierra (esta sobre todo), las minas, etc., que están apropiados y poseen, por tanto, valor de cambio, y que entran así como valores en el cálculo de los costes de producción. Es, en una palabra, la entrada en escena de la propiedad del suelo (que abarca tierra, minas, agua). El valor de los medios de producción que no son producto del trabajo no corresponde todavía aquí, puesto que no surgen de la consideración del propio capital. Para el capital aparecen por de pronto como presupuesto dado, histórico. Y como tal los dejamos aquí. Solo la forma de la propiedad del suelo modificada de acuerdo con el capital ‒ o de los agentes naturales como magnitudes determinantes del valor ‒ corresponde a la consideración del sistema de la economía burguesa. Para la consideración del capital en el punto al que hemos llegado, no cambia nada considerar la tierra, etc., como forma del capital fijo.
Como el capital fijo, en el sentido de fuerza productiva producida, como agente de la producción, aumenta la masa de valores de uso creados en un tiempo determinado, no puede crecer sin que crezca la materia prima que elabora (en la industria manufacturera. En la industria extractiva, como la pesca o la minería, el trabajo consiste en la mera superación de los obstáculos que exige la captura y apropiación de los productos brutos o productos originarios. No se elabora ninguna materia prima para la producción, sino que más bien se apropia el producto bruto existente. En la agricultura, en cambio, la materia prima es la propia tierra; el capital circulante, la simiente, etc.). Su empleo a mayor escala presupone, pues, la expansión de la parte del capital circulante que consiste en materias primas; por tanto, el crecimiento del capital en general. Presupone igualmente la disminución (relativa) de la porción del capital cambiada por trabajo vivo.
En el capital fijo, el capital existe también materialmente, no solo como trabajo objetivado determinado para servir de medio a nuevo trabajo, sino como valor cuyo valor de uso es crear nuevos valores. La existencia del capital fijo es, pues, por excelencia46 su existencia como capital productivo [Capital productif]. De ahí [Hinc] que el estadio ya alcanzado en el desarrollo del modo de producción basado en el capital ‒ o hasta qué punto el capital mismo ya está presupuesto como condición de su propia producción, se ha presupuesto ‒ se mida por el volumen existente del capital fijo; no solo por su cantidad, sino igualmente por su calidad.
Finalmente: en el capital fijo, la fuerza productiva social del trabajo está puesta como propiedad inherente al capital; tanto el poder científico [scientific power] como la combinación de fuerzas sociales dentro del proceso de producción y, por último, la destreza traspuesta del trabajo inmediato a la máquina, a la fuerza productiva muerta. En el capital circulante, en cambio, el cambio de los trabajos, de las distintas ramas de trabajo, su engranaje y su formación de un sistema, la coexistencia del trabajo productivo, aparecen como propiedad del capital.
❲Las determinaciones de materia prima, producto e instrumento de producción cambian según la determinación que ocupan los valores de uso en el propio proceso de producción. Lo que puede considerarse como mera materia prima (desde luego no los productos agrícolas, que están todos reproducidos, y no solo reproducidos en su forma original, sino modificados de acuerdo con las necesidades humanas en su propia existencia natural. Citar de Hodges,47 etc. Los productos de la industria puramente extractiva, como p. ej. el carbón y los metales, son ellos mismos resultados del trabajo, no solo para sacarlos a la luz del día, sino para llevarlos ellos mismos, como en el caso de los metales, a la forma en que pueden servir como materias primas de la industria. Pero no se reproducen, puesto que hasta ahora no sabemos hacer metales) es él mismo producto del trabajo. El producto de una industria es la materia prima de otra, y viceversa [et vice versa]. El propio instrumento de producción es producto de una industria y solo sirve como instrumento de producción en otra. El desecho de una industria, la materia prima de otra. En la agricultura, una parte del producto (simiente, ganado, etc.) aparece ella misma como materia prima en la misma industria; no sale, pues, nunca del proceso de producción, como el propio capital fijo; la parte de los productos agrícolas destinada al consumo del ganado puede considerarse como materia instrumental [matière instrumentale]; pero la simiente se reproduce en el proceso de producción, mientras que el instrumento como tal se consume en él. ¿No podría considerarse la simiente, tanto como el ganado de labor, por el lado de que permanece siempre en el proceso de producción, tanto como el ganado de labor, como capital fijo? No; de lo contrario habría que considerar así toda materia prima. Como materia prima, está siempre comprendida en el proceso de producción. Finalmente, los productos que entran en el consumo directo salen a su vez del consumo mismo como materias primas para la producción: abono en el proceso natural, etc., papel de trapos, etc.; pero, en segundo lugar, su consumo reproduce al individuo mismo en un modo de existencia determinado, no solo en su vitalidad inmediata, y en relaciones sociales determinadas. De modo que la apropiación final por los individuos, que tiene lugar en el proceso de consumo, los reproduce en las relaciones originarias en que entran respecto del proceso de producción y unos respecto de otros; los reproduce en su existencia social y, por tanto, reproduce su existencia social ‒ la sociedad ‒, que aparece tanto como el sujeto como el resultado de este gran proceso global.❳
Cuarto:
Tenemos que considerar ahora las otras relaciones del capital fijo y el capital circulante.
Dijimos arriba que en el capital circulante la relación social de los distintos trabajos entre sí está puesta como propiedad del capital, como en el capital fijo la fuerza productiva social del trabajo.
«El capital circulante de una nación es: dinero, medios de subsistencia, materias primas y la obra hecha [l'ouvrage fait].» (A. Smith, t. II, p. 218.) Con el dinero, Smith está en apuros sobre si llamarlo capital circulante o fijo. En la medida en que siempre sirve solo como instrumento de la circulación, que es ella misma un momento del proceso total de reproducción, es capital fijo, como instrumento de circulación. Pero su valor de uso mismo no es más que circular y no entrar nunca ni en el proceso de producción propiamente dicho ni en el consumo individual. Es la parte del capital fijada constantemente en la fase de circulación y, por este lado, la forma más acabada del capital circulante; por el otro lado, porque está fijado como instrumento, es capital fijo.
En la medida en que la diferencia entre capital fijo y capital circulante entra como punto de vista en relación con el consumo individual, ya está dada por el hecho de que el capital fijo no entra como valor de uso en la circulación. (De la simiente en la agricultura, puesto que se multiplica, ||7| una parte entra como valor de uso en la circulación.) El no entrar en la circulación como valor de uso supone que no se convierte en objeto del consumo individual.
«El capital fijo» sirve repetidamente una y otra vez para la misma operación, «y cuanto mayor ha sido el alcance de estas repeticiones, tanto más intensamente tienen la herramienta, el motor o la maquinaria derecho a la denominación de fijos». (De Quincey. X, 4.)48 Si un capital consta de 10000 l., de las que 5000 son fijas y 5000 circulantes, y el último rota 1 × en 1 año y el primero 1 vez en 5 años, entonces rotan 5000, o 1/2 del capital global, 1 [vez] en un año. Durante ese mismo año rota del capital fijo 1/5, o 1000 l.; en 1 año rotan, pues, 6000 l., o 3/5 del capital global. Por tanto, 1/5 del capital global rota en 12/3 meses, y el capital entero en 12 × 5/3 meses, en 60/3 = 20 meses = 1 año y 8 meses. En 20 meses ha rotado el capital global de 10000 l., aunque el capital fijo solo se reponga en 5 años. Pero este tiempo de rotación solo vale para la repetición del proceso de producción y, por tanto, para la creación de la plusvalía; no para la reproducción del propio capital. Si el capital empieza de nuevo el proceso menos a menudo ‒ si vuelve de la circulación a la forma del capital fijo ‒, vuelve tanto más a menudo a la forma del capital circulante. Pero con ello no se ha repuesto [remplacirt] el propio capital. Lo mismo ocurre con el propio capital circulante. Si un capital de 100 retorna 4 × al año y rinde por ello el 20 por ciento, como un capital de 400 que solo circula una vez, el capital no deja por eso de ser al final del año 100, y el otro 400, aunque haya actuado, en la producción de valores de uso como en la posición de plusvalía, como un capital 4 × mayor. Al ocupar aquí la velocidad de la rotación el lugar de la magnitud del capital, esto muestra de modo contundente que es solo el quantum de plustrabajo puesto en movimiento, y de trabajo en general, lo que determina la creación de valor como la creación de plusvalía, y no la magnitud del capital por sí misma. El capital de 100 ha puesto sucesivamente en movimiento durante el año tanto trabajo como uno de 400 y, por tanto, ha creado la misma plusvalía.
Pero vamos a lo que aquí importa. En el ejemplo de arriba, el capital circulante de 5000 retorna, primero, a la mitad del primer año; luego, al final de la 2.ª [mitad]; a la mitad del 2.º; en la 2.ª mitad del 2.º (los primeros 4 meses) han retornado de él 3333 2/6 l., y el resto estará reembolsado al final de este medio año.
Pero del capital fijo solo había retornado 1/5 en el primer año, 1/5 en el 2.º. En manos del poseedor se encuentran al final del primer año 6000 l.; al final del 2.º, 7000; del 3.º, 8000; del 4.º, 9000; del 5.º, 10000. Solo al final del 5.º se encuentra de nuevo en posesión de su capital global, con el que había empezado el proceso de producción; aunque en la producción de plusvalía su capital haya actuado como si hubiera rotado entero en 20 meses, el capital global mismo solo se ha reproducido en 5 años. La primera determinación de la rotación es importante para la proporción en que se valoriza; pero la 2.ª introduce una relación nueva que no se da en absoluto en el capital circulante. Puesto que el capital circulante entra entero en la circulación y vuelve entero de ella, se reproduce como capital tan a menudo como se realiza como plusvalía o como pluscapital. Pero como el capital fijo nunca entra en la circulación como valor de uso, y como valor solo en la medida en que se consume como valor de uso, no está en absoluto reproducido en cuanto se ha puesto la plusvalía determinada por el tiempo medio de rotación del capital global. La rotación del capital circulante tiene que darse 10 × en los 5 años antes de que se reproduzca el capital fijo; es decir, el periodo de las rotaciones [Revulsions] del capital circulante tiene que repetirse 10 × mientras que el del capital fijo se repite una vez, y la rotación media global del capital ‒ 20 meses ‒ tiene que repetirse 3 × antes de que se reproduzca el capital fijo. Por tanto, cuanto mayor es la parte del capital que consiste en capital fijo ‒ es decir, cuanto más actúa el capital en el modo de producción que le corresponde, con gran empleo de fuerza productiva producida ‒ y cuanto más duradero es el capital fijo, es decir, cuanto más largo es su tiempo de reproducción, cuanto más corresponde su valor de uso a su determinación, tanto más a menudo tiene que repetir la parte del capital determinada como circulante el periodo de su rotación, y tanto más largo es el tiempo global que necesita el capital para recorrer su trayectoria global de circulación. De ahí [Hence] que la continuidad de la producción se haya convertido en necesidad externa para el capital con el desarrollo de la porción de este determinada como capital fijo. Para el capital circulante, la interrupción, si no dura tanto como para arruinar su valor de uso, es solo interrupción en la creación de plusvalía. Pero en el capital fijo, la interrupción, en la medida en que en el intervalo su valor de uso se destruye necesariamente de modo relativamente improductivo, es decir, sin reponerse como valor, es destrucción de su propio valor originario. Por eso solo con el desarrollo del capital fijo se pone la continuidad del proceso de producción que corresponde al concepto del capital como conditio sine qua [non] de su conservación; y por tanto, igualmente, la continuidad y el crecimiento constante del consumo.
Esto es el n.º I. Pero el n.º II es todavía más importante por el lado de la forma. El tiempo global con el que medíamos el retorno del capital era el año, como la unidad de tiempo con la que medimos el trabajo es la jornada. Lo hicimos, en primer lugar, porque el año es, más o menos, para la reproducción de la mayor parte de las materias primas vegetales que se consumen en la industria, el tiempo natural de reproducción o la duración de la fase de producción. La rotación del capital circulante se determinaba, por tanto, según el número de rotaciones en el año como tiempo global. De hecho [In fact], el capital circulante empieza su reproducción al final de cada rotación, y si el número de rotaciones durante el año influye en el valor global, los avatares [fata] que vive durante cada rotación aparecen ciertamente como determinantes de las condiciones en las que empieza de nuevo la reproducción, pero cada una por sí es un acto vital completo de él. En cuanto el capital se ha reconvertido en dinero, puede, p. ej., transformarse en condiciones de producción distintas de las primeras, lanzarse de una rama de producción a otra, de modo que la reproducción, considerada materialmente, no se repite en la misma forma.
Con la entrada del capital fijo esto cambia, y ni el tiempo de rotación del capital ni la unidad con la que se mide su número, el año, aparecen ya como medida de tiempo del movimiento del capital. Esta unidad está determinada ahora, más bien, por el tiempo de reproducción que exige el capital fijo y, por tanto, por su tiempo global de circulación, el que necesita para entrar como valor en la circulación y volver de ella en su totalidad de valor. La reproducción del capital circulante tiene que transcurrir durante todo este tiempo también materialmente en la misma forma, y el número de sus rotaciones necesarias, es decir, de las rotaciones necesarias para la reproducción del capital originario, se reparte a lo largo de una serie más o menos larga de años. Por eso un periodo global más largo queda puesto como la unidad con la que se miden sus rotaciones, y la repetición de estas está ahora en una conexión no exterior, sino necesaria, con esta unidad. Según Babbage, la reproducción media de la maquinaria en Inglaterra es de 5 años; la real, por tanto, quizá de 10 años. No puede caber la menor duda de que el ciclo que recorre la industria desde el desarrollo del capital fijo a gran escala, en un periodo más o menos [plus ou moins] decenal, está relacionado con esta fase global de reproducción del capital así determinada. Encontraremos también otras causas determinantes. Pero esta es una. También antes había buenos y malos tiempos para la industria, como para las cosechas (agricultura). Pero el ciclo industrial de varios años, dividido en periodos característicos, en épocas, es propio de la gran industria.|
|8| Llegamos ahora a la diferencia n.º III, que aparece como nueva.
El capital circulante era expulsado por el proceso de producción a la circulación en la forma del producto, del valor de uso recién creado, entraba entero en ella; reconvertido en dinero, el valor del producto (todo el tiempo de trabajo objetivado en él, tiempo de trabajo necesario y de plustrabajo) quedaba realizado entero y, con ello, tanto realizada la plusvalía como cumplidas todas las condiciones de la reproducción. Con la realización del precio de la mercancía, todas estas condiciones estaban cumplidas y el proceso podía empezar de nuevo. Pero esto solo vale para la parte del capital circulante que entra en la gran circulación. En cuanto a la otra porción, que acompaña continuamente al propio proceso de producción, la circulación de la parte que se transforma en salarios [As to the other portion of it, which continuously accompanies the process of production itself, the circulation of that part of it which is transformed into wages], depende naturalmente de si el trabajo se emplea en la producción de capital fijo o circulante, de si estos salarios se reponen ellos mismos con un valor de uso que entra en la circulación o no.
El capital fijo, en cambio, no circula él mismo como valor de uso, sino que solo entra como valor, en la medida en que se consume como valor de uso en el proceso de producción, en la materia prima manufacturada (en la manufactura y la agricultura) o en el producto bruto extraído directamente (p. ej. en la minería). El capital fijo en su forma desarrollada solo retorna, por tanto, en un ciclo de años que abarca una serie de rotaciones del capital circulante. No se cambia de una vez [at once] por dinero en el producto, de modo que su proceso de reproducción coincidiera con la rotación del capital circulante. Solo entra sucesivamente en el precio del producto y, por tanto, solo retorna sucesivamente como valor. Retorna fragmentariamente en épocas más largas, mientras que el capital circulante circula entero en épocas más cortas. En la medida en que el capital fijo subsiste como tal, no retorna, porque no entra en la circulación; en la medida en que entra en la circulación, ya no subsiste como capital fijo, sino que forma parte constitutiva ideal de la parte constitutiva de valor del capital circulante. Solo retorna en general en la medida en que, directa o indirectamente, se convierte en producto y, por tanto, en capital circulante. Como no es un valor de uso inmediato para el consumo, no entra en la circulación como valor de uso.
Este modo distinto del retorno del capital fijo y del circulante aparecerá más adelante con importancia como diferencia entre vender y alquilar, anualidad [annuity], interés y ganancia, alquiler [loyer] en sus distintas formas y ganancia, y el no comprender esta diferencia solo formal ha llevado a Proudhon y a su banda a las conclusiones más confusas, como veremos.49 El Economist, en sus consideraciones sobre la última crisis, reduce toda la diferencia entre capital fijo y circulante a la «reventa de artículos en un periodo corto y con ganancia» [resale of articles within a short period and at a profit] (Econ. No. 754, 6 Feb. 1858) y a la «producción de un rédito lo bastante grande para cubrir los gastos, el riesgo, el desgaste y el tipo de interés del mercado» [production of a revenue large enough to provide for expenses, risk, wear and tear, and the market rate of interest].
❲El riesgo [risk], que en los economistas desempeña un papel en la determinación de la ganancia ‒ no puede desempeñar evidentemente ninguno en la plusganancia, porque la creación de la plusvalía no se hace mayor por el hecho, imposible, de que el capital corra riesgos en la realización de esta plusvalía ‒, es el peligro de que el capital no recorra las distintas fases de la circulación, o se quede fijado en una de ellas. Hemos visto que la plusganancia pertenece a los costes de producción, si no del capital, sí del producto. La necesidad para el capital de realizar esta plusganancia o una parte de ella le llega como coacción exterior por partida doble. En cuanto el interés y la ganancia se separan y el capitalista industrial tiene que pagar, por tanto, interés, una porción de la plusganancia es coste de producción en el sentido del capital, es decir, pertenece ella misma a sus desembolsos. Por otra parte, para cubrir el peligro de desvalorización que corre en las metamorfosis del proceso global, el seguro medio [average Assecuranz] que se da a sí mismo. Una parte de la plusganancia solo le aparece como compensación por el riesgo que corre para hacer más dinero; un riesgo en el que el propio valor presupuesto puede irse al garete. En esta forma, la plusganancia aparece frente a él como algo que es necesario realizar para asegurar su reproducción. Ambas relaciones no determinan, naturalmente, la plusvalía, sino que hacen aparecer su posición como necesidad exterior para el capital, no solo como satisfacción de su tendencia al enriquecimiento.❳
El retorno más corto mediante la venta del artículo entero y el retorno meramente anual de una parte del capital fijo ya se han expuesto arriba. Por lo que [se] refiere a la ganancia —la ganancia comercial no nos incumbe aquí—, cada parte del capital circulante, en cuanto sale del proceso de producción y retorna, es decir, en cuanto contiene trabajo objetivado (el valor de los adelantos), trabajo necesario (el valor de los salarios) y plustrabajo, rinde ganancia en cuanto recorre la circulación, porque con el producto se realiza el plustrabajo contenido en él. Pero no es ni el capital circulante ni el capital fijo lo que crea la ganancia, sino la apropiación de trabajo ajeno mediada por ambos, y por tanto, en el fondo [au fond], solo la parte del capital circulante que entra en la pequeña circulación. Pero esta ganancia solo se realiza de hecho por la entrada del capital en la circulación, y por tanto solo en su forma de capital circulante, nunca en su forma de capital fijo. Lo que el Economist50 entiende aquí por capital fijo es, sin embargo —en la medida en que se habla de ingresos [obtenidos por medio] de él—, la forma del capital fijo en la que no entra directamente en el proceso de producción como maquinaria, sino en ferrocarriles, edificios, mejoras agrícolas, drenajes [railways, buildings, agricultural improvements, drainings], etc., ❲La ilusión de que todas las partes del capital rinden ganancia por igual, que procede del reparto de la plusvalía en porciones medias, con independencia de las proporciones en que los componentes del capital son circulante y fijo y de la parte de él convertida en trabajo vivo, no nos incumbe aquí. Como Ricardo comparte a medias esta ilusión, considera de entrada, al determinar el valor como tal, la influencia de las proporciones entre capital fijo y circulante, y el venerable párroco [parson] Malthus51 habla con estúpida candidez [stupidly treuherzig] de las ganancias que se adhieren al capital fijo, como si el capital creciera orgánicamente por una fuerza natural.❳ es decir, donde la realización del valor y de la plusvalía contenidos en él aparece en la forma de una anualidad [annuity], de la que el interés representa la plusvalía y la anualidad el retorno sucesivo del valor adelantado. Aquí, pues, de hecho (aunque en las mejoras agrícolas sí sea el caso) no se trata de que el capital fijo entre como valor en la circulación por formar parte del producto, sino de la venta del capital fijo en la forma de su valor de uso. Aquí no se vende de una vez, sino como anualidad. Ahora bien, ante todo [d'abord] está claro que algunas formas del capital fijo figuran primero como capital circulante y solo se convierten en capital fijo en cuanto se fijan en el proceso de producción; p. ej., los productos circulantes de un fabricante de máquinas son máquinas, igual que los de un tejedor de algodón son calicó, y para él entran en la circulación exactamente del mismo modo. Para él son capital circulante; para el fabricante que las usa en el proceso de producción, capital fijo, porque para aquel son producto y solo para este instrumento de producción. Igualmente, incluso las casas, a pesar de su inmovilidad, son capital circulante para el ramo de la construcción [building-trade]; para quien ||9| las compra para volver a alquilarlas, o para emplearlas en la producción como edificaciones, capital fijo. En la medida en que el propio capital fijo circula como valor de uso, es decir, se vende, cambia de manos, hablaremos de ello más adelante. Pero el punto de vista de que el capital se vende como capital —sea como dinero o en la forma del capital fijo— no pertenece evidentemente a este lugar, donde consideramos la circulación como movimiento del capital en el que este se pone en sus diversos momentos, determinados conceptualmente. El capital productivo se convierte en producto, mercancía, dinero, y se reconvierte en las condiciones de producción. En cada una de estas formas sigue siendo capital y se convierte en capital, al realizarse por primera vez como tal. Mientras permanece en una de las fases, está fijado como capital-mercancía, capital dinerario o capital industrial. Pero cada una de estas fases constituye solo un momento de su movimiento, y en la forma que repele para pasar de una fase a otra deja de ser capital. Si se repele como mercancía y se convierte en dinero, o viceversa, no existe como capital en la forma repelida, sino en la recién adoptada. Es cierto que la forma repelida puede volver a ser forma de otro capital, o puede ser forma directa del producto consumible. Pero eso no nos incumbe, y no incumbe al capital mismo en cuanto se trata de su ciclo, que gira sobre sí mismo. Más bien repele cada una de las formas como su no ser capital, para volver a adoptarlas después. Pero si el capital se presta como dinero, como tierra, casa, etc., se convierte como capital en mercancía, o la mercancía que se pone en circulación es el capital como capital. Esto ha de seguirse en el apartado siguiente. En cuanto a lo que se paga al convertir la mercancía en dinero, en la medida en que su precio concierne a la parte del capital fijo que ha pasado a valor, es la parte que se requiere para su reproducción parcial, la parte gastada y agotada en el proceso de producción. Lo que el comprador paga es, pues, el uso o desgaste del capital fijo, en la medida en que este mismo es valor, trabajo objetivado. Como este desgaste se produce sucesivamente, lo paga por porciones en el producto, mientras que la parte alícuota de materia prima contenida en el producto la repone por todo su valor en el precio que paga por el producto. No solo se paga sucesivamente, sino que una masa de compradores paga simultáneamente, en proporción a los productos que compra, por porciones, la parte alícuota del capital fijo consumida, gastada. Como en la primera mitad de la circulación del capital este aparece como M y el comprador como D, y el fin de aquel es el valor, pero el del comprador el uso (si es de nuevo productivo [no] nos incumbe aquí, donde solo tenemos que considerar el lado formal tal como aparece frente al capital en su circulación), la relación del comprador con el producto es la del consumidor en general. Indirectamente, pues, el comprador paga en todas las mercancías, sucesivamente y por porciones, el desgaste y el uso del capital fijo, aunque este no entre como valor de uso en la circulación. Pero hay formas del capital fijo en las que paga directamente por su valor de uso, como en los medios de comunicación, de transporte, etc. En todos estos casos el capital fijo no sale de hecho nunca del proceso de producción, como en los ferrocarriles, etc. Pero mientras que a unos les sirve dentro del proceso de producción como medio de comunicación, para llevar el producto al mercado, y [como] medio de circulación para los propios productores, a otros les puede servir como medio de consumo, como valor de uso: al que viaja por placer, etc. Considerado como medio de producción, se distingue aquí de la maquinaria, etc., en que lo consumen simultáneamente diversos capitales como condición común de su producción y circulación. (Con el consumo como tal aún no tenemos que ver aquí.) No aparece encerrado dentro del proceso de producción particular, sino como arteria que une una masa de tales procesos de producción de capitales particulares, que solo lo consumen por porciones. Frente a todos estos capitales particulares y sus procesos de producción particulares, el capital fijo está aquí determinado, pues, como el producto de un ramo de producción particular, separado de ellos, en el que, sin embargo, no ocurre, como en la maquinaria, que un productor lo vende como capital circulante y el otro lo adquiere como capital fijo, sino en el que solo puede venderse en la forma del propio capital fijo. Entonces aparece lo que está escondido en la mercancía: su retorno sucesivo. Pero al mismo tiempo, como producto vendido él mismo (para el industrial, la máquina que usa no es producto), incluye entonces la plusvalía, y por tanto el retorno del interés y de la ganancia, si los hay [s'il y a]. Como puede consumirse en la misma forma común y sucesiva, como puede ser valor de uso para el consumo inmediato, también su venta —no como instrumento de producción, sino como mercancía en general— aparece en la misma forma. Pero en la medida en que se vende como instrumento de producción —una máquina se vende como mera mercancía y solo se convierte en instrumento de producción en el proceso industrial—, es decir, en que su venta coincide directamente con su consumo en el proceso general de producción social, esta es una determinación que no pertenece a la consideración de la circulación simple del capital. En esta, el capital fijo, en cuanto entra como agente de producción, aparece como presupuesto del proceso de producción, no como resultado de él. Por eso solo puede tratarse de la reposición de su valor, en el que no está incluida ninguna plusvalía para quien lo emplea. Esta la ha pagado más bien él al constructor de máquinas. Pero el ferrocarril o las edificaciones alquiladas para la producción son a la vez instrumento de producción y su vendedor los realiza a la vez como producto, como capital. Como cada momento que aparece como presupuesto de la producción es a la vez su resultado —en la medida en que esta reproduce sus propias condiciones—, la división originaria del capital dentro del proceso de producción aparece ahora así: el proceso de producción se descompone en 3 procesos de producción, en los que trabajan diversas porciones del capital, que ahora aparecen también como capitales particulares. (Aquí aún puede adoptarse la forma de que trabaja Un capital, porque consideramos el capital como tal y con este modo de considerarlo se simplifica lo que haya que decir sobre la proporción de estas diversas clases.) El capital se reproduce anualmente en porciones diversas y cambiantes como materia prima, como producto y como medio de producción; en una palabra, como capital fijo y como capital circulante. En cada uno de estos procesos de producción aparece como presupuesto por lo menos la parte del capital circulante que está destinada al cambio por la capacidad de trabajo y a la conservación y el consumo de la maquinaria o del instrumento, y los medios de producción. En la industria puramente extractiva [industrie extractive], p. ej. la minería, la mina misma existe como material de trabajo, pero no como materia prima que pase al producto, la cual, en cambio, en la industria manufacturera tiene que tener existencia particular bajo todas las formas. En la agricultura, las semillas, el abono, el ganado, etc., pueden considerarse tanto materia prima como materias instrumentales [matières instrumentales]. Constituye un modo de producción sui generis, porque al proceso mecánico y químico se añade el orgánico y el proceso natural de reproducción solo se controla y dirige; igualmente, la industria extractiva (la principal, la minera) es una industria sui generis, porque en ella no tiene lugar ningún proceso de reproducción, por lo menos ninguno que esté bajo nuestro control o que conozcamos. (La pesca, la caza, etc., pueden ir unidas a un proceso de reproducción; igualmente la explotación forestal; no son, pues, necesariamente industria puramente extractiva.) Ahora bien, en la medida en que el medio de producción, el capital fijo, en cuanto él mismo ||10| es producto del capital y, por tanto, incluye tiempo excedente objetivado, está hecho de tal modo que su productor solo puede repelerlo primero como capital circulante, como la máquina p. ej. el constructor de máquinas, antes de que se convierta en capital fijo, y por tanto entra en la circulación primero como valor de uso, su circulación no contiene en absoluto ninguna determinación nueva. Pero en la medida en que, como p. ej. los ferrocarriles, solo puede venderse mientras sirve a la vez como instrumento de producción, o en la medida en que se consume como tal, tiene en común con el capital fijo en general que su valor solo retorna sucesivamente; pero se añade entonces que en este retorno del valor está incluido el retorno de su plusvalía, del plustrabajo objetivado en él. Tiene entonces una forma particular de retorno.
Lo importante ahora es que la producción del capital aparece así como producción de capital circulante y capital fijo en porciones determinadas, de modo que el capital mismo produce su doble modo de circulación como capital fijo y capital circulante.
Antes de zanjar [settle] el último punto, todavía algunas cuestiones secundarias. «El capital flotante se consume; el capital fijo solo se usa en la gran obra de la producción.» (Econ. VI, p. 1.) La diferencia entre consumir y usar [consume y use] se resuelve en una destrucción gradual o rápida. No necesitamos detenernos más en este punto.
«El capital flotante adopta una variedad infinita de formas; el capital fijo solo tiene una.» (Econ. VI, p. 1.) Esta «variedad infinita de formas» [infinite variety of forms], en la medida en que se considera el proceso de producción del capital mismo, la reduce con mucha más razón A. Smith a mero cambio de forma. El capital fijo es útil a su dueño «mientras sigue permaneciendo en la misma figura». Es decir, persiste en el proceso de producción como valor de uso, en una existencia material determinada. El capital circulante, en cambio (A. Smith, t. II, p. 197, 198), «sale constantemente de su mano en una forma determinada» (como producto) «para volver bajo otra» (como condición de producción) «y solo rinde ganancia por medio de esta circulación y de cambios [échanges] sucesivos». Smith no habla aquí de la «variedad infinita de formas» en que aparece el capital circulante —considerado materialmente, también el «capital fijo» adopta una «variedad infinita de formas»—, sino de las metamorfosis que el capital circulante recorre como valor de uso mismo, y esta «variedad infinita de formas» se reduce, por tanto, a las diferencias cualitativas de las diversas fases de la circulación. El capital circulante, considerado en un proceso de producción determinado, retorna siempre en la misma forma de materias primas y dinero para los salarios. La existencia material es al final del proceso la misma que al principio. Por lo demás, el propio Economist reduce en otro lugar la «variedad infinita de formas» al cambio de forma de la circulación, determinado conceptualmente. «La mercancía se consume entera en la figura en que se produce» (es decir, entra en la circulación como valor de uso y es expulsada de ella) «y se repone en sus manos en una figura nueva» (como materia prima y salario), «dispuesta a repetir una operación semejante» (más bien la misma). (l. c. VI, p. 1.) Smith dice también expresamente que el capital fijo «no necesita circulación». (t. II, 197, 198.) En el capital fijo, el valor está atado a un valor de uso determinado; en el capital circulante, el valor adopta la forma de diversos valores de uso, igual que la forma independiente de todo valor de uso determinado (como dinero), tanto como la repele; [se] produce, pues, un constante metabolismo y cambio de forma.
«El capital circulante le proporciona» (al empresario) «las materias y los salarios de los obreros y pone en actividad la industria.» (A. Smith, t. II, p. 226.) «Todo capital fijo procede originariamente de un capital circulante y necesita ser mantenido continuamente por medio de un capital circulante.» (l. c. p. 207.) «Puesto que continuamente se retira una parte tan grande del capital circulante para verterla en las otras dos ramas del fondo general de la sociedad, este capital necesita a su vez ser renovado mediante aprovisionamientos continuos, sin lo cual pronto quedaría reducido a nada. Estos aprovisionamientos se sacan de 3 fuentes principales: el producto de la tierra, el de las minas y el de las pesquerías.» (l. c. p. 208.) ❲Una diferencia que destaca el Economist ya la hemos desarrollado: «Toda producción cuyo coste entero se le devuelve al productor a partir del ingreso corriente del país es capital flotante; pero toda producción por la que solo se paga una suma anual por el uso es capital fijo.» (Cuaderno VI, p. 1.) «En el primer caso, el productor depende enteramente del ingreso corriente [current income] del país.» (l. c.) Hemos visto que solo una parte del capital fijo retorna en el tiempo determinado por el capital circulante, que sirve de unidad de sus rotaciones porque es la unidad natural para la reproducción de la mayor parte de los medios de subsistencia y materias primas, del mismo modo que aparece —y porque aparece— como época natural en el proceso vital (proceso cósmico) de la tierra. Esta unidad es el año, cuyo cómputo civil se aparta más o menos, pero de modo insignificante, de su magnitud natural. El capital fijo, cuanto más corresponde su existencia material a su concepto, cuanto más adecuado es su modo material de existencia, abarca para su tiempo de rotación un ciclo de años. Como el capital circulante se cambia entero primero por dinero y en segundo lugar por sus elementos, supone que se ha producido un contravalor igual a todo su valor (que incluye la plusvalía). No puede decirse que entre o pueda entrar entero en el consumo, ya que en parte tiene que servir igualmente de nuevo como materia prima o como elemento del capital fijo, en suma, de nuevo como elemento de la producción: una contraproducción. Una parte del valor de uso que el capital repele como producto, como resultado del proceso de producción, se convierte en objeto del consumo y cae así fuera de la circulación del capital en general; otra parte entra en otro capital como condición de producción. Esto está puesto en la circulación del capital mismo, ya que en la primera mitad de la circulación se repele de sí como mercancía, es decir, como valor de uso, y por tanto, con respecto a él mismo, se despide en esta forma de su propia circulación como valor de uso, artículo de consumo; pero en la 2.ª mitad de su circulación se cambia como dinero por mercancía como condición de producción. Como valor de uso circulante mismo, pone, pues, su existencia material tanto como artículo de consumo como en cuanto nuevo elemento de la producción, o más bien elemento de la reproducción. Pero en ambos casos su contravalor tiene que estar enteramente presente; es decir, tiene que haberse producido entero durante el año. P. ej., todos los productos manufacturados que pueden cambiarse por productos agrícolas durante un año están determinados por la masa de productos brutos producidos en el año, contado de un otoño al siguiente. Como aquí hablamos del capital, del capital en devenir, fuera de él no tenemos todavía nada —puesto que los muchos capitales aún no existen para nosotros—, nada más que él mismo y la circulación simple, de la que absorbe en sí el valor en la doble forma de dinero y mercancía y a la que lo arroja en la doble forma de dinero y mercancía. Si un pueblo industrial, que produce sobre la base del capital, como p. ej. Inglaterra, cambia con los chinos y absorbe de su proceso de producción el valor en la forma de dinero y mercancía, o más bien al atraerlos al círculo de la circulación de su capital, se ve enseguida que no por eso necesitan los chinos producir ellos mismos como capitalistas. Dentro de una sociedad misma, como la inglesa, el modo de producción del capital se desarrolla en un ramo de la industria, mientras que en otros, p. ej. en la agricultura, dominan modos de producción ||11| más o menos anteriores al capital. Sin embargo, 1) su tendencia necesaria es someterse el modo de producción en todos los puntos, ponerlo bajo el dominio del capital. Dentro de una sociedad nacional determinada, esto resulta ya necesariamente de la transformación, por medio de él, de todo trabajo en trabajo asalariado; 2) con respecto a los mercados exteriores, el capital impone esta propaganda de su modo de producción mediante la competencia internacional. La competencia es en general el modo en que el capital impone su modo de producción. Pero esto sí está claro: con total independencia de si es otro capital, o el capital mismo como otro, lo que está a ambos lados de los cambios sucesivos, y cada vez con determinación opuesta, [que] ambas determinaciones ya están puestas, antes de que consideremos este doble movimiento, por el ciclo del capital mismo. En la primera fase se repele como valor de uso, como mercancía, del movimiento del capital y se recibe a cambio como dinero. La mercancía expulsada de la circulación del capital ya no es la mercancía como momento del valor que se perpetúa, como existencia del valor. Es, pues, su existencia como valor de uso, su ser para el consumo. El capital solo pasa de la forma de mercancía a la forma de dinero porque en la circulación ordinaria uno de los que cambian aparece frente a él como consumidor y convierte D en M; [realiza] esta conversión por su lado material, de modo que se relaciona con el valor de uso como valor de uso, como consumidor, y solo así se le repone al capital como valor. El capital crea, pues, artículos de consumo, pero en esta forma los repele de sí, fuera de su circulación. No hay otra relación a partir de las determinaciones desarrolladas hasta ahora. La mercancía que como tal es expulsada de la circulación del capital pierde su determinación de valor y cumple la de valor de uso del consumo a diferencia de la producción. Pero en la 2.ª fase de la circulación el capital cambia dinero por mercancía, y su transformación en mercancía aparece ahora ella misma como momento de la posición de valor, porque la mercancía como tal se incorpora al proceso de circulación del capital. Si en la primera fase presupone el consumo, en la 2.ª presupone la producción, la producción para la producción; pues el valor en la forma de la mercancía se incorpora aquí desde fuera a la circulación del capital, o se efectúa el proceso inverso al de la primera fase. La mercancía como valor de uso para el capital mismo solo puede ser la mercancía como elemento, valor de uso para su proceso de producción. Duplicado, el proceso se presenta así: el capital a cambia su producto como M por D del capital b en la primera fase; en la 2.ª, el capital b se cambia como M por D del capital a. O bien, en la primera fase el capital b se cambia como D por M del capital a; en la 2.ª, el capital a como D por M del capital b. Es decir, simultáneamente, en cada una de las dos fases de la circulación el capital está puesto como D y como M, pero en dos capitales diferentes, que siempre se encuentran en la fase opuesta de su proceso de circulación. En el proceso de circulación simple, los actos de cambio M-D o D-M aparecen inmediatamente coincidentes o inmediatamente separados. La circulación no es solo la sucesión de ambas formas del cambio, sino que es simultáneamente cada una de ellas repartida entre dos lados diferentes. Pero aquí aún no tenemos que ver con el cambio de los muchos capitales. Esto pertenece a la teoría de la competencia o también de la circulación de los capitales (el crédito). Lo que aquí nos incumbe es que el presupuesto del consumo, por un lado —de la mercancía expulsada como valor de uso del movimiento del valor—, y el presupuesto de la producción para la producción —del valor puesto como valor de uso como condición de su reproducción puesta fuera de la circulación del capital—, que estos dos lados surgen de la consideración de la forma simple de la circulación del capital. Hasta aquí está claro. Como todo el capital circulante se cambia como M por D en la primera fase y como D por M en la segunda, sus transformaciones, si consideramos el año como unidad de tiempo de sus evoluciones, están limitadas por el hecho de que tanto las materias primas, etc., se reproducen anualmente (la mercancía por la que se cambia como dinero tiene que estar producida, tiene que corresponderle una producción simultánea) como de que constantemente se crea un rédito anual (la parte de D que se cambia por mercancía como valor de uso) para consumir el producto del capital repelido como valor de uso. Como tal rédito —ya que aún no existen relaciones más desarrolladas— solo existe el de los capitalistas mismos y el de los obreros. Por lo demás, la consideración del cambio de capital y rédito, otra forma de la relación entre producción y consumo, todavía no pertenece a este lugar. Por otro lado, como el capital fijo solo se cambia en la medida en que entra como valor en el capital circulante, como, por tanto, solo se valoriza por porciones en el año, supone también solo un contravalor por porciones, y por tanto también solo una producción por porciones de este contravalor en el curso del año. Solo se paga en proporción a su desgaste. Está claro —cosa que ya se seguía antes de la diferencia en el ciclo industrial que introduce el capital fijo— que compromete la producción de los años siguientes, y del mismo modo que contribuye a la creación de un gran rédito, anticipa trabajo futuro como contravalor. La anticipación de frutos venideros del trabajo no es, pues, en modo alguno una consecuencia de las deudas del Estado, etc., en suma, no es un invento del sistema de crédito. Tiene su raíz en el modo específico de valorización, de rotación, de reproducción del capital fijo.❳
Como aquí se trata esencialmente para nosotros de retener las determinaciones formales puras, y por tanto de no juntar nada que no corresponda, de lo dicho hasta ahora ha quedado claro que las diversas formas en que el capital circulante y el capital fijo rinden rédito —como la consideración del rédito en general— todavía no pertenecen en absoluto a este lugar, sino solo los diversos modos en que retornan y actúan sobre la rotación global del capital, sobre su movimiento de reproducción en general. Pero lo aducido de paso es importante —puesto que a la vez rechaza lo que los economistas han revuelto en mezcolanza allí donde aún no es su lugar, al considerar la simple diferencia entre capital fijo y circulante—, porque nos ha mostrado que la diversidad en el rédito, etc., tiene su fundamento en la diferencia formal de la reproducción del capital fijo y del circulante. Aquí solo se trata todavía del simple retorno del valor. Cómo este se convierte en retorno del rédito y este en diversidad en la determinación del rédito, solo se verá más adelante.
Aún no hemos hablado de los costes de mantenimiento, gastos de mantenimiento [frais d'entretien] del capital fijo. Son en parte las materias instrumentales que consume para actuar. Caen en el capital fijo en el primer sentido, aquel en que lo hemos considerado dentro del proceso de producción. Son capital circulante, que puede servir igualmente para el consumo. Solo se convierten en capital fijo en la medida en que se consumen en el proceso de producción, pero no tienen, como el capital fijo propiamente dicho, una materialidad determinada puramente por su existencia formal. La 2.ª parte de estos gastos de mantenimiento consiste en los trabajos necesarios para las reparaciones. |
|12| La determinación de A. Smith de que todo capital fijo procede originariamente de un capital circulante y tiene que ser mantenido constantemente por un capital circulante. «Todo capital fijo procede originariamente de un capital circulante y necesita ser mantenido continuamente a expensas de este último. Ningún capital fijo puede dar rédito sino a expensas de un capital circulante.» (Storch, 26, a.) Por lo que se refiere a la observación de Storch sobre el rédito —una determinación que no pertenece a este lugar—, está claro: el capital fijo solo retorna como valor a medida que perece por porciones como valor de uso, como capital fijo, y entra como valor en el capital circulante. Solo puede, pues, retornar en la forma de un capital circulante en lo que se refiere a su valor. Como valor de uso, en cambio, no circula en absoluto. Como, además, él mismo solo tiene valor de uso para la producción, solo puede retornar como valor para el uso individual, para el consumo, igualmente en la forma del capital circulante. Las mejoras del suelo pueden entrar químicamente de modo directo en el proceso de reproducción y convertirse así directamente en valores de uso. Pero entonces se consumen en la forma en que existen como capital fijo. Un capital solo puede rendir rédito en general en la forma en que entra en la circulación y retorna de ella, ya que la producción de rédito en valores de uso directos, en valores de uso no mediados por la circulación, contradice la naturaleza del capital. Como el capital fijo solo retorna como valor en la forma del capital circulante, solo en esta forma puede rendir rédito. El rédito no es en general más que la parte de la plusvalía destinada al consumo inmediato. Sus retornos dependen, pues, del tipo de retornos del valor mismo. De ahí [hence] la diversa forma en que el capital fijo y el capital circulante rinden rédito. Igualmente, como el capital fijo como tal nunca entra como valor de uso en la circulación, y por tanto tampoco es nunca arrojado como valor de uso fuera del proceso de valorización, nunca sirve al consumo inmediato. Con respecto a Smith, su opinión se nos aclara cuando dice que el capital circulante tiene que reponerse anualmente y renovarse constantemente sacándolo constantemente del mar, de la tierra y de las minas. Aquí, pues, el capital circulante se le vuelve puramente material; se lo saca pescado por los pelos, se lo arranca a golpes, se lo cosecha; son los productos primarios muebles que, desprendidos de su conexión con la tierra, aislados, se hacen así muebles o, en su singularidad acabada, como los peces, etc., se separan de su elemento. Además, considerado de modo puramente material, es igual de seguro, si Smith presupone la producción del capital y no se traslada al principio del mundo, que todo capital circulante procede igualmente de modo originario de un capital fijo [provient originairement d'un capital fixe]. Sin redes no puede pescar peces, sin arado no puede cultivar el campo y sin martillo, etc., no puede abrir una mina. Si él mismo usa solo una piedra como martillo, etc., esta piedra no es ciertamente [certainly] capital circulante, ni capital en absoluto, sino medio de trabajo. El hombre, en cuanto tiene que producir, posee la resolución de servirse directamente de una parte de los objetos naturales existentes como medios de trabajo y, como ha dicho acertadamente Hegel,52 los subsume bajo su actividad sin otro proceso de mediación. De donde procede todo capital, tanto circulante como fijo, no solo originariamente, sino continuamente, es la apropiación de trabajo ajeno. Pero este proceso supone, como hemos visto, la constante pequeña circulación, el cambio del salario por capacidad de trabajo, o el aprovisionamiento [approvisionnement]. Presupuesto el proceso de producción del capital: todo capital retorna solo en la forma de un capital circulante; el capital fijo, por tanto, solo puede renovarse fijándose una parte del capital circulante; es decir, empleándose una parte de las materias primas creadas y consumiéndose una parte del trabajo (y por tanto cambiándose también una parte del aprovisionamiento por trabajo vivo) para producir capital fijo. En la agricultura, p. ej., una parte del producto es consumida por trabajo destinado a construir conducciones de agua, o una parte del grano se cambia por guano, sustancias químicas, etc., que se incorporan a la tierra, pero que de hecho tampoco tienen valor de uso más que en la medida en que se entregan a su proceso químico. Una parte del capital circulante solo tiene valor de uso para la reproducción del capital fijo y solo se produce (aunque la producción consista solo en el tiempo de trabajo que cuesta su cambio de lugar) para el capital fijo. Pero el capital fijo mismo solo puede renovarse como capital convirtiéndose en componente de valor del capital circulante y reproduciéndose así sus elementos mediante la transformación de capital circulante en fijo. El capital fijo es tan presupuesto de la producción del capital circulante como el capital circulante de la producción del capital fijo. O bien, la reproducción del capital fijo requiere: 1) el retorno de su valor en la forma de un capital circulante, pues solo así puede volver a cambiarse por sus condiciones de producción; 2) que una parte del trabajo vivo y de la materia prima se emplee en producir instrumentos de producción, directos o indirectos, en lugar de productos cambiables. El capital circulante entra en el capital fijo según su valor de uso, exactamente igual que el trabajo, mientras que el capital fijo entra en el capital circulante según su valor, y como movimiento [movement] (donde es maquinaria directa), como movimiento en reposo, forma, en el valor de uso. ❲Con respecto a nuestras tesis desarrolladas arriba sobre el trabajo libre, e igualmente sobre que en él está latente el pauperismo, cabe aducir las siguientes frases de Sir Fr. Morton Eden, Bt.:53 The State of the Poor, or an History of the Labouring Classes in England from the Conquest etc. 3 vols. 4°. Lond. 1797. (Las citas, del t. I, b. I.) (En el B. I, ch. I de esa obra se dice: «Nuestra zona requiere trabajo para satisfacer las necesidades, y por eso al menos una parte de la sociedad tiene que trabajar infatigablemente; otros trabajan en las artes, etc., y algunos que no trabajan tienen, sin embargo, a su disposición los productos de la laboriosidad. Pero estos propietarios solo lo deben a la civilización y el orden; son puras criaturas de las instituciones civilizadas. Pues estas han reconocido que los frutos del trabajo [pueden] procurarse también de otro modo que por el trabajo; los hombres de fortuna independiente [men of independent fortune] deben su patrimonio casi enteramente al trabajo de otros, no a su propia capacidad, que no es en absoluto mejor. No es la posesión de la tierra o del dinero, sino el dominio del trabajo [the command of labour], lo que separa a los ricos de los más pobres.») Con la libertad de los agricultores comienza la pobreza como tal; la sujeción feudal al suelo, o al menos a la localidad, había ahorrado hasta entonces a la legislación ocuparse de los vagabundos [vagrants], los pobres, etc. Eden cree que los diversos gremios comerciales, etc., habían alimentado también a sus propios pobres. Dice: «Así pues, sin la más remota idea de menospreciar los innumerables beneficios que el país obtiene de las manufacturas y el comercio, el resultado de esta investigación parece llevar a la conclusión inevitable de que las manufacturas y el comercio ❲es decir, la esfera de producción dominada primero por el capital❳ son los verdaderos padres de nuestros pobres nacionales.» En la misma obra: desde Enrique VII (cuando a la vez comienza el despeje [clearing] de la tierra de labor de las bocas [mouths] sobrantes mediante la transformación de las tierras de labor en pastos para el ganado, que dura más de 150 años, al menos las quejas y la interferencia legislativa; de modo que crecía el número de brazos puestos a disposición de la industria), el salario ya no se fija en la industria, sino solo en la agricultura. 11, Henry VII.54 ❲Con el trabajo libre aún no está puesto plenamente el trabajo asalariado. Los obreros todavía tienen un respaldo en las relaciones feudales; su oferta es todavía demasiado escasa; el capital, por tanto, todavía es incapaz de reducirlos como capital al mínimo. De ahí las determinaciones estatutarias del salario. Mientras el salario todavía se regula por estatutos, no puede decirse todavía ni que el capital como capital se haya subsumido la producción ni que el trabajo asalariado haya obtenido el modo de existencia que le es adecuado.❳ En la ley citada se mencionan también todavía los tejedores de lino; los artesanos de la construcción, los carpinteros de ribera [shipwrights]. En la misma ley también ||13| se fija la jornada de trabajo: «Como muchos jornaleros malgastan la mitad del día, llegan tarde, se van temprano, duermen largamente por la tarde, se quedan largo rato sentados al desayuno, la comida y la cena, etc., etc.», ha de regir el siguiente horario: «del 15 de marzo al 15 de septiembre, desde las 5 de la mañana, 1/2 hora de desayuno [breakfeast], 1 1/2 de comida [dinner] y siesta, 1/2 hora para la merienda [for noon meal] y trabajo hasta entre las 7 y las 8 de la tarde. En invierno, mientras haya luz, sin siesta a cambio, que solo se permite del 15 de mayo al 15 de agosto.»❳
❲En 1514 se vuelve a regular el salario, casi igual que la vez anterior. También se vuelven a fijar las horas de trabajo. Quien no quisiera trabajar cuando se le requiriera [upon application], fijado. Así pues, todavía trabajo forzoso de los obreros libres por un salario determinado. Primero tienen que ser obligados a trabajar en las condiciones puestas por el capital. El desposeído está más inclinado a convertirse en vagabundo, ladrón y mendigo que en obrero. Esto solo se entiende por sí mismo en el modo de producción desarrollado del capital. En la etapa previa del capital, coacción estatal para transformar a los desposeídos en obreros en condiciones favorables al capital, que aquí todavía no les impone la competencia de los obreros entre sí.❳ (Medios de coacción de este tipo muy sangrientos, aplicados entre otros con Enrique VIII.) (La supresión de los monasterios con Enrique VIII deja igualmente libres muchos brazos.) (Con Eduardo VI, leyes aún más duras contra los trabajadores aptos [able bodied labourers] que no quieren trabajar. «1 Edw. VI, 3:55 Quien, siendo apto para trabajar, se niegue a trabajar y viva ocioso durante 3 días, será marcado con hierro candente en el pecho con la letra V y será adjudicado como esclavo por 2 años a la persona que hubiera denunciado a tal ocioso, etc.» «Si huye de su amo durante 14 días, se convertirá en su esclavo de por vida y será marcado en la frente o en la mejilla con la letra S, y si huye por segunda vez y es convicto de ello por 2 testigos suficientes, será tenido por reo de delito grave [felon] y sufrirá pena de muerte.» (En 1379 se mencionan por primera vez los vagabundos, los pícaros robustos [vagrants, sturdy rogues]; en 1388, los indigentes [paupers].)
(Ley cruel parecida en 1572, con Isabel.)
El capital circulante y el capital fijo, que en la determinación anterior aparecen como formas cambiantes del mismo capital en las diversas fases de su rotación, ahora que el capital fijo se ha desarrollado hasta su forma más alta, están puestos a la vez como 2 modos diferentes de existencia del capital. Llegan a serlo por la diversidad del tipo de su retorno. El capital circulante que retorna lentamente tiene una determinación en común con el capital fijo. Pero se distingue de él en que su valor de uso mismo —su existencia material— entra en la circulación y a la vez se desprende de ella, es arrojado fuera de los límites del proceso de rotación; mientras que el capital fijo —según su desarrollo hasta aquí— solo entra en la circulación como valor y, mientras, como p. ej. la máquina que se encuentra en circulación, todavía está en circulación también como valor de uso, solo es capital fijo δυνάμει [en potencia]. Pero esta distinción entre capital fijo y capital circulante, basada en primer lugar en el comportamiento de la existencia material del capital, o de su existencia como valor de uso, con respecto a la circulación, tiene que ponerse a la vez en la reproducción como reproducción del capital en la doble forma de capital fijo y capital circulante. En la medida en que la reproducción del capital en cada forma es posición no solo de tiempo de trabajo objetivado, sino de tiempo de plustrabajo, no solo reproducción de su valor, sino de una plusvalía, la producción del capital fijo no puede distinguirse a este respecto de la producción del capital circulante. En un fabricante de instrumentos o de máquinas —en todas las formas en que el capital fijo aparece primero como capital circulante, según su existencia material, en su existencia como valor de uso, antes de fijarse como capital fijo, es decir, antes de consumirse, pues precisamente su consumo lo ata a la fase de producción y lo distingue como capital fijo— no se da, por tanto, tampoco diferencia alguna en la valorización del capital, se reproduzca en la forma de capital fijo o en la de circulante. Por eso tampoco entra económicamente ninguna determinación nueva. Pero allí donde el capital fijo como tal —y no primero en la determinación del capital circulante— es arrojado a la circulación por su productor, es decir, donde se vende su uso por porciones, sea para la producción, sea para el consumo —pues en la transformación de M en D que se produce en el primer tramo de la circulación del capital, a este le es indiferente si la mercancía vuelve a entrar en la esfera de circulación de otro capital productivo o si sirve al fin del consumo directo; frente a él está más bien siempre determinada como valor de uso cada vez que la repele de sí, que la cambia por D—, el modo de retorno tiene que ser para el productor del capital fijo distinto que para el del capital circulante. La plusvalía creada por él solo puede retornar por porciones y sucesivamente junto con el valor mismo. Esto ha de considerarse en el apartado siguiente. Por último, aunque ahora el capital circulante y el capital fijo aparezcan como 2 clases diferentes, el capital circulante está puesto por el consumo, por el desgaste del capital fijo; el capital fijo, por su parte, solo existe como capital circulante transformado en esta forma determinada. Todo capital transformado en fuerza productiva objetivada —todo capital fijo— es valor de uso fijado en esta forma y, por tanto, sustraído al consumo, así como a la circulación como valor de uso. Que para construir una máquina o un ferrocarril se hayan transformado madera, hierro, carbón y trabajo vivo (y por tanto, indirectamente, también los productos consumidos por el obrero) en este valor de uso determinado no haría de la máquina o del ferrocarril capital fijo si no se añadieran las otras determinaciones desarrolladas arriba. Cuando el capital circulante se transforma en capital fijo, una parte de los valores de uso bajo cuya figura circulaba el capital, como indirectamente la parte del capital que se cambia por trabajo vivo, se transforma en capital cuyo contravalor solo se genera en un ciclo más largo; que solo entra en la circulación como valor por porciones y sucesivamente; y que solo puede valorizarse al ser consumido en la producción. La transformación del capital circulante en capital fijo presupone un pluscapital relativo, ya que es capital empleado no en la producción directa, sino en la de nuevos medios de producción. El capital fijo puede a su vez servir como instrumento directo de producción, como medio dentro del proceso inmediato de producción. En este caso su valor entra en el producto y se repone mediante el retorno sucesivo de los productos. O bien no entra en el proceso inmediato de producción, sino que aparece como condición general de los procesos de producción, como las edificaciones, los ferrocarriles, etc., y su valor solo puede reponerse mediante el capital circulante a cuya creación ha contribuido indirectamente. Lo que haya que precisar sobre la proporción entre la producción de capital fijo y la de capital circulante corresponde solo a lo que sigue. Si se empleara maquinaria valiosa para suministrar una masa escasa de productos, no actuaría como fuerza productiva, sino que encarecería el producto infinitamente más que si se hubiera trabajado sin maquinaria. Solo crea plusvalía no en la medida en que tiene valor —pues este simplemente se repone—, sino en cuanto aumenta el tiempo excedente relativo, o disminuye el tiempo de trabajo necesario. En la misma proporción, pues, en que crece su volumen, tiene que aumentar la masa de productos y disminuir relativamente el trabajo vivo empleado. Cuanto menor es el valor del capital fijo en proporción a su eficacia, tanto más corresponde a su fin. Todo capital fijo no necesario aparece como falsos gastos de producción [faux frais de production], como todos los costes de circulación innecesarios. Si el capital pudiera poseer la maquinaria sin emplear trabajo en ella, aumentaría la fuerza productiva del trabajo y disminuiría el trabajo necesario sin tener que comprar trabajo. El valor del capital fijo nunca es, pues, un fin en sí mismo en la producción del capital.|
|14| El capital circulante, pues, se transforma en capital fijo, y el capital fijo se reproduce en capital circulante; ambas cosas solo en la medida en que el capital se apropia trabajo vivo.
«Todo ahorro en el capital fijo, un incremento en el rédito neto [revenu net] de la sociedad.» (A. Smith.)
La diferencia final y última que todavía aducen los economistas es la de mueble e inmueble; no en el sentido de que uno entre en el movimiento de la circulación y el otro no, sino en el sentido de que uno está físicamente fijado, es inmóvil, del mismo modo que se distingue la propiedad mueble de la inmueble. P. ej., las mejoras incorporadas al suelo [improvements sunk in the soil], las conducciones de agua, las edificaciones; y en gran parte la maquinaria misma, ya que, para actuar, tiene que estar físicamente fijada; los ferrocarriles; en suma, toda forma en que el producto de la industria queda remachado a la superficie de la tierra. En el fondo [au fond], esto no añade nada a la determinación del capital fijo; pero sí está en su determinación que, cuanto más corresponde su valor de uso, su existencia material, a su determinación formal, tanto más eminentemente es capital fijo. El valor de uso inmueble, como la casa, el ferrocarril, etc., es, por tanto, la forma más palpable del capital fijo. Es cierto que, aun así, puede circular en el mismo sentido que la propiedad inmueble en general, como título; pero no como valor de uso; no circular en sentido físico. Originariamente, el crecimiento de la propiedad mueble, su aumento frente a la inmueble, muestra el movimiento ascendente del capital [ascendant movement of capital] frente a la propiedad del suelo. Pero, una vez presupuesto el modo de producción del capital, el grado en que este se ha sometido las condiciones de producción se muestra en la transformación del capital en propiedad inmueble. Con ello establece su sede en el suelo mismo y [pone] los presupuestos aparentemente fijos, dados por la naturaleza, en la propiedad del suelo, como meramente puestos a su vez por la industria.
(Originariamente, la existencia en la entidad comunitaria y, por medio de ella, el comportamiento hacia la tierra como propiedad son presupuestos fundamentales tanto de la reproducción del individuo como de la entidad comunitaria. En los pueblos pastores, la tierra aparece solo como condición de la vida errante; de su apropiación, pues, ni se habla. Si siguen asentamientos fijos con la agricultura, la propiedad del suelo es primero común, e incluso donde avanza hacia la propiedad privada, la relación del individuo con ella aparece como puesta por su relación con la entidad comunitaria. Aparece como mero feudo de la entidad comunitaria; etc., etc. La transformación de ella en valor meramente cambiable —esta movilización de ella— es producto del capital y de la completa subordinación del organismo del Estado a él. La tierra, incluso donde se ha convertido en propiedad privada, es, por tanto, valor de cambio solo en un sentido restringido. El valor de cambio comienza en el producto natural aislado, desprendido de la tierra e individualizado por la industria (o por la mera apropiación). Aquí aparece también por primera vez el trabajo individual. El cambio en general no comienza primero dentro de las entidades comunitarias originarias, sino en su límite, allí donde terminan. Cambiar el suelo, su sede, naturalmente [of course], malvenderlo a entidades comunitarias extrañas, sería traición. El cambio solo puede extenderse poco a poco [by and by] de su dominio originario, lo mueble, a la propiedad inmueble. Solo mediante la extensión de lo primero se hace el capital poco a poco con lo segundo. El dinero es el agente principal de este proceso.)
A. Smith distingue primero el capital circulante y el capital fijo por su determinación en el proceso de producción. Solo después toma el giro: «Se puede colocar de diversos modos un capital para obtener ganancia: 1) como capital circulante, 2) como capital fijo.» Este 2.º giro no pertenece evidentemente a la consideración de esta diferencia como tal, ya que el capital fijo y el capital circulante tienen que estar presupuestos primero como 2 clases del capital antes de que pueda hablarse de cómo se puede colocar capital para obtener ganancia en ambas formas.
«El capital total de cada empresario se divide necesariamente entre su capital fijo y su capital circulante. A igualdad de suma, una parte será tanto mayor cuanto menor sea la otra.» (A. Smith, t. II, p. 226.)
Como los capitales 1) se dividen en porciones desiguales entre capital fijo y circulante; 2) [tienen] una fase de producción interrumpida o no interrumpida y retornan de mercados más lejanos o más cercanos, y [tienen], por tanto, un tiempo de circulación desigual, la determinación de la plusvalía que se crea en un tiempo determinado, p. ej. anualmente, tiene que ser desigual, porque el número de procesos de reproducción en un plazo dado es desigual. Su creación de valor aparece determinada no simplemente por el trabajo empleado durante el proceso inmediato de producción, sino por el grado [degree] en que esta explotación del trabajo [exploitation of labour] puede repetirse en un periodo dado.
Por último, pues: si, al considerar el proceso de producción simple, el capital aparece como valorizándose solo en relación con el trabajo asalariado y la circulación queda al lado, en su proceso de reproducción la circulación está incorporada a él, y en concreto ambos momentos de la circulación M-D-D-M (como un sistema de cambios que tiene que recorrer y a los que corresponden otras tantas transformaciones cualitativas de él). La circulación aparece incorporada a él como D-M-M-D en la medida en que se parte de él en su forma de dinero y, por tanto, se vuelve a ella. Contiene ambos ciclos, y ya no como mero cambio de forma o mero metabolismo que cae fuera de la forma, sino ambos incorporados a la determinación misma del valor. El proceso de producción, en cuanto contiene en sí mismo las condiciones de su renovación, es proceso de reproducción, cuya velocidad está determinada por diversas relaciones desarrolladas arriba, que surgen todas de las diferencias del ciclo mismo. Dentro de la reproducción del capital se cumple a la vez la reproducción de los valores de uso en que está realizado, o la constante renovación y reproducción, por el trabajo humano, de los valores de uso, que tanto son consumidos por los hombres como son perecederos por su naturaleza; el metabolismo y el cambio de forma subordinados a la necesidad humana por el trabajo humano aparecen desde el punto de vista del capital como reproducción de sí mismo. En el fondo [au fond], es la constante reproducción del trabajo mismo. «Los valores capitales se perpetúan por la reproducción: los productos que componen un capital se consumen igual que cualquier otro; pero su valor, al mismo tiempo que es destruido por el consumo, se reproduce en otras materias o en la misma.» (Say, 14.) El cambio y un sistema de cambios, y lo que va incluido en ello, la transformación en dinero como valor autónomo, aparece como condición y barrera de la reproducción del capital. En él, la producción misma está sometida por todos los lados al cambio. Estas operaciones de cambio, la circulación como tal, no producen plusvalía, pero son condiciones de su realización. Son en esa medida condiciones de la producción del capital mismo, ya que su forma como capital solo se pone en la medida en que las recorre. La reproducción del capital es a la vez producción de condiciones formales determinadas; de modos de ||15| comportamiento determinados en los que se pone el trabajo objetivado personificado. La circulación, por tanto, no es meramente el cambio del producto por las condiciones de producción, es decir, p. ej., del trigo producido por semilla, trabajo nuevo, etc. En toda forma de la producción el trabajador tiene que cambiar su producto por las condiciones de producción para poder repetir la producción. El campesino que produce para el uso inmediato transforma también una parte del producto en semilla, instrumento de trabajo, animales de tiro, abono, etc., y comienza de nuevo su trabajo. La transformación en dinero es necesaria para la reproducción del capital como tal, y su reproducción es necesariamente producción de plusvalía.
❲Con respecto a la fase de reproducción (en particular el tiempo de circulación), cabe anotar todavía que tiene límites por el propio valor de uso. El trigo tiene que reproducirse en un año. Las cosas perecederas, como la leche, etc., tienen que reproducirse más a menudo. La carne, como el animal vive y, por tanto, resiste al tiempo, no necesita reproducirse tan a menudo; pero la carne muerta que se encuentra en el mercado tiene que reproducirse en un plazo muy corto en la forma de dinero, o se pudre. La reproducción del valor y la del valor de uso en parte coinciden, en parte no.❳
Aunque el trabajo, en un proceso de producción, solo conserva según el valor [lo] que antes llamamos la parte constante del capital, tiene que reproducirlo constantemente en el otro, ya que lo que en un proceso de producción aparece como presupuesto de material e instrumento es producto en el otro, y esta renovación, reproducción, tiene que darse constantemente de modo simultáneo.
Llegamos ahora al
Differentia specifica (lat.): diferencia específica, el rasgo que distingue una especie dentro de su género. ↩
En el original, naturwüchsig: natural, surgido espontáneamente, no producido por la historia. ↩
Thomas De Quincey (1785-1859), escritor inglés, autor de The Logic of Political Economy (1844), exposición de la teoría de Ricardo. Marx escribe unas veces «Quincey» y otras «De Quincey». ↩
John Francis Bray (1809-1897), socialista inglés seguidor de Ricardo, autor de Labour's Wrongs and Labour's Remedy (1839), donde proponía el cambio de trabajo por igual cantidad de trabajo. ↩
Cifras perdidas en la versión digital de la MEGA²; las restituimos por el cálculo de Marx (cuadro siguiente: 83 1/3 + 16 2/3 = 100) y la edición de 1953. ↩
Es decir, una parte de 110 cuyo denominador es 4 2/5: 110 : 4 2/5 = 25 (= 5/22 de 110). La cifra no es errata. ↩
Piercy Ravenstone, seudónimo de un autor inglés de A Few Doubts as to the Correctness of Some Opinions Generally Entertained on the Subjects of Population and Political Economy (1821) y Thoughts on the Funding System, and its Effects (1824). ↩
Proporción perdida en la versión digital de la MEGA²; la restituimos por el cálculo de Marx (3 jornadas pagadas con 1 1/2: la mitad de la jornada es plustrabajo) y la edición de 1953. ↩
«Trabajo atractivo» (travail attractif) es la fórmula de Charles Fourier para el trabajo en su sociedad armónica, repartido según las pasiones y convertido en placer. ↩
Naturwüchsig: lo que ha crecido por sí mismo, de manera natural y espontánea, sin haber sido puesto conscientemente; lo traducimos por «natural» o «surgido espontáneamente». ↩
John Stuart Mill (1806-1873), hijo del economista James Mill; su magnum opus son los Principles of Political Economy (1848). Los Essays se escribieron en 1829-1830 y se publicaron en 1844. Marx cita en alemán, traduciendo él mismo y dejando sueltas palabras inglesas. ↩
«Volvamos a nuestros carneros»: frase proverbial francesa, tomada de la farsa medieval Maître Pierre Pathelin, para volver al asunto tras una digresión. ↩
Adam Smith, La riqueza de las naciones, libro II, cap. 2, compara el dinero en circulación con el capital fijo: su mantenimiento es, como el de este, una deducción del rédito neto de la sociedad. ↩
Salmo 42, 2: «Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas». ↩
Naturwüchsig: que ha crecido de modo natural, espontáneo, no planificado. ↩
John Wade, History of the Middle and Working Classes (Londres, 1833), donde el capital aparece como motor de la civilización. ↩
Lorette: en el París del Segundo Imperio, mujer mantenida, de costumbres galantes (por la iglesia de Notre-Dame-de-Lorette, en cuyo barrio vivían muchas). ↩
Proudhon, Système des contradictions économiques ou Philosophie de la misère (1846), donde sostiene como axioma que todo trabajo deja un excedente. ↩
Frédéric Bastiat, Harmonies économiques (1850), tomando de Henry Charles Carey la tesis de que, con el aumento del capital, la parte relativa del capitalista disminuye y la del obrero crece. ↩
Samuel Bailey (1791-1870), economista inglés, crítico de Ricardo; Marx lo había extractado en sus cuadernos. ↩
Thomas de Quincey (1785-1859), escritor inglés, autor de Confessions of an English Opium-Eater y de The Logic of Political Economy (1844), divulgación ricardiana. ↩
Así en la MEGA²; la edición de 1953 lee «105 : x = 100 : 90», que es la proporción que corresponde al cálculo siguiente; el resultado de Marx (94 5/10 días) es correcto. ↩
William Petty (1623-1687), en Several Essays in Political Arithmetick, opone el oro y la plata, riqueza imperecedera, a las mercancías que se consumen en placeres pasajeros; Marx comenta el pasaje en el capítulo del dinero. ↩
Heinrich Friedrich von Storch, Considérations sur la nature du revenu national (París, 1824), escrito contra las notas que Say añadió a la reedición del Cours d'économie politique de Storch. ↩
En la versión digital de la MEGA² la fórmula del interés compuesto, S = c(1 + i)n, aparece desplazada al comienzo de este párrafo, delante de la de la anualidad; la devolvemos al párrafo anterior, como en la edición de 1953. En el último término del denominador, la versión digital trae «(1 + n)n-1», errata por (1 + i)n-1 (así en la edición de 1953); los corchetes que delimitan el denominador son nuestros. ↩
Juego de palabras intraducible: Creditgläubige son los «creyentes en el crédito», y Gläubiger, «acreedores»; Marx dice que rara vez son Gläubiger (acreedores), sino deudores. ↩
George Ramsay, An Essay on the Distribution of Wealth (Edimburgo, 1836); «IX, 84» remite a la página del cuaderno de extractos de Marx en que copió el pasaje. ↩
Heinrich Friedrich von Storch (1766-1835), economista alemán al servicio de Rusia, autor de un Cours d'économie politique (San Petersburgo, 1815). «Véase más arriba» remite a un pasaje anterior del manuscrito. ↩
William Petty (1623-1687) y Pierre Le Pesant de Boisguilbert (1646-1714; Marx escribe «Boisguillebert»), iniciadores de la economía política clásica en Inglaterra y en Francia. ↩
Umschlag, que en estas páginas es la «rotación» del capital, significa también «vuelco», «inversión en lo contrario»; Marx juega aquí con este segundo sentido (umschlagen in sein Gegentheil, «convertirse en su contrario»). ↩
Pellegrino Rossi (1787-1848), economista italiano afincado en Francia, autor de un Cours d'économie politique; Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi (1773-1842), autor de Nouveaux principes d'économie politique (1819). ↩
La distinción procede de Adam Smith (La riqueza de las naciones, libro II, cap. 1): el capital circulante solo rinde ganancia «circulando o cambiando de dueño»; el fijo, sin cambiar de dueño. Marx cita a Malthus en inglés y da a Smith en alemán. ↩
Antoine-Élisée Cherbuliez (1797-1869), economista suizo, autor de Richesse ou pauvreté (1841), donde distingue entre materias primas y matières instrumentales. ↩
Cifras perdidas en la versión digital de la MEGA² (que da solo «. oder wie .»); las restituimos por el cálculo de Marx (7 1/2 meses frente a 6) y la edición de 1953. La proporción está invertida en el manuscrito (7 1/2 : 6 es 1 1/4 : 1). ↩
Thomas Robert Malthus, The Measure of Value Stated and Illustrated (Londres, 1823). ↩
David Ricardo, On the Principles of Political Economy and Taxation (1817), cap. 1, secciones IV y V, sobre el efecto de las distintas proporciones y durabilidades del capital fijo y circulante en el valor. ↩
John Ramsay McCulloch (1789-1864), economista escocés de la escuela de Ricardo; The Principles of Political Economy (1825). Los «cuadernos» citados aquí y más abajo son los cuadernos de extractos de Marx. ↩
James Maitland, conde de Lauderdale (1759-1839), An Inquiry into the Nature and Origin of Public Wealth (1804); Marx lo cita por la traducción francesa, Recherches sur la nature et l'origine de la richesse publique (París, 1808). Piercy Ravenstone es el seudónimo del autor de A Few Doubts as to the Correctness of Some Opinions Generally Entertained on the Subjects of Population and Political Economy (Londres, 1821). ↩
Charles Babbage (1791-1871), matemático e inventor inglés, On the Economy of Machinery and Manufactures (1832); Andrew Ure (1778-1857), químico escocés, The Philosophy of Manufactures (1835). Marx los cita por sus traducciones francesas. ↩
Labour Defended against the Claims of Capital (Londres, 1825), folleto anónimo de Thomas Hodgskin (1787-1869). ↩
Goethe, Fausto, primera parte, escena de la taberna de Auerbach: la canción de la rata envenenada que corre «como si tuviera amor en el cuerpo» («als hätt' sie Lieb' im Leibe»). ↩
Paráfrasis en alemán, con términos ingleses, de un pasaje del folleto The Source and Remedy of the National Difficulties, citado más abajo. ↩
The Source and Remedy of the National Difficulties, Deduced from Principles of Political Economy, in a Letter to Lord John Russell (Londres, 1821), folleto anónimo atribuido a Charles Wentworth Dilke. Marx lo cita mezclando inglés y alemán. ↩
Robert Owen (1771-1858), fabricante de algodón en New Lanark y socialista utópico inglés. ↩
Charles Fourier (1772-1837), socialista utópico francés, que proponía hacer del trabajo un «trabajo atractivo». ↩
La fuente digital de la MEGA² da aquí ζω̃ον πολιτιϰόν («animal político», la fórmula de Aristóteles), que no tiene sentido en este lugar; la edición de 1953 (Dietz) lee κατ' ἐξοχήν, «por excelencia», que es lo único que da sentido y lo que traducimos. ↩
Así en la fuente («Hodges»), también en la edición de 1953. No hemos identificado al autor; quizá se trate de Hodgskin, el autor de Labour defended, citado más arriba. ↩
Thomas De Quincey (1785-1859), escritor inglés, The Logic of Political Economy (1844). ↩
Alusión, probablemente, a la polémica de Proudhon con Bastiat sobre el interés del capital, publicada como Gratuité du crédit (1850). ↩
El semanario londinense The Economist. Las referencias «Econ. VI, p. 1» y «Heft VI, p. 1» remiten, al parecer, a un cuaderno de extractos de Marx, no a un número del periódico. ↩
Thomas Robert Malthus era clérigo de la Iglesia anglicana; de ahí el «párroco» [parson] irónico. ↩
Probable alusión a la exposición hegeliana de la actividad conforme a fin, en la que el sujeto se sirve directamente de un objeto exterior como medio (Ciencia de la lógica, sección «La teleología»). ↩
Frederic Morton Eden (1766-1809), baronet («Bt.»), autor de una amplia investigación sobre la situación de los pobres en Inglaterra, publicada en tres volúmenes en 1797. ↩
Estatuto del año 11 del reinado de Enrique VII (1495-1496), que fijaba salarios máximos y la jornada de los trabajadores. ↩
Estatuto del año 1 del reinado de Eduardo VI (1547), cap. 3, contra los vagabundos; la V es la inicial de vagabond y, más abajo, la S la de slave, «esclavo». ↩