Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política. Libro tercero: El proceso global de la producción capitalista. Editado por Friedrich Engels; primera edición: Hamburgo, Otto Meissner, 1894. Se traduce según el texto de la MEW 25 (Berlín, 1964), cotejado con la MEGA II/15 (1894); las citas que Marx daba en inglés, francés u otras lenguas se traducen de su original. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas que indican de qué manuscrito de Marx procede el texto son de Engels; las firmadas «— F. E.» y los pasajes entre corchetes con esa firma, también. Las llaves {…} reproducen las de la edición (interpolaciones de Marx en las citas o de Engels en el texto). Las notas marcadas «(Nota de la traducción.)» son nuestras. Texto original en alemán

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Capítulo decimotercero. La ley en cuanto tal

Dados el salario y la jornada laboral, un capital variable, por ejemplo de 100, representa un número determinado de obreros puestos en movimiento; es el índice de ese número. Sea, por ejemplo, 100 £ el salario de 100 obreros, digamos por una semana. Si estos 100 obreros realizan tanto trabajo necesario como plustrabajo, es decir, si trabajan diariamente tanto tiempo para sí mismos, o sea, para la reproducción de su salario, como para el capitalista, o sea, para la producción de plusvalía, su producto de valor global sería = 200 £ y la plusvalía producida por ellos ascendería a 100 £. La tasa de plusvalía p/v1 sería = 100 %. Pero, como hemos visto, esta tasa de plusvalía se expresaría en tasas de ganancia muy diferentes según el diferente volumen del capital constante c y, con él, del capital global C, ya que la tasa de ganancia = p/C. Si la tasa de plusvalía es del 100 %:

Si c = 50, v = 100, entonces g′ = 100/150 = 66 2/3 %.
Si c = 100, v = 100, entonces g′ = 100/200 = 50 %.
Si c = 200, v = 100, entonces g′ = 100/300 = 33 1/3 %.
Si c = 300, v = 100, entonces g′ = 100/400 = 25 %.
Si c = 400, v = 100, entonces g′ = 100/500 = 20 %.

Así, la misma tasa de plusvalía, con un grado de explotación del trabajo invariable, se expresaría en una tasa de ganancia decreciente, porque con su volumen material crece también, aunque no en la misma proporción, el volumen de valor del capital constante y, con él, del capital global.

Si se supone además que este cambio gradual en la composición del capital no se produce solo en esferas de producción aisladas, sino más o menos en todas, o al menos en las esferas de producción decisivas, y que, por lo tanto, implica cambios en la composición orgánica media del capital global perteneciente a una sociedad determinada, entonces este crecimiento paulatino del capital constante en proporción al variable tiene que tener necesariamente por resultado una caída gradual de la tasa general de ganancia, con una tasa de plusvalía constante o un grado constante de explotación del trabajo por el capital. Ahora bien, se ha mostrado, como una ley del modo de producción capitalista, que con su desarrollo se produce una disminución relativa del capital variable en proporción al capital constante y, por ende, en proporción al capital global puesto en movimiento. Esto solo quiere decir que el mismo número de obreros, la misma cantidad de fuerza de trabajo, puesta a disposición por un capital variable de un volumen de valor dado, pone en movimiento, elabora y consume productivamente en el mismo tiempo, a consecuencia de los métodos de producción peculiares que se desarrollan dentro de la producción capitalista, una masa siempre creciente de medios de trabajo, maquinaria y capital fijo de todo tipo, materias primas y auxiliares, y por lo tanto también un capital constante de un volumen de valor siempre creciente. Esta disminución relativa progresiva del capital variable en proporción al constante y, por lo tanto, al capital global, es idéntica a la composición orgánica progresivamente más alta del capital social en su promedio. Es asimismo solo otra expresión del desarrollo progresivo de la fuerza productiva social del trabajo, que se manifiesta precisamente en que, mediante el empleo creciente de maquinaria y de capital fijo en general, el mismo número de obreros transforma en productos, en el mismo tiempo, es decir, con menos trabajo, más materias primas y auxiliares. A este volumen de valor creciente del capital constante —aunque solo representa de lejos el crecimiento de la masa real de valores de uso de que se compone materialmente el capital constante— le corresponde un abaratamiento creciente del producto. Cada producto individual, considerado por sí mismo, contiene una suma de trabajo menor que en los estadios inferiores de la producción, en los que el capital desembolsado en trabajo guarda una proporción incomparablemente mayor con el desembolsado en medios de producción. La serie planteada hipotéticamente al principio expresa, pues, la tendencia real de la producción capitalista. Con la disminución relativa progresiva del capital variable frente al constante, esta genera una composición orgánica cada vez más alta del capital global, cuya consecuencia inmediata es que la tasa de plusvalía, con un grado de explotación del trabajo constante e incluso creciente, se expresa en una tasa general de ganancia que desciende constantemente. (Se mostrará más adelante por qué este descenso no se presenta en esta forma absoluta, sino más bien como tendencia a la caída progresiva). La tendencia progresiva de la tasa general de ganancia a descender es, pues, solo una expresión peculiar del modo de producción capitalista del desarrollo progresivo de la fuerza productiva social del trabajo. No se dice con ello que la tasa de ganancia no pueda caer también transitoriamente por otras razones, pero con ello se demuestra, a partir de la esencia del modo de producción capitalista, como una necesidad evidente por sí misma, que en su progreso la tasa media general de plusvalía tiene que expresarse en una tasa general de ganancia decreciente. Como la masa del trabajo vivo empleado disminuye constantemente en proporción a la masa del trabajo objetivado que pone en movimiento, de los medios de producción consumidos productivamente, también la parte de ese trabajo vivo que no se paga y que se objetiva en plusvalía tiene que guardar una proporción cada vez menor con el volumen de valor del capital global empleado. Pero esta proporción entre la masa de plusvalía y el valor del capital global empleado constituye la tasa de ganancia, que por lo tanto tiene que caer constantemente.

Por sencilla que parezca la ley después de los desarrollos anteriores, ninguna economía anterior, como se verá en una sección posterior, ha logrado descubrirla. Vio el fenómeno y se atormentó en tentativas contradictorias de interpretarlo. Pero, dada la gran importancia que esta ley tiene para la producción capitalista, puede decirse que constituye el misterio en torno a cuya solución gira toda la economía política desde Adam Smith, y que la diferencia entre las distintas escuelas desde A. Smith consiste en las distintas tentativas de solucionarlo. Pero si se considera, por otro lado, que la economía política anterior anduvo a tientas en torno a la diferencia entre capital constante y capital variable, pero nunca supo formularla de manera precisa; que nunca expuso la plusvalía separada de la ganancia, ni la ganancia en general en estado puro, a diferencia de sus distintos componentes autonomizados unos frente a otros —como ganancia industrial, ganancia comercial, interés, renta de la tierra—; que nunca analizó a fondo la diversidad en la composición orgánica del capital ni, por tanto, la formación de la tasa general de ganancia, entonces deja de ser enigmático que nunca lograra resolver este enigma.

Exponemos deliberadamente esta ley antes de exponer la escisión de la ganancia en distintas categorías autonomizadas unas frente a otras. El hecho de que esta exposición sea independiente de la división de la ganancia en distintas partes que corresponden a distintas categorías de personas demuestra de antemano la independencia de la ley, en su generalidad, respecto de esa división y de las relaciones recíprocas entre las categorías de la ganancia que surgen de ella. La ganancia de la que hablamos aquí no es más que otro nombre de la plusvalía misma, solo que expuesta en relación con el capital global en lugar de en relación con el capital variable, del que surge. La caída de la tasa de ganancia expresa, pues, la proporción decreciente de la plusvalía misma con respecto al capital global adelantado y es, por consiguiente, independiente de cualquier distribución de esta plusvalía entre distintas categorías.

Se ha visto que en un estadio del desarrollo capitalista en el que la composición del capital c : v sea como 50 : 100, una tasa de plusvalía del 100 % se expresa en una tasa de ganancia del 66 2/3 %, y que en un estadio superior, en el que c : v sea como 400 : 100, la misma tasa de plusvalía se expresa en una tasa de ganancia de solo el 20 %. Lo que vale para distintos estadios de desarrollo sucesivos en un mismo país vale también para distintos estadios de desarrollo que coexisten simultáneamente en distintos países. En el país no desarrollado, en el que la primera composición del capital constituyera el promedio, la tasa general de ganancia sería = 66 2/3 %, mientras que en el país del segundo estadio de desarrollo, mucho más alto, sería = 20 %.

La diferencia entre ambas tasas nacionales de ganancia podría desaparecer e incluso invertirse si en el país menos desarrollado el trabajo fuera menos productivo y, por lo tanto, una cantidad mayor de trabajo se representara en una cantidad menor de la misma mercancía, un mayor valor de cambio en menos valor de uso, y, por consiguiente, el obrero tuviera que emplear una parte mayor de su tiempo en la reproducción de sus propios medios de subsistencia o de su valor y una parte menor en la producción de plusvalía, suministrara menos plustrabajo, de modo que la tasa de plusvalía fuera más baja. Si, por ejemplo, en el país menos adelantado el obrero trabajara 2/3 de la jornada laboral para sí mismo y 1/3 para el capitalista, en el supuesto del ejemplo anterior la misma fuerza de trabajo se pagaría con 133 1/3 y suministraría un excedente de solo 66 2/3. Al capital variable de 133 1/3 le correspondería un capital constante de 50. La tasa de plusvalía ascendería ahora, pues, a 133 1/3 : 66 2/3 = 50 %, y la tasa de ganancia a 183 1/3 : 66 2/3, o aproximadamente al 36 1/2 %.

Como hasta ahora no hemos estudiado los distintos componentes en que se escinde la ganancia, es decir, como aún no existen para nosotros, lo que sigue se observa de antemano solo para evitar malentendidos: al comparar países de distintos estadios de desarrollo —en particular, países de producción capitalista desarrollada y países en los que el trabajo aún no está formalmente subsumido en el capital, aunque en realidad el obrero sea explotado por el capitalista (por ejemplo, en la India, donde el ryot2 trabaja por su cuenta como campesino independiente y, por tanto, su producción en cuanto tal aún no está subsumida en el capital, aunque el usurero pueda arrancarle bajo la forma de interés no solo todo su plustrabajo, sino incluso —hablando en términos capitalistas— una parte de su salario)—, sería un gran error querer medir la altura de la tasa nacional de ganancia por la altura del tipo de interés nacional. En ese interés está incluida toda la ganancia, y más que la ganancia, en lugar de expresar solo, como en los países de producción capitalista desarrollada, una parte alícuota de la plusvalía o, en su caso, de la ganancia producida. Por otro lado, el tipo de interés está determinado aquí predominantemente por relaciones (adelantos de los usureros a los grandes, a los poseedores de la renta de la tierra) que no tienen nada que ver con la ganancia, sino que más bien representan solo en qué proporción la usura se apropia de la renta de la tierra.

En países de distinto estadio de desarrollo de la producción capitalista y, por lo tanto, de distinta composición orgánica del capital, la tasa de plusvalía (uno de los factores que determinan la tasa de ganancia) puede ser más alta en el país en que la jornada laboral normal es más corta que en aquel en que es más larga. Primero: si la jornada laboral inglesa de 10 horas equivale, por su mayor intensidad, a una jornada laboral austriaca de 14 horas, con igual división de la jornada laboral 5 horas de plustrabajo allí pueden representar en el mercado mundial un valor mayor que 7 horas aquí. Segundo, sin embargo, allí puede constituir plustrabajo una parte de la jornada laboral mayor que aquí.

La ley de la tasa decreciente de ganancia, en la que se expresa la misma tasa de plusvalía o incluso una tasa creciente, significa en otras palabras: tomada una cantidad determinada cualquiera del capital social medio, por ejemplo un capital de 100, una parte siempre mayor del mismo se representa en medios de trabajo y una parte siempre menor en trabajo vivo. Como, por lo tanto, la masa global del trabajo vivo añadido a los medios de producción cae en proporción al valor de estos medios de producción, también caen el trabajo no pagado y la parte de valor en que este se representa en proporción al valor del capital global adelantado. O bien: una parte alícuota siempre menor del capital global desembolsado se convierte en trabajo vivo, y este capital global absorbe por lo tanto, en proporción a su magnitud, cada vez menos plustrabajo, aunque la proporción entre la parte no pagada del trabajo empleado y la parte pagada del mismo pueda crecer al mismo tiempo. La disminución proporcional del capital variable y el aumento del constante, aunque ambas partes crezcan en términos absolutos, no son, como se ha dicho, más que otra expresión de la productividad acrecentada del trabajo.

Supongamos que un capital de 100 se compone de 80c + 20v, y estos últimos = 20 obreros. Sea la tasa de plusvalía del 100 %, es decir, los obreros trabajan media jornada para sí y media jornada para el capitalista. Supongamos que en un país menos desarrollado el capital sea = 20c + 80v, y estos últimos = 80 obreros. Pero estos obreros necesitan 2/3 de la jornada laboral para sí y solo trabajan 1/3 para el capitalista. En igualdad de todas las demás circunstancias, los obreros producen en el primer caso un valor de 40, y en el segundo, de 120. El primer capital produce 80c + 20v + 20p = 120; tasa de ganancia = 20 %; el segundo capital, 20c + 80v + 40p = 140; tasa de ganancia = 40 %. Es, pues, en el segundo caso el doble que en el primero, aunque en el primer caso la tasa de plusvalía sea = 100 %, el doble que en el segundo, en el que es solo del 50 %. Pero, en cambio, un capital de la misma magnitud se apropia en el primer caso del plustrabajo de solo 20 obreros, y en el segundo, del de 80.

La ley de la caída progresiva de la tasa de ganancia, o de la disminución relativa del plustrabajo apropiado en comparación con la masa de trabajo objetivado puesta en movimiento por el trabajo vivo, no excluye en modo alguno que crezca la masa absoluta del trabajo puesto en movimiento y explotado por el capital social y, por lo tanto, también la masa absoluta del plustrabajo apropiado por él; tampoco excluye que los capitales que están bajo el mando de los distintos capitalistas comanden una masa creciente de trabajo y, por lo tanto, de plustrabajo, y esto último incluso aunque no crezca el número de obreros que comandan.

Si se toma una población obrera dada, por ejemplo de dos millones, y se toman además como dados la duración y la intensidad de la jornada laboral media, así como el salario y, con ello, la proporción entre trabajo necesario y plustrabajo, el trabajo global de estos dos millones, y asimismo su plustrabajo, que se representa en plusvalía, produce siempre la misma magnitud de valor. Pero con la masa creciente del capital constante —fijo y circulante— que pone en movimiento este trabajo, cae la proporción entre esta magnitud de valor y el valor de ese capital, que crece con su masa, aunque no en la misma proporción. Esta proporción y, por ende, la tasa de ganancia caen, aunque el capital siga comandando la misma masa de trabajo vivo y absorbiendo la misma masa de plustrabajo. La proporción varía no porque caiga la masa del trabajo vivo, sino porque aumenta la masa del trabajo ya objetivado que este pone en movimiento. La disminución es relativa, no absoluta, y de hecho no tiene nada que ver con la magnitud absoluta del trabajo y del plustrabajo puestos en movimiento. La caída de la tasa de ganancia no surge de una disminución absoluta, sino solo de una disminución relativa del componente variable del capital global, de su disminución en comparación con el componente constante.

Pues bien, lo mismo que vale para una masa dada de trabajo y de plustrabajo vale para un número creciente de obreros y, por lo tanto, en los supuestos dados, para una masa creciente del trabajo comandado en general y de su parte no pagada, el plustrabajo, en particular. Si la población obrera aumenta de dos a tres millones, si el capital variable que se le paga en salarios es igualmente antes de dos y ahora de tres millones, mientras que el capital constante aumenta de 4 a 15 millones, entonces, en los supuestos dados (jornada laboral constante y tasa de plusvalía constante), la masa del plustrabajo, de la plusvalía, crece en la mitad, en un 50 %, de 2 millones a 3. No obstante, a pesar de este crecimiento de la masa absoluta del plustrabajo y, por lo tanto, de la plusvalía en un 50 %, la proporción entre el capital variable y el constante caería de 2 : 4 a 3 : 15, y la proporción entre la plusvalía y el capital global sería la siguiente (en millones):

I. 4c + 2v + 2p; C = 6, g′ = 33 1/3 %.
II. 15c + 3v + 3p; C = 18, g′ = 16 2/3 %.

Mientras que la masa de plusvalía ha aumentado en la mitad, la tasa de ganancia ha caído a la mitad de la anterior. Pero la ganancia no es más que la plusvalía calculada sobre el capital social, y la masa de la ganancia, su magnitud absoluta, es por lo tanto, considerada socialmente, igual a la magnitud absoluta de la plusvalía. La magnitud absoluta de la ganancia, su masa global, habría crecido, pues, en un 50 %, a pesar de la enorme disminución de la proporción entre esta masa de ganancia y el capital global adelantado, o a pesar de la enorme disminución de la tasa general de ganancia. El número de obreros empleados por el capital, es decir, la masa absoluta del trabajo que pone en movimiento, por lo tanto la masa absoluta del plustrabajo que absorbe, por lo tanto la masa de la plusvalía que produce, por lo tanto la masa absoluta de la ganancia que produce, puede, pues, crecer, y crecer progresivamente, a pesar de la caída progresiva de la tasa de ganancia. Y no solo puede ser así. Tiene que ser así —descontadas las oscilaciones pasajeras— sobre la base de la producción capitalista.

El proceso capitalista de producción es esencialmente, a la vez, proceso de acumulación. Se ha mostrado cómo, en el progreso de la producción capitalista, la masa de valor que simplemente hay que reproducir, que conservar, aumenta y crece con el aumento de la productividad del trabajo, aunque la fuerza de trabajo empleada permaneciera constante. Pero con el desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo crece todavía más la masa de los valores de uso producidos, de la que los medios de producción forman una parte. Y el trabajo adicional mediante cuya apropiación esta riqueza adicional puede reconvertirse en capital no depende del valor, sino de la masa de estos medios de producción (incluidos los medios de subsistencia), ya que el obrero, en el proceso de trabajo, no tiene que ver con el valor, sino con el valor de uso de los medios de producción. Pero la acumulación misma, y la concentración del capital dada con ella, es a su vez un medio material del aumento de la fuerza productiva. Ahora bien, en este crecimiento de los medios de producción está incluido el crecimiento de la población obrera, la creación de una población de obreros que corresponde al pluscapital e incluso, a grandes rasgos, desborda siempre sus necesidades, y, por lo tanto, de una superpoblación de obreros. Un exceso momentáneo del pluscapital sobre la población obrera que comanda actuaría de dos maneras. Por un lado, mediante el aumento del salario y, por ende, la atenuación de las influencias que diezman y aniquilan a la descendencia de los obreros, y la facilitación de los matrimonios, haría aumentar paulatinamente la población obrera; por otro lado, en cambio, mediante la aplicación de los métodos que crean la plusvalía relativa (introducción y perfeccionamiento de maquinaria), crearía mucho más rápidamente una superpoblación artificial, relativa, que a su vez —puesto que en la producción capitalista la miseria engendra población— es el invernadero de un aumento real y rápido de la cifra de población. De la naturaleza del proceso capitalista de acumulación —que no es más que un momento del proceso capitalista de producción— se sigue, pues, por sí mismo, que la masa acrecentada de medios de producción destinados a convertirse en capital encuentra siempre a mano una población obrera explotable correspondientemente acrecentada e incluso excedente. En el progreso del proceso de producción y de acumulación tiene que crecer, pues, la masa del plustrabajo apropiable y apropiado y, por lo tanto, la masa absoluta de la ganancia apropiada por el capital social. Pero las mismas leyes de la producción y de la acumulación aumentan, junto con la masa, el valor del capital constante en una progresión creciente más rápidamente que el de la parte variable del capital, la que se cambia por trabajo vivo. Las mismas leyes producen, pues, para el capital social una masa absoluta de ganancia creciente y una tasa de ganancia decreciente.

Se prescinde aquí por completo del hecho de que la misma magnitud de valor, con el progreso de la producción capitalista y el desarrollo correspondiente de la fuerza productiva del trabajo social y la multiplicación de las ramas de la producción y, por tanto, de los productos, representa una masa progresivamente creciente de valores de uso y de disfrutes.

El curso del desarrollo de la producción y la acumulación capitalistas condiciona procesos de trabajo a una escala cada vez mayor y, con ello, de dimensiones cada vez mayores, y, en consecuencia, adelantos de capital crecientes para cada establecimiento individual. La concentración creciente de los capitales (acompañada a la vez, aunque en menor medida, de un número creciente de capitalistas) es, por lo tanto, tanto una de sus condiciones materiales como uno de los resultados producidos por ella misma. De la mano de ello, en interacción con ello, avanza la expropiación de los productores más o menos directos. Así se comprende que los capitalistas individuales comanden ejércitos obreros cada vez mayores (por mucho que para ellos caiga el capital variable en proporción al constante), que crezca la masa de la plusvalía y, por tanto, de la ganancia que se apropian, simultáneamente con la caída de la tasa de ganancia y a pesar de ella. Las mismas causas que concentran masas de ejércitos obreros bajo el mando de capitalistas individuales son precisamente las que hacen que también la masa del capital fijo empleado, así como la de las materias primas y auxiliares, se hinche en proporción creciente frente a la masa del trabajo vivo empleado.

Además, aquí solo hace falta mencionar que, dada la población obrera, si la tasa de plusvalía crece, ya sea por la prolongación o la intensificación de la jornada laboral, ya sea por la reducción del valor del salario a consecuencia del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, la masa de la plusvalía y, por lo tanto, la masa absoluta de la ganancia tiene que crecer, a pesar de la disminución relativa del capital variable en proporción al constante.

El mismo desarrollo de la fuerza productiva del trabajo social, las mismas leyes que se representan en la caída relativa del capital variable frente al capital global y en la acumulación acelerada con ello —mientras que, por otro lado, la acumulación se convierte retroactivamente en punto de partida de un desarrollo ulterior de la fuerza productiva y de una ulterior disminución relativa del capital variable—, este mismo desarrollo se expresa, prescindiendo de las oscilaciones temporales, en el aumento cada vez mayor de la fuerza de trabajo global empleada, en el crecimiento cada vez mayor de la masa absoluta de la plusvalía y, por tanto, de la ganancia.

Ahora bien, ¿en qué forma tiene que presentarse esta ley doble de la disminución de la tasa de ganancia y el aumento simultáneo de la masa absoluta de ganancia, que surgen de las mismas causas? ¿Una ley basada en que, en las condiciones dadas, crece la masa apropiada de plustrabajo y, por lo tanto, de plusvalía, y en que, considerado el capital global, o considerado el capital individual como mero fragmento del capital global, la ganancia y la plusvalía son magnitudes idénticas?

Tomemos la parte alícuota del capital sobre la que calculamos la tasa de ganancia, por ejemplo 100. Estas 100 representan la composición media del capital global, digamos 80c + 20v. Hemos visto en la segunda sección de este libro cómo la tasa media de ganancia en las distintas ramas de la producción no está determinada por la composición del capital propia de cada una, sino por su composición social media. Con la disminución relativa de la parte variable frente a la constante y, por lo tanto, frente al capital global de 100, cae la tasa de ganancia con un grado de explotación del trabajo constante e incluso creciente, cae la magnitud relativa de la plusvalía, es decir, su proporción con el valor del capital global adelantado de 100. Pero no solo desciende esta magnitud relativa. La magnitud de la plusvalía o ganancia que absorbe el capital global de 100 cae en términos absolutos. Con una tasa de plusvalía del 100 %, un capital de 60c + 40v produce una masa de plusvalía y, por tanto, de ganancia de 40; un capital de 70c + 30v, una masa de ganancia de 30; con un capital de 80c + 20v, la ganancia cae a 20. Esta caída se refiere a la masa de la plusvalía y, por tanto, de la ganancia, y se sigue de que, como el capital global de 100 pone en movimiento menos trabajo vivo en general, con un grado de explotación constante pone también en movimiento menos plustrabajo y, por lo tanto, produce menos plusvalía. Si se toma como unidad de medida con la que medimos la plusvalía una parte alícuota cualquiera del capital social, es decir, del capital de composición social media —y esto ocurre en todo cálculo de la ganancia—, la caída relativa de la plusvalía y su caída absoluta son en general idénticas. La tasa de ganancia desciende en los casos anteriores del 40 % al 30 % y al 20 % porque, de hecho, la masa de plusvalía y, por tanto, de ganancia producida por el mismo capital cae en términos absolutos de 40 a 30 y a 20. Como la magnitud de valor del capital con la que se mide la plusvalía está dada, = 100, una caída de la proporción de la plusvalía con respecto a esta magnitud constante solo puede ser otra expresión de la disminución de la magnitud absoluta de la plusvalía y de la ganancia. Esto es, de hecho, una tautología. Pero que esta disminución se produzca se desprende, como se ha demostrado, de la naturaleza del desarrollo del proceso capitalista de producción.

Pero, por otro lado, las mismas causas que generan una disminución absoluta de la plusvalía y, por tanto, de la ganancia sobre un capital dado y, por consiguiente, también de la tasa de ganancia calculada en porcentajes, producen un crecimiento de la masa absoluta de la plusvalía y, por tanto, de la ganancia apropiada por el capital social (es decir, por el conjunto de los capitalistas). ¿Cómo tiene que presentarse ahora esto, cómo puede únicamente presentarse, o qué condiciones están implicadas en esta aparente contradicción?

Si cada parte alícuota = 100 del capital social y, por lo tanto, cada 100 de capital de composición social media es una magnitud dada y, por ende, para ella la disminución de la tasa de ganancia coincide con la disminución de la magnitud absoluta de la ganancia, precisamente porque aquí el capital con el que se miden es una magnitud constante, la magnitud del capital social global, en cambio, así como la del capital que se encuentra en manos de capitalistas individuales, es una magnitud variable que, para corresponder a las condiciones supuestas, tiene que variar en proporción inversa a la disminución de su parte variable.

Cuando, en el ejemplo anterior, la composición porcentual era de 60c + 40v, la plusvalía o ganancia sobre ella era de 40 y, por lo tanto, la tasa de ganancia del 40 %. Supongamos que en este estadio de la composición el capital global hubiera sido de un millón. La plusvalía global y, por lo tanto, la ganancia global ascendían entonces a 400.000. Si más tarde la composición es = 80c + 20v, la plusvalía o ganancia, con un grado de explotación del trabajo constante, es = 20 por cada 100. Pero como la plusvalía o ganancia, en cuanto a su masa absoluta, crece, como se ha demostrado, a pesar de esta tasa de ganancia decreciente o de esta producción decreciente de plusvalía por cada capital de 100; como crece, por ejemplo, digamos de 400.000 a 440.000, esto solo es posible porque el capital global que se ha formado simultáneamente con esta nueva composición ha crecido hasta 2.200.000. La masa del capital global puesto en movimiento ha aumentado al 220 %, mientras que la tasa de ganancia ha caído en un 50 %. Si el capital solo se hubiera duplicado, solo habría podido producir, a la tasa de ganancia del 20 %, la misma masa de plusvalía y de ganancia que el antiguo capital de 1.000.000 al 40 %. Si hubiera crecido a menos del doble, habría producido menos plusvalía o ganancia que antes el capital de 1.000.000, que, con su composición anterior, para aumentar su plusvalía de 400.000 a 440.000, solo necesitaba crecer de 1.000.000 a 1.100.000.

Se muestra aquí la ley ya desarrollada antes de que, con la disminución relativa del capital variable, es decir, con el desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo, se necesita una masa cada vez mayor de capital global para poner en movimiento la misma cantidad de fuerza de trabajo y absorber la misma masa de plustrabajo. En la misma proporción, por lo tanto, en que se desarrolla la producción capitalista, se desarrolla la posibilidad de una población obrera relativamente sobrante, no porque la fuerza productiva del trabajo social disminuya, sino porque aumenta; es decir, no por una desproporción absoluta entre el trabajo y los medios de existencia o los medios para producir estos medios de existencia, sino por una desproporción que surge de la explotación capitalista del trabajo, la desproporción entre el crecimiento cada vez mayor del capital y su necesidad relativamente decreciente de una población creciente.

Si la tasa de ganancia cae en un 50 %, cae a la mitad. Por lo tanto, si la masa de la ganancia ha de permanecer igual, el capital tiene que duplicarse. Para que la masa de ganancia permanezca igual con una tasa de ganancia decreciente, el multiplicador que indica el crecimiento del capital global tiene que ser igual al divisor que indica la caída de la tasa de ganancia. Si la tasa de ganancia cae de 40 a 20, el capital global tiene que aumentar, a la inversa, en la proporción de 20 : 40 para que el resultado siga siendo el mismo. Si la tasa de ganancia hubiera caído de 40 a 8, el capital tendría que crecer en la proporción de 8 : 40, es decir, quintuplicarse. Un capital de 1.000.000 al 40 % produce 400.000, y un capital de 5.000.000 al 8 % produce igualmente 400.000. Esto vale para que el resultado siga siendo el mismo. Si, en cambio, este ha de crecer, el capital tiene que crecer en una proporción mayor que aquella en que cae la tasa de ganancia. En otras palabras: para que el componente variable del capital global no solo siga siendo absolutamente el mismo, sino que crezca en términos absolutos, aunque su porcentaje como parte del capital global caiga, el capital global tiene que crecer en una proporción más fuerte que aquella en que cae el porcentaje del capital variable. Tiene que crecer tanto que, en su nueva composición, necesite para la compra de fuerza de trabajo no solo la antigua parte variable del capital, sino todavía más que esta. Si la parte variable de un capital = 100 cae de 40 a 20, el capital global tiene que aumentar a más de 200 para poder emplear un capital variable mayor que 40.

Aunque la masa explotada de la población obrera permaneciera constante y solo aumentaran la duración y la intensidad de la jornada laboral, la masa del capital empleado tendría que aumentar, puesto que tiene que aumentar incluso para emplear la misma masa de trabajo en las antiguas relaciones de explotación con una composición del capital modificada.

Así pues, el mismo desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo se expresa, en el progreso del modo de producción capitalista, por un lado en una tendencia a la caída progresiva de la tasa de ganancia y, por otro, en el crecimiento constante de la masa absoluta de la plusvalía o ganancia apropiada; de modo que, en conjunto, a la disminución relativa del capital variable y de la ganancia corresponde un aumento absoluto de ambos. Este doble efecto solo puede presentarse, como se ha mostrado, en un crecimiento del capital global en una progresión más rápida que aquella en que cae la tasa de ganancia. Para emplear un capital variable acrecentado en términos absolutos con una composición más alta o un aumento relativamente más fuerte del capital constante, el capital global no solo tiene que crecer en proporción a la composición más alta, sino aún más rápidamente. De esto se sigue que, cuanto más se desarrolla el modo de producción capitalista, se necesita una cantidad de capital cada vez mayor para dar ocupación a la misma fuerza de trabajo, y más aún a una fuerza de trabajo creciente. La creciente fuerza productiva del trabajo genera, pues, sobre una base capitalista, con necesidad, una aparente superpoblación obrera permanente. Si el capital variable constituye solo 1/6 del capital global en lugar de 1/2 como antes, para dar ocupación a la misma fuerza de trabajo el capital global tiene que triplicarse; pero si ha de darse ocupación al doble de fuerza de trabajo, tiene que sextuplicarse.

La economía anterior, que no sabía explicar la ley de la tasa decreciente de ganancia, aduce la masa creciente de ganancia, el crecimiento de la magnitud absoluta de la ganancia, sea para el capitalista individual, sea para el capital social, como una especie de motivo de consuelo, que, sin embargo, también descansa en meros lugares comunes y posibilidades.

Que la masa de la ganancia esté determinada por dos factores, en primer lugar por la tasa de ganancia y en segundo lugar por la masa del capital que se emplea a esa tasa de ganancia, no es más que una tautología. Que, por lo tanto, en cuanto posibilidad, la masa de ganancia pueda crecer aunque la tasa de ganancia caiga simultáneamente, no es más que una expresión de esta tautología, y no hace avanzar un solo paso, puesto que es igualmente posible que el capital crezca sin que crezca la masa de ganancia, y que incluso pueda seguir creciendo mientras esta cae. 100 al 25 % da 25; 400 al 5 % da solo 20.3 Pero si las mismas causas que hacen caer la tasa de ganancia fomentan la acumulación, es decir, la formación de capital adicional, y si cada capital adicional pone en movimiento trabajo adicional y produce plusvalía adicional; si, por otro lado, el mero descenso de la tasa de ganancia implica el hecho de que el capital constante y, con él, todo el capital antiguo ha crecido, entonces todo este proceso deja de ser misterioso. Más adelante se verá a qué deliberadas falsificaciones de cálculo se recurre para escamotear la posibilidad del aumento de la masa de ganancia junto con la disminución de la tasa de ganancia.

Hemos mostrado cómo las mismas causas que producen una caída tendencial de la tasa general de ganancia condicionan una acumulación acelerada del capital y, por lo tanto, un crecimiento de la magnitud absoluta o masa global del plustrabajo (plusvalía, ganancia) apropiado por él. Así como en la competencia, y por lo tanto en la consciencia de los agentes de la competencia, todo se presenta invertido, así también esta ley, quiero decir, esta conexión interna y necesaria entre dos cosas aparentemente contradictorias. Es visible que, dentro de las proporciones desarrolladas más arriba, un capitalista que dispone de un gran capital obtiene una masa de ganancia mayor que un pequeño capitalista que obtiene ganancias aparentemente altas. La observación más superficial de la competencia muestra además que, en determinadas circunstancias, cuando el capitalista mayor quiere hacerse sitio en el mercado y desplazar a los más pequeños, como en tiempos de crisis, aprovecha esto en la práctica, es decir, rebaja deliberadamente su tasa de ganancia para echar del campo a los más pequeños. También el capital comercial en particular, sobre el que diremos más adelante algo más preciso, muestra fenómenos que hacen aparecer el descenso de la ganancia como consecuencia de la ampliación del negocio y, con ello, del capital. La expresión propiamente científica de esta concepción falsa la daremos más adelante. Observaciones superficiales semejantes resultan de la comparación de las tasas de ganancia que se obtienen en ramas particulares de los negocios según estén sometidas al régimen de la libre competencia o al del monopolio. Toda la representación chata, tal como vive en las cabezas de los agentes de la competencia, se encuentra en nuestro Roscher,4 a saber, que esta reducción de la tasa de ganancia sería «más inteligente y más humana». La disminución de la tasa de ganancia aparece aquí como consecuencia del aumento del capital y del cálculo de los capitalistas, ligado a él, de que con una tasa de ganancia menor la masa de ganancia que se embolsan será mayor. Todo ello (salvo en A. Smith, sobre lo cual hablaremos más adelante) descansa en una completa falta de concepto acerca de lo que es en general la tasa general de ganancia, y en la burda representación de que los precios se determinan de hecho añadiendo una cuota de ganancia más o menos arbitraria por encima del valor real de las mercancías. Por burdas que sean estas representaciones, surgen, sin embargo, necesariamente del modo invertido en que las leyes inmanentes de la producción capitalista se presentan dentro de la competencia.


La ley según la cual la caída de la tasa de ganancia causada por el desarrollo de la fuerza productiva va acompañada de un aumento de la masa de ganancia se expresa también en que la caída del precio de las mercancías producidas por el capital va acompañada de un aumento relativo de las masas de ganancia contenidas en ellas y realizadas mediante su venta.

Como el desarrollo de la fuerza productiva y la composición más alta del capital que le corresponde ponen en movimiento una cantidad siempre mayor de medios de producción mediante una cantidad siempre menor de trabajo, cada parte alícuota del producto global, cada mercancía individual o cada medida individual determinada de mercancías de la masa global producida absorbe menos trabajo vivo y contiene, además, menos trabajo objetivado, tanto en el desgaste del capital fijo empleado como en las materias primas y auxiliares consumidas. Cada mercancía individual contiene, pues, una suma menor de trabajo objetivado en medios de producción y de trabajo nuevamente añadido durante la producción. Por eso cae el precio de la mercancía individual. La masa de ganancia contenida en la mercancía individual puede, sin embargo, aumentar si crece la tasa de la plusvalía absoluta o relativa. La mercancía contiene menos trabajo nuevamente añadido, pero la parte no pagada de este crece frente a la parte pagada. Sin embargo, esto solo ocurre dentro de ciertos límites. Con la disminución absoluta, enormemente acrecentada en el curso del desarrollo de la producción, de la suma del trabajo vivo nuevamente añadido en la mercancía individual, también la masa del trabajo no pagado contenido en ella disminuirá en términos absolutos, por mucho que haya crecido relativamente, es decir, en proporción a la parte pagada. La masa de ganancia por cada mercancía individual se reducirá mucho con el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, a pesar del crecimiento de la tasa de plusvalía; y esta reducción, exactamente como la caída de la tasa de ganancia, solo se ve frenada por el abaratamiento de los elementos del capital constante y por las demás circunstancias expuestas en la primera sección de este libro que elevan la tasa de ganancia con una tasa de plusvalía dada e incluso decreciente.

Que caiga el precio de las mercancías individuales, de cuya suma se compone el producto global del capital, no quiere decir otra cosa sino que una cantidad dada de trabajo se realiza en una masa mayor de mercancías y que, por lo tanto, cada mercancía individual contiene menos trabajo que antes. Este es el caso incluso aunque suba el precio de una parte del capital constante, de la materia prima, etc. Salvo en casos aislados (por ejemplo, cuando la fuerza productiva del trabajo abarata de manera uniforme todos los elementos tanto del capital constante como del variable), la tasa de ganancia descenderá, a pesar de la tasa de plusvalía incrementada, 1) porque incluso una parte no pagada mayor de la suma global menor del trabajo nuevamente añadido es más pequeña de lo que era una parte alícuota no pagada menor de la suma global mayor, y 2) porque la composición más alta del capital se expresa en la mercancía individual en que la parte de valor de esta en la que se representa en general el trabajo nuevamente añadido cae frente a la parte de valor que se representa en materia prima, materia auxiliar y desgaste del capital fijo. Este cambio en la proporción entre los distintos componentes del precio de la mercancía individual, la disminución de la parte del precio en que se representa el trabajo vivo nuevamente añadido y el aumento de las partes del precio en que se representa el trabajo objetivado anteriormente, es la forma en que se expresa, en el precio de la mercancía individual, la disminución del capital variable frente al constante. Así como esta disminución es absoluta para una medida dada del capital, por ejemplo 100, también es absoluta para cada mercancía individual en cuanto parte alícuota del capital reproducido. Sin embargo, la tasa de ganancia, si se calculara solo sobre los elementos del precio de la mercancía individual, se presentaría de modo distinto de como es en realidad. Y, en concreto, por la siguiente razón:

{La tasa de ganancia se calcula sobre el capital global empleado, pero para un tiempo determinado, de hecho un año. La proporción entre la plusvalía o ganancia obtenida y realizada en un año y el capital global, calculada en porcentaje, es la tasa de ganancia. No es, pues, necesariamente igual a una tasa de ganancia en cuyo cálculo se tome como base no el año, sino el período de rotación del capital en cuestión; solo cuando este capital rota exactamente una vez al año coinciden ambas.

Por otro lado, la ganancia obtenida en el curso de un año no es más que la suma de las ganancias sobre las mercancías producidas y vendidas en el curso del mismo año. Si calculamos ahora la ganancia sobre el precio de coste de las mercancías, obtenemos una tasa de ganancia = g/k, donde g es la ganancia realizada en el curso del año y k la suma de los precios de coste de las mercancías producidas y vendidas en el mismo tiempo. Es evidente que esta tasa de ganancia g/k solo puede coincidir con la tasa de ganancia real g/C, la masa de ganancia dividida por el capital global, si k = C, es decir, si el capital rota exactamente una vez al año.

Tomemos tres situaciones distintas de un capital industrial.

I. El capital de 8.000 £ produce y vende anualmente 5.000 piezas de mercancía a 30 chelines la pieza, y tiene, por lo tanto, una rotación anual de 7.500 £. Obtiene sobre cada pieza de mercancía una ganancia de 10 chelines = 2.500 £ anuales. En cada pieza hay, pues, 20 chelines de adelanto de capital y 10 chelines de ganancia; por lo tanto, la tasa de ganancia por pieza es 10/20 = 50 %. A la suma rotada de 7.500 £ le corresponden 5.000 £ de adelanto de capital y 2.500 £ de ganancia; tasa de ganancia sobre la rotación, g/k, igualmente = 50 %. En cambio, calculada sobre el capital global, la tasa de ganancia g/C = 2.500/8.000 = 31 1/4 %.

II. Supongamos que el capital aumenta a 10.000 £. A consecuencia de la fuerza productiva incrementada del trabajo, es capaz de producir anualmente 10.000 piezas de mercancía a un precio de coste de 20 chelines cada una. Las vende con 4 chelines de ganancia, es decir, a 24 chelines la pieza. Entonces el precio del producto anual es = 12.000 £, de las que 10.000 £ son adelanto de capital y 2.000 £ ganancia. g/k es, por pieza, = 4/20, y para la rotación anual = 2.000/10.000; por lo tanto, en ambos casos = 20 %; y como el capital global es igual a la suma de los precios de coste, a saber, 10.000 £, también g/C, la tasa de ganancia real, es esta vez del 20 %.

III. Supongamos que el capital, con una fuerza productiva del trabajo en constante crecimiento, aumenta a 15.000 £ y produce ahora anualmente 30.000 piezas de mercancía a un precio de coste de 13 chelines cada una, que se venden con 2 chelines de ganancia, es decir, a 15 chelines la pieza. Rotación anual, por lo tanto, = 30.000 × 15 chelines = 22.500 £, de las que 19.500 son adelanto de capital y 3.000 £ ganancia. g/k es, pues, 2/13 = 3.000/19.500 = 15 5/13 %. En cambio, g/C = 3.000/15.000 = 20 %.

Vemos, pues: solo en el caso II, en el que el valor de capital rotado es igual al capital global, la tasa de ganancia por pieza de mercancía o sobre la suma de rotación es la misma que la tasa de ganancia calculada sobre el capital global. En el caso I, en el que la suma de rotación es menor que el capital global, la tasa de ganancia calculada sobre el precio de coste de la mercancía es más alta; en el caso III, en el que el capital global es menor que la suma de rotación, es más baja que la tasa de ganancia real, calculada sobre el capital global. Esto vale en general.

En la práctica comercial, la rotación se calcula por lo general de forma inexacta. Se supone que el capital ha rotado una vez en cuanto la suma de los precios realizados de las mercancías alcanza la suma del capital global empleado. Pero el capital solo puede completar una vuelta entera cuando la suma de los precios de coste de las mercancías realizadas se hace igual a la suma del capital global. — F. E.}

Se muestra también aquí, una vez más, cuán importante es, en la producción capitalista, no considerar la mercancía individual o el producto-mercancía de un período cualquiera aisladamente, por sí mismo, como mera mercancía, sino como producto del capital adelantado y en proporción al capital global que produce esa mercancía.

Ahora bien, aunque la tasa de ganancia haya de calcularse midiendo la masa de la plusvalía producida y realizada no solo con la parte consumida del capital, que reaparece en las mercancías, sino con esta parte más la parte del capital no consumida, pero empleada y que sigue sirviendo en la producción, la masa de ganancia solo puede ser igual a la masa de ganancia o de plusvalía contenida en las propias mercancías y que ha de realizarse mediante su venta.

Si aumenta la productividad de la industria, cae el precio de la mercancía individual. Contiene menos trabajo, menos trabajo pagado y no pagado. Supongamos que el mismo trabajo produce, por ejemplo, el triple de producto; entonces corresponde a cada producto individual 2/3 menos de trabajo. Y como la ganancia solo puede constituir una parte de esta masa de trabajo contenida en la mercancía individual, la masa de la ganancia por cada mercancía individual tiene que disminuir, y esto, dentro de ciertos límites, incluso aunque suba la tasa de plusvalía. En todos los casos, la masa de ganancia sobre el producto global no desciende por debajo de la masa de ganancia originaria en tanto que el capital emplee la misma masa de obreros que antes con el mismo grado de explotación. (Esto también puede ocurrir si se emplean menos obreros con un grado de explotación más alto). Pues en la misma proporción en que disminuye la masa de ganancia por cada producto individual, aumenta el número de productos. La masa de ganancia sigue siendo la misma, solo que se distribuye de otro modo sobre la suma de las mercancías; esto tampoco cambia nada en la distribución, entre obrero y capitalista, de la cantidad de valor creada por el trabajo nuevamente añadido. La masa de ganancia, empleando la misma masa de trabajo, solo puede aumentar si crece el plustrabajo no pagado, o, con un grado de explotación del trabajo constante, si aumenta el número de obreros. O si ambas cosas actúan conjuntamente. En todos estos casos —que, sin embargo, de acuerdo con el supuesto, presuponen el crecimiento del capital constante frente al variable y una magnitud creciente del capital global empleado—, la mercancía individual contiene menos masa de ganancia y la tasa de ganancia desciende, incluso calculada sobre la mercancía individual; una cantidad dada de trabajo adicional se representa en una cantidad mayor de mercancías; el precio de la mercancía individual desciende. Considerado en abstracto, al caer el precio de la mercancía individual a consecuencia de la fuerza productiva incrementada, y con el consiguiente aumento simultáneo del número de estas mercancías más baratas, la tasa de ganancia puede permanecer igual, por ejemplo si el aumento de la fuerza productiva actuara de manera uniforme y simultánea sobre todos los componentes de las mercancías, de modo que el precio global de la mercancía cayera en la misma proporción en que aumentara la productividad del trabajo, y, por otro lado, la proporción recíproca entre los distintos componentes del precio de la mercancía siguiera siendo la misma. La tasa de ganancia podría incluso subir si al aumento de la tasa de plusvalía se uniera una importante disminución del valor de los elementos del capital constante y, en particular, del fijo. Pero en la realidad la tasa de ganancia, como ya se ha visto, caerá a la larga. En ningún caso permite la caída del precio de la mercancía individual, por sí sola, una conclusión sobre la tasa de ganancia. Todo depende de cuán grande sea la suma global del capital que participa en su producción. Si, por ejemplo, el precio de una vara de tejido cae de 3 chelines a 1 2/3 chelines; si se sabe que en ella, antes de la caída del precio, había 1 2/3 chelines de capital constante, hilo, etc., 2/3 de chelín de salario y 2/3 de chelín de ganancia, y que después de la caída del precio, en cambio, hay 1 chelín de capital constante, 1/3 de chelín de salario y 1/3 de chelín de ganancia, no se sabe si la tasa de ganancia ha permanecido igual o no. Ello depende de si el capital global adelantado ha crecido, y en cuánto, y de cuántas varas más produce en un tiempo dado.

El fenómeno, que surge de la naturaleza del modo de producción capitalista, de que con la productividad creciente del trabajo desciende el precio de la mercancía individual o de una cuota dada de mercancías, aumenta el número de las mercancías, desciende la masa de ganancia por cada mercancía individual y la tasa de ganancia sobre la suma de las mercancías, pero aumenta la masa de ganancia sobre la suma global de las mercancías, este fenómeno solo presenta en la superficie: caída de la masa de ganancia por cada mercancía individual, caída de su precio, crecimiento de la masa de ganancia sobre el número global acrecentado de las mercancías que produce el capital global de la sociedad o también el capitalista individual. Esto se concibe entonces como si el capitalista, por libre albedrío, recargara menos ganancia sobre la mercancía individual, pero se resarciera con el número mayor de mercancías que produce. Esta concepción se basa en la representación de la ganancia de enajenación (profit upon alienation), que a su vez está abstraída de la concepción del capital comercial.

Se ha visto antes, en las secciones cuarta y séptima del libro primero, que la masa de mercancías, que crece con la fuerza productiva del trabajo, y el abaratamiento de la mercancía individual en cuanto tal (en la medida en que estas mercancías no entren de forma determinante en el precio de la fuerza de trabajo) no afectan a la proporción entre trabajo pagado y no pagado en la mercancía individual, a pesar del precio decreciente.

Como en la competencia todo se presenta de modo falso, a saber, invertido, el capitalista individual puede figurarse: 1) que reduce su ganancia sobre la mercancía individual al rebajar su precio, pero obtiene una ganancia mayor gracias a la mayor masa de mercancías que vende; 2) que fija el precio de las mercancías individuales y determina mediante multiplicación el precio del producto global, mientras que el proceso originario es el de la división (véase libro I, cap. X, pp. 314/3235) y la multiplicación solo es correcta de segunda mano, sobre el supuesto de esa división. El economista vulgar no hace de hecho más que traducir las extrañas representaciones de los capitalistas prisioneros de la competencia a un lenguaje aparentemente más teórico, generalizador, y esforzarse por construir la exactitud de esas representaciones.

De hecho, la caída de los precios de las mercancías y el aumento de la masa de ganancia sobre la masa acrecentada de las mercancías abaratadas no son más que otra expresión de la ley de la tasa decreciente de ganancia con una masa de ganancia simultáneamente creciente.

La investigación de en qué medida la tasa decreciente de ganancia puede coincidir con precios crecientes no corresponde a este lugar, como tampoco el punto discutido antes, en el libro I, pp. 314/323, a propósito de la plusvalía relativa. El capitalista que emplea modos de producción mejorados, pero todavía no generalizados, vende por debajo del precio de mercado, pero por encima de su precio de producción individual; así sube para él la tasa de ganancia, hasta que la competencia lo nivela; un período de nivelación en cuyo transcurso se presenta el segundo requisito, el crecimiento del capital desembolsado; según el grado de este crecimiento, el capitalista estará ahora en condiciones de dar ocupación, en las nuevas condiciones, a una parte de la masa de obreros antes ocupada, e incluso quizá a toda ella o a una masa de obreros mayor, y, por lo tanto, de producir la misma masa de ganancia o una mayor.

Capítulo decimocuarto. Causas contrarrestantes

Si se considera el enorme desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social, aunque sea solo en los últimos 30 años, en comparación con todos los períodos anteriores; si se considera, en particular, la enorme masa de capital fijo que, además de la maquinaria propiamente dicha, entra en el conjunto del proceso social de producción, entonces el lugar de la dificultad que hasta ahora ha ocupado a los economistas, a saber, explicar la caída de la tasa de ganancia, lo ocupa la dificultad inversa, a saber, explicar por qué esta caída no es mayor o más rápida. Tienen que estar en juego influencias contrarias que crucen y anulen el efecto de la ley general y le den solo el carácter de una tendencia, razón por la cual hemos calificado también la caída de la tasa general de ganancia de caída tendencial. Las más generales de estas causas son las siguientes:

I. Aumento del grado de explotación del trabajo

El grado de explotación del trabajo, la apropiación de plustrabajo y de plusvalía, se eleva sobre todo mediante la prolongación de la jornada laboral y la intensificación del trabajo. Estos dos puntos están desarrollados detalladamente en el libro I, a propósito de la producción de la plusvalía absoluta y de la relativa. Hay muchos momentos de la intensificación del trabajo que implican un crecimiento del capital constante frente al variable y, por lo tanto, una caída de la tasa de ganancia, como cuando un obrero tiene que vigilar una masa mayor de maquinaria. Aquí —como en la mayoría de los procedimientos que sirven para la producción de la plusvalía relativa— las mismas causas que producen un crecimiento de la tasa de plusvalía pueden implicar una caída de la masa de plusvalía, si se consideran magnitudes dadas de capital global empleado. Pero hay otros momentos de la intensificación, como, por ejemplo, la velocidad acelerada de la maquinaria, que en el mismo tiempo consumen ciertamente más materia prima y, en lo que se refiere al capital fijo, desgastan ciertamente la maquinaria con mayor rapidez, pero no afectan en modo alguno a la proporción entre su valor y el precio del trabajo que la pone en movimiento. Pero es sobre todo la prolongación de la jornada laboral, este invento de la industria moderna, la que aumenta la masa del plustrabajo apropiado sin alterar esencialmente la proporción entre la fuerza de trabajo empleada y el capital constante que esta pone en movimiento, y que de hecho más bien disminuye relativamente este último. Por lo demás, ya se ha demostrado —y constituye el verdadero secreto de la caída tendencial de la tasa de ganancia— que los procedimientos para generar plusvalía relativa se reducen, a grandes rasgos, a esto: por un lado, convertir en plusvalía la mayor cantidad posible de una masa dada de trabajo; por otro, emplear, en proporción al capital adelantado, la menor cantidad posible de trabajo en general; de modo que las mismas razones que permiten elevar el grado de explotación del trabajo impiden explotar con el mismo capital global tanto trabajo como antes. Estas son las tendencias contrapuestas que, mientras actúan en el sentido de un aumento de la tasa de plusvalía, actúan simultáneamente en el de una caída de la masa de plusvalía producida por un capital dado y, por lo tanto, de la tasa de ganancia. Asimismo, hay que mencionar aquí la introducción masiva del trabajo de las mujeres y de los niños, en la medida en que la familia entera tiene que suministrar al capital una masa de plustrabajo mayor que antes, aunque crezca la suma global del salario que se le da, lo cual no es en modo alguno el caso general. — Todo lo que fomenta la producción de la plusvalía relativa mediante el mero perfeccionamiento de los métodos, como en la agricultura, con una magnitud invariable del capital empleado, tiene el mismo efecto. Aquí no aumenta, ciertamente, el capital constante empleado en proporción al variable, en la medida en que consideramos este último como índice de la fuerza de trabajo ocupada, pero aumenta la masa del producto en proporción a la fuerza de trabajo empleada. Lo mismo ocurre cuando la fuerza productiva del trabajo (da igual que su producto entre en el consumo de los obreros o en los elementos del capital constante) se libera de trabas al tráfico, de restricciones arbitrarias o que con el tiempo se han vuelto perturbadoras, en general de cadenas de todo tipo, sin que con ello se vea afectada de entrada la proporción entre el capital variable y el constante.

Podría plantearse la cuestión de si entre las causas que frenan la caída de la tasa de ganancia, pero que en última instancia siempre la aceleran, están incluidos los aumentos temporales, pero siempre repetidos, que surgen ora en esta, ora en aquella rama de la producción, de la plusvalía por encima del nivel general para el capitalista que utiliza inventos, etc., antes de que se hayan generalizado. Esta pregunta debe responderse afirmativamente.

La masa de la plusvalía que produce un capital de magnitud dada es el producto de dos factores: la tasa de plusvalía multiplicada por el número de obreros que se ocupan a la tasa dada. Depende, pues, con una tasa de plusvalía dada, del número de obreros y, con un número de obreros dado, de la tasa de plusvalía; en general, por lo tanto, de la razón compuesta de la magnitud absoluta del capital variable y de la tasa de plusvalía. Ahora bien, se ha mostrado que, por término medio, las mismas causas que elevan la tasa de la plusvalía relativa reducen la masa de la fuerza de trabajo empleada. Pero está claro que aquí se produce un más o un menos según la proporción determinada en que se lleve a cabo este movimiento contrapuesto, y que la tendencia a la disminución de la tasa de ganancia se ve debilitada sobre todo por el aumento de la tasa de la plusvalía absoluta, procedente de la prolongación de la jornada laboral.

En el caso de la tasa de ganancia se ha encontrado, en general, que al descenso de la tasa le corresponde, a causa de la masa creciente del capital global empleado, el aumento de la masa de ganancia. Considerado el capital variable global de la sociedad, la plusvalía que produce es igual a la ganancia producida. Junto a la masa absoluta ha crecido también la tasa de plusvalía; la una, porque ha crecido la masa de fuerza de trabajo empleada por la sociedad; la otra, porque ha crecido el grado de explotación de este trabajo. Pero con respecto a un capital de magnitud dada, por ejemplo 100, la tasa de plusvalía puede crecer mientras la masa cae por término medio, porque la tasa está determinada por la proporción en que se valoriza la parte variable del capital, mientras que la masa está determinada por la parte proporcional que el capital variable constituye del capital global.

El aumento de la tasa de plusvalía —puesto que se produce también, en particular, en circunstancias en las que, como se ha indicado más arriba, no se produce ningún aumento, o ningún aumento proporcional, del capital constante frente al variable— es un factor que contribuye a determinar la masa de la plusvalía y, por lo tanto, también la tasa de ganancia. No anula la ley general. Pero hace que esta actúe más bien como tendencia, es decir, como una ley cuya realización absoluta se ve detenida, retardada y debilitada por circunstancias contrarias. Pero como las mismas causas que elevan la tasa de plusvalía (incluso la prolongación del tiempo de trabajo es un resultado de la gran industria) tienden a reducir la fuerza de trabajo empleada por un capital dado, las mismas causas tienden a la disminución de la tasa de ganancia y a retardar el movimiento de esta disminución. Si a un obrero se le impone el trabajo que racionalmente solo pueden realizar dos, y si esto ocurre en circunstancias en las que este único obrero puede sustituir a tres, entonces ese único obrero suministrará tanto plustrabajo como antes dos, y en esa medida ha aumentado la tasa de plusvalía. Pero no suministrará tanto como antes tres, y con ello ha caído la masa de plusvalía. Su caída, sin embargo, se ve compensada o limitada por el aumento de la tasa de plusvalía. Si toda la población se ocupa a una tasa de plusvalía incrementada, la masa de plusvalía aumenta, aunque la población siga siendo la misma. Y más aún con una población creciente; y aunque esto vaya unido a una caída relativa del número de obreros ocupados en proporción a la magnitud del capital global, esta caída se ve moderada o detenida, sin embargo, por la tasa de plusvalía incrementada.

Antes de abandonar este punto, hay que subrayar una vez más que, con una magnitud dada del capital, la tasa de plusvalía puede crecer aunque su masa caiga, y a la inversa. La masa de la plusvalía es igual a la tasa multiplicada por el número de obreros; pero la tasa nunca se calcula sobre el capital global, sino solo sobre el capital variable, de hecho solo sobre cada jornada laboral. En cambio, con una magnitud dada del valor de capital, la tasa de ganancia nunca puede subir o caer sin que la masa de la plusvalía suba o caiga igualmente.

II. Reducción del salario por debajo de su valor

Esto solo se menciona aquí empíricamente, ya que, de hecho, como muchas otras cosas que habría que enumerar aquí, no tiene nada que ver con el análisis general del capital, sino que pertenece a la exposición de la competencia, que no se trata en esta obra. Sin embargo, es una de las causas más importantes que detienen la tendencia a la caída de la tasa de ganancia.

III. Abaratamiento de los elementos del capital constante

Todo lo que se ha dicho en la primera sección de este libro sobre las causas que elevan la tasa de ganancia con una tasa de plusvalía constante o con independencia de la tasa de plusvalía corresponde a este lugar. Así pues, en particular, que, considerado el capital global, el valor del capital constante no crece en la misma proporción que su volumen material. Por ejemplo, la masa de algodón que elabora un solo obrero hilador europeo en una fábrica moderna ha crecido en la proporción más colosal con respecto a lo que un hilandero europeo elaboraba antes con el torno de hilar. Pero el valor del algodón elaborado no ha crecido en la misma proporción que su masa. Lo mismo ocurre con las máquinas y con el resto del capital fijo. En resumen, el mismo desarrollo que acrecienta la masa del capital constante en proporción al variable reduce, a consecuencia de la fuerza productiva incrementada del trabajo, el valor de sus elementos e impide, por lo tanto, que el valor del capital constante, aunque crezca constantemente, crezca en la misma proporción que su volumen material, es decir, que el volumen material de los medios de producción que pone en movimiento la misma cantidad de fuerza de trabajo. En casos aislados, la masa de los elementos del capital constante puede incluso aumentar mientras su valor permanece igual o incluso cae.

Con lo dicho está relacionada la desvalorización del capital existente (es decir, de sus elementos materiales), dada con el desarrollo de la industria. También ella es una de las causas que actúan constantemente y que detienen la caída de la tasa de ganancia, aunque en determinadas circunstancias pueda menoscabar la masa de la ganancia al menoscabar la masa del capital que arroja ganancia. Se muestra aquí de nuevo que las mismas causas que generan la tendencia a la caída de la tasa de ganancia moderan también la realización de esta tendencia.

IV. La superpoblación relativa

Su producción es inseparable del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, que se expresa en la disminución de la tasa de ganancia, y se ve acelerada por él. La superpoblación relativa se muestra de manera tanto más llamativa en un país cuanto más desarrollado está en él el modo de producción capitalista. Es a su vez la razón, por un lado, de que en muchas ramas de la producción persista la subordinación más o menos incompleta del trabajo al capital, y persista más tiempo de lo que a primera vista corresponde al estado general del desarrollo; esto es consecuencia de la baratura y la masa de los obreros asalariados disponibles o liberados, y de la mayor resistencia que algunas ramas de la producción, por su naturaleza, oponen a la transformación del trabajo manual en trabajo mecánico. Por otro lado, se abren nuevas ramas de la producción, en particular también para el consumo de lujo, que toman como base precisamente esa población relativa, a menudo liberada en otras ramas de la producción por el predominio del capital constante, que a su vez se basan en el predominio del elemento del trabajo vivo y solo poco a poco recorren la misma carrera que las demás ramas de la producción. En ambos casos, el capital variable ocupa una proporción importante del capital global y el salario está por debajo de la media, de modo que tanto la tasa de plusvalía como la masa de plusvalía son excepcionalmente altas en estas ramas de la producción. Ahora bien, como la tasa general de ganancia se forma mediante la nivelación de las tasas de ganancia en las ramas particulares de la producción, aquí la misma causa que genera la tendencia decreciente de la tasa de ganancia produce de nuevo un contrapeso a esta tendencia, que paraliza en mayor o menor medida su efecto.

V. El comercio exterior

En la medida en que el comercio exterior abarata en parte los elementos del capital constante y en parte los medios de subsistencia necesarios en los que se convierte el capital variable, actúa elevando la tasa de ganancia, al aumentar la tasa de plusvalía y reducir el valor del capital constante. Actúa en general en este sentido al permitir ampliar la escala de la producción. Con ello acelera, por un lado, la acumulación, pero, por otro, también el descenso del capital variable frente al constante y, con ello, la caída de la tasa de ganancia. Asimismo, la expansión del comercio exterior, aunque en la infancia del modo de producción capitalista fue su base, se ha convertido, en el progreso de este, en su propio producto, por la necesidad interna de este modo de producción, por su necesidad de un mercado cada vez más amplio. Se muestra aquí de nuevo el mismo carácter doble del efecto. (Ricardo pasó por alto por completo este aspecto del comercio exterior).

Otra cuestión —que, en su especificidad, se encuentra propiamente más allá del límite de nuestra investigación— es esta: ¿se eleva la tasa general de ganancia por la tasa de ganancia más alta que obtiene el capital invertido en el comercio exterior y, en particular, en el comercio colonial?

Los capitales invertidos en el comercio exterior pueden arrojar una tasa de ganancia más alta, porque aquí, en primer lugar, se compite con mercancías que otros países producen con menores facilidades de producción, de modo que el país más adelantado vende sus mercancías por encima de su valor, aunque más baratas que los países competidores. En la medida en que el trabajo del país más adelantado se valoriza aquí como trabajo de un peso específico más alto, sube la tasa de ganancia, al venderse como cualitativamente superior el trabajo que no se paga como tal. La misma relación puede darse frente al país al que se envían mercancías y del que se traen mercancías, a saber, que este da más trabajo objetivado in natura del que recibe y que, sin embargo, recibe de este modo la mercancía más barata de lo que él mismo podría producirla. Exactamente como el fabricante que utiliza un nuevo invento antes de su generalización vende más barato que sus competidores y, sin embargo, vende por encima del valor individual de su mercancía, es decir, valoriza como plustrabajo la fuerza productiva específicamente más alta del trabajo que emplea. Realiza así una plusganancia. Por lo que se refiere, por otro lado, a los capitales invertidos en colonias, etc., pueden arrojar tasas de ganancia más altas porque allí, debido al bajo desarrollo, la tasa de ganancia es en general más alta, y lo es igualmente, con el empleo de esclavos, culíes, etc., la explotación del trabajo. No se ve, pues, por qué las tasas de ganancia más altas que arrojan así y remiten a su país de origen los capitales invertidos en ciertas ramas no habrían de entrar aquí, si no se interponen monopolios, en la nivelación de la tasa general de ganancia y, por lo tanto, elevarla pro tanto.6 Esto no se ve, en particular, cuando esas ramas de la inversión de capital están sometidas a las leyes de la libre competencia. Lo que Ricardo tiene en mente en contra de esto es sobre todo lo siguiente: con el precio más alto obtenido en el extranjero se compran allí mercancías y se envían a casa como retorno; estas mercancías se venden, pues, en el interior, y esto puede constituir, por lo tanto, a lo sumo una ventaja extraordinaria temporal de estas esferas favorecidas de la producción sobre otras. Esta apariencia desaparece en cuanto se prescinde de la forma dineraria. El país favorecido recibe a cambio más trabajo por menos trabajo, aunque esta diferencia, este más, se lo embolsa una clase determinada, como en el intercambio entre trabajo y capital en general. En la medida, pues, en que la tasa de ganancia es más alta porque en general es más alta en el país colonial, esto puede ir de la mano, si sus condiciones naturales son favorables, con precios bajos de las mercancías. Se produce una nivelación, pero no una nivelación al antiguo nivel, como cree Ricardo.

Pero ese mismo comercio exterior desarrolla en el interior el modo de producción capitalista y, con él, la disminución del capital variable frente al constante, y produce, por otro lado, sobreproducción con respecto al extranjero, por lo que, en el curso ulterior, vuelve a tener también el efecto contrario.

Y así se ha mostrado, en general, que las mismas causas que producen la caída de la tasa general de ganancia provocan efectos contrarios que frenan, retardan y paralizan en parte esta caída. No anulan la ley, pero debilitan su efecto. Sin esto, lo incomprensible no sería la caída de la tasa general de ganancia, sino, a la inversa, la relativa lentitud de esta caída. Así, la ley solo actúa como tendencia, cuyo efecto solo se manifiesta de modo contundente en determinadas circunstancias y en el curso de largos períodos.

Antes de seguir adelante, para evitar malentendidos, queremos repetir aún dos tesis desarrolladas en varias ocasiones.

Primero: el mismo proceso que genera el abaratamiento de las mercancías en el curso del desarrollo del modo de producción capitalista genera un cambio en la composición orgánica del capital social empleado en la producción de las mercancías y, a consecuencia de ello, la caída de la tasa de ganancia. No hay que identificar, pues, la disminución del coste relativo de la mercancía individual, ni siquiera de la parte de este coste que contiene desgaste de maquinaria, con el valor creciente del capital constante en comparación con el variable, aunque, a la inversa, toda disminución del coste relativo del capital constante, con un volumen de sus elementos materiales constante o creciente, actúa en el sentido de elevar la tasa de ganancia, es decir, de reducir pro tanto el valor del capital constante en comparación con el capital variable, empleado en proporciones decrecientes.

Segundo: el hecho de que en las mercancías individuales, de cuyo conjunto se compone el producto del capital, el trabajo vivo adicional que contienen guarde una proporción decreciente con los materiales de trabajo contenidos en ellas y con los medios de trabajo consumidos en ellas; el hecho, por lo tanto, de que en ellas se objetive una cantidad siempre decreciente de trabajo vivo adicional, porque con el desarrollo de la fuerza productiva social se requiere menos trabajo para su producción, este hecho no afecta a la proporción en que el trabajo vivo contenido en la mercancía se divide en pagado y no pagado. Al contrario. Aunque la cantidad global de trabajo vivo adicional contenido en ella cae, la parte no pagada crece en proporción a la pagada, ya sea por el descenso absoluto o por el descenso proporcional de la parte pagada; pues el mismo modo de producción que reduce la masa global del trabajo vivo adicional en una mercancía va acompañado del aumento de la plusvalía absoluta y relativa. El descenso tendencial de la tasa de ganancia está ligado a un aumento tendencial de la tasa de plusvalía, es decir, del grado de explotación del trabajo. Nada más absurdo, por lo tanto, que explicar el descenso de la tasa de ganancia por un aumento de la tasa del salario, aunque también esto pueda ser excepcionalmente el caso. Solo mediante la comprensión de las relaciones que forman la tasa de ganancia queda capacitada la estadística para llevar a cabo análisis reales sobre la tasa del salario en distintas épocas y países. La tasa de ganancia no cae porque el trabajo se vuelva menos productivo, sino porque se vuelve más productivo. Ambas cosas, el aumento de la tasa de plusvalía y la caída de la tasa de ganancia, no son más que formas particulares en que se expresa capitalistamente la productividad creciente del trabajo.

VI. El aumento del capital por acciones

A los cinco puntos anteriores puede añadirse aún el siguiente, en el que, sin embargo, no se puede entrar por ahora más a fondo. Una parte del capital, en el progreso de la producción capitalista, que va de la mano de una acumulación acelerada, solo se calcula y emplea como capital que devenga interés. No en el sentido en que todo capitalista que presta capital se conforma con los intereses, mientras que el capitalista industrial se embolsa la ganancia empresarial. Esto no afecta para nada a la altura de la tasa general de ganancia, pues para ella la ganancia es = interés + ganancia de todo tipo + renta de la tierra, cuya distribución en estas categorías particulares le es indiferente. Sino en el sentido de que estos capitales, aunque estén colocados en grandes empresas productivas, después de deducidos todos los costes solo arrojan intereses grandes o pequeños, los llamados dividendos. Por ejemplo, en los ferrocarriles. No entran, pues, en la nivelación de la tasa general de ganancia, ya que arrojan una tasa menor que la tasa media de ganancia. Si entraran, esta descendería mucho más. Considerado teóricamente, se los puede incluir en el cálculo, y se obtiene entonces una tasa de ganancia menor que la que existe en apariencia y que determina realmente a los capitalistas, ya que precisamente en estas empresas es máximo el capital constante en proporción al variable.

Capítulo decimoquinto. Desarrollo de las contradicciones internas de la ley

I. Generalidades

Se ha visto en la sección primera de este libro que la tasa de ganancia expresa la tasa de plusvalía siempre más baja de lo que es. Se ha visto ahora que incluso una tasa de plusvalía creciente tiene la tendencia a expresarse en una tasa de ganancia decreciente. La tasa de ganancia solo sería igual a la tasa de plusvalía si c = 0, es decir, si el capital global se desembolsara en salario. Una tasa de ganancia decreciente solo expresa una tasa de plusvalía decreciente si la relación entre el valor del capital constante y la cantidad de la fuerza de trabajo que lo pone en movimiento permanece invariable, o si esta última ha aumentado en proporción al valor del capital constante.

Ricardo, con el pretexto de considerar la tasa de ganancia, considera de hecho solo la tasa de plusvalía, y esta solo bajo el supuesto de que la jornada laboral es una magnitud constante, intensiva y extensivamente.

La caída de la tasa de ganancia y la acumulación acelerada solo son expresiones distintas del mismo proceso en la medida en que ambas expresan el desarrollo de la fuerza productiva. La acumulación, por su parte, acelera la caída de la tasa de ganancia en la medida en que con ella se dan la concentración de los trabajos en gran escala y, con ello, una composición más alta del capital. Por otra parte, la caída de la tasa de ganancia acelera a su vez la concentración del capital y su centralización mediante la desposesión de los capitalistas más pequeños, mediante la expropiación del último resto de los productores directos a los que todavía queda algo que expropiar. Con ello se acelera, por otra parte, la acumulación en cuanto a su masa, aunque con la tasa de ganancia caiga la tasa de la acumulación.

Por otra parte, en la medida en que la tasa de valorización del capital global, la tasa de ganancia, es el aguijón de la producción capitalista (así como la valorización del capital es su único fin), su caída hace más lenta la formación de nuevos capitales autónomos y aparece así como una amenaza para el desarrollo del proceso de producción capitalista; fomenta la sobreproducción, la especulación, las crisis, el capital superfluo junto a la población superflua. Los economistas, pues, que, como Ricardo, tienen el modo de producción capitalista por el modo de producción absoluto, sienten aquí que este modo de producción se crea a sí mismo un límite, y por eso no achacan este límite a la producción, sino a la naturaleza (en la teoría de la renta). Pero lo importante de su horror ante la tasa de ganancia decreciente es la sensación de que el modo de producción capitalista encuentra en el desarrollo de las fuerzas productivas un límite que no tiene nada que ver con la producción de la riqueza en cuanto tal; y este límite peculiar atestigua la estrechez y el carácter solo histórico, transitorio, del modo de producción capitalista; atestigua que no es un modo de producción absoluto para la producción de la riqueza, sino que, más bien, al llegar a cierto grado, entra en conflicto con el desarrollo ulterior de esta.

Ricardo y su escuela consideran, ciertamente, solo la ganancia industrial, en la que va incluido el interés. Pero también la tasa de la renta de la tierra tiene una tendencia decreciente, aunque su masa absoluta crezca y pueda crecer también proporcionalmente frente a la ganancia industrial. (Véase Ed. West, que desarrolló la ley de la renta de la tierra antes que Ricardo.)7 Si consideramos el capital social global C y ponemos g₁ por la ganancia industrial que queda tras deducir el interés y la renta de la tierra, i por el interés y r por la renta de la tierra, tendremos que p/C = g/C = (g₁+i+r)/C = g₁/C + i/C + r/C. Hemos visto que, aunque en el curso del desarrollo de la producción capitalista p, la suma global de la plusvalía, crece constantemente, p/C disminuye, sin embargo, de manera igualmente constante, porque C crece todavía más deprisa que p. No es, pues, en absoluto una contradicción que g₁, i y r puedan crecer siempre, cada uno por separado, mientras que tanto p/C = g/C como g₁/C, i/C y r/C se hacen, cada uno por separado, cada vez más pequeños, o que g₁ crezca relativamente frente a i, o r frente a g₁, o también frente a g₁ e i. Con una plusvalía global o ganancia p = g creciente, pero con una tasa de ganancia p/C = g/C que cae al mismo tiempo, la relación de magnitud entre las partes g₁, i y r en que se divide p = g puede variar a voluntad dentro de los límites dados por la suma global p, sin que por ello resulte afectada la magnitud de p o de p/C.

La variación recíproca de g₁, i y r es meramente una distribución distinta de p entre distintas rúbricas. Por eso también g₁/C, i/C o r/C, la tasa de la ganancia industrial individual, la tasa de interés y la relación de la renta con el capital global, pueden subir cada una frente a las otras, aunque p/C, la tasa general de ganancia, caiga; la única condición es que la suma de las tres = p/C. Si la tasa de ganancia cae del 50 % al 25 % porque, por ejemplo, con una tasa de plusvalía = 100 %, la composición del capital pasa de 50c + 50v a 75c + 25v, en el primer caso un capital de 1.000 dará una ganancia de 500, y en el segundo un capital de 4.000 una ganancia de 1.000. p o g se ha duplicado, pero g′ ha caído a la mitad. Y si de ese 50 % correspondían antes 20 a la ganancia, 10 al interés y 20 a la renta, g₁/C era = 20 %, i/C = 10 %, r/C = 20 %. Si al transformarse en el 25 % las proporciones siguieran siendo las mismas, g₁/C = 10 %, i/C = 5 % y r/C = 10 %. Si, en cambio, g₁/C cayera ahora al 8 % e i/C al 4 %, r/C subiría al 13 %. La magnitud proporcional de r habría aumentado frente a g₁ e i, y, sin embargo, g′ habría permanecido igual. Bajo ambos supuestos la suma de g₁, i y r habría aumentado, puesto que se produce mediante un capital cuatro veces mayor. Por lo demás, el supuesto de Ricardo de que originariamente la ganancia industrial (más el interés) se embolsa toda la plusvalía es falso histórica y conceptualmente. Es más bien solo el progreso de la producción capitalista lo que, 1.º, da a los capitalistas industriales y comerciales la ganancia entera de primera mano, para su distribución posterior, y, 2.º, reduce la renta al excedente sobre la ganancia. Sobre esta base capitalista vuelve luego a crecer la renta, que es una parte de la ganancia (es decir, de la plusvalía considerada como producto del capital global), pero no la parte específica del producto que se embolsa el capitalista.

La creación de plusvalía, supuestos los medios de producción necesarios, es decir, una acumulación suficiente de capital, no encuentra otro límite que la población obrera, si está dada la tasa de plusvalía, es decir, el grado de explotación del trabajo, y ningún otro límite que el grado de explotación del trabajo, si está dada la población obrera. Y el proceso de producción capitalista consiste esencialmente en la producción de plusvalía, representada en el plusproducto o en la parte alícuota de las mercancías producidas en la que está objetivado trabajo no pagado. No hay que olvidar nunca que la producción de esta plusvalía —y la reconversión de una parte de ella en capital, o la acumulación, forma una parte integrante de esta producción de plusvalía— es el fin inmediato y el motivo determinante de la producción capitalista. Por eso no se la debe presentar nunca como lo que no es, a saber, como una producción que tiene por fin inmediato el disfrute o la creación de medios de disfrute para el capitalista. Con ello se prescinde por completo de su carácter específico, que se manifiesta en toda su configuración interna esencial.

La obtención de esta plusvalía constituye el proceso de producción inmediato, que, como se ha dicho, no tiene otros límites que los indicados más arriba. En cuanto la cantidad de plustrabajo que se puede exprimir está objetivada en mercancías, la plusvalía está producida. Pero con esta producción de la plusvalía solo ha terminado el primer acto del proceso de producción capitalista, el proceso de producción inmediato. El capital ha absorbido tanto o cuanto trabajo no pagado. Con el desarrollo del proceso que se expresa en la caída de la tasa de ganancia, la masa de la plusvalía así producida se hincha hasta lo descomunal. Viene ahora el segundo acto del proceso. La masa global de mercancías, el producto global, tanto la parte que repone el capital constante y el variable como la que representa la plusvalía, tiene que venderse. Si esto no ocurre, o solo ocurre en parte, o solo a precios que están por debajo de los precios de producción, el obrero ha sido explotado, sí, pero su explotación no se realiza como tal para el capitalista, y puede ir unida a una realización nula o solo parcial de la plusvalía arrancada, e incluso a la pérdida parcial o total de su capital. Las condiciones de la explotación inmediata y las de su realización no son idénticas. No solo se separan en el tiempo y en el lugar, sino también conceptualmente. Las unas solo están limitadas por la fuerza productiva de la sociedad; las otras, por la proporcionalidad de las distintas ramas de la producción y por la capacidad de consumo de la sociedad. Pero esta última no está determinada ni por la fuerza productiva absoluta ni por la capacidad de consumo absoluta, sino por la capacidad de consumo sobre la base de unas relaciones de distribución antagónicas, que reducen el consumo de la gran masa de la sociedad a un mínimo solo variable dentro de límites más o menos estrechos. Está limitada, además, por el impulso a la acumulación, el impulso a aumentar el capital y a producir plusvalía en escala ampliada. Esta es una ley para la producción capitalista, dada por las constantes revoluciones de los propios métodos de producción, por la desvalorización del capital existente que va constantemente unida a ellas, por la lucha general de la competencia y por la necesidad de mejorar la producción y de ampliar su escala simplemente como medio de conservación y so pena de hundimiento. Por eso el mercado tiene que ampliarse constantemente, de modo que sus conexiones y las condiciones que las regulan adoptan cada vez más la figura de una ley natural independiente de los productores, se vuelven cada vez más incontrolables. La contradicción interna trata de compensarse mediante la expansión del campo externo de la producción. Pero cuanto más se desarrolla la fuerza productiva, tanto más entra en conflicto con la estrecha base sobre la que descansan las relaciones de consumo. Sobre esta base contradictoria no es en absoluto una contradicción que el exceso de capital vaya unido a un creciente exceso de población; pues, aunque, si se juntaran ambos, la masa de la plusvalía producida aumentaría, precisamente con ello aumenta la contradicción entre las condiciones en que se produce esta plusvalía y las condiciones en que se realiza.

Dada una tasa de ganancia determinada, la masa de la ganancia depende siempre de la magnitud del capital adelantado. Pero la acumulación está determinada entonces por la parte de esta masa que se reconvierte en capital. Y esta parte, al ser igual a la ganancia menos el rédito8 consumido por los capitalistas, no dependerá solo del valor de esta masa, sino también de la baratura de las mercancías que el capitalista puede comprar con ella; de las mercancías que entran en parte en su consumo, en su rédito, y en parte en su capital constante. (El salario se supone aquí dado.)

La masa del capital que el obrero pone en movimiento, y cuyo valor conserva con su trabajo y hace reaparecer en el producto, es completamente distinta del valor que él añade. Si la masa del capital = 1.000 y el trabajo añadido = 100, el capital reproducido = 1.100. Si la masa = 100 y el trabajo añadido = 20, el capital reproducido = 120. La tasa de ganancia es en el primer caso = 10 %, en el segundo = 20 %. Y, sin embargo, de 100 se puede acumular más que de 20. Y así avanza el torrente del capital (prescindiendo de su desvalorización por el aumento de la fuerza productiva), o su acumulación, en proporción al ímpetu que ya posee, no en proporción a la altura de la tasa de ganancia. Una tasa de ganancia alta, en la medida en que descansa en una tasa de plusvalía alta, es posible si la jornada laboral es muy larga, aunque el trabajo sea poco productivo; es posible porque las necesidades de los obreros son muy reducidas y, por eso, el salario medio es muy bajo, aunque el trabajo sea poco productivo. A la bajeza del salario corresponderá la falta de energía de los obreros. El capital acumula entonces lentamente, pese a la alta tasa de ganancia. La población está estancada, y el tiempo de trabajo que cuesta el producto es grande, aunque el salario pagado al obrero sea pequeño.

La tasa de ganancia cae, no porque el obrero sea explotado menos, sino porque en proporción al capital empleado se emplea en general menos trabajo.

Si, como se ha mostrado, la tasa de ganancia decreciente coincide con el aumento de la masa de la ganancia, el capitalista se apropia una parte mayor del producto anual del trabajo bajo la categoría de capital (como reposición del capital consumido) y una parte proporcionalmente menor bajo la categoría de ganancia. De ahí la fantasía del cura Chalmers9 de que cuanto menor es la masa del producto anual que los capitalistas gastan como capital, tanto mayores son las ganancias que se tragan; con lo cual acude luego en su ayuda la Iglesia oficial, para cuidar de que una gran parte del plusproducto se consuma en lugar de capitalizarse. El cura confunde causa y efecto. Por lo demás, la masa de la ganancia crece, incluso con una tasa menor, con la magnitud del capital desembolsado. Pero esto implica al mismo tiempo la concentración del capital, pues ahora las condiciones de producción imponen el empleo de capital en masa. Implica también su centralización, es decir, que los capitalistas pequeños sean engullidos por los grandes, y la descapitalización de los primeros. No es, de nuevo, sino la separación, elevada a una segunda potencia, entre las condiciones de trabajo y los productores, a los que todavía pertenecen estos capitalistas más pequeños, puesto que en ellos el trabajo propio aún desempeña un papel; el trabajo del capitalista está, en general, en razón inversa de la magnitud de su capital, es decir, del grado en que es capitalista. Es esta separación entre las condiciones de trabajo, de un lado, y los productores, del otro, la que forma el concepto de capital; la que se inicia con la acumulación originaria (libro I, cap. XXIV), aparece luego como proceso constante en la acumulación y la concentración del capital, y aquí se expresa, por último, como centralización de capitales ya existentes en pocas manos y descapitalización de muchos (en esto se transforma ahora la expropiación). Este proceso llevaría pronto al derrumbe a la producción capitalista si tendencias contrarias no actuaran de nuevo constantemente, de manera descentralizadora, junto a la fuerza centrípeta.

II. Conflicto entre la expansión de la producción y la valorización

El desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo se muestra de dos maneras: primero, en la magnitud de las fuerzas productivas ya producidas, en el volumen de valor y en el volumen de masa de las condiciones de producción bajo las cuales tiene lugar la nueva producción, y en la magnitud absoluta del capital productivo ya acumulado; segundo, en la relativa pequeñez de la parte del capital desembolsada en salario frente al capital global, es decir, en la relativa pequeñez del trabajo vivo que se requiere para la reproducción y valorización de un capital dado, para la producción en masa. Esto supone, al mismo tiempo, la concentración del capital.

Con respecto a la fuerza de trabajo empleada, el desarrollo de la fuerza productiva se muestra de nuevo de dos maneras: primero, en el aumento del plustrabajo, es decir, en el acortamiento del tiempo de trabajo necesario que se requiere para la reproducción de la fuerza de trabajo. Segundo, en la disminución de la cantidad de fuerza de trabajo (número de obreros) que se emplea en general para poner en movimiento un capital dado.

Ambos movimientos no solo van de la mano, sino que se condicionan recíprocamente, son fenómenos en los que se expresa la misma ley. Sin embargo, actúan en sentido opuesto sobre la tasa de ganancia. La masa global de la ganancia es igual a la masa global de la plusvalía; la tasa de ganancia, p/C = plusvalía/capital global adelantado. Pero la plusvalía, como importe global, está determinada, primero, por su tasa y, segundo, por la masa del trabajo empleado simultáneamente a esa tasa o, lo que es lo mismo, por la magnitud del capital variable. Por un lado sube uno de los factores, la tasa de plusvalía; por el otro cae (relativa o absolutamente) el otro factor, el número de obreros. En la medida en que el desarrollo de la fuerza productiva disminuye la parte pagada del trabajo empleado, aumenta la plusvalía, porque aumenta su tasa; pero en la medida en que disminuye la masa global del trabajo empleado por un capital dado, disminuye el factor del número por el que se multiplica la tasa de plusvalía para obtener su masa. Dos obreros que trabajan 12 horas diarias no pueden suministrar la misma masa de plusvalía que 24 que trabajan cada uno solo 2 horas, aunque pudieran vivir del aire y no tuvieran, por tanto, que trabajar nada para sí mismos. En este aspecto, pues, la compensación del menor número de obreros mediante el aumento del grado de explotación del trabajo tiene ciertos límites infranqueables; por eso puede, sin duda, frenar la caída de la tasa de ganancia, pero no suprimirla.

Con el desarrollo del modo de producción capitalista cae, pues, la tasa de la ganancia, mientras que su masa aumenta con la masa creciente del capital empleado. Dada la tasa, la masa absoluta en que crece el capital depende de su magnitud existente. Pero, por otro lado, dada esta magnitud, la proporción en que crece, la tasa de su crecimiento, depende de la tasa de ganancia. Directamente, el aumento de la fuerza productiva (que, además, como se ha mencionado, va siempre de la mano con la desvalorización del capital existente) solo puede aumentar la magnitud de valor del capital si, elevando la tasa de ganancia, aumenta la parte de valor del producto anual que se reconvierte en capital. En lo que respecta a la fuerza productiva del trabajo, esto solo puede ocurrir (pues esta fuerza productiva no tiene directamente nada que ver con el valor del capital existente) en la medida en que con ello o bien se eleva la plusvalía relativa, o bien se reduce el valor del capital constante, es decir, se abaratan las mercancías que entran ya en la reproducción de la fuerza de trabajo, ya en los elementos del capital constante. Pero ambas cosas implican una desvalorización del capital existente, y ambas van de la mano con la disminución del capital variable frente al constante. Ambas condicionan la caída de la tasa de ganancia y ambas la hacen más lenta. En la medida, además, en que una tasa de ganancia mayor provoca una demanda mayor de trabajo, actúa en el sentido de aumentar la población obrera y, con ello, el material explotable que hace del capital, ante todo, capital.

Pero, indirectamente, el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo contribuye al aumento del valor de capital existente al aumentar la masa y la variedad de los valores de uso en los que se representa el mismo valor de cambio y que forman el sustrato material, los elementos objetivos del capital, los objetos materiales de que se compone directamente el capital constante y, al menos indirectamente, el variable. Con el mismo capital y el mismo trabajo se crean más cosas que pueden transformarse en capital, prescindiendo de su valor de cambio. Cosas que pueden servir para absorber trabajo adicional, y por tanto también plustrabajo adicional, y para formar así capital adicional. La masa de trabajo que el capital puede comandar no depende de su valor, sino de la masa de las materias primas y auxiliares, de la maquinaria y de los elementos del capital fijo, de los medios de subsistencia de que se compone, sea cual sea su valor. Al crecer con ello la masa del trabajo empleado, y por tanto también la del plustrabajo, crecen también el valor del capital reproducido y la plusvalía que se le añade nuevamente.

Pero estos dos momentos comprendidos en el proceso de acumulación no deben considerarse solo en la tranquila yuxtaposición en que los trata Ricardo; encierran una contradicción que se manifiesta en tendencias y fenómenos contradictorios. Los agentes antagónicos actúan simultáneamente unos contra otros.

Al mismo tiempo que los impulsos al aumento real de la población obrera, que proceden del aumento de la parte del producto social global que actúa como capital, actúan los agentes que crean una superpoblación solo relativa.

Al mismo tiempo que la caída de la tasa de ganancia crece la masa de los capitales, y va de la mano con ella una desvalorización del capital existente, que detiene esta caída y da un impulso acelerador a la acumulación de valor de capital.

Al mismo tiempo que el desarrollo de la fuerza productiva se desarrolla la composición más alta del capital, la disminución relativa de la parte variable frente a la constante.

Estas distintas influencias se hacen valer unas veces más bien una junto a otra en el espacio, otras más bien una tras otra en el tiempo; periódicamente, el conflicto de los agentes antagónicos se desahoga en crisis. Las crisis no son nunca más que soluciones violentas momentáneas de las contradicciones existentes, erupciones violentas que restablecen por el momento el equilibrio perturbado.

La contradicción, expresada de manera completamente general, consiste en que el modo de producción capitalista implica una tendencia al desarrollo absoluto de las fuerzas productivas, prescindiendo del valor y de la plusvalía encerrada en él, prescindiendo también de las relaciones sociales dentro de las cuales tiene lugar la producción capitalista; mientras que, por otra parte, tiene como meta la conservación del valor de capital existente y su valorización en el grado máximo (es decir, un incremento siempre acelerado de este valor). Su carácter específico está orientado al valor de capital existente como medio para la mayor valorización posible de este valor. Los métodos con los que lo consigue implican: disminución de la tasa de ganancia, desvalorización del capital existente y desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo a costa de las fuerzas productivas ya producidas.

La desvalorización periódica del capital existente, que es un medio inmanente al modo de producción capitalista para detener la caída de la tasa de ganancia y acelerar la acumulación de valor de capital mediante la formación de capital nuevo, perturba las relaciones dadas en las que se lleva a cabo el proceso de circulación y de reproducción del capital, y va acompañada, por tanto, de estancamientos súbitos y crisis del proceso de producción.

La disminución relativa del capital variable frente al constante, que va de la mano con el desarrollo de las fuerzas productivas, da un aguijón al crecimiento de la población obrera, mientras crea continuamente una superpoblación artificial. La acumulación del capital, considerada en cuanto al valor, se hace más lenta por la tasa de ganancia decreciente, para acelerar todavía más la acumulación del valor de uso, mientras que esta, a su vez, pone en marcha acelerada la acumulación en cuanto al valor.

La producción capitalista aspira constantemente a superar estos límites que le son inmanentes, pero solo los supera por medios que vuelven a oponerle estos límites, y en una escala más formidable.

El verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital, es esto: que el capital y su autovalorización aparecen como punto de partida y punto final, como motivo y fin de la producción; que la producción es solo producción para el capital, y no, a la inversa, los medios de producción simples medios para una configuración cada vez más amplia del proceso de vida para la sociedad de los productores. Los límites dentro de los cuales únicamente puede moverse la conservación y valorización del valor de capital, que descansa en la desposesión y el empobrecimiento de la gran masa de los productores, estos límites entran, por eso, constantemente en contradicción con los métodos de producción que el capital tiene que emplear para su fin y que tienden a un aumento ilimitado de la producción, a la producción como fin en sí mismo, a un desarrollo incondicionado de las fuerzas productivas sociales del trabajo. El medio —el desarrollo incondicionado de las fuerzas productivas sociales— entra en conflicto permanente con el fin limitado, la valorización del capital existente. Si, por eso, el modo de producción capitalista es un medio histórico para desarrollar la fuerza productiva material y crear el mercado mundial correspondiente, es al mismo tiempo la contradicción constante entre esta tarea histórica suya y las relaciones sociales de producción que le corresponden.

III. Exceso de capital junto a exceso de población

Con la caída de la tasa de ganancia crece el mínimo de capital que se requiere en manos del capitalista individual para el empleo productivo del trabajo; que se requiere tanto para su explotación en general como para que el tiempo de trabajo empleado sea el tiempo de trabajo necesario para la producción de las mercancías, para que no rebase la media del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de las mercancías. Y al mismo tiempo crece la concentración, porque, más allá de ciertos límites, un capital grande con una tasa de ganancia pequeña acumula más deprisa que uno pequeño con una grande. Esta concentración creciente provoca a su vez, llegada a cierta altura, una nueva caída de la tasa de ganancia. La masa de los capitales pequeños y dispersos se ve así empujada por el camino de las aventuras: especulación, fraude crediticio, fraude con acciones, crisis. La llamada plétora del capital se refiere siempre, esencialmente, a la plétora de capital para el cual la caída de la tasa de ganancia no se compensa con su masa —y estos son siempre los retoños de capital frescos que se forman de nuevo—, o a la plétora que pone estos capitales, incapaces por sí mismos de una acción propia, a disposición de los dirigentes de las grandes ramas de negocio en la forma del crédito. Esta plétora del capital surge de las mismas circunstancias que provocan una superpoblación relativa, y es por eso un fenómeno que complementa a esta última, aunque ambos se sitúen en polos opuestos: capital desocupado, de un lado, y población obrera desocupada, del otro.

La sobreproducción de capital, no de mercancías sueltas —aunque la sobreproducción de capital implica siempre sobreproducción de mercancías—, no significa, por eso, otra cosa que sobreacumulación de capital. Para comprender qué es esta sobreacumulación (su investigación más detallada viene más adelante), no hay más que suponerla absoluta. ¿Cuándo sería absoluta la sobreproducción del capital? Y, por cierto, una sobreproducción que no se extendiera a este o aquel campo de la producción, o a un par de campos importantes, sino que fuera absoluta en su propia extensión, es decir, que abarcara todos los campos de la producción.

Habría una sobreproducción absoluta de capital en cuanto el capital adicional para el fin de la producción capitalista fuera = 0. Pero el fin de la producción capitalista es la valorización del capital, es decir, la apropiación de plustrabajo, la producción de plusvalía, de ganancia. Así pues, en cuanto el capital hubiera crecido en una proporción tal respecto de la población obrera que no pudiera prolongarse el tiempo de trabajo absoluto que suministra esta población ni ampliarse el tiempo de plustrabajo relativo (esto último sería de todos modos impracticable en un caso en que la demanda de trabajo fuera tan fuerte y hubiera, por tanto, tendencia al alza de los salarios); en cuanto el capital crecido produjera, pues, solo la misma masa de plusvalía, o incluso menos, que antes de su crecimiento, tendría lugar una sobreproducción absoluta de capital; es decir, el capital crecido C + ΔC no produciría más ganancia, o incluso produciría menos ganancia, que el capital C antes de su aumento en ΔC. En ambos casos se produciría también una caída fuerte y súbita de la tasa general de ganancia, pero esta vez debida a un cambio en la composición del capital que no se debería al desarrollo de la fuerza productiva, sino a una subida del valor en dinero del capital variable (a causa de los salarios aumentados) y a la correspondiente disminución de la proporción entre el plustrabajo y el trabajo necesario.

En la realidad, la cosa se presentaría de modo que una parte del capital quedaría total o parcialmente en barbecho (porque, para valorizarse en absoluto, tendría que desalojar primero de su posición al capital que ya está en funciones) y la otra parte se valorizaría a una tasa de ganancia más baja por la presión del capital desocupado o semidesocupado. Sería indiferente a este respecto que una parte del capital adicional ocupara el lugar del antiguo y que este ocupara así un lugar en el adicional. Siempre tendríamos, de un lado, la antigua suma de capital y, del otro, la adicional. La caída de la tasa de ganancia iría acompañada esta vez de una disminución absoluta de la masa de la ganancia, puesto que, con nuestros supuestos, no podría aumentarse la masa de la fuerza de trabajo empleada ni elevarse la tasa de plusvalía, ni aumentarse, por tanto, tampoco la masa de la plusvalía. Y la masa de ganancia disminuida habría que calcularla sobre un capital global aumentado. Pero, aun suponiendo que el capital ocupado siguiera valorizándose a la antigua tasa de ganancia, y que la masa de la ganancia siguiera siendo, pues, la misma, se calcularía siempre sobre un capital global crecido, y también esto implica una caída de la tasa de ganancia. Si un capital global de 1.000 rendía una ganancia de 100 y, tras aumentar a 1.500, sigue rindiendo solo 100, en el segundo caso 1.000 rinde ya solo 66⅔. La valorización del antiguo capital habría disminuido en términos absolutos. El capital = 1.000 no rendiría en las nuevas circunstancias más de lo que rendía antes un capital de 666⅔.

Pero está claro que esta desvalorización efectiva del antiguo capital no podría tener lugar sin lucha, que el capital adicional ΔC no podría funcionar como capital sin lucha. La tasa de ganancia no bajaría a causa de la competencia provocada por la sobreproducción de capital. Al contrario: porque la tasa de ganancia rebajada y la sobreproducción de capital nacen de las mismas circunstancias, entraría ahora en escena la lucha de la competencia. La parte de ΔC que se encontrara en manos de los antiguos capitalistas en funciones la dejarían estos más o menos en barbecho, para no desvalorizar ellos mismos su capital originario y no estrechar su lugar dentro del campo de la producción, o la emplearían para, incluso con pérdida momentánea, echar la puesta en barbecho del capital adicional sobre los nuevos intrusos y, en general, sobre sus competidores.

La parte de ΔC que se encontrara en manos nuevas trataría de ocupar su lugar a costa del antiguo capital, y lo lograría en parte dejando en barbecho una parte del capital antiguo, obligándolo a cederle el antiguo lugar y a ocupar él mismo el lugar del capital adicional ocupado solo parcialmente o en absoluto.

Una puesta en barbecho de una parte del capital antiguo tendría que darse en todas las circunstancias, una puesta en barbecho en su calidad de capital, en la medida en que ha de funcionar como capital y valorizarse. Qué parte afectaría especialmente esta puesta en barbecho lo decidiría la lucha de la competencia. Mientras todo va bien, la competencia actúa, como se ha mostrado en la nivelación de la tasa general de ganancia, como hermandad práctica de la clase capitalista, de modo que esta se reparte en común el botín común en proporción a la magnitud de lo que cada uno ha puesto en juego. Pero en cuanto ya no se trata del reparto de la ganancia, sino del reparto de la pérdida, cada uno trata de reducir todo lo posible la parte que le toca en ella y de echársela encima al otro. La pérdida es inevitable para la clase. Pero cuánto ha de soportar cada uno de ellos, hasta qué punto ha de participar en ella en absoluto, se convierte entonces en cuestión de fuerza y de astucia, y la competencia se transforma entonces en una lucha de hermanos enemigos. El antagonismo entre el interés de cada capitalista individual y el de la clase capitalista se hace valer entonces, del mismo modo que antes la identidad de estos intereses se imponía prácticamente a través de la competencia.

¿Cómo se compensaría ahora de nuevo este conflicto y se restablecerían las condiciones correspondientes al movimiento «sano» de la producción capitalista? El modo de la compensación está ya contenido en el mero enunciado del conflicto de cuya compensación se trata. Implica una puesta en barbecho e incluso una destrucción parcial de capital, por el importe de valor de todo el capital adicional ΔC, o al menos de una parte de él. Aunque, como se desprende ya de la exposición del conflicto, el reparto de esta pérdida no se extiende en modo alguno por igual a los distintos capitales particulares, sino que se decide en una lucha de la competencia en la que, según las ventajas particulares o las posiciones ya conquistadas, la pérdida se reparte de manera muy desigual y en formas muy distintas, de modo que un capital queda en barbecho, otro es destruido, un tercero solo sufre una pérdida relativa o solo experimenta una desvalorización pasajera, etc.

Pero, en todas las circunstancias, el equilibrio se restablecería mediante la puesta en barbecho e incluso la destrucción de capital en mayor o menor volumen. Esto se extendería en parte a la sustancia material del capital; es decir, una parte de los medios de producción, capital fijo y circulante, no funcionaría, no actuaría como capital; una parte de las explotaciones productivas iniciadas quedaría paralizada. Aunque, en este aspecto, el tiempo ataca y deteriora todos los medios de producción (excepto el suelo), aquí, a consecuencia del estancamiento de su función, tendría lugar una destrucción real mucho más fuerte de medios de producción. Pero el efecto principal en este aspecto sería que estos medios de producción dejarían de actuar como medios de producción; una destrucción más corta o más larga de su función como medios de producción.

La destrucción principal, y la de carácter más agudo, tendría lugar con respecto al capital en cuanto posee la propiedad de valor, con respecto a los valores de capital. La parte del valor de capital que existe meramente en la forma de títulos sobre participaciones futuras en la plusvalía, en la ganancia, que de hecho no son más que pagarés sobre la producción bajo distintas formas, se desvaloriza inmediatamente con la caída de los ingresos sobre los que está calculada. Una parte del oro y de la plata en efectivo queda en barbecho, no funciona como capital. Una parte de las mercancías que se encuentran en el mercado solo puede consumar su proceso de circulación y de reproducción mediante una enorme contracción de sus precios, es decir, mediante la desvalorización del capital que representa. Del mismo modo se desvalorizan más o menos los elementos del capital fijo. A esto se añade que determinadas relaciones de precios, presupuestas, condicionan el proceso de reproducción, y que este, por tanto, cae en el estancamiento y la confusión por la caída general de los precios. Esta perturbación y este estancamiento paralizan la función del dinero como medio de pago, dada al mismo tiempo que el desarrollo del capital y basada en aquellas relaciones de precios presupuestas; interrumpen en cien puntos la cadena de las obligaciones de pago a plazos determinados; se agravan todavía más por el hundimiento, que con ello se produce, del sistema de crédito desarrollado al mismo tiempo que el capital, y conducen así a crisis agudas violentas, a súbitas desvalorizaciones violentas y a un estancamiento y una perturbación reales del proceso de reproducción y, con ello, a una disminución real de la reproducción.

Pero al mismo tiempo habrían estado en juego otros agentes. El estancamiento de la producción habría dejado en barbecho a una parte de la clase obrera y, con ello, habría puesto a la parte ocupada en unas condiciones en las que tendría que tolerar una rebaja del salario, incluso por debajo de la media; una operación que tiene para el capital exactamente el mismo efecto que si, con el salario medio, se hubiera elevado la plusvalía relativa o la absoluta. La época de prosperidad habría favorecido los matrimonios entre los obreros y reducido la mortandad que diezmaba a la descendencia, circunstancias que —por mucho que impliquen un aumento real de la población— no implican un aumento de la población que trabaja realmente, pero que en la relación de los obreros con el capital actúan exactamente como si hubiera aumentado el número de los obreros realmente en funciones. La caída de los precios y la lucha de la competencia habrían dado, por otra parte, a cada capitalista un aguijón para hacer descender el valor individual de su producto global por debajo de su valor general mediante el empleo de nuevas máquinas, de nuevos métodos de trabajo mejorados, de nuevas combinaciones, es decir, para aumentar la fuerza productiva de una cantidad dada de trabajo, reducir la proporción del capital variable respecto del constante y, con ello, liberar obreros, en una palabra, crear una superpoblación artificial. Además, la desvalorización de los elementos del capital constante sería ella misma un elemento que implicaría una elevación de la tasa de ganancia. La masa del capital constante empleado, frente al variable, habría crecido, pero el valor de esta masa podría haber caído. El estancamiento de la producción que se ha producido habría preparado una ampliación posterior de la producción, dentro de los límites capitalistas.

Y así se recorrería el círculo de nuevo. Una parte del capital que se había desvalorizado por el estancamiento de su función recuperaría su antiguo valor. Por lo demás, con condiciones de producción ampliadas, con un mercado ampliado y con una fuerza productiva aumentada, se recorrería de nuevo el mismo círculo vicioso.

Pero, incluso bajo el supuesto extremo que hemos hecho, la sobreproducción absoluta de capital no es una sobreproducción absoluta en general, no es una sobreproducción absoluta de medios de producción. Solo es una sobreproducción de medios de producción en la medida en que estos han de funcionar como capital y, por tanto, han de implicar, en proporción al valor hinchado con su masa hinchada, una valorización de este valor, han de crear un valor adicional.

Pero sería, no obstante, sobreproducción, porque el capital se volvería incapaz de explotar el trabajo en el grado de explotación que viene condicionado por el desarrollo «sano», «normal», del proceso de producción capitalista, en un grado de explotación que al menos aumente la masa de la ganancia con la masa creciente del capital empleado; que excluya, pues, que la tasa de ganancia baje en la misma medida en que crece el capital, o incluso que la tasa de ganancia baje más deprisa de lo que crece el capital.

Sobreproducción de capital no significa nunca otra cosa que sobreproducción de medios de producción —medios de trabajo y medios de subsistencia— que pueden funcionar como capital, es decir, que pueden emplearse para explotar el trabajo a un grado de explotación dado; con lo cual el descenso de este grado de explotación por debajo de un punto dado provoca perturbaciones y estancamientos del proceso de producción capitalista, crisis, destrucción de capital. No es ninguna contradicción que esta sobreproducción de capital vaya acompañada de una superpoblación relativa más o menos grande. Las mismas circunstancias que han elevado la fuerza productiva del trabajo, aumentado la masa de los productos-mercancía, ampliado los mercados, acelerado la acumulación del capital, tanto en masa como en valor, y rebajado la tasa de ganancia, esas mismas circunstancias han engendrado una superpoblación relativa y la engendran constantemente, una superpoblación de obreros a la que el capital excedente no emplea a causa del bajo grado de explotación del trabajo al que únicamente podría emplearla, o al menos a causa de la baja tasa de ganancia que rendiría con un grado de explotación dado.

Si se envía capital al extranjero, no es porque no pueda absolutamente ocuparse en el interior. Es porque puede ocuparse en el extranjero a una tasa de ganancia más alta. Pero este capital es capital absolutamente excedente para la población obrera ocupada y para el país dado en general. Existe como tal junto a la población relativamente excedente, y este es un ejemplo de cómo ambos existen uno junto al otro y se condicionan recíprocamente.

Por otro lado, la caída de la tasa de ganancia ligada a la acumulación provoca necesariamente una lucha de la competencia. La compensación de la caída de la tasa de ganancia por la masa creciente de la ganancia solo vale para el capital global de la sociedad y para los grandes capitalistas ya establecidos. El nuevo capital adicional que funciona de manera autónoma no encuentra tales condiciones compensatorias; tiene que conquistarlas primero, y así es la caída de la tasa de ganancia la que provoca la lucha de la competencia entre los capitales, no a la inversa. Esta lucha de la competencia va acompañada, desde luego, de una subida pasajera del salario y de una nueva rebaja temporal de la tasa de ganancia que de ello se deriva. Lo mismo se muestra en la sobreproducción de mercancías, en la saturación de los mercados. Como el fin del capital no es la satisfacción de las necesidades, sino la producción de ganancia, y como solo alcanza este fin mediante métodos que regulan la masa de la producción por la escala de la producción, y no a la inversa, tiene que surgir constantemente una discordancia entre las dimensiones limitadas del consumo sobre una base capitalista y una producción que tiende constantemente a rebasar este límite inmanente suyo. Por lo demás, el capital se compone, como es sabido, de mercancías, y por eso la sobreproducción de capital implica la de mercancías. De ahí el extraño fenómeno de que los mismos economistas que niegan la sobreproducción de mercancías admitan la de capital. Si se dice que no se produce una sobreproducción general, sino una desproporción dentro de las distintas ramas de la producción, esto no significa otra cosa sino que, dentro de la producción capitalista, la proporcionalidad de las distintas ramas de la producción se presenta como un proceso constante a partir de la desproporcionalidad, puesto que aquí la conexión de la producción en su conjunto se impone a los agentes de la producción como una ley ciega, y no como una ley comprendida por su entendimiento asociado y, por tanto, dominada por él, que haya sometido el proceso de producción a su control común. Se pide además, con ello, que los países en los que el modo de producción capitalista no está desarrollado consuman y produzcan en un grado que convenga a los países del modo de producción capitalista. Si se dice que la sobreproducción solo es relativa, esto es completamente cierto; pero todo el modo de producción capitalista no es más que un modo de producción relativo, cuyos límites no son absolutos, pero son absolutos para él, sobre su base. ¿Cómo podría faltar, si no, demanda para las mismas mercancías de las que carece la masa del pueblo, y cómo sería posible tener que buscar esta demanda en el extranjero, en mercados más lejanos, para poder pagar a los obreros en casa la medida media de los medios de subsistencia necesarios? Porque solo en esta conexión específica, capitalista, recibe el producto excedente una forma en la que su poseedor solo puede ponerlo a disposición del consumo en cuanto se reconvierte para él en capital. Si se dice, por último, que los capitalistas no tienen más que intercambiar y comerse sus mercancías entre ellos, se olvida todo el carácter de la producción capitalista, y se olvida que se trata de la valorización del capital, no de su consumo. En una palabra, todas las objeciones contra los fenómenos palpables de la sobreproducción (fenómenos que no se preocupan de estas objeciones) vienen a decir que los límites de la producción capitalista no son límites de la producción en general y que, por eso, tampoco son límites de esta producción específica, la del modo de producción capitalista. Pero la contradicción de este modo de producción capitalista consiste precisamente en su tendencia al desarrollo absoluto de las fuerzas productivas, que entra constantemente en conflicto con las condiciones específicas de producción en las que se mueve el capital y en las que únicamente puede moverse.

No se producen demasiados medios de subsistencia en proporción a la población existente. Al contrario. Se producen demasiado pocos para satisfacer de manera decente y humana a la masa de la población.

No se producen demasiados medios de producción para ocupar a la parte de la población capaz de trabajar. Al contrario. Se produce, en primer lugar, una parte demasiado grande de la población que de hecho no es capaz de trabajar, que por sus circunstancias está reducida a la explotación del trabajo ajeno o a trabajos que solo dentro de un modo de producción miserable pueden pasar por tales. En segundo lugar, no se producen suficientes medios de producción para que toda la población capaz de trabajar trabaje en las circunstancias más productivas, es decir, para que su tiempo de trabajo absoluto se acorte gracias a la masa y la eficacia del capital constante empleado durante el tiempo de trabajo.

Pero periódicamente se producen demasiados medios de trabajo y medios de subsistencia para hacerlos funcionar como medios de explotación de los obreros a una cierta tasa de ganancia. Se producen demasiadas mercancías para poder realizar el valor contenido en ellas y la plusvalía encerrada en él bajo las condiciones de distribución y las relaciones de consumo dadas por la producción capitalista, y reconvertirlos en nuevo capital, es decir, para llevar a cabo este proceso sin explosiones que se repiten constantemente.

No se produce demasiada riqueza. Pero periódicamente se produce demasiada riqueza en sus formas capitalistas, antagónicas.

El límite del modo de producción capitalista se manifiesta:

  1. En que el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo engendra en la caída de la tasa de ganancia una ley que, llegado cierto punto, se opone de la manera más hostil a su propio desarrollo y que, por eso, tiene que ser superada constantemente mediante crisis.

  2. En que la apropiación de trabajo no pagado, y la proporción entre este trabajo no pagado y el trabajo objetivado en general, o, expresado de manera capitalista, en que la ganancia y la proporción entre esta ganancia y el capital empleado, es decir, una cierta altura de la tasa de ganancia, deciden sobre la expansión o la restricción de la producción, en lugar de la relación de la producción con las necesidades sociales, con las necesidades de hombres socialmente desarrollados. Por eso le surgen límites ya en un grado de expansión de la producción que, bajo el otro supuesto, parecería, por el contrario, insuficiente con mucho. Se detiene no donde lo impone la satisfacción de las necesidades, sino donde la producción y realización de ganancia impone esta detención.

Si baja la tasa de ganancia, se da, por un lado, una tensión del capital para que el capitalista individual, mediante mejores métodos, etc., haga descender el valor individual de sus mercancías sueltas por debajo de su valor medio social y obtenga así, con un precio de mercado dado, una ganancia extraordinaria; por otro lado, la especulación fraudulenta y el fomento general de la especulación fraudulenta mediante tentativas apasionadas con nuevos métodos de producción, nuevas inversiones de capital, nuevas aventuras, para asegurarse alguna ganancia extraordinaria que sea independiente de la media general y se eleve por encima de ella.

La tasa de ganancia, es decir, el incremento relativo del capital, es importante sobre todo para todos los nuevos retoños de capital que se agrupan de manera autónoma. Y en cuanto la formación de capital cayera exclusivamente en manos de unos pocos grandes capitales ya hechos, para los cuales la masa de la ganancia compensa la tasa, se habría extinguido en general el fuego vivificador de la producción. Esta se adormecería. La tasa de ganancia es la fuerza motriz de la producción capitalista, y solo se produce lo que se puede producir con ganancia y en la medida en que se puede producir con ganancia. De ahí la angustia de los economistas ingleses por la disminución de la tasa de ganancia. Que la mera posibilidad inquiete a Ricardo muestra precisamente su profunda comprensión de las condiciones de la producción capitalista. Lo que se le reprocha, que, despreocupado de los «hombres», al considerar la producción capitalista solo tiene a la vista el desarrollo de las fuerzas productivas —sean cuales sean los sacrificios en hombres y en valores de capital con que se compre—, es precisamente lo importante en él. El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social es la tarea histórica y la justificación del capital. Precisamente con ello crea inconscientemente las condiciones materiales de una forma superior de producción. Lo que inquieta a Ricardo es que la tasa de ganancia, el aguijón de la producción capitalista y condición, así como motor, de la acumulación, se vea amenazada por el propio desarrollo de la producción. Y la relación cuantitativa lo es aquí todo. En realidad, en el fondo hay algo más profundo, que él solo presiente. Aquí se muestra de manera puramente económica, es decir, desde el punto de vista burgués, dentro de los límites del entendimiento capitalista, desde el punto de vista de la propia producción capitalista, su límite, su relatividad, que no es un modo de producción absoluto, sino solo un modo de producción histórico, correspondiente a una cierta época de desarrollo limitada de las condiciones materiales de producción.

IV. Complementos

Como el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo se produce de manera muy desigual en las distintas ramas de la industria, y no solo desigual en grado, sino a menudo en sentido opuesto, resulta que la masa de la ganancia media (= plusvalía) tiene que quedar muy por debajo de la altura que cabría suponer según el desarrollo de la fuerza productiva en las ramas de la industria más avanzadas. Que el desarrollo de la fuerza productiva en las distintas ramas de la industria no solo avance en proporciones muy distintas, sino a menudo en sentido opuesto, no nace solo de la anarquía de la competencia y de la peculiaridad del modo de producción burgués. La productividad del trabajo está ligada también a condiciones naturales que a menudo se vuelven menos fecundas en la misma proporción en que sube la productividad, en la medida en que esta depende de condiciones sociales. De ahí un movimiento opuesto en estas distintas esferas: progreso aquí, retroceso allá. Piénsese, por ejemplo, en la mera influencia de las estaciones, de la que depende la cantidad de la mayor parte de todas las materias primas, en el agotamiento de los bosques, de las minas de carbón y de hierro, etc.

Si la parte circulante del capital constante, materia prima, etc., crece siempre en cuanto a su masa en proporción a la fuerza productiva del trabajo, no ocurre así con el capital fijo, edificios, maquinaria, instalaciones de alumbrado, de calefacción, etc. Aunque con el aumento de su masa corpórea la máquina se encarece en términos absolutos, se abarata en términos relativos. Si cinco obreros producen diez veces más mercancías que antes, no por ello se decuplica el desembolso en capital fijo; aunque el valor de esta parte del capital constante crece con el desarrollo de la fuerza productiva, no crece ni de lejos en la misma proporción. Ya se ha subrayado repetidas veces la diferencia entre la proporción del capital constante con el variable, tal como se expresa en la caída de la tasa de ganancia, y esa misma proporción tal como se presenta, con el desarrollo de la productividad del trabajo, con respecto a la mercancía suelta y a su precio.

{El valor de la mercancía está determinado por el tiempo de trabajo global, pasado y vivo, que entra en ella. El aumento de la productividad del trabajo consiste precisamente en que la parte del trabajo vivo disminuye y la del trabajo pasado aumenta, pero de tal modo que la suma global del trabajo contenido en la mercancía disminuye; en que, por tanto, el trabajo vivo disminuye más de lo que aumenta el pasado. El trabajo pasado incorporado en el valor de una mercancía —la parte constante del capital— consiste en parte en el desgaste de capital fijo, en parte en capital constante circulante que ha entrado por completo en la mercancía: materia prima y auxiliar. La parte de valor que procede de la materia prima y auxiliar tiene que disminuir con la productividad del trabajo, porque esta productividad se muestra, con respecto a estas materias, precisamente en que su valor ha bajado. En cambio, lo característico de la fuerza productiva creciente del trabajo es precisamente que la parte fija del capital constante experimenta un aumento muy fuerte, y con ello también la parte de valor de este que se transfiere a las mercancías por el desgaste. Para que un nuevo método de producción se acredite como aumento real de la productividad, tiene que transferir a cada mercancía una parte de valor adicional por desgaste de capital fijo menor que la parte de valor que se deduce, la que se ahorra a consecuencia de la disminución del trabajo vivo; en una palabra, tiene que disminuir el valor de la mercancía. Tiene que hacerlo, por supuesto, aun cuando, como ocurre en casos aislados, además de la parte adicional de desgaste del capital fijo, entre en la formación del valor de la mercancía una parte de valor adicional por materias primas o auxiliares aumentadas o más caras. Todos los recargos de valor tienen que verse más que compensados por la disminución de valor que nace de la reducción del trabajo vivo.

Esta disminución de la cantidad global de trabajo que entra en la mercancía parece ser, según esto, la característica esencial del aumento de la fuerza productiva del trabajo, sean cuales sean las condiciones sociales en que se produzca. En una sociedad en la que los productores regulen su producción según un plan trazado de antemano, e incluso en la simple producción de mercancías, la productividad del trabajo se mediría también, incondicionalmente, con arreglo a este patrón. Pero ¿qué ocurre en la producción capitalista?

Supongamos que una determinada rama de la producción capitalista produce la pieza normal de su mercancía en las condiciones siguientes: el desgaste del capital fijo asciende por pieza a ½ chelín o marco; de materia prima y auxiliar entran 17½ chelines; de salario, 2 chelines, y, con una tasa de plusvalía del 100 %, la plusvalía asciende a 2 chelines. Valor global = 22 chelines o marcos. Para simplificar, suponemos que en esta rama de la producción el capital tiene la composición media del capital social, es decir, que el precio de producción de la mercancía coincide con su valor y la ganancia del capitalista con la plusvalía producida. Entonces el precio de coste de la mercancía es = ½ + 17½ + 2 = 20 chelines, la tasa media de ganancia 2/20 = 10 %, y el precio de producción de la pieza de mercancía, igual a su valor, = 22 chelines o marcos.

Supongamos que se inventa una máquina que reduce a la mitad el trabajo vivo requerido para cada pieza, pero que, en cambio, triplica la parte de valor que consiste en el desgaste del capital fijo. La cosa se presenta entonces así: desgaste = 1½ chelines, materia prima y auxiliar, como antes, 17½ chelines, salario 1 chelín, plusvalía 1 chelín; en total, 21 chelines o marcos. La mercancía ha bajado ahora 1 chelín de valor; la nueva máquina ha aumentado decididamente la fuerza productiva del trabajo. Pero para el capitalista la cosa se presenta así: su precio de coste es ahora de 1½ chelines de desgaste, 17½ chelines de materia prima y auxiliar, 1 chelín de salario; en total, 20 chelines, como antes. Como la tasa de ganancia no cambia sin más por la nueva máquina, tiene que obtener un 10 % sobre el precio de coste, lo que da 2 chelines; el precio de producción sigue siendo, pues, = 22 chelines, pero 1 chelín por encima del valor. Para una sociedad que produce bajo condiciones capitalistas, la mercancía no se ha abaratado, la nueva máquina no es una mejora. El capitalista no tiene, pues, ningún interés en introducir la nueva máquina. Y como con su introducción no haría sino dejar sin valor su maquinaria anterior, todavía no desgastada, convertirla en mera chatarra, y sufriría, por tanto, una pérdida positiva, se guarda muy bien de esta necedad, utópica para él.

Para el capital, pues, la ley del aumento de la fuerza productiva del trabajo no vale incondicionalmente. Para el capital, esta fuerza productiva aumenta no cuando se ahorra en general trabajo vivo, sino solo cuando se ahorra en la parte pagada del trabajo vivo más de lo que se añade en trabajo pasado, como ya se ha indicado brevemente en el libro I, cap. XIII, 2, p. 409/398.10 Aquí el modo de producción capitalista cae en una nueva contradicción. Su vocación histórica es el desarrollo implacable, impulsado en progresión geométrica, de la productividad del trabajo humano. Es infiel a esta vocación en cuanto, como aquí, se opone como un freno al desarrollo de la productividad. Con ello no hace sino probar de nuevo que se vuelve decrépito y que cada vez más ha sobrevivido a su tiempo.}11


En la competencia, el mínimo creciente del capital que, con el aumento de la fuerza productiva, se hace necesario para la explotación con éxito de un negocio industrial autónomo se presenta así: en cuanto la nueva instalación de explotación, más costosa, se ha introducido de manera general, los capitales más pequeños quedan excluidos en adelante de la explotación. Solo al comienzo de los inventos mecánicos en las distintas esferas de la producción pueden funcionar aquí de manera autónoma los capitales más pequeños. Por otra parte, empresas muy grandes, con una proporción extraordinariamente alta de capital constante, como los ferrocarriles, no rinden la tasa media de ganancia, sino solo una parte de ella, un interés. De lo contrario, la tasa general de ganancia bajaría todavía más. En cambio, aquí encuentra también una gran acumulación de capital, en forma de acciones, un campo directo de ocupación.

El crecimiento del capital, es decir, la acumulación del capital, solo implica una disminución de la tasa de ganancia en la medida en que con este crecimiento se producen los cambios considerados más arriba en la proporción entre los componentes orgánicos del capital. Ahora bien, pese a las constantes revoluciones diarias del modo de producción, ora esta, ora aquella parte, mayor o menor, del capital global sigue acumulando durante ciertos períodos sobre la base de una proporción media dada entre aquellos componentes, de modo que con su crecimiento no se da ningún cambio orgánico, ni tampoco, por tanto, las causas de la caída de la tasa de ganancia. Este aumento constante del capital, y por tanto también la ampliación de la producción, sobre la base del antiguo método de producción, que avanza tranquilamente mientras al lado se introducen ya los nuevos métodos, es a su vez una causa de que la tasa de ganancia no disminuya en la misma medida en que crece el capital global de la sociedad.

El aumento del número absoluto de obreros, pese a la disminución relativa del capital variable, desembolsado en salario, no tiene lugar en todas las ramas de la producción, ni de manera uniforme en todas. En la agricultura, la disminución del elemento del trabajo vivo puede ser absoluta.

Por lo demás, es solo la necesidad del modo de producción capitalista que el número de los obreros asalariados aumente en términos absolutos pese a su disminución relativa. Para él, unas fuerzas de trabajo se vuelven ya superfluas en cuanto deja de ser necesario ocuparlas 12-15 horas diarias. Un desarrollo de las fuerzas productivas que disminuyera el número absoluto de los obreros, es decir, que capacitara de hecho a toda la nación para llevar a cabo su producción global en una porción de tiempo menor, provocaría una revolución, porque dejaría fuera de circulación a la mayoría de la población. En esto aparece de nuevo el límite específico de la producción capitalista, y que esta no es en modo alguno una forma absoluta del desarrollo de las fuerzas productivas y de la creación de la riqueza, sino que, más bien, entra en colisión con este en un punto determinado. Parcialmente, esta colisión aparece en crisis periódicas que nacen de que ora esta, ora aquella parte de la población obrera se vuelve superflua en su antiguo modo de ocupación. Su límite es el tiempo excedente de los obreros. El tiempo excedente absoluto que gana la sociedad no le importa. El desarrollo de la fuerza productiva solo le importa en la medida en que aumenta el tiempo de plustrabajo de la clase obrera, no en la medida en que disminuye el tiempo de trabajo para la producción material en general; se mueve así en el antagonismo.

Se ha visto que la acumulación creciente del capital implica una concentración creciente de este. Así crece el poder del capital, la autonomización, personificada en el capitalista, de las condiciones sociales de producción frente a los productores reales. El capital se muestra cada vez más como un poder social cuyo funcionario es el capitalista y que ya no guarda ninguna relación posible con lo que puede crear el trabajo de un individuo aislado; pero como un poder social alienado, autonomizado, que se enfrenta a la sociedad como cosa, y como poder del capitalista a través de esta cosa. La contradicción entre el poder social general en que se configura el capital y el poder privado de los capitalistas individuales sobre estas condiciones sociales de producción se desarrolla de manera cada vez más clamorosa e implica la disolución de esta relación, al implicar al mismo tiempo la elaboración de las condiciones de producción hasta convertirlas en condiciones de producción generales, comunes, sociales. Esta elaboración viene dada por el desarrollo de las fuerzas productivas bajo la producción capitalista y por el modo en que se lleva a cabo este desarrollo.


Ningún capitalista emplea voluntariamente un nuevo modo de producción, por mucho más productivo que sea o por mucho que aumente la tasa de plusvalía, en cuanto este disminuye la tasa de ganancia. Pero todo nuevo modo de producción de este tipo abarata las mercancías. Por eso el capitalista las vende al principio por encima de su precio de producción, quizá por encima de su valor. Se embolsa la diferencia que existe entre sus costes de producción y el precio de mercado de las demás mercancías, producidas con costes de producción más altos. Puede hacerlo porque la media del tiempo de trabajo socialmente requerido para la producción de estas mercancías es mayor que el tiempo de trabajo requerido con el nuevo modo de producción. Su procedimiento de producción está por encima de la media del social. Pero la competencia lo generaliza y lo somete a la ley general. Se produce entonces el descenso de la tasa de ganancia —quizá primero en esta esfera de la producción, y que se nivela luego con las demás—, que es, por tanto, completamente independiente de la voluntad de los capitalistas.

Sobre este punto hay que observar todavía que esta misma ley rige también en las esferas de la producción cuyo producto no entra ni directa ni indirectamente en el consumo del obrero o en las condiciones de producción de sus medios de subsistencia; es decir, también en las esferas de la producción en las que ningún abaratamiento de las mercancías puede aumentar la plusvalía relativa, abaratar la fuerza de trabajo. (Ciertamente, el abaratamiento del capital constante puede elevar en todas estas ramas la tasa de ganancia, con una explotación del obrero que permanezca igual.) En cuanto el nuevo modo de producción empieza a difundirse, y con ello queda aportada de hecho la prueba de que estas mercancías pueden producirse más baratas, los capitalistas que trabajan bajo las antiguas condiciones de producción tienen que vender su producto por debajo de su pleno precio de producción, porque el valor de esta mercancía ha bajado y el tiempo de trabajo que ellos requieren para producirla está por encima del social. En una palabra —esto aparece como efecto de la competencia—, también ellos tienen que introducir el nuevo modo de producción, en el que la proporción del capital variable respecto del constante está disminuida.

Todas las circunstancias que hacen que el empleo de la maquinaria abarate el precio de las mercancías producidas con ella se reducen siempre a la disminución de la cantidad de trabajo que absorbe una mercancía suelta; y, en segundo lugar, a la disminución de la parte de desgaste de la maquinaria cuyo valor entra en la mercancía suelta. Cuanto menos rápido es el desgaste de la maquinaria, entre tantas más mercancías se reparte y tanto más trabajo vivo sustituye hasta su plazo de reproducción. En ambos casos aumentan la cantidad y el valor del capital constante fijo frente al variable.

«En igualdad de todas las demás circunstancias, la capacidad de una nación para ahorrar de sus ganancias varía con la tasa de ganancia: es grande cuando las ganancias son altas y menor cuando son bajas; pero cuando la tasa de ganancia desciende, no todas las demás circunstancias permanecen iguales… Una tasa de ganancia baja va acompañada ordinariamente de una tasa de acumulación rápida, en relación con el número de la población, como en Inglaterra…; una tasa de ganancia alta, de una tasa de acumulación más lenta, en relación con el número de la población.» Ejemplos: Polonia, Rusia, la India, etc. (Richard Jones,12 An Introductory Lecture on Pol. Econ., Londres, 1833, p. 50 y ss.)

Jones destaca con razón que, pese a la tasa de ganancia decreciente, los incentivos y las facultades para acumular13 aumentan. Primero, por la creciente superpoblación relativa. Segundo, porque con la productividad creciente del trabajo crece la masa de los valores de uso representados por el mismo valor de cambio, es decir, de los elementos objetivos del capital. Tercero, porque las ramas de la producción se multiplican. Cuarto, por el desarrollo del sistema de crédito, de las sociedades por acciones, etc., y por la facilidad, dada con ello, de transformar dinero en capital sin convertirse uno mismo en capitalista industrial. Quinto, por el crecimiento de las necesidades y del afán de enriquecimiento. Sexto, por la creciente inversión masiva de capital fijo, etc.


Tres hechos principales de la producción capitalista:

  1. Concentración de los medios de producción en pocas manos, con lo que dejan de aparecer como propiedad de los trabajadores directos y se transforman, por el contrario, en potencias sociales de la producción. Aunque primero como propiedad privada de los capitalistas. Estos son los trustees14 de la sociedad burguesa, pero se embolsan todos los frutos de este fideicomiso.

  2. Organización del propio trabajo como trabajo social: mediante la cooperación, la división del trabajo y la unión del trabajo con la ciencia natural.

Por ambos lados, el modo de producción capitalista suprime la propiedad privada y el trabajo privado, aunque en formas antagónicas.

  1. Creación del mercado mundial.

La enorme fuerza productiva, en proporción a la población, que se desarrolla dentro del modo de producción capitalista y, aunque no en la misma proporción, el crecimiento de los valores de capital (no solo de su sustrato material), que crecen mucho más deprisa que la población, están en contradicción con la base, cada vez más estrecha en relación con la riqueza creciente, para la cual actúa esta enorme fuerza productiva, y con las relaciones de valorización de este capital que se hincha. De ahí las crisis.

  1. (Nota de la traducción.) En las fórmulas usamos letras españolas: p = plusvalía (en el original, m, Mehrwert); g = ganancia (p, Profit) y g′ = tasa de ganancia (p′); k = precio de coste (Kostpreis); c, v y C = capital constante, capital variable y capital global. En el capítulo decimoquinto, g₁ = ganancia industrial (p₁), i = interés (z, Zins) y r = renta de la tierra (r, Rente). ↩

  2. (Nota de la traducción.) Ryot: campesino cultivador de la India. ↩

  3. «Deberíamos esperar también que, por mucho que la tasa de las ganancias del capital pudiera disminuir a consecuencia de la acumulación de capital en la tierra y del aumento de los salarios, la cuantía total de las ganancias aumentara. Así, suponiendo que, con acumulaciones repetidas de 100.000 £, la tasa de las ganancias cayera de 20 a 19, a 18, a 17 por ciento, una tasa en constante disminución, deberíamos esperar que la cuantía total de las ganancias recibidas por esos sucesivos propietarios de capital fuera siempre progresiva; que fuera mayor cuando el capital fuese de 200.000 £ que cuando era de 100.000 £; mayor aún cuando fuese de 300.000 £; y así sucesivamente, aumentando, aunque a una tasa decreciente, con cada aumento del capital. Esta progresión, sin embargo, solo es cierta durante un tiempo determinado; así, el 19 por ciento sobre 200.000 £ es más que el 20 sobre 100.000 £; a su vez, el 18 por ciento sobre 300.000 £ es más que el 19 por ciento sobre 200.000 £; pero después de que el capital se ha acumulado hasta alcanzar una gran cuantía y las ganancias han caído, la acumulación ulterior disminuye el total de las ganancias. Así, supongamos que la acumulación fuera de 1.000.000 £ y las ganancias del 7 por ciento: la cuantía total de las ganancias será de 70.000 £; ahora bien, si se añade al millón un aumento de 100.000 £ de capital y las ganancias caen al 6 por ciento, los propietarios del capital recibirán 66.000 £, es decir, una disminución de 4.000 £, aunque la cuantía total del capital haya aumentado de 1.000.000 £ a 1.100.000 £». Ricardo, Pol. Econ., cap. VII (Works, ed. MacCulloch, 1852, pp. 68, 69). En realidad, aquí se supone que el capital crece de 1.000.000 a 1.100.000, es decir, en un 10 %, mientras que la tasa de ganancia cae de 7 a 6, es decir, en un 14 2/7 %. Hinc illae lacrimae [(Nota de la traducción.) «De ahí esas lágrimas» (Terencio, Andria, I, 1)]. ↩

  4. (Nota de la traducción.) Wilhelm Roscher (1817-1894), economista alemán, fundador de la escuela histórica, al que Marx trata con ironía en el libro primero como representante de la economía vulgar. ↩

  5. (Nota de la traducción.) Páginas de las ediciones alemanas del libro primero; el pasaje está en el capítulo décimo, «Concepto de la plusvalía relativa». ↩

  6. A. Smith tiene aquí razón frente a Ricardo, que dice: «Sostienen que la igualdad de las ganancias se conseguirá mediante el aumento general de las ganancias; y yo soy de la opinión de que las ganancias del ramo favorecido se someterán rápidamente al nivel general». (Works, ed. MacCulloch, p. 73.) ↩

  7. (Nota de la traducción.) Sir Edward West, autor del escrito anónimo Essay on the Application of Capital to Land. By a Fellow of Univ. of Oxford (Londres, 1815), que hizo época en la historia de la economía política. ↩

  8. (Nota de la traducción.) «Rédito» traduce Revenue: el ingreso periódico del capitalista (o de otras clases) destinado al consumo, por oposición al capital. En nuestra traducción del libro primero se tradujo «renta»; en los libros segundo y tercero usamos «rédito», para distinguirlo de la renta de la tierra (Rente). ↩

  9. (Nota de la traducción.) Thomas Chalmers (1780-1847), teólogo y economista escocés, seguidor de Malthus. ↩

  10. (Nota de la traducción.) Libro I, capítulo 13 («Maquinaria y gran industria»), apartado 2 («Transferencia de valor de la maquinaria al producto»). ↩

  11. Lo anterior va entre llaves porque, aunque redactado de nuevo a partir de una nota del manuscrito original, va en algunas de sus consideraciones más allá del material que se encontró en el original. — F. E. ↩

  12. (Nota de la traducción.) Richard Jones (1790-1855), economista inglés. La cita está en inglés en el original. ↩

  13. (Nota de la traducción.) En inglés en el original: «inducements and faculties to accumulate». ↩

  14. (Nota de la traducción.) Trustee: fideicomisario, administrador de bienes ajenos por cuenta de otros; Trusteeschaft, fideicomiso. ↩