Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Bruselas, escrita en París el viernes 15 de enero de 1847 (por error, Engels fechó la carta en 1845). Se conserva completa; en algunos pasajes el papel está dañado. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 17, pp. 63-66) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Te habría escrito antes si Bernays1 no me hubiera dejado plantado hasta ahora. Al maldito Börnstein,2 a quien, entre otras cosas, había preguntado por lo de tu venida aquí, no había manera de encontrarlo, así que le encargué el asunto a Bernays, que ya el lunes quería traerme a la ciudad una carta para ti. En vez de eso, recibo anoche tarde el papelucho adjunto, que el muy vago garabateó anteayer por la noche en Sarcelles, y las aclaraciones que contiene no son, desde luego, de las que hubieran requerido un estudio de cinco o seis días. Pero el tipo es así. Por lo demás, hablaré yo mismo con Börnstein, porque esta aclaración no me basta en absoluto y, para ser sincero, no hay nadie a quien le crea menos sobre su palabra que a Bernays. Este hombre lleva ya seis meses machacándome los oídos con que podías venir cualquier día con armas y bagajes, y cuando llega la hora de la verdad, sale con una larga historia sobre un pasaporte. ¡Como si necesitaras pasaporte! En la frontera nadie lo pregunta; también Moses3 vino sin que le preguntaran, igual que yo, y si vives en mi casa, ya me gustaría saber quién iba a preguntar por él. A lo sumo, un passeport pour l’intérieur4 belga para identificarte si llega el caso, o la conocida misiva del señor Leopoldo:5 Cabinet du Roi;6 con eso basta para cualquier eventualidad. Heine7 es exactamente de la misma opinión, y en cuanto pueda atrapar a Börnstein se lo preguntaré. — Bernays había especulado también con la historia de Tolstói,8 o más bien se la había dejado contar por Börnstein, porque Börnstein le hace creer lo que quiere. Todas las diversas noticias que Bernays nos escribía antes vienen de la misma fuente, y desde que he sido testigo en distintas ocasiones de la infalibilidad con que Börnstein le vaticina a Bernays sus suposiciones, sus chismes y sus propias invenciones, y de cómo Bernays las toma por moneda de ley, no me creo ni una sola palabra de todas las noticias importantes que él escribía antes de tiempo «de la mejor fuente».
[Yo] mismo vi cómo Börnstein, a fuerza de una omnisciencia afectada, le hizo creer a Bernays (y ya sabes con qué entusiasmo cree Bernays cuando se pone a creer) que Le National se había vendido en cuerpo y alma, con pelos y señales, a Thiers, argent plus ou moins comptant.9 El pequeño se habría dejado matar a tiros por ello. En esto es incorregible, como en su humor de «exultante hasta el cielo, triste hasta la muerte».10 Pendant le cours de la dernière quinzaine il a été seize fois au bord du désespoir.11
Cela entre nous.12 Así que volveré a preguntarle a Börnstein por lo de tu venida; Heine, como te digo, sostiene que puedes venir tranquilamente. ¿O quieres ir al representante diplomático francés y pedirle un pasaporte presentando tu certificado prusiano de emigración?13
Me alegró mucho que me anunciaras a Mosen.14 El noble varón vino a verme, no me encontró, le escribí para que me diera cita. Ayer tuvo lugar. El hombre ha cambiado mucho. Rizos juveniles ondean en torno a su cabeza, una barbita coqueta da cierta gracia a su mentón afilado, un rubor virginal le cubrió las mejillas, pero la grandeur déchue se peignait dans ses beaux yeux,15 y se había apoderado de él una modestia extraña. Aquí, en París, me he acostumbrado a un tono muy desvergonzado, porque hacer ruido es parte del oficio y con él se consigue mucho con las mujeres. Pero este aspecto exterior violado del en otro tiempo tan arrollador genio de altos vuelos que era Hess casi me desarmó. Sin embargo, las hazañas de los verdaderos socialistas, de sus discípulos (de esto, más abajo), y su propio meollo inalterado me devolvieron el valor. En fin, lo he tratado con tanta frialdad y tanta burla que no tendrá ninguna gana de volver. Lo único que hice por él fue darle algunos buenos consejos para la gonorrea que se ha traído de Alemania. También con algunos pintores alemanes, a los que en parte conocía de antes, ha hecho un fiasco completo. Solo Gustav Adolf Köttgen16 le ha sido fiel.
El de Bremen17 es en todo caso preferible al suizo.18 Al suizo no puedo escribirle: 1) porque he olvidado su dirección; 2) porque no quiero pro[ponerle] al tipo unos honorarios por pliego más bajos que los que tú le propones al de Bremen. […] pues tus propuestas al de Bremen y, a la vez, la dirección del tipo. A Bernays le pagó bien su mal folleto sobre Rothschild,19 pero a Püttmann20 lo estafó: le imprimió, sí, pero, con el pretexto de que tenía sus fondos comprometidos, ha aplazado hasta el infinito el pago de los honorarios.
Me parece muy bien que escribas en francés contra Proudhon.21 Espero que el folleto esté ya terminado cuando llegue esta. Ni que decir tiene que, por mí, puedes anticipar de nuestra publicación22 todo lo que quieras. También creo que la asociación de Proudhon acaba desembocando en el plan de Bray.23 Me había olvidado por completo del buen Bray.
Quizá hayas leído en la Trier’sche Zeitung24 lo de la nueva revista socialista de Leipzig titulada Veilchen [Violetas], hojas para la crítica moderna inofensiva, en la que el señor Semmig25 brama como Sarastro: «En estas sagradas estancias no se conoce la venganza, entre estos sagrados muros no puede acechar ningún traidor»; luego camina de la ma-a-a-a-ano amiga, contento y feliz, hacia la tierra mejor;26 pero, por desgracia, no tiene el bajo necesario, como el difunto Reichel. Sarastro-Semmig hace aquí sacrificios a tres divinidades: 1) Hess; 2) Stirner; 3) Ruge,27 todo de un tirón. Los dos primeros han […] las profundidades de la ciencia. Esta hojita o violeta es lo más disparatado que he leído en mi vida. Una locura tan callada y a la vez tan desvergonzada solo es posible en Sajonia. ¡Ojalá pudiéramos volver a hacer el capítulo sobre el verdadero socialismo,28 ahora que se han desarrollado en todas direcciones, ahora que se han constituido aparte la escuela westfaliana, la escuela sajona, la escuela berlinesa, etc., etc., además de las estrellas solitarias Püttmann, etc.! Se los podría clasificar según las constelaciones del cielo. Püttmann la Osa Mayor y Semmig la Menor, o Püttmann el Toro y las Pléyades sus ocho hijos. Cuernos, si no los tiene, se los merece de todos modos. Grün, Acuario, etc. A propósito de Grün: voy a rehacer el artículo sobre el Goethe de Grün, reducirlo a entre medio pliego y tres cuartos de pliego y prepararlo para nuestra publicación, si te parece bien; escríbeme pronto sobre esto. El libro es demasiado característico: Grün ensalza como humanas todas las filisteadas de Goethe, hace del Goethe de Fráncfort y funcionario el «verdadero hombre», mientras que pasa por alto todo lo colosal y genial, o incluso lo escupe. De modo que este libro proporciona la prueba más brillante de que el Hombre = el pequeñoburgués alemán.29 Esto solo lo había apuntado, pero podría desarrollarlo y tachar bastante del resto del artículo, que no encaja en lo nuestro. ¿Qué te parece?
Tuyo, Engels.
Viernes, 15 de enero de 1847.30
[Dirección:] Monsieur Charles Marx. 42, rue d’Orléans. Faubg. de Namur Bruxelles.
Karl Ludwig Bernays (1815-1879), periodista, antiguo redactor del Vorwärts! de París; vivía en Sarcelles, al norte de París. Véase la carta de Bernays y Engels a Marx del 2 de noviembre de 1846. ↩
Heinrich Börnstein (1805-1892), periodista y empresario teatral, fundador del Vorwärts! de París. ↩
Moses Hess (1812-1875), publicista, uno de los primeros comunistas alemanes y luego inspirador del «verdadero socialismo». ↩
En francés: «pasaporte para el interior», documento de identidad para viajar dentro del país. ↩
Leopoldo I, rey de los belgas. ↩
En francés: «Gabinete del Rey». ↩
El poeta Heinrich Heine (1797-1856), que vivía en París desde 1831; Marx había tenido con él mucho trato en 1844. ↩
Jakov Nikoláievich Tolstói (1791-1867), emigrado ruso en París que trabajaba en secreto para la policía política del zar. ↩
En francés: «a dinero más o menos contante». ↩
«Himmelhoch jauchzend, zum Tode betrübt», verso de la canción de Clara en el Egmont de Goethe. ↩
En francés: «En el curso de la última quincena ha estado dieciséis veces al borde de la desesperación». ↩
En francés: «Esto, entre nosotros». ↩
Marx había renunciado a la nacionalidad prusiana en diciembre de 1845. ↩
Moses Hess; Mosen es una forma antigua del nombre en caso oblicuo, que Engels usa en broma. ↩
En francés: «la grandeza caída se pintaba en sus bellos ojos». ↩
Gustav Adolf Köttgen (1805-1882), pintor y poeta de Elberfeld, «verdadero socialista». Véase la Carta del Comité de Correspondencia Comunista de Bruselas a G. A. Köttgen (1846). ↩
Según los editores de la MEGA¹, el librero Kühtmann, de Bremen. Marx y Engels buscaban editor para los manuscritos de La ideología alemana. ↩
Según los editores de la MEGA¹, M. Schlaepfer, librero de Herisau (Suiza). ↩
Un folleto de Bernays contra la casa de banca Rothschild. ↩
Hermann Püttmann (1811-1874), periodista y poeta, «verdadero socialista». ↩
Miseria de la filosofía, escrita en francés contra la Philosophie de la misère de Proudhon y publicada en julio de 1847. ↩
La ideología alemana, que Marx y Engels querían publicar. ↩
John Francis Bray (1809-1897), socialista inglés, autor de Labour’s Wrongs and Labour’s Remedy (1839). Marx compara sus propuestas con las de Proudhon en el capítulo primero de Miseria de la filosofía. ↩
La Trier’sche Zeitung, diario de Tréveris, órgano entonces del «verdadero socialismo». ↩
Hermann Semmig (1820-1897), escritor sajón, «verdadero socialista». ↩
Semmig parafrasea el aria de Sarastro de La flauta mágica de Mozart. ↩
Moses Hess, Max Stirner (1806-1856), autor de El único y su propiedad, y Arnold Ruge (1802-1880), el antiguo compañero de Marx en los Anales franco-alemanes. ↩
Los capítulos sobre el «verdadero socialismo» del segundo tomo de La ideología alemana (La ideología alemana. Tomo II. El verdadero socialismo). Engels escribió esa continuación en los meses siguientes: Los verdaderos socialistas. ↩
Karl Grün, Über Göthe vom menschlichen Standpunkte (Darmstadt, 1846). Engels lo criticó en la segunda parte de El socialismo alemán en verso y en prosa (1847). ↩
Engels escribió por error «1845». ↩