Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 16 de abril de 1856. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 382, pp. 130-132) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Londres, 16 de abril de 1856.
Dear Frederic:
Hoy ha salido para ti, por la compañía de paquetería que ya conoces, un paquete que contiene: 1, los Kars papers; 2, el Ígor; 3, Destrilh, Confidences sur la Turquie; 4, dos números de L'Homme. En uno, la carta de Cayena; en el otro, la letanía de Pyat a la Marianne, que leyó en un mitin cartista para celebrar la Revolución francesa el 25 de febrero de este año.1 El buen hombre esperaba, naturalmente, que esta vez se repitiera el escándalo de su «lettre à la reine». Pero se equivocó. Ves por ella, al mismo tiempo, en qué relación subalterna se encuentran los hacedores de revoluciones franceses de aquí respecto de la «Marianne». 5, dos recortes del People's Paper, los dos primeros artículos míos sobre los Kars papers. También te mandaré la continuación y el final. Como se había perdido el original del artículo 1 y el tiempo, y más aún Ernest Jones, me apremiaban, tuve que chapucear de memoria el artículo de la Tribune, a toda prisa, y así se han colado algunas tonterías que tu olfato no dejará de descubrir. But never mind that. Te lo cuento solo para que sepas por qué no te mandé la cosa enseguida.
Anteayer se celebró un pequeño banquete por el aniversario del People's Paper.2 Esta vez, como me parecía que los tiempos lo exigían, acepté la invitación, tanto más cuanto que de toda la emigración era yo el único invitado (as announced in the Paper), y el primer brindis me correspondía a mí, a saber, tenía que pronunciarlo yo, por la souveraineté du prolétariat dans tous les pays.3 Así que pronuncié un pequeño speech en inglés, que sin embargo no voy a hacer imprimir. El propósito que quería conseguir está conseguido. El señor Talandier, que tuvo que comprarse su ticket a 2½ chelines, y el resto de la banda de emigrados franceses y de otras partes se han convencido de que somos los únicos aliados «íntimos» de los cartistas y de que, aunque nos mantengamos al margen de las manifestaciones públicas y dejemos a los Frenchmen coquetear en público con el cartismo, tenemos siempre en nuestra mano volver a ocupar la posición que ya históricamente nos corresponde.4 Esto se había hecho tanto más necesario cuanto que en el citado mitin del 25 de febrero, presidido por Pyat, apareció el artesano alemán Scherzer (old boy) y, en un estilo de oficial errante verdaderamente espantoso, denunció a los «sabios» alemanes, a los «trabajadores intelectuales», que los habían dejado en la estacada a ellos (los artesanos) y los obligaban así a hacer el ridículo ante las demás naciones.5 Ya conoces a Scherzer de París. He vuelto a tener algunos encuentros con el amigo Schapper y he encontrado en él a un pecador muy arrepentido. El retiro en que vive desde hace dos años parece haberle aguzado rather las facultades mentales. Comprenderás que para toda clase de eventualidades siempre puede ser bueno tener a mano al hombre and, still more, tenerlo fuera de las manos de Willich. Schapper está ahora muy furioso con los artesanos de la Windmill.6
Me ocuparé de tu carta a Steffen. La carta de Lassalle deberías habértela quedado ahí. Hazlo, en general, con todas las cartas cuya devolución no te pida. Cuanto menos pasen por el correo, the better. Estoy completamente de tu opinión sobre la provincia del Rin. Lo fatal para nosotros es que veo looming in the future7 algo que sabrá a «traición a la patria». Dependerá mucho del giro de las cosas en Berlín que no nos veamos obligados a ponernos en una posición parecida a la de los clubistas de Maguncia en la vieja revolución.8 Ça sera dur.9 ¡Nosotros, tan ilustrados sobre nuestros buenos frères del otro lado del Rin! Todo el asunto en Alemania dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una segunda edición de la guerra campesina.10 Entonces la cosa irá de maravilla.
De Stieber II no me ha llegado nada. Escríbeme lo que sepas.
Vamos ahora a la chronique scandaleuse.
La comedia de Pieper ha tenido un final tan rápido como amargo. Por un lado, recibió una carta en la que el viejo verdulero le da calabazas sin rodeos y le prohíbe la entrada en su casa. Por otro lado, la lechuza de las gafas verdes —una sombrerera indescriptiblemente fea— se presentó en nuestra casa para encontrar a «su» Pieper. Le propuso que se fugara con ella. Con gran discreción, él lo rechazó de la manera más categórica. — Así se ha acabado la comedia. Es de esperar que Wunderhold quede algo curado de su irresistibilidad con esta amarga experiencia.11
Te adjunto una carta de Seiler. Este Falstaff encontró a Edgar nada más llegar a Nueva York, cuando este estaba a punto de embarcarse para Texas. Edgar tiene de momento dinero de la herencia.12 Las consecuencias asquerosas de ese encuentro con Seiler las ves en la carta.
¡Bonita compañía! ¡Seiler y Konrad Schramm!
Salut.
Tu K. M.
Félix Pyat, demócrata francés emigrado en Londres. La Marianne era una sociedad republicana secreta francesa. En 1855 Pyat había leído en un mitin una «carta a la reina» Victoria, cuya publicación en L'Homme llevó a la expulsión de varios emigrados franceses de Jersey. ↩
El banquete del 14 de abril de 1856 por el aniversario del People's Paper de Ernest Jones. El discurso se publicó de todos modos en ese periódico el 19 de abril. ↩
«Por la soberanía del proletariado en todos los países». ↩
Alfred Talandier, emigrado francés en Londres. ↩
Andreas Scherzer, sastre, miembro de la fracción Willich-Schapper. Straubinger, el oficial artesano alemán que recorría el país. ↩
Karl Schapper se había separado de Marx y Engels con Willich en 1850 (la fracción Willich-Schapper). La Asociación Cultural de los Obreros Alemanes de Londres tenía su local en la Great Windmill Street. ↩
«Asomando en el futuro». ↩
Los jacobinos alemanes de Maguncia, que en 1792-1793, bajo la ocupación francesa, proclamaron la República de Maguncia y pidieron su unión a Francia. ↩
«Será duro». ↩
Véase La guerra campesina en Alemania, de Engels. ↩
Wilhelm Pieper. Véanse las cartas del 13 de febrero y del 10 de abril de 1856. ↩
Edgar von Westphalen, hermano de Jenny Marx. ↩