Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en París, escrita en Barmen hacia el 20 de enero de 1845: la carta no lleva fecha, y la de los editores de la MEGA¹ sale del matasellos (Barmen, 20 de enero). Se conserva completa, salvo unas palabras dañadas en el papel. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 3, pp. 9-13) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Si no te he contestado antes, ha sido sobre todo porque esperaba el Vorwärts! que me habías prometido. Pero como la cosa todavía no ha llegado, he dejado de esperarla, y también de esperar la Crítica crítica, de la que no sé nada más. En cuanto a Stirner, estoy completamente de acuerdo contigo.1 Cuando te escribí, todavía estaba demasiado preso de la impresión inmediata del libro; desde que lo he dejado reposar y he podido pensarlo más, encuentro lo mismo que tú. Hess, que sigue aquí y con quien hablé hace quince días en Bonn, ha llegado, después de algunas vacilaciones, a lo mismo que tú; me leyó un artículo sobre el libro que va a hacer imprimir pronto,2 en el que dice lo mismo sin haber leído tu carta. Le he dejado tu carta porque quería aprovechar todavía algunas cosas, así que tengo que contestarla de memoria. En cuanto a mi traslado ahí, no hay ninguna duda de que dentro de unos dos años estaré ahí, y también tengo claro que el próximo otoño iré a toda costa para cuatro o seis semanas. Si la policía me corta aquí las alas, iré de todos modos, y tal como están aquí las cosas, a esa chusma se le puede ocurrir cualquier día molestar a gente como nosotros. Con el Bürgerbuch de Püttmann3 veremos hasta dónde se puede llegar sin que te echen el guante o te echen a la calle. — Mi historia de amores ha tenido un final espantoso. Ahórrame la aburrida explicación; de todos modos ya no tiene remedio, y bastante he pasado ya con el asunto. Me alegro de poder al menos volver a trabajar, y si te contara toda la historia, se me estropearía la noche.
Lo más nuevo es que Hess y yo vamos a publicar a partir del 1 de abril, en la editorial Thieme & Butz de Hagen, una revista mensual, el Gesellschaftsspiegel,4 en la que describiremos la miseria social y el régimen de la burguesía. El prospecto, etc., en breve. De momento estaría bien que el poético «Un Artesano»5 se tomara la molestia de enviarnos material sobre la miseria de ahí. Sobre todo casos concretos: eso es lo que le entra al filisteo al que hay que preparar para el comunismo. La cosa se puede redactar con poco trabajo; colaboradores que den material para llenar cuatro pliegos al mes se encontrarán de sobra: tenemos poco trabajo con ella y podemos influir mucho. Además, Püttmann va a sacar en la editorial de Leske una revista trimestral, los Rheinische Jahrbücher,6 de más de veinte pliegos para que escape a la censura,7 en la que no saldrá más que comunismo. Tú también podrías participar. De todos modos, no está de más que hagamos imprimir parte de nuestros trabajos dos veces, primero en una revista y luego aparte y en su conjunto; los libros prohibidos circulan menos libremente, y así tenemos doble ocasión de influir. Ya ves que aquí en Alemania tenemos bastante que hacer para dar materia a todas estas historias y a la vez elaborar cosas mayores; pero hay que dar el callo si queremos sacar algo adelante, y para eso está bien que a uno le quemen un poco las cosas entre los dedos. Mi libro sobre los obreros ingleses estará terminado dentro de dos o tres semanas; luego me tomo cuatro semanas para cosas más pequeñas y después me pongo con el desarrollo histórico de Inglaterra y del socialismo inglés.
Lo que me hace una gracia especial es este arraigo de la literatura comunista en Alemania, que ahora es un fait accompli.8 Hace un año empezó a arraigar fuera de Alemania, en París; en realidad, a nacer; y ahora ya se le ha subido al cuello al Michel alemán.9 Periódicos, semanarios, revistas mensuales y trimestrales y una reserva de artillería pesada que avanza: todo en el mejor orden. ¡Diablos, qué deprisa ha ido! Tampoco la propaganda bajo cuerda ha quedado sin frutos: cada vez que voy a Colonia, cada vez que entro aquí en una taberna, nuevos progresos, nuevos prosélitos. La reunión de Colonia ha hecho milagros: poco a poco se van descubriendo pequeños grupos comunistas que se han desarrollado en silencio y sin intervención directa nuestra. — También el Gemeinnütziges Wochenblatt, que antes se publicaba junto con la Rheinische Zeitung, está ahora en nuestras manos; D’Ester se ha hecho cargo de él y verá qué se puede hacer. Pero lo que más nos hace falta ahora son un par de obras de mayor envergadura, para dar un punto de apoyo como es debido a los muchos que saben a medias, que querrían pero no se las arreglan solos. Haz por terminar tu libro de economía política,10 aunque tú mismo quedes descontento de muchas cosas; da igual: los ánimos están maduros, y hay que batir el hierro mientras está caliente. Mis cosas inglesas tampoco dejarán de surtir efecto, los hechos son demasiado contundentes; pero aun así querría tener las manos más libres para hacer muchas cosas que serían más contundentes y eficaces para el momento actual y para la burguesía alemana. Nosotros, los alemanes teóricos —[es] ridículo, pero es un signo de los tiempos y de la descomposición de la basura nacional alemana—, [todavía] no podemos llegar en absoluto a desarrollar nuestra teoría; ni siquiera hemos podido publicar todavía la crítica del disparate.11 Pero ahora ya es hora. Así que haz por terminar antes de abril, haz como yo: ponte un plazo para el que quieras tener terminado el trabajo sin falta, y ocúpate de que se imprima pronto. Si no puedes imprimirlo ahí, hazlo imprimir en Mannheim, en Darmstadt o por ahí. Pero tiene que salir pronto.
Que hayas estirado la Crítica crítica hasta veinte pliegos me ha sorprendido bastante, desde luego. Pero está muy bien: así llega ya a la gente mucho de lo que, si no, quién sabe cuánto tiempo más se habría quedado en tu escritorio. Pero si has dejado mi nombre en la portada, quedará curioso, cuando apenas he escrito pliego y medio. Como te decía, de Löwenberg12 todavía no sé nada, ni tampoco de que haya salido el libro, que naturalmente espero con mucha curiosidad. — Ayer recibí el Vorwärts!, del que no había visto nada desde que me marché. Algunos chistes de Bernays me han divertido de lo lindo; el tipo es capaz de arrancarle a uno una carcajada de verdad, cosa que, si no, rara vez me pasa leyendo. Por lo demás, el periódico es malo, claro, y no lo bastante interesante ni instructivo para que muchos alemanes lo mantengan a la larga. ¿Cómo están ahora las cosas en lo externo, y es verdad lo que oigo en Colonia, que se va a convertir en una revista mensual? Aquí estamos tan horriblemente cargados de trabajo que desde aquí solo podrán llegar colaboraciones de vez en cuando. Vosotros, ahí, también tenéis que poneros manos a la obra. Escribe un artículo cada cuatro o seis semanas, no dejes que tu estado de ánimo te «meta en cintura». ¿Por qué no escribe nada Bakunin, y por qué no hay manera de que Ewerbeck escriba, aunque sea trivialidades? El pobre Bernays estará ya en chirona; salúdalo de mi parte y dile que no se tome demasiado a pecho esa porquería: dos meses también pasan, por horrible que sea. ¿Y qué hacen, en general, los muchachos? No me cuentas nada de ellos. ¿Ha vuelto Guerrier, escribe Bakunin en francés? ¿Qué hace toda la pandilla que en agosto frecuentaba cada noche el Quai Voltaire? ¿Y tú, qué haces en realidad? ¿Cómo va tu situación ahí? ¿Sigue viviendo Fouine13 debajo de ti? Fouine ha vuelto a soltarse hace poco en el Telegraph.14 Sobre el patriotismo, como era de esperar. Es grandioso cómo lo monta hasta reventarlo, cómo todo le da igual con tal de conseguir aniquilar el patriotismo. Probablemente ese era el meollo del asunto15 que no quiso darle a Fröbel.16 Los periódicos alemanes decían hace poco que Fouine quería volver a Alemania. Si es verdad, lo felicito, pero no puede ser verdad: tendría que avenirse por segunda vez a comprar un ómnibus con retrete, y eso no puede ser.
Hace poco hablé con uno que venía de Berlín. La descomposición del caput mortuum17 de los Libres parece completa. Aparte de los Bauer, parece que tampoco Stirner tiene ya trato con ellos. El pequeño resto, Meyen, Rutenberg y compañía,18 no se deja perturbar por nada: como hace seis años, van todos los días a las dos de la tarde a casa de Stehely19 y pontifican sobre los periódicos. Pero ahora ya han llegado a la «organización del trabajo»,20 y ahí se quedarán. También el señor Nauwerck21 parece haberse atrevido a dar ese paso, porque se acalora en asambleas populares. Ya te lo decía: esta gente acabará toda en Démocrates pacifiques.22 Eso sí, han «reconocido» mucho la claridad, etc., de nuestros artículos en los Anales. Si un día de estos me vuelve a tentar el diablo, me pongo a cartearme con el pequeño Meyen; posiblemente se pueda sacar diversión de esos tipos, aunque no diversión con ellos. De todos modos, aquí falta toda ocasión de dar rienda suelta de vez en cuando a la insolencia, porque llevo una vida como no la pediría mejor el más brillante de los filisteos, una vida tranquila y reposada en toda piedad y honestidad: me quedo en mi cuarto trabajando, casi no salgo, soy formal como un alemán; si esto sigue así, me temo que el Señor pasará por alto mis escritos y me dejará entrar en el cielo. Te aseguro que empiezo a tener buena fama aquí en Barmen. Pero ya estoy harto: en Pascua quiero irme de aquí, probablemente a Bonn. Por la insistencia de mi cuñado y las caras tristes de mis dos viejos me había dejado convencer para intentarlo otra vez con el chalaneo, y desde hace [quince] días23 he trabajado algo en la oficina; también me empujó a ello la perspectiva de mi historia de amores; pero estaba harto antes de empezar a trabajar: el chalaneo es demasiado asqueroso, Barmen es demasiado asqueroso, la pérdida de tiempo es demasiado asquerosa, y sobre todo es demasiado asqueroso seguir siendo no solo burgués, sino además fabricante, un burgués que se enfrenta activamente al proletariado. Un par de días en la fábrica de mi viejo me han hecho volver a ponerme ante los ojos esta asquerosidad, que había perdido un poco de vista. Naturalmente, había contado con quedarme en el chalaneo solo mientras me conviniera y escribir luego algo que fuera contra la policía, para poder escabullirme al otro lado de la frontera con buenos modales; pero ni siquiera hasta entonces lo aguanto. Si no hubiera tenido que registrar cada día en mi libro las historias más asquerosas de la sociedad inglesa, creo que ya me habría anquilosado un poco, pero eso al menos me ha mantenido la rabia hirviendo. Y como comunista se puede muy bien ser, por la situación exterior, burgués y bestia de chalaneo, mientras no se escriba; pero hacer propaganda comunista en grande y a la vez dedicarse al chalaneo y a la industria, eso no puede ser. Basta: en Pascua me voy de aquí. A eso añade la vida enervante en una familia cristiana radical y prusiana de pies a cabeza: no puede ser, a la larga podría convertirme en un filisteo alemán y meter el filisteísmo en el comunismo. —
Y ahora no me hagas esperar tanto una carta tuya como te he hecho esperar yo esta vez; saluda a tu mujer, aunque no la conozca, y a quien lo merezca. De momento sigue escribiendo aquí; si ya me hubiera ido, me harán llegar tus cartas.
Tuyo, F. E.
La carta de Marx sobre Stirner no se conserva. ↩
Moses Hess, Die letzten Philosophen («Los últimos filósofos»), publicado como folleto en Darmstadt, por Leske, en 1845. ↩
Hermann Püttmann (1811-1874), periodista, editor del Deutsches Bürgerbuch für 1845 (Darmstadt, 1845), en el que Engels publicó su «Descripción de las colonias comunistas fundadas en los últimos tiempos y todavía existentes». ↩
Gesellschaftsspiegel («Espejo de la sociedad»), revista mensual dirigida por Hess, que salió en Elberfeld, en la editorial de Bädeker, en 1845-1846. ↩
Firma de un colaborador del Vorwärts!. ↩
Rheinische Jahrbücher zur gesellschaftlichen Reform («Anales renanos de reforma social»), de los que salieron dos tomos (Darmstadt, 1845; Bellevue, 1846). En el primero se publicaron los Dos discursos en Elberfeld de Engels. ↩
Según las leyes de prensa de la Confederación Germánica, los impresos de más de veinte pliegos no estaban sometidos a la censura previa. Engels escribe überzensurgroß, «de tamaño por encima de la censura». ↩
Francés: «hecho consumado». ↩
«El Michel alemán», figura proverbial del alemán bonachón, dormilón y apolítico. ↩
La crítica de la economía política que Marx preparaba; véase la carta de Engels del 8-10 de octubre de 1844. ↩
Es decir, La sagrada familia, según los editores de la MEGA¹; véase nuestra traducción: La sagrada familia. Aquí el papel está dañado: «[es]» y «[noch]» («[todavía]») son complementos de los editores de la MEGA¹. ↩
En realidad, Löwenthal: Zacharias Löwenthal, propietario de la Literarische Anstalt de Fráncfort, que publicó La sagrada familia en febrero de 1845. ↩
Arnold Ruge. Fouine es en francés la garduña. ↩
El Telegraph für Deutschland, revista literaria de Hamburgo. ↩
En alemán, des Pudels Kern, «el meollo del perro de aguas», del Fausto de Goethe (primera parte, escena del gabinete de estudio). ↩
Julius Fröbel (1805-1893), editor de los Anales franco-alemanes. ↩
Latín: «cabeza muerta», el residuo inútil que quedaba en la retorta de los alquimistas. ↩
Eduard Meyen (1812-1870) y Adolf Rutenberg (1808-1869), publicistas del círculo de los Libres. ↩
Café de Berlín, en la Gendarmenmarkt, lugar de reunión de los jóvenes hegelianos. ↩
Organisation du travail era el título del libro de Louis Blanc (1839) y la consigna de los socialistas reformistas franceses. ↩
Karl Nauwerck (1810-1891), publicista del círculo de los Libres. ↩
«Demócratas pacíficos»: fourieristas, como los del diario La Démocratie pacifique. ↩
El papel está dañado; la palabra la completan los editores de la MEGA¹. ↩